La V Columna de Laura Giussani Constenla: «Eros y Thanatos»

Bienvenida, Ariadna.

De qué podría hablarles hoy sino de ‘la vida’. Mientras ocurren calamidades en todos lados – injusticia, muerte, explotación- la vida sigue abriéndose paso, como esos yuyos que nacen entre los ladrillos de casas derruídas.

Lucha cuerpo a cuerpo entre Eros y Thanatos, o Dios y el Diablo, o el Bien y el Mal, o la Construcción y la Destrucción. De eso se trata -ni más ni menos- nuestra existencia. La gran grieta de la historia. Hoy, en mi casa, ganó, una vez más, la vida. Ocurrió un milagro: nació la hija de mi hija. De mujer en mujer, de panza en panza, seguimos haciendo los nudos de esta red, tejiendo la manta de vaya a saber uno qué historia.

DE MUJER EN MUJER, SEGUIMOS HACIENDO LOS NUDOS DE ESTA RED

¿Y los hombres? Sí, ellos también forman parte de este tapiz universal, pero el nudo del tejido lo hacemos nosotras, con esa experiencia maravillosa de sentir crecer un hijo en tu panza.

Que no venga Freud a hablarnos de “envidia del pene”. El fracaso primero de todo varón es su falta de útero, la incapacidad de sentir latir la vida en su panza.

Un resentimiento animal: a ver si se creían diosas que daban la vida, había que hacer algo con ellas. Ponerle límites. un pié encima de la cabezas. Hoy, decenas de miles de mujeres se están reuniendo una vez más para reír, gritar, hablar, discutir y sentirse diosas.

nunca imaginamos sobrevivir al naufragio, pero lo hicimos

Por esas cosas de la diáspora, o el exilio, o el naufragio -como solía llamar el Negro Pasquini Durán a los tiempos de dictadura- la hija de mi hija, mi nieta, es uruguaya. Y tenemos nietos también brasileros: el hijo de la hija de Hernán -el papá de mi hija- es un hermoso paulista.

Nunca imaginamos sobrevivir al naufragio, pero lo hicimos. Y en cada lugar por el que pasamos dejamos huellas. Una hermosa familia que por el momento conjuga italianos, españoles, argentinos, brasileros, uruguayos, algún inglés por ahí, otro vasco por allá, y los que se hayan podido colarse sin avisar.

Nos hemos movido mucho, a veces para sobrevivir, a veces para disfrutar, a veces por el puro placer de la aventura. Moverse es vivir.

Antes, el tiempo era un reloj con una aguja que se movía y a cada paso se escuchaba un tic tac. Un ruido para enloquecer al más cuerdo. Tic tac cada minuto para que sientas el paso del tiempo. Inventaron otras formas para saber la hora, ya nadie escucha el paso del tiempo. ¿Será por eso que todos quieren seguir siendo jóvenes? No quieren tic tacs ni arrugas. Casi que la vida, ese segmento de tiempo que nos toca estar en este mundo, les da vergüenza. O vértigo.

moverse es vivir

Hoy no estoy con ustedes porque vuelvo a un lugar al que alguna vez fuí. Y que terminó siendo el lugar de mi hija.

Todos sabemos que éstas son las cosas importantes, que el resto es puro chamuyo. Y algo de eso entendieron la mujeres. Esas que hoy son, junto a los trabajadores y los jóvenes, las grandes víctimas de un sistema que se resiste a morir. Y allí están, cantando, discutiendo, compartiendo, recuperando su protagonismo en esta historia.

Eros y Thanatos. ¿Lucha desigual? Por ahora el tal Thanatos nos está ganando por goleada, pero son momentos. Nada está dicho.

 

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda