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¿Quién es Julio Piumato?
El pasado lunes 26 de agosto, nos visitó en el estudio de larz.com.ar mientras se emitía en vivo La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, el histórico dirigente de la Unión de Empleados de Justicia de la Nación, ex diputado y actual Secretario de DDHH de la CGT, Julio Piumato.
En 1990 fue secretario general de la UEJN (Unión de Empleados de la Justicia de la Nación). En 1994 cofundó el MTA (Movimiento de los Trabajadores Argentinos). Opositor a las medidas económicas neoliberales del gobierno de Carlos Menem además de un importante promotor de la Marcha Federal de 1994. Luchó contra casi todos los gobiernos que consideraba no representar a los trabajadores. El 19 de abril de 2000 ―durante el gobierno de Fernando de la Rúa- sufrió la represión a los manifestantes que protestaban contra la Reforma Laboral de la llamada ‘Ley Banelco’. En esa ocación recibió una herida de bala de la policía por la que perdió un testículo.
Su presencia en el piso de la radio fue una ocasión especial no sólo para conocer su postura sobre temas de actualidad como la propuesta del juez Lijo a la Corte Suprema -‘yo le pongo una ficha a Lijo’-, el plan de lucha de los judiciales en reclamo de mejoras salariales -banderazo el martes y paro el viernes-, o la política de Caputo y Milei, entre otros; sino para recorrer la vida de un sindicalista que fue arrasado por los vientos de época: su enamoramiento adolescente con el peronismo allá por los 60, las primeras luchas en Tribunales, la cárcel con la dictadura y tantas idas y vueltas de la CGT. Recorremos junto a él los últimos 50 años de la vida nacional, desde las protestas contra Illia hasta la continuidad de Caputo con los planes de Martínez de Hoz y los pros y los contras del avance tecnológico en la justicia. Una charla amena, como solo Nora Anchart puede hacer. En La Columna Vertebral le damos cuerpo, voz y memoria a aquellos de los que mucho escuchamos hablar pero poco conocemos. Hoy, en escena: Julio Piumato.
LCV: ¿Quién es Julio Piumato?
— Un militante popular que se enamoró de la actividad sindical cuando entró a trabajar en tribunales. Soy una persona de barrio, de San Cristóbal. Creo que el ser hincha de boca, el vivir la pasión popular, digamos, me acercó directamente al peronismo. Yo era chiquito y por la esquina de casa pasaban las columnas de Lugano, de Soldati y de la UOM. Me acuerdo que era el Gobierno de Ilía y cantaban: “Ilía perete, guardá bien el sillón, hasta que venga el dueño que se llama Juan Perón”. Eso cantaban allá en el 64.
LCV: ¿Y vos tenías?
—Yo tenía 11 años. Estudié Derecho, entré a Tribunales y ahí me di cuenta que la actividad sindical era lo mío. Yo me sentía bien defendiendo. Empecé un conflicto. En aquella época había meritorios en tribunales, después volvió a haber. Así que en mi vida fueron dos luchas. Pero ahí yo era víctima, porque salvo interinatos que hacía, era meritorio. Luchamos mucho.
LCV: Contemos que es un meritorio.
—Meritorio es el que trabaja y no cobra. Es, como le llamamos, el antiñoqui. Los ñoquis no trabajan y cobran los 29. Los antiñoquis son los esclavos modernos, lo llamamos en la época que luchamos mucho, porque trabajan y el patrón no le da ni casa ni comida. Así que es una deformación de la justicia. Cuando yo entré, eso estaba más limitado porque existía una reglamentación de la Corte que establecía que sólo podía haber dos por lugar. Más que nada era para estudiante de Derecho, porque les permitía a los meritorios no dar el práctico, con dos años de meritero, se les aceptó el práctico y siempre terminaban entrando en tribunales, pero pasaba tiempo. Ahí nosotros luchamos, era el gobierno de Perón. Luchamos mucho desde el gremio, el gremio nuestro es muy nuevo, nació en el 71, en la dictadura de Onganía, así que imagínate. En el ‘73 fue la primera elección casi en la clandestinidad. En el ‘75, el peronismo nos da la personería gremial, así que era todo muy naciente. Ahí dimos la lucha los meritorios y con el gremio conseguimos una ley que eliminó los meritorios en el ‘74. Cuando viene la dictadura, como todo el movimiento obrero, fuimos muy reprimidos. Fue muy duro con la justicia. A mí me secuestran el 1 de junio del 76. Tuvimos muchos desaparecidos en la justicia, muchos encarcelados. Bueno, fue todo muy duro.
El momento que a mí me secuestran yo estaba juntando firmas porque a la que era afiliada número uno del gremio, que era una compañera, la habían prescindido. Así que nos pusimos a juntar, a pesar que era la dictadura. Era muy duro porque vos andabas por Tribunales y todos los días tenías carteles de los abogados que desaparecían. Fueron tres meses muy duros para mí, para muchos no es nada, pero vivir esos tres meses de dictadura fueron duros. Lo que vino después para mí fue más duro todavía. Yo agradezco a Dios siempre no haber encontrado mi límite. Mi límite es no haber claudicado la tortura ni en los años que estuve detenido. Yo siempre digo que nunca sé si hubiera aguantado 15 minutos más, 15 días o 15 años. Uno no sabe el límite.
LCV: ¿Dónde estuviste? ¿En qué centro de detención?
—Yo estuve en Superintendencia, acá cerquita, de Coordinación Federal, en Moreno. Estuve 10 días, después me blanquearon. Estuve con causa federal, me sobreseyeron y tuve 6 años y 8 meses preso. Uno no entendía. Después lo supe, cuando salí en libertad, es algo que no se habla mucho, pero en el año 84 se encontró en un cuartel de Villa Martel la orden de batalla firmada por Viola como jefe de Estado Mayor Conjunto en abril del 77, y ahí él cuenta claramente que la represión estaba dirigida a garantizar el éxito de Plan Martínez de Hoz. Por eso el objetivo de la represión centralmente era el movimiento obrero.
LCV: Vamos a centrarnos en el momento de tu desaparición y tu familia. ¿Cómo se manejaron en el momento? ¿Tenías mujer, hijos?
—No, yo estaba de novio, no estaba casado.
LCV: ¿Y tus papás?
—Mis papás, obviamente, sufrieron. Incluso hay una anécdota, porque tenían que hacer el habeas corpus, no sabían dónde estaba. ¿Y sabes quién me hace la habeas corpus? La que hoy es defensora general de la nación, Stella Maris Martínez, que era empleada de tribunales. Lo firma mi madre.
LCV: ¿Ellos también son peronistas?
—No, mis padres no. No tenían militancia política. Me vino todo desde afuera. Mi padre me decía que era toda la generación, él no tanto, pero mi abuelo fue exiliado, mi bisabuelo era uruguayo, todo. Y después tengo muchos piumatos en Brasil, que todos están en política en Brasil. Así que se ve que está en el ADN Piumato.
LCV: Encontramos un documento de la dictadura donde está escrito, es un documento original de la dictadura militar, donde hay un cuadernillo en donde se dan las instrucciones de cómo aplicarse contra delegados sindicales, específicamente.
—La orden de batalla debe ser.
LCV: Estamos a la búsqueda, en este momento complicada, de refuerzos económicos, para hacer ese documental, porque la verdad que es importantísima la memoria.
—Sí, porque vos fíjate que hoy, cuando aparecen los negacionistas, vuelven a plantear la teoría de los dos demonios, que acá hubo dos bandos enfrentados y donde el terrorismo de Estado pierde valor, porque hubo dos facciones. Yo creo que no. Hubo una dictadura donde lo importante para mí no fue el comunicado del 24 de marzo, sino el discurso de Martínez de Hoz el del 2 de abril porque ahí planteó que no venían a eliminar la subversión armada, como la llamaba, sino que venían a cambiar el modelo argentino, el modelo del Estado de bienestar. Entonces, la represión fue para garantizar ese cambio de modelo y por eso la mayoría de los desaparecidos provienen de la fila del movimiento organizado.
LCV: Cuando escuchás hablar, no tanto de negacionismo, sino de reivindicación, porque hay un sector del Gobierno que es reivindicatorio, sobre todo la parte económica, ¿verdad? Cuando ves que pasaron tantos años y el discurso que hoy escuchamos es casi como un déjà vu de escuchar a Martínez de Oz en la justificación de todo lo que está pasando ¿Qué sentís?
—Del tema del terrorismo de Estado, es que si vos reivindicás lo económico, también tenés que reivindicar… es decir, va de suyo, no son asesinos, no son genocidas, sino cumplieron un rol, diría yo, que no es el que ellos dicen, no vinieron a pacificar la Argentina sino a establecer este estado de injusticia.
LCV: Nosotros decimos que son asesinos y que son genocidas.
—Pero como yo digo siempre, mi crítica a estos 40 años de democracia es que siempre digo que no eran locos asesinos los militares, los militares vinieron a cumplir un plan. Entonces la principal imputación que le hago a la democracia y donde se gobernó a nombre del peronismo, es que no se modificaron las leyes por las cuales esos genocidas mataron tanta gente. Porque ellos mataron gente para aplicar las leyes de Martínez de Hoz y que hoy, a 42 años de democracia, tengamos 55% de pobres, mucho tiene que ver que sigue vigente, entre otras, la Ley de Entidades Financieras de la dictadura que hizo una modificación central, porque hasta el ahorro popular, es decir, el ahorro de todos los argentinos tenía dos motivos en el modelo peronista. Primero, financiar el consumo popular para que haya bienestar. Segundo, era la inversión pública, es el desarrollo del país. Y Martínez de Hoz, con su ley, transformó el ahorro de todos los argentinos en botín de la usura financiera. Entonces eso explica cómo la Argentina sigue produciendo riqueza, riqueza y cada vez tenemos más pobres porque se la están llevando con pala.
LCV: Y el compañero Caputo viene por ese lado.
—Pero además te digo, vos decís esto es la misma política, pero es peor la de este gobierno que la de Martínez de Hoz. Porque Martínez de Hoz tuvo el límite que le marcaban las Fuerzas Armadas con todo el aparato industrial de la Fuerza Armada, que era un aparato desarrollista.
LCV: Se llevaban a los delegados, pero las empresas seguían funcionando.
—Claro, ellos defendían eso. Entonces, ¿Qué hizo la dictadura? Desfinanció las empresas para permitir una futura privatización porque las endeudó. Pero esto es peor porque directamente nos liquida.
LCV: ¿Como está la situación de tu sindicato?
—Cuando tomamos el gremio en los ‘90, los judiciales estaban muy mal, los judiciales nacionales estábamos, dentro de toda la justicia, en el antepenúltimo lugar, solo cobraba menos que nosotros los judiciales de Catamarca y de Jujuy. Fue mucha lucha en ese tiempo porque la gente también estaba muy defraudada de su sindicato. Tuvimos que recuperar todo eso con mucha lucha, con mucha inteligencia, con conflictos largos, porque nosotros hasta peleamos en la época de de la convertibilidad y conseguimos aumento usando la autarquía. Usamos distintas estrategias y llegamos a un salario digno para toda la justicia. Allá por el 2009 cuando empezaban los aprietes a los estatales que les querían dar menos que la inflación, nosotros hicimos un convenio con la Corte para empezar a dar esto que ahora es normal por la inflación, que era los aumentos en tramos. Siempre estuvimos igual o por encima de la inflación. El compromiso que asumimos era defender el salario, es decir, jamás debajo de la inflación. Eso lo mantuvimos con mucha lucha incluso en el gobierno de Macri y lo mantuvimos hasta noviembre del año pasado. Ahora con este gobierno llevamos perdidos, neto un 22%, como todavía nos deben la recomposición del mes de julio, llevamos hoy en bruto 25,5% del salario que tenemos. Es mucho, porque por más que hayamos partido de un salario digno, toda la gente lo siente, lo siente en su economía. Estamos peleando firmemente como hemos hecho siempre, como he hecho con todos los gobiernos, porque a nosotros nos eligieron para defender los derechos de nuestros trabajadores. Yo pienso como Perón siempre, como decía Perón, que la justicia social se consigue en base a organización. Si podemos conseguir las cosas sin tener que luchar, mejor. Pero cuando la organización no alcanza está la lucha. Y bueno, nosotros hoy lo judiciales estamos luchando en todo el país para defender el salario.
LCV: ¿Mañana hay una protesta?
—Mañana hacemos un banderazo nacional que es una movilización prácticamente en todo el país y si no tenemos respuesta a las que queremos el día viernes estamos parando nuevamente 24 horas.
LCV: ¿Cuál es la demanda?
—Nosotros estamos peleando por la pérdida salarial. Este ajuste es absolutamente insoportable. No se justifica porque afecta la vida de todos.
LCV: ¿Han tenido muchos despidos?
—No, la justicia no. Mira, la justicia está colapsada. La justicia trabaja con menos gente. Está en una situación de emergencia. Habría que crear muchos cargos, así que nadie se le puede ocurrir despedir gente.
LCV: Convengamos que Milei no es muy razonable con eso.
—Pero la justicia es un poder del Estado. Es apretada presupuestariamente como son las universidades, con el presupuesto mismo del año pasado. Hay una situación crítica porque en todo caso, la justicia es autárquica. Tiene autarquía financiera. Un porcentaje de lo que ingresa, ingresa a la Corte, pero es ajustada a través del mecanismo de la autorización del cambio de partidas. Así que estamos en una situación muy crítica, pero es imposible pensar en reducir personal porque, como dijimos, cerramos la justicia. Bueno, no hay más justicia en la Argentina. Al contrario, son necesarias muy muchas cosas en la justicia, y esto no es solo responsabilidad de este gobierno, sino viene de falta de políticas claras en materia de justicia de muchos gobierno. Nosotros como gremio hace años que venimos planteando la necesidad de que haya un plan estratégico, que pongamos todo del perfil que deben tener los jueces, número de tribunales, las condiciones edilicias. Vos sabés que si la Justicia fuera una empresa privada, el 80% de los edificios estarían clausurados por no cumplir con la normativa vigente.
LCV: ¿Siguen con el tema ese de que toda la validez de determinados expedientes y causas y demás es si están en papel?
–-No, eso se avanzó mucho con la pandemia. Todavía no está el expediente digital en todos los lugares, pero ya está. Por eso hay muchos menos abogados que van a tribunales, porque las presentaciones son en forma electrónica. Acá hay una discusión importante en la justicia, porque algunos toman la comodidad de tomar las audiencias y nosotros pensamos que una cosa es la herramienta de la tecnología y otra cosa que nos reemplace, porque para mí la justicia trata de conflictos humanos y los conflictos humanos tienen que ser presenciales. Esta es la discusión que tenemos nosotros como gremio. La inmediatez no tiene reemplazo en la justicia. Pero es un debate que está porque algunos por comodidad prefieren esto, algunos magistrados, incluso.
LCV: Comodidad y también en el caso de los grandes estudios es más económico.
—A los grandes estudios obviamente les conviene, porque además todo lo que sea manejar desde la tecnología al abogado de a pie lo destruyen. Es decir, concentran el ejercicio de la abogacía. Pero la justicia no se puede considerar el interés de los poderosos, si no considerar las funciones que cumple por la Constitución. Es un control de los otros poderes del Estado y es la última expectativa del ciudadano común frente a un derecho conculcado.
LCV: ¿Qué piensas de la Corte Suprema?
—Yo creo que la Corte Suprema es la corte que tenemos.
LCV: Me suena a eso de que tenemos el gobierno que merecemos.
—El gobierno anterior se pasó dos años cuestionando la Corte Suprema mientras la gente se moría de hambre en la Argentina. Nosotros criticamos mucho eso porque creemos que la justicia no es el problema en la Argentina. A mí me preocupa cuando hay peleas internas entre los miembros de la Corte, que no son peleas políticas, sino muchas veces son por ego. Creo que la Argentina necesita una Corte que esté consolidada, porque es cabeza de un poder del estado fundamental que siempre he dejado de lado. Yo puedo tener mejores momentos con tal o tal juez, pero nadie puede decir que las decisiones de la Corte tengan responsabilidad importante en el drama que vivimos todos los argentinos.
LCV: ¿Por qué entonces este intercambio de favores que parece existir en la nominación de Lijo es algo que domina tanto el escenario nacional?
—Pero eso viene por la política. Mirá, acá hay mucha hipocresía, porque el primero que incumplió con las normativas vigentes fue el gobierno Alberto Fernández. El famoso decreto autolimitativo que sacó Néstor Kirchner en allá en el 2003, planteaba primero el tema del género no como una obligación, sino que había que tenerlo presente. Pero además daba 30 días para que se propusiera el reemplazante. Yo veo muchos que hoy critican la nominación de Lijo y 2 años a Fernández nadie le pidió que nomine a alguien. Nosotros sí, como gremio. Yo a Justicia le dije ¿por qué no manda? Pensando que iba a ser una mujer, obviamente hay tantas mujeres capaces. “No tenemos los votos”, me decía. No importa. Ahora, si vos mandas un mamarracho, no podés. Pero si vos mandas a una persona prestigiosa, después le tirás la pelota.
LCV: Y ese es el problema de Lijo, que no es prestigio.
—Si vos lees La Nación y bueno, pero si vamos creer todo lo que dice la Nación.
LCV: Pero La Nación, Página 12 coinciden en decir eso.
—Sí, mirá, cuando coinciden, sospechá. Después hablamos de Lijo, pero lo que te digo es que a las mujeres cuando protestaron, ¿por qué no le pidieron a Fernández que mande una mujer? Yo siempre pensé que este gobierno iba a mandar a una mujer.
LCV: Además porque dejaron en el camino, por jubilación o porque fallecieron, dos grandes mujeres juristas.
—Ahora cuando este gobierno, a mí no me consultaron, propone a Lijo, yo estoy de acuerdo con Lijo, porque Lijo viene trabajando con nosotros. Primero, es un hombre que conoce. Hace mucho tiempo que no hay en la corte un hombre que provenga de la justicia. Porque además, te vuelvo a repetir, no sólo tenés que fallar como juez, sino que sos la cabeza de un poder, tenés que ser profundamente, conocer profundamente la necesidad de la justicia. Y nosotros siempre, cada uno que llega, tenemos que esperar el tiempo que se aggiorne y entiendan.
LCV: Tuvo algunas causas, fallos controversiales con el tema de Derechos Humanos.
—Ninguno, por favor. Mirá, lo metió preso a Boudou. Vos decis que La Nación y Página 12 lo critican, pero todas las comunidades, los musulmanes, los judíos, todos lo apoyan. Entonces vos fíjate, bajó las adhesiones, tuvo 3700 adhesiones y muy poquito de cuestiones. Los que lo critican a Lijo son lobby poderosos, pero no representan el sentido de la comunidad. Te digo, nosotros lo conocemos bien a Lijo, porque además es director de los cursos que hacemos en la facultad de derecho, de delito complejo, de capacitación. Lo que sabe de delito complejo, cómo combatir el narcotráfico, la trata, todas las cuestiones, es una necesidad. No hay penalistas en la corte. Así que yo a Lijo le pongo una ficha.
LCV: Estela de Carloto también lo apoya, ¿verdad?
—Sí, lo apoyan todos. Pero se ha manejado bien. No tiene cosas. Le critican al hermano pero igual yo no lo conozco el hermano.
LCV: Dicen que va a haber cierta complacencia con algunas causas del dirigentes del pasado.
—No sé por qué complacencia, si estuviera ya lo hubieran votado todos, y fíjate que todavía se habla. Yo digo que hay que verlos caminando. Yo confío en que va a ser un excelente miembro de la Corte Suprema. A García Mancilla no lo conozco, no puedo hablar ni bien ni mal, no lo conozco. Pero de Lijo, viéndolo trabajar ahí con el tema, yo te puedo decir. Vos fíjate que todos los jueces, juezas, fiscales, todo desde adentro lo apoyaron. Y no es fácil eso, no es fácil, no es fácil tener apoyo interno.
LCV: Repetime las próximas movidas de protesta que hay.
—Mañana (martes) hacemos un banderazo nacional, que han adherido varias justicias provinciales que están enganchadas con nosotros y desde Ushuaia, Río Grande hasta Tartagal, Orán, donde hay cualquier sede judicial del poder judicial de la nación o los ministerios públicos nacionales, vamos a hacer un banderazo en cada lugar que es una movilización. El viernes, si seguimos sin solución, vamos a un paro de 24 hs en todo el país también, como hicimos el viernes pasado. La gente está muy enojada ya. Hay un clima de la gente que ve que el presidente diga que los trabajadores recuperaron salario, así como dicen los jubilados, y la gente antes lo dejaba, ahora la gente reacciona muy caliente.
LCV: ¿Vos crees que un paro general convocado por la CGT tendría adhesión?
—Sí, los gremios también están luchando. Hicimos un paro. La CGT tiene dos temas: es tan importante la resistencia a esto como plantearle al pueblo argentino una alternativa de futuro. Si el gobierno hoy todavía tiene los índices de adhesión que tiene, no es porque la gente esté conforme con esto, sino porque no quiere volver para atrás y no tiene una alternativa. Entonces es tan importante una cosa como la otra. Y la CGT está laburando en ambos sentidos. Y por eso, más allá de la CGT, los gremios que componen la CGT están defendiendo en cada lugar los derechos de sus trabajadores.
LCV: Vos sabes que nosotros le hacemos pagar peaje a los entrevistados que vienen por primera vez. Así que para cerrar contame cuál fue tu primer trabajo, qué edad tenías, si eras un jovencito, si eras un niño y si te acordás en qué gastaste la plata.
–-De muy joven, 14,15 años, iba a trabajar. Yo iba al Instituto Libre de Segunda Enseñanza que está en la plaza Lavalle, el Ilse, una formación realmente que estoy orgulloso. Entonces nosotros teníamos 15 días de vacaciones en invierno, pero en general teníamos, si salías bien en todas las materias, a mí me pasó siempre eso, teníamos cuatro meses de vacaciones, porque terminamos mediados de noviembre hasta abril casi. Entonces yo iba a trabajar a donde trabajaba mi padre, que era una fábrica de papel, Basú Sociedad Anónima, para tener plata para mis vacaciones. Así que trabajé los 15, es decir, no era un trabajo estable pero sí tenía mis cosas y todo. Me dejaban trabajar ahí, hice experiencia, trabajé en compra, trabajé en un montón de lugares de la empresa y me sentía bien porque tenía mis propios medios. ¿Qué hice con el primer sueldo? Me la habré gastado, no me acuerdo. Era muy chico.
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Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”
En la antesala de un nuevo 24 de marzo, Erika Lederer —poeta, abogada y cofundadora de Historias Desobedientes— reflexiona sobre el sentido de la memoria en la Argentina actual. Hija de un represor que actuó en Campo de Mayo, su testimonio interpela desde un lugar singular: el de quienes decidieron romper el pacto de silencio familiar para transformar el dolor en acción. En esta entrevista con LCV, cuestiona el uso del concepto de “memoria completa”, reivindica la apertura de archivos y la búsqueda de identidad, y llama a sostener una memoria activa, colectiva y comprometida con la justicia.
Erika Lederer: Exacto, necesitamos masividad en las calles. En relación a la pregunta: yo soy cofundadora de Historias Desobedientes. Surgimos alrededor de 2017, cuando se intentó aplicar el 2×1 y la Corte Suprema lo avaló. En ese momento, en las calles se dijo de manera masiva que no. Eso es lo que esperamos también ahora.
¿Qué entiendo por “memoria completa”? Es muy sencillo: la única memoria completa es que se abran los archivos. La única memoria completa es que los genocidas que siguen vivos y que no fueron alcanzados por la llamada “impunidad biológica” digan dónde están los cuerpos, digan dónde están los chicos —hoy adultos— cuya identidad todavía no fue recuperada. Esa es la única memoria completa.
LCV: Estoy totalmente de acuerdo, incluso con el recorte histórico que hacés, que no empieza en el ’76. Recién hablábamos del decreto 20.840 de 1974, que ya sentaba bases legales e ideológicas para lo que vino después.
Nos queda poco tiempo, así que quiero que me cuentes: ¿quién sos?, ¿quién era tu papá? ¿Y por qué sos desobediente?
Erika Lederer: Yo soy Erika Lederer, poeta —y después, en segundo lugar, abogada—. Mi padre era Ricardo Lederer, que fue el segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Era quien asistía los partos de mujeres cuyos hijos todavía buscamos. Luego esas mujeres eran parte de los mal llamados “traslados”, es decir, los vuelos de la muerte.
LCV: ¿En qué momento tomás conciencia de lo que hacía tu padre?
Erika Lederer: Una cosa es saber que era militar, médico militar, verlo con uniforme, saber que fue carapintada. Todo eso ya te da una primera conciencia. Pero llegar a caracterizar a tu propio padre como genocida es un proceso paulatino. Va acompañado de una toma de conciencia sobre lo que pasa alrededor, no solo sobre quién era él, sino sobre la realidad en la que vivís.
LCV: ¿Todavía duele?
Erika Lederer: Sí, y va a doler siempre. Pero en 2017 escribí un artículo que se llamaba “Del dolor a la acción”. Duele, pero no me deja inmovilizada. No me deja atrapada en un trauma. Quiero salir del dolor, ser un sujeto activo en la construcción de la memoria colectiva y levantar las banderas de los compañeros desaparecidos. Ellos peleaban por un mundo más justo, y yo quiero insertarme en esa lucha por un mundo mejor.
LCV: ¿Cómo se procesa esto dentro de la familia?
Erika Lederer: Cuando uno rompe con esa lógica —que yo llamo lógica mafiosa de clanes—, porque hubo crímenes y un pacto de silencio, no es fácil. Hablar implica romper ese pacto que impera en estas familias. Pero no quiero quedarme en eso; para eso escribo poesía también. Mi intención es poder ser una voz que amplifique la potencia que tenemos como sociedad para hacer otra cosa, para seguir luchando por esas banderas.
LCV: Te agradezco muchísimo que hayas venido, aunque sea por unos minutos. Si te parece, la semana que viene seguimos con más tiempo. Es muy importante el relato en primera persona: genera empatía, le pone identidad a la historia.
Erika Lederer: Sí, totalmente. Mi intención es que mi voz transmita un mensaje: que nos atrevamos a pensar distinto, a confrontar el estado de cosas. Hay un giro global hacia la derecha que tenemos que interpelar, incluso de manera internacionalista. Invito a que nos animemos a pensar de otro modo y a cambiar el mundo.
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Alejandro Cohen Arazi: “La historia de la CONADEP también la hicieron trabajadores anónimos”
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi pasó por La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores para presentar Conadepianos, una película que recupera los testimonios de quienes trabajaron en la CONADEP durante los primeros años de la democracia. Con una mirada centrada en la clase trabajadora, el film busca correrse del relato tradicional y poner el foco en quienes escucharon, registraron y sostuvieron el proceso en el día a día.
LCV: ¿Qué es la CONADEP? Le cuento a la gente, porque tenemos oyentes jóvenes y de todas partes del mundo.
Alejandro Cohen Arazi: La CONADEP es una comisión que se crea en 1983 para reunir testimonios que permitieran construir una causa contra la Junta Militar. Ya desde su origen implicaba una enorme valentía política: llevar adelante los juicios.
Se eligió a un grupo de notables —personas reconocidas que habían tenido un rol durante la dictadura— para encabezar ese trabajo. Pero detrás de ellos había una enorme cantidad de trabajadores y voluntarios, muchos muy jóvenes, que recibían denuncias todos los días y escuchaban cosas muy duras.
LCV: Sobre esa base hacés un documental. ¿Por qué?
Alejandro Cohen Arazi: La historia surge con mi hermano Juan. Él estaba investigando otro tema y encontró en el Archivo Nacional de la Memoria entrevistas a trabajadores de la CONADEP.
No era lo que buscaba, pero vio que había algo muy potente ahí: testimonios de personas que contaban el trabajo cotidiano. Entonces dijimos: hay una historia para contar.
Todos tenemos una idea del Nunca Más asociada a figuras como Sábato o Magdalena Ruiz Guiñazú, pero estas entrevistas muestran que había un grupo enorme de personas que fueron quienes realmente hicieron ese trabajo.
LCV: ¿Cómo se seleccionaban esos trabajadores? ¿Eran voluntarios, gente del Estado?
Alejandro Cohen Arazi: Había de todo. Al principio eran empleados del Ministerio del Interior, pero rápidamente se dieron cuenta de que no alcanzaba.
También se sumó gente de organismos de derechos humanos y muchos voluntarios. Había personas que leían en el diario que existía la CONADEP y se acercaban para dar una mano.
LCV: ¿Se necesitaba algún requisito en particular?
Alejandro Cohen Arazi: Básicamente, saber leer, escribir y tener empatía. No existía todavía la figura del trabajador de la memoria o de derechos humanos como hoy.
Había que sentarse frente a alguien que venía a contar una experiencia terrible, y para eso hacía falta una enorme sensibilidad.
LCV: Estamos hablando de un contexto muy cercano a la dictadura…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, y con mucha incertidumbre. Nadie sabía cuánto iba a durar la democracia. Veníamos de décadas de golpes militares, entonces la pregunta era inevitable.
LCV: Y además del impacto emocional, había riesgos…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, lo vivían con mucho temor. Recibían amenazas, había llamados intimidatorios, incluso amenazas de bomba en el edificio.
No eran ingenuos: sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.
LCV: ¿Tuviste dificultades para financiar la película?
Alejandro Cohen Arazi: Sí, es un documental hecho con presupuesto cero. No pedimos apoyo institucional.
Trabajamos con material del Archivo Nacional de la Memoria y con nuestro propio esfuerzo. Hicimos una campaña con gente cercana para poder cubrir gastos básicos.
LCV: Tenés una trayectoria marcada por este tipo de enfoque…
Alejandro Cohen Arazi: Sí, todos mis trabajos tienen el foco en la clase trabajadora. Incluso en documentales anteriores, como uno sobre call centers, me interesaba mostrar esas realidades invisibilizadas.
LCV: En medio de tantas discusiones políticas sobre ese período, ¿qué lugar ocupa la CONADEP?
Alejandro Cohen Arazi: Más allá de las discusiones, fue un hito fundamental de la democracia argentina.
Se hizo en un contexto de muchísimas presiones, con un margen de maniobra muy limitado, pero se logró. Y lo que se logró es histórico.
LCV: ¿Dónde se puede ver la película?
Alejandro Cohen Arazi: Hay funciones en el Cine Gaumont, en la Sala Norita Cortiñas y también en la Sala Lúcida, en Saavedra, en los próximos días.
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Carta desde el País del Nomeacuerdo, por Hernán López Echagüe
Publicado en la revista Humor, diciembre de 1990
Che, me olvidaba de algo. Hubo una época en que las personas se pusieron a desaparecer, de pronto, de la noche a la mañana. Sin pausa. Cientos y cientos de personas de toda edad que se ponían a no estar nunca más. Y los ojos de los vecinos no percibían nada. Y las bocas de los vecinos parecían bocas sin fundamento, o quizá con fundamento no más que para abrirlas y tragar fideos italianos, galletas alemanas, quesos franceses. ¡Vinos de Portugal por dos mangos! Había mazapán en las venas. ¿Te acordás? ¿Te acordás del general Acdel Edgardo Vilas? Decía el tipo: “Los mayores éxitos los conseguimos entre las dos y las cinco de la mañana, la hora en que el subversivo duerme (…) Yo respaldo incluso los excesos de mis hombres si el resultado es importante para nuestro objetivo”. ¿Te acordás? ¿No? Pero quizá te acuerdes del general Ibérico Saint-Jean que, entre otras cosas, se hizo famoso por su frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. O del general Jorge Rafael Videla: “En la Argentina morirán todos los que sean necesarios para acabar con la subversión”. Años más tarde, ya en democracia, al amparo del indulto que le había obsequiado Menem y en tanto se mojaba el garguero con whisky importado durante una cena de camaradería, Videla celebró la matanza, y, con aires de asesino ocurrente, soltó: “La sociedad argentina tendría que habernos pagado por los servicios prestados”.
Luego, a partir de diciembre de 1983, la historia incontrastable del exterminio selectivo que habían tramado los militares con toda meticulosidad cobró vida a partir de relatos de toda naturaleza: jurídico, periodístico, novelesco, televisivo, cinematográfico. Supongo que te acordarás de La historia oficial, también del Nunca más, y, desde luego, del histórico juicio a las Juntas. Fueron años de dolorosas e interminables reconstrucciones. Que a Esteban se lo llevaron de su lugar de trabajo una tarde, a los golpes; que a Cristina, que estaba embarazada, la sorprendieron en la calle, la ocultaron en alguna catacumba, la asistieron en el parto, le robaron el hijo y después la asesinaron; en la casa de Jon, que de la vida no esperaba más que recibirse de ingeniero, casarse y tener un par de hijos, el grupo de Tareas se instaló a lo largo de una semana… Y ya no están, nunca más volverán a estar.
A partir de diciembre de 1983 el dolor se transformó en cifras: más de cuatro mil desaparecidos en 1976; trescientos cuarenta y dos por mes; once cada día. Más de tres mil en 1977; doscientos treinta y ocho por día… Cifras y más cifras. Contados cuerpos. Personas que nunca jamás volvieron a aparecer. Y ahora los ojos han vuelto a cerrarse, los oídos a enlodarse, las bocas a callar.
En fin, no era mi propósito amargarte. Pero el País del Nomeacuerdo es hoy una realidad ineluctable.
Otro abrazo.
50 Años. La falacia de la memoria completa y las verdaderas razones de la masacre, por Laura Giussani C.
Erika Lederer:“La única memoria completa es que digan dónde están los cuerpos”

