Entrevistas
«Una guardia medica se está pagando entre 10 mil y 12 mil pesos. Unos 50.000 por mes»
Erick Mendoza Díaz es médico cardiólogo, jefe de servicio del Hospital de Moreno, Secretario General de la Asociación Médica de la República Argentina, y miembro del secretariado de la CGT. Su tarea gremial no le impide seguir ejerciendo tanto en hospitales públicos como privados -”los médicos necesitamos doble trabajo”-. Nació en Perú pero a los 16 años se instaló con su familia en Argentina, estudió en la UBA, y realizó su residencia en el Hospital Antártida. Entre sus maestros estuvo Arnaldo Dubín, uno de los miembros de la Sociedad Argentina de Terapia intensiva de quién da fé que es un excelente profesional y ninguna de sus posturas están influidas por una cuestión política. En diálogo con La Columna Vertebral analizó el plan sanitario del Presidente Alberto Fernández en tiempos de pandemia, la brecha entre una parte de la sociedad que está cansada de la cuarentena frente a la angustia de los trabajadores de salud y la oportunidad histórica que puede tener la política sanitaria post-pandemia. Además de los reclamos gremiales por los que lucha su sindicato.
NA: ¿Qué sienten ustedes cuando llegan a sus casas, se sacaron el barbijo, se tiran a descansar y tienen este menú en los noticieros de la noche en donde aparecen personas como los de la reunión en Chapelco, sin cuidado alguno, o los testimonios de la gente cansada de la cuarentena. ?
Con mucho cansancio, ese es el término que vos mencionaste. Son dos tipos de cansancio distintos: un cansancio por no poder salir o la necesidad de trabajar, y nosotros un cansancio que viene desde marzo donde no hemos parado en ningún momento de trabajar. Gracias a Dios el presidente tomó una estrategia, y esto no es partidario sino lo que estoy viendo. Se formó un grupo de trabajo de crisis para poder atender esta pandemia y creo que Argentina lo ha hecho muy bien. Nunca en la estrategia estuvo el tema de los contagios, porque nos dijeron todos nos vamos a contagiar. Es decir, a veces veo que colegas tuyos salen diciendo “¿Y al final para qué sirvió todo esto si en realdad la gente se iba a contagiar?” Nunca jamás en la estrategia se dijo que no nos íbamos a contagiar. La estrategia era: hay que contagiarnos lentamente porque el sistema de salud no va a soportarlo y así pasó. En marzo empezamos a rearmarnos, empezaron a llegar las cosas, en abril terminamos de arreglar las estrategias, se aumentaron las camas pero no el número de gente, que eso también lo habrás escuchado seguramente al doctor Arnaldo Dubin, especialista en terapia intensiva, que dijo “nosotros aumentamos las camas y todo lo demás, pero no hay más médicos terapistas”. Vos podes poner camas, podes poner cirujanos, traumatólogos, que seguramente van a actuar a favor del paciente que llega pero no es lo mismo que un terapista.
Nosotros tenemos miedo, miedo y cansancio.
Por lo tanto estamos en un punto de inflexión donde la gente se cansó, está saliendo más, es más frívola su conducta y nosotros tenemos miedo, miedo y cansancio. Miedo ya no al coronavirus, porque eso al principio era un miedo a lo desconocido, ahora después de 6 meses estando en primera línea ya estamos acostumbrados. Sabemos lo que tenemos que hacer y los que sentimos la carrera con el corazón estamos haciéndolo con gusto, pero estamos cansados y a veces llegar a casa y mirar todas estas discusiones inentendibles para nosotros, realmente, es decepcionante.
creo que la estrategia es excelente
LGC: He visto comunicadores que hablaban con una falta de respeto sobre la postura de los médicos internistas, como que esto era toda una movida contra Larreta ¿Qué mirada le das a esta situación de politizar a la pandemia de esta manera?
Es lo peor que puede pasar. Esto es una guerra, se tomó una estrategia y me parece que todos la debemos seguir, de otra manera es como dijeron los médicos intensivistas: la vamos a perder. Acá está pasando la famosa grieta, la división que existe en nuestro país que es lamentable. Sin embargo creo que la gente tiene que reflexionar, creo que la estrategia es excelente, hay que mirar los otros países de Sudamérica, la gente se muere en la calle. Nosotros en este momento a pesar de ser un país en desarrollo, con una situación económica crítica, todavía nos damos el lujo de tener camas con terapistas para atender gente.
Hace muchos años que en nuestro país no hay política de salud
NA: Los médicos intensivistas son pocos porque no hay una orientación de la carrera ¿Cómo se describe en la carrera la salida intensivista?
En primer lugar lo que te diría es que es más amplio que solo el problema de los intensivistas. Hace muchos años que en nuestro país no hay política de salud, por lo tanto menos va a haber una política para un intensivista, y tampoco hay política de trabajo para los médicos. Imagínate, en este momento una guardia medica se está pagando entre 10 mil y 12 mil pesos, si vos haces todas las semanas guardia, que quedas destruido antes de la guardia y por guardia, más o menos estas levantando entre 50 mil y 60 mil pesos y realmente me parece que como salario ahora es nada. Cualquier trabajo con convenio colectivo con gremios fuertes gana arriba de 100 mil pesos.
LGC: Hoy me desperté y vi todas estas cosa que dice Nora y me sorprendió mucho todas las historias de los médicos y enfermeros, realmente sentís un dolor tan grande al ver que están al borde del colapso ¿Vos pensás que es el momento del botón rojo?
Es muy difícil. Para analizar estas cosas siempre me pongo en los pantalones de la otra persona, me imagino la situación del presidente en este momento que tiene que comandar todo este barco con lo complicado que es este país, porque realmente es muy complicado. Yo creo que si le preguntas a los terapistas y a los médicos te van a decir que sí, yo creo que los políticos van a aguantar un poco más y están rogando que la curva empiece a bajar.
LGC: Desde el sindicato médico, desde el punto de vista gremial ¿Qué trabajo se está haciendo? ¿Qué exigencias se está teniendo? Bueno, en el momento de la pandemia me parece que mucho no se debe exigir, pero en general ¿Cuál es la actividad del sindicato médico para conseguir sus derechos?
De cierta manera la pandemia, la ley de emergencia, es un caso excepcional donde hay muchos derechos, si querés llamarle derechos aunque son necesidades más que todo, están como abolidos, entre ellos las licencias gremiales o el trabajo gremial, porque salvo que sea por zoom reuniones no podemos hacer. Nosotros en un primer lugar pensamos que esto es como una guerra, entonces había que ponerse del lado de los argentinos. Por lo tanto, lo primero que dijimos es encolumnarnos con el Ministerio de Salud que para eso lo tenemos, el Ministerio del Nación y luego el Ministerio de la Provincia de Buenos Aires, y lo primero que empezamos a hacer fue difusión de todo lo que difundía el Ministerio. Porque viste que ahora que los medios aparecen por todos lados, que la comunicación es tan amplia, lo importante era la comunicación real de esta pandemia, eso fue lo primero que hicimos. En segundo lugar, estuvimos con un gran trabajo en lo que es la conformación de los comité de crisis en los distintos hospitales. Los comité de crisis están formados por el director médico, todos los jefes de servicio, los sindicatos y los trabajadores. Estos comité de crisis lo que hacen es mantenernos unidos y comunicados constantemente sabiendo cuantos infectados hay, cuantos compañeros se infectaron, qué actividades tenemos que realizar, y en eso nosotros hemos colaborado mucho, obviamente sin dejar de pedir paritarias y aumentos que han sido pocos pero que por lo menos en la Provincia de Buenos Aires tuvimos una paritaria semestral y nos dieron un aumento entre un 20 y un 25 porciento que venía relegado desde hacía mucho tiempo. Ahora nuevamente estamos solicitando la reapertura pero el ministro dice que se está invirtiendo todo el dinero en lo que son los EPP para protegernos y el equipamiento que es necesario en esta situación, estamos en la discusión. En los sanatorios privados está más difícil porque lo privado se niega a lo que es medicina sindical: se niega a firmar los convenios colectivos, se niega a aumentar, siempre se colocan como víctimas, todos los años son las víctimas, siempre están perdiendo, sin embargo las clínicas privadas van creciendo en hotelería, en consultorios externos, pero nunca les va bien. Así que son dos visiones distintas en la realidad del médico.
El Ministro de Salud tiene una oportunidad histórica
NA: Hagamos un poquito de futurismo. Suponete que salimos de esto, me gustaría preguntarte si creés que de todo esto se aprendió de los trabajos en equipo, lo que acabas de describir, ¿Creés que puede dar lugar a una reestructuración de una nueva manera de mirar la medicina desde el Ministerio de Salud, administración de salud y el ejercicio de la medicina en tanto carrera y salidas a futuro? ¿Creés que hay un shock, que puede haber provocado la pandemia, para mejor?
Yo creo que sí, creo que el Ministro de Salud tiene una oportunidad histórica, que a la salida de esto se haga realmente una única y verdadera política de salud para toda la Argentina y nosotros vamos a pelear para esto, es justo y necesario.
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Hugo «Cachorro» Godoy: «Vamos a recorrer el país para construir un gran paro nacional»
En diálogo con Nora Anchart en La Columna Vertebral, Hugo «Cachorro» Godoy confirmó que la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores y la CGT comenzaron a coordinar un plan de lucha conjunto. Tras una reunión con la Conferencia Episcopal, adelantó que impulsarán recorridas por todo el país, mesas de articulación, solidaridad con los conflictos y la preparación de una gran movilización con paro nacional contra las políticas del gobierno de Javier Milei.
LCV: Los trabajadores estatales, en el mismo día, tuvieron que echar del Gobierno al mayor defenestrador del trabajador estatal. ¿Qué reflexión hacés sobre eso?
Hugo «Cachorro» Godoy: «Es muy importante. Aunque eso no va a cambiar el carácter mafioso y perjudicial que tiene este gobierno, sin duda pareciera que hubo una coincidencia significativa en ese sentido.»
LCV: Hoy, además, te hicieron un regalito por el día.
Hugo «Cachorro» Godoy: «Claro. Los trabajadores nucleados en la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores y la CGT hemos iniciado conversaciones con distintos actores para informar el plan de lucha que vamos a empezar a poner en marcha. Hoy nos reunimos con el presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo Marcelo Colombo. Le entregamos un informe sobre la situación que atravesamos los trabajadores, la industria y el mercado interno en general, donde crecen la precarización laboral, la desocupación y, sobre todo, la crisis social en sus distintos planos. Encontramos una escucha atenta, comprensiva y solidaria con los trabajadores por parte del obispo Colombo y la decisión de promover, desde la Pastoral Social, encuentros y mesas de diálogo en todo el territorio nacional, no solamente en la Ciudad de Buenos Aires o en el ámbito nacional.»
LCV: Este encuentro fue entre las dos CTA y la CGT, ¿verdad? ¿Dónde tuvo lugar?
Hugo «Cachorro» Godoy: «Sí. Se realizó en la sede de la Conferencia Episcopal, sobre la calle Suipacha. Hace diez días nos reunimos los secretarios generales de las tres centrales y acordamos un abordaje en común. Durante la semana pasada también se realizaron reuniones de las mesas de conducción de las tres centrales. En el caso de las dos CTA lo hicimos en conjunto y aprobamos la propuesta de construir un plan de lucha que nos permita recorrer el país, unir fuerzas, articular con otros actores, llegar solidariamente a todos los conflictos y preparar una gran marcha y un gran paro nacional para que la clase trabajadora se exprese con absoluta contundencia y rechace las políticas de entrega, saqueo y violación de la Constitución Nacional que lleva adelante el gobierno de Javier Milei.»
LCV: ¿Cuál sería el primer formato de ese plan? ¿Van a recorrer el país? ¿Será una organización por regiones?
Hugo «Cachorro» Godoy: «Vamos a aprovechar todas las regionales sindicales. Durante esta semana realizaremos una primera reunión organizativa para definir una hoja de ruta. El trabajo tendrá tres ejes principales. El primero será la solidaridad activa con todos los conflictos: los jubilados, los trabajadores de empresas cerradas como Fate, de empresas que intentan privatizar como la Fábrica Argentina de Aviones en Córdoba y, por supuesto, con los movimientos sociales. En segundo lugar, recorreremos el país realizando encuentros y conformando mesas de articulación del plan de lucha en cada provincia, promoviendo medidas de fuerza que permitan responder a la destrucción de las economías regionales y al vaciamiento del Estado en las provincias y los municipios. Y, en tercer lugar, vamos a mantener reuniones con otros actores. Hoy comenzamos con la Conferencia Episcopal. También nos reuniremos con la Federación Argentina de Municipios, con los movimientos sociales, con organizaciones sindicales que no integran las centrales pero con las que articulamos este plan de lucha y con pequeños y medianos empresarios de la ciudad y del campo. Hoy no solo estamos discutiendo cómo resistir a Milei para frenar y rechazar este plan económico de entrega, saqueo y destrucción nacional. También estamos proponiendo alternativas para que el postmileísmo tenga una perspectiva emancipadora, con el centro puesto en los intereses de la clase trabajadora y donde la justicia social deje de ser un dato anecdótico para convertirse en el eje de la construcción de un país diferente.»
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Mariano Saleh: «Quieren privatizar Atucha y disciplinar a quienes nos organizamos»
En diálogo con Nora Anchart en La Columna Vertebral, el delegado de los trabajadores por ATE de la Central Nuclear Atucha, Mariano Saleh, denunció el deterioro salarial en la empresa, cuestionó la política de la conducción gremial, advirtió sobre el avance del proceso de privatización de Nucleoeléctrica Argentina y relató la medida cautelar que le impide ingresar a la planta. También describió el clima entre los trabajadores y señaló que su caso busca disciplinar la organización sindical.
LCV: «Mariano, contame un poquito cómo es la situación en Atucha en este momento.»
Mariano Saleh: «Bueno, justamente venimos de un fuerte recorte salarial y, como parte de eso, hemos organizado asambleas democráticas, ya que el gremio ha pactado con el Gobierno aumentos salariales muy por debajo del incremento de la inflación.»
LCV: «A eso me iba a referir. ¿El gremio signatario del convenio es Luz y Fuerza Zona del Paraná?»
Mariano Saleh: «Sí, el gremio signatario del convenio es Luz y Fuerza Zona del Paraná y son los que han pactado esos aumentos. Justamente por eso venimos organizándonos democráticamente para tratar de romper ese techo, como se ha logrado en el Garrahan, y recuperar lo que nos ha robado este Gobierno. Son empresas rentables, que no han dejado de recibir ganancias, pero esos recursos quedaron para otros gastos y no fueron a los bolsillos de los trabajadores.»
LCV: «¿ATE no firma las paritarias en Nucleoeléctrica?»
Mariano Saleh: «No. Justamente hay una forma legal mediante la cual buscan avanzar en la privatización de esta empresa, que genera una enorme cantidad de divisas, para que termine en manos de algún grupo empresario amigo. Parte de esa lucha explica que ahora me hayan impuesto una medida cautelar que me impide ingresar a la planta por mi posición gremial y política, por criticar esta metodología que están aplicando contra los trabajadores.»
LCV: «¿En qué contexto se da esta medida en contra tuya?»
Mariano Saleh: «En el contexto general de la privatización, la pérdida salarial y la pérdida de puestos de trabajo.»
LCV: «Ustedes venían haciendo asambleas, medidas de fuerza. ¿Había algún conflicto gremial en curso cuando tomaron esta decisión?»
Mariano Saleh: «No. De hecho, aprovecharon esta época del Mundial, que históricamente suele utilizarse para avanzar con este tipo de ataques. Pero sí veníamos desarrollando un plan de acción. Nos habíamos movilizado contra la reforma laboral y llevamos varios meses de lucha, desde noviembre del año pasado. También realizamos movilizaciones internas y eso es justamente lo que quieren impedir: que los trabajadores nos manifestemos.»
LCV: «¿Quiénes conducen hoy la Central Nuclear Atucha?»
Mariano Saleh: «Después de cinco cambios de directorio, el presidente es el bioquímico Juan Martín Campos. También incorporaron a algunos seguidores de Adorni, como Ezequiel Acuña, que fue uno de los fundadores de La Derecha Diario, y a Bárbara Pintelos, que viene de la TV Pública. En mi caso particular, en el sitio Atucha, el gerente Diego Garde es quien impulsa la cautelar que me impide desempeñar mis tareas.»
LCV: «De las personas que nombraste, algunas no tienen antecedentes en materia nuclear. ¿Los otros tienen formación técnica?»
Mariano Saleh: «Sí. El gerente Diego Garde tiene todas las certificaciones correspondientes. Para ocupar ese cargo deben atravesar rigurosos procesos de estudio y licenciamiento. Pero quienes vienen de medios de comunicación o de otros ámbitos no tienen experiencia en la actividad nuclear.»
LCV: «¿Cuál es entonces el rol de esas personas dentro de Atucha?»
Mariano Saleh: «Bárbara Pintelos es abogada de Asuntos Jurídicos y es quien impulsa mi despido. Y hay otro nombre todavía más importante: Federico Ramos Napoli, que está al frente de la Secretaría de Asuntos Nucleares. Tiene 31 años, es abogado y su principal antecedente es su cercanía con los tuiteros libertarios. Está en el cargo más importante de todos y también es uno de los motivos por los cuales buscan despedirme, porque lo critiqué públicamente.»
LCV: «Con esa composición del directorio, ¿hay una decisión política de avanzar con la privatización de Atucha?»
Mariano Saleh: «Sí, ese es el objetivo principal. Están preparando una tasación hecha a medida. Todavía no la difundieron porque todo el proceso es muy opaco. Quieren valuar la empresa para venderla a precio de remate. El Estado invirtió más de 11.000 millones de dólares y probablemente intenten venderla por menos de 1.000 millones, una cifra a la que podría acceder algún empresario amigo. Nadie pagaría 6.000 millones por el 44% de las acciones porque esa inversión no se recuperaría en más de diez años.»
«Todo este proceso de tasación fue realizado por el BID, que responde a la conducción económica de Caputo. La intención es vender la empresa a algún empresario amigo, nacional o extranjero. Todavía no se sabe porque ni siquiera se abrieron los pliegos de privatización. Hasta que no exista una licitación pública, no habrá precisiones.»
LCV: «¿Cuál es la reacción de los trabajadores frente a tu situación y frente al proceso que describís? ¿Hay organización o predomina el miedo?»
Mariano Saleh: «En general recibo mucho apoyo. Me escriben, me saludan y firman el petitorio en solidaridad. Pero también hay mucho miedo. Lo hacen conmigo, que soy delegado gremial, justamente para mostrarle al resto lo que puede pasar si se oponen a los planes del Gobierno.»
LCV: «Es un mensaje disciplinador.»
Mariano Saleh: «Sí. Soy el ejemplo para quienes nos organizamos y luchamos. Pero la realidad es que el año pasado participamos miles de trabajadores y lo que buscan ahora es descabezar esa organización.»
LCV: «Mariano, mantenenos al tanto. Comunicate con la producción para seguir de cerca todo este proceso, especialmente cuando aparezcan los pliegos de la privatización.»
Mariano Saleh: «Sí, por supuesto. No sabemos hasta dónde van a llegar, pero cualquier mecanismo que utilicen implica regalar parte de algo que llevó muchísimos años construir.»
LCV: «Claramente, Atucha integra esa lista de empresas estratégicas que durante mucho tiempo se consideraron intocables, como YPF, Aerolíneas Argentinas o Télam. Hoy se está avanzando sobre todas ellas y, además, se empieza por perseguir a los delegados y a quienes representan a los trabajadores.»
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Pablo Solana, sobre las elecciones presidenciales en Colombia: ‘La derecha entendió mejor el clima de época y la izquierda no encontró respuestas'»
En diálogo con La Columna Vertebral, el militante e investigador Pablo Solana analizó el reciente balotaje en Colombia, donde la derecha recuperó la presidencia tras una ajustada derrota del oficialismo de Gustavo Petro. A partir de su presencia en el país durante ambas vueltas electorales, repasó las razones del resultado, las dificultades del progresismo para responder a la demanda de seguridad, el agotamiento de algunos modelos de izquierda en la región y las perspectivas para los movimientos populares latinoamericanos.
LCV: ¿Cómo se llega a este resultado en Colombia?
Pablo Solana: «Bueno, es interesante. Yo estuve allá tanto en la primera vuelta, hace tres semanas largas, como en el balotaje del domingo anterior. Allí hay un proceso que, por un lado, es asimilable a lo que pasa en América Latina: un gobierno de tintes progresistas, como el de Gustavo Petro, que buscó avanzar en derechos sociales postergados, y una oposición de derecha que cuestiona eso, enfatiza los puntos débiles del programa de gobierno que no se pudo concretar. En esa polarización se divide prácticamente al medio la sociedad. Pero Colombia tiene una particularidad que viene de décadas de conflicto armado, de una situación política marcada por esa historia, por las guerrillas y por una derecha que hizo del combate a esa insurgencia un rasgo de identidad que caló en buena parte de la sociedad. Ese es un trasfondo que complejiza mucho más la lectura de lo que ocurre allí.»
LCV: Los años de guerrilla jugaron en contra. La gente tenía necesidad de paz y, por lo que entiendo, los gobiernos progresistas no supieron interpretar cómo darle forma a esa paz o, al menos, resolver ese problema. ¿Cuáles fueron los principales errores de gestión que derivaron en este regreso de la derecha?
Pablo Solana: «Precisamente el gran punto débil fue la inseguridad y la falta de un programa eficaz en materia de orden público. El candidato de la derecha expresó eso con mucha claridad. Mientras la campaña progresista se resumía en el lema ‘Votamos por la vida’, la derecha levantó la consigna ‘Firmes por la patria’, una voz de mando con fuerte impronta militar que busca restaurar un orden. El gobierno de Petro fue plenamente democrático, respetuoso de las instituciones y con una agenda progresista en materia de derechos, pero no logró resolver los restos del conflicto armado, que hoy ya no se expresa como guerrillas tradicionales sino a través de bandas, grupos paramilitares, organizaciones vinculadas al narcotráfico y algunas expresiones residuales de la insurgencia. Esa incapacidad fue aprovechada por la derecha. Ahí encuentro un paralelo más con lo que ocurrió en El Salvador con Nayib Bukele que con la realidad argentina: una derecha que se vuelve prácticamente imbatible cuando logra apropiarse del discurso de la seguridad frente a una izquierda que no pudo dar respuestas.»
LCV: Si a eso le sumamos el deterioro del proceso encabezado por Daniel Ortega en Nicaragua y otros casos similares, ¿qué balance hacés de aquellas experiencias revolucionarias que terminaron asociadas a autoritarismo, corrupción o incluso al narcotráfico?
Pablo Solana: «En este viaje estuve también en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Si hay que hacer una lectura desde las izquierdas, creo que esos modelos hoy están claramente agotados. Fueron procesos que despertaron enormes expectativas, como la Revolución Cubana, la Revolución Sandinista o el primer chavismo, pero que no lograron sostener en el tiempo sociedades con bienestar. Hay diferencias importantes. La primera etapa de la Revolución Cubana produjo avances extraordinarios en educación y salud. En Venezuela también se observa un alto nivel educativo de la población. Pero después se dejaron de lado otros aspectos fundamentales para el desarrollo humano y económico. En Nicaragua todavía quedan algunos ecos de lo que fue la revolución sandinista, pero es, a mi entender, el caso de mayor claudicación. El régimen encabezado por los Ortega expulsó incluso a compañeros de aquella historia heroica y derivó en un sistema hiperpersonalizado y autoritario que no tiene nada que ver con los ideales emancipadores que le dieron origen. En Venezuela también hubo una deriva muy distinta al chavismo inicial. Cuba, en cambio, tiene la particularidad del bloqueo y del aislamiento internacional, que condicionan enormemente su realidad. Cada proceso tiene su especificidad, pero creo que esos paradigmas ya no representan hoy un horizonte para las nuevas generaciones.»
LCV: La derecha parece interpretar mejor el clima de época. Hoy, cuando se habla de justicia social y se menciona a Venezuela, muchos asocian esas ideas con pobreza, emigración o incluso corrupción.
Pablo Solana: «Sí, y en algunos casos también con corrupción. Pero, volviendo a Colombia, ahí encuentro una diferencia importante. Petro llegó al gobierno después de muchos años de construcción política completamente dentro de la legalidad. Si bien provenía del M-19, toda su carrera posterior fue institucional. Desde la presidencia defendió una agenda favorable a los trabajadores, denunció la injerencia de Estados Unidos en América Latina y sostuvo una posición muy firme en defensa de Palestina. Colombia mostró las dos caras del proceso: por un lado, el agotamiento definitivo de la vía insurgente y, por otro, la reconstrucción de una izquierda democrática, adaptada a los tiempos actuales. Aun así, no le alcanzó para renovar el mandato.»
LCV: ¿El país quedó tan dividido como Perú?
Pablo Solana: «Exactamente. El resultado fue de 49,6% contra 48,7%, menos de un punto de diferencia. Hubo además una cantidad importante de votos en blanco que impidieron que alguno superara el 50%, aunque en un balotaje alcanza con tener un voto más. Después aparecieron denuncias sobre actas observadas y algunas sospechas de fraude, pero el sistema colombiano ya había reconocido una diferencia igualmente ajustada cuando ganó Petro hace cuatro años. Lo cierto es que la distancia fue mínima y eso demuestra que, aun en un contexto favorable para las derechas, Colombia sigue siendo un país profundamente dividido.»
LCV: ¿Cómo se distribuyó el voto?
Pablo Solana: «En Colombia el voto muestra tres cortes muy claros: social, territorial y generacional. Desde el punto de vista de las clases sociales, Petro impulsó políticas concretas para los sectores populares: entrega de tierras al campesinado, reconocimiento de los pueblos indígenas, creación de universidades en regiones postergadas, gratuidad de la educación superior y una reforma laboral para recuperar derechos perdidos durante el uribismo. Todo eso fortaleció el apoyo popular, pero también reforzó el rechazo de sectores medios y altos, que identifican cualquier política redistributiva con el chavismo o el castrismo. También hay una diferencia regional muy marcada. En las grandes ciudades ganó la derecha, mientras que en las zonas campesinas, periféricas y de frontera se impuso el oficialismo. Finalmente está el factor generacional: si hubieran votado solamente los menores de 25 años, el candidato de izquierda habría ganado con más del 60%. El voto se equilibra entre los 30 y los 40 años, mientras que entre los mayores de 50 y 60 años la derecha supera ampliamente el 70%. Es una generación marcada por el conflicto armado y por una fuerte identificación entre izquierda y violencia, algo que entre los jóvenes ya no pesa de la misma manera.»
LCV: Para cerrar, hace pocos días se cumplió un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda. Vos fuiste uno de los fundadores del MTD de Lanús junto a Darío Santillán. ¿Qué reflexión te deja aquel proceso visto desde el presente?
Pablo Solana: «Llegué de Colombia justamente el 26 de junio y pude participar nuevamente de la movilización. Cada vez que vuelvo me encuentro con el mismo pueblo, los mismos barrios y las mismas necesidades. La agenda sigue siendo la misma: mejorar las condiciones de vida, enfrentar la marginalidad y construir políticas públicas que den respuestas concretas. Es cierto que hoy las derechas parecen comprender mejor los mecanismos actuales de disputa ideológica y el funcionamiento de las redes sociales, pero la injusticia sigue siendo la misma o incluso peor que hace más de veinte años. Las organizaciones populares continúan dando esa pelea y el desafío es lograr que las mayorías vuelvan a expresarse detrás de un proyecto de transformación social. Lo que no cambió es la urgencia de esas demandas.»
LCV: Es más abarcativa. Se está desparramando como una mancha de aceite hacia sectores que antes creían estar protegidos, especialmente las clases medias.