Negacionismo, por Eddie Abramovich

Hace diez años, el 22 de julio de 2008, este hombre fue arrestado luego de estar ocho años clandestino en Belgrado.

El hombre de la foto, Radovan Karadzic, no es militar, sino un médico psiquiatra de modales muy occidentales y de buena familia, y cofundador de un partido serbio que lleva la palabra Democrático en su denominación. Con ese partido llegó a presidente de una artificial república servobosnia, Srpska, en los 90′. En julio de 1995, bajo su mando, se produjo la masacre de Srebrenika: ocho mil varones refugiados, musulmanes bosnios, fueron asesinados. Fue también responsable principal del asedio sobre Sarajevo, donde durante tres años fueron abusados y masacrados más de 10.000 mujeres, hombres, niñas y niños croatas, en lo que fue identicado en el glosario del derecho internacional como «limpieza étnica». Karadzic fue encontrado culpable, en 2016, en diez de once acusaciones de genocidio, y condenado a 40 años de prisión por el Tribunal Criminal Internacional para la Antigua Yugoeslavia, instalado por la ONU en La Haya.

Este hombre educado y de rostro amable tuvo ocho años para vivir en Belgrado con su esposa y practicando la homeopatía, y otros ocho para ejercer su defensa ante toneladas de documentación probatoria y decenas de testimonios. Al año siguiente en noviembre de 2017, su hombre de confianza y jefe de los verdugos, el general Ratko Mladik, fue condenado a prisión perpetua por los mismos crímenes. El Tribunal se disolvió y fue subsumido en el Mecanismo de la ONU para las Cortes Criminales Internacionales. La foto es actual, de abril de 2018, cuando Karadzic presentó ante esta instancia su pedido de revisión. Sus argumentos no son sobre su inocencia sino sobre la existencia misma de los crímenes: «son mitos y chismes».

El negacionismo consiste, formalmente, en negar la existencia del crimen, pero ética y conceptualmente es algo aún más siniestro: negarle a las víctimas su condición humana. Los exterminados en los genocidios son siempre, y desde siempre, hijos de un Dios Menor.

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