29 de julio de 1966: Operación Escarmiento, por Eddie Abramovich

Más de una vez pusimos en cuestión, en rueda de amigos, la fortaleza de la nomenclatura «La noche de los bastones largos» para definir la brutal, metódica, planificada y esencialmente vengativa descarga de violencia ordenada por el grotesco ultramontano Onganía contra la UBA – y luego extendida a las ocho universidades nacionales que existían entonces – y ejecutada por su mano derecha, el general fascista Fonseca.

No pudimos resolverlo – no se erradican los registros del habla corriente y de la historiografía por mera decisión – pero nos quedó el mal sabor de un posible equívoco: que esa violencia pudiera ser leída, a la distancia, como un exceso represivo. No lo fue, porque no había nada que reprimir; simplemente fueron a desalojar con un plan punitivo pre diseñado, al que en su jerga llamaron «Operación Escarmiento», y del cual abundan los testimonios coincidentes.

Denuncia penal de Rolando García, decano de Exactas, pionero de la comprensión del cambio climático y el estudio de la epistemología genética, contra el jefe de Policía, con el patrocinio del abogado Carlos González Gartland, promotor de los derechos humanos

No fue el largo de los bastones sino la golpiza metódica sobre las cabezas y los cuerpos de decanos, profesores y estudiantes, a los que hicieron desfilar a lo largo de un organizado túnel de policías en ropa de combate, el signo de aquella noche nefasta. (Por esos uniformes y cascos es que, en su denuncia internacional, el matemático norteamericano Warren Ambrose, del MIT, docente invitado en Exactas de la UBA, describe a los verdugos como «soldados»).

Fue la instauración de la barbarie organizada en los claustros de la ciencia y la cultura, con el claro objetivo de destruirlos y doblegarlos para siempre, porque eran incompatibles con los «fines patrióticos» de la contrarrevolución feudal, oligárquica y preconciliar. Y asesina: menos de dos meses después acribillaron en Córdoba al obrero y estudiante Santiago Pampillón.

 

De un sólo golpe, deliberado, hicieron retroceder el conocimiento más de medio siglo, como luego harían retroceder la economía, el patrimonio público y el derecho.

Y lo hicieron con el aliento cómplice de algunos de los grandes medios que hoy, a medio siglo, lloran lágrimas de cocodrilo por esa Argentina perdida bajo el terror de Estado, mientras en la página de enfrente – o en la del dorso – siguen poniendo «en debate» propuestas para hacer retroceder, otra vez, el conocimiento, la economía, el patrimonio público y el derecho.

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