A reinsertar, a reinsertar, por Hernán López Echagüe

Hay que reinsertar. Reinsertar en la sociedad a los presos. Pero con prudencia y un toque de distinción. No vaya a ser que a un juez torcido se le ocurra reinsertar a un asesino, al pibe que se afanó una ristra de chorizos de la carnicería de la esquina de su casa, al que le robó una cartera a una vieja en la calle o al que rompió los vidrios del escaparate de una tienda de barrio y se abrigó con esa bufanda y después se sentó al borde de la vereda a chupar vino de un tetra. Tipos, en fin, que deberíamos mandar a la horca. Presos que en realidad son las presas que los ciudadanos de conciencia limpia necesitan tener encerrados para eludir y disfrazar sus delitos diarios: la codicia a todo precio, la infidelidad bien vista, el atropello con sus autos de miles de dólares, sus vidrios a prueba de miradas, sus jardines ocultos, sus parroquias privadas, sus asesinatos decentes, sus dólares de origen sucio, su complicidad taciturna con el gatillo fácil y sus arreglos y desarreglos con el poder político y con el poder económico, que no es lo mismo pero es igual.

Todos los estúpidos de hoy hablan de esa estupidez en estos días: ojo con el tema de la reinserción de los presos. A pesar de que el verbo reinsertar no existe, nuestros gobernantes y los políticos que no gobiernan y los medios de comunicación que no informan nos han dicho que sí, y, al parecer, el término reinserción está destinado por completo a los presos. Hay que reinsertarlos en la sociedad. ¿En esta sociedad? ¿Qué preso, preso por cualquier delito, puede caer en la ingenuidad de desear ser devuelto, hecho un trapo, a una sociedad que lo discrimina, persigue, cataloga, asesina, aparta, subyuga, culea, maltrata, sopapea, denuncia, escupe, patea, putea, oprime, descuaderna, relega, infama, estropea y, digamos, no le deja otra alternativa que sublevarse o resistir a ese estado deprimente de las/sus cosas? A tipos que, como él, cayeron en la heroica y desesperada desgracia de actuar de una manera que las leyes del sistema prohíben, o, en algunos casos, en la sabiduría de rebelarse contra un sistema que los convirtió en cosa, en una cosa digna de ser apaleada, torturada y luego encerrada. Me refiero a la pobreza, al sometimiento, a la explotación, a la ausencia de derechos y la preponderancia de un vendaval de obligaciones de imposible satisfacción, si no ha quedado claro.

En el tren de meterse a reinsertar, se me hace que hay una pandilla de tipos que, en todo caso, debemos reinsertar en la sociedad. Si es que nosotros, los irrecuperables, resolvemos que vale la pena hacerlo, claro. Son los que han hecho y hacen de esta sociedad un sumidero. Nombrarlos me suena a ejercicio vano. Me refiero a todos los nombres que cada mañana repletan las portadas de diarios y revistas y llenan con su voz afectada los programas de radio. Gobernantes, peronistas de toda clase, radicales de toda clase, socialistas de toda clase. Periodistas venales. Todos hacedores, parteros y paridos por este sistema de mierda, todos unidos para que el sistema continúe pero con algún maquillaje.

Sobre ellos tendríamos que discutir si vale la pena brindarles una suerte de salida temporaria.

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda