La farsa del regreso a la escuela, por Mara Laporte

Nunca, en toda mi vida docente, y llevo más de 20 años, sentí tanta angustia y desconcierto como ahora. Por primera vez me dan ganas de dejarlo todo. Y enseguida sé que no puedo, porque la docencia no es una vocación, como siempre se dice y esa lógica es la misma que al final estigmatiza y abarata; la docencia es una convicción política, una militancia, una postura ética si se quiere, pero también es una profesión que se elige y reivindica.
Todo está terrible hoy. Cuando Trotta dice que viene a proponer un «proceso de reorganización pedagógica», rompe al menos de manera bestial con su sincericidio o idiotez lo que venía siendo (es) una sarta de eufemismos de campaña. Porque nada de lo que empieza hoy tiene su sentido real y es eso, entre tantas otras cosas, lo que duele:
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NO «se vuelve» a las escuelas. Lxs estudiantes NO van a recuperar la experiencia de convivencia con sus compañerxs. NO se volverá a la normalidad. NO se va a avanzar con contenidos. NO se potenciará el aprendizaje. Lxs docentes NO cumplirán el rol de docentes, porque deberán cumplir otros tantos que los exceden. NO se cumplirá el protocolo, por inviable. Las escuelas NO serán lugares seguros. NO se mantendrá el distanciamiento, porque también es inviable. NO hay insumos sanitarios ni de higiene, porque no se enviaron. NO habrá logística organizada, porque nadie en las escuelas sabe qué hacer. NO supondrá este experimento una alivio para la angustia que en niñxs y adolescentes pudo haber generado la pandemia, porque las condiciones en las que se pretende su regreso a las aulas los expondrá a situaciones traumáticas.
Lo que sí habrá con esta farsa de vuelta a las escuelas es un experimento de consecuencias nefastas. Están jugando a prueba y error con la vida de niñxs, adolescentes y docentes. Y con sus familias. Lo que está pasando es grave a nivel sanitario, pedagógico y también en términos de derechos laborales. Están pasando por encima de todo. Desde las escuelas lo venimos advirtiendo de todas las maneras posibles. En un par de semanas, cuando se dimensione el desastre, lamentablemente ya va a ser tarde para muchos.
Queda el consuelo de quienes entendieron y acompañan. Ojalá podamos hacer algo desde ahí para debilitar y frenar esta locura.
 
(tomado del facebook de la autora)

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