Destacada
Después del coronavirus, por Alain de Benoist
Traducido en exclusiva del equipo de Nomos. El siguiente artículo apareció en el sitio Valeurs actuelles el 2 de abril del año en curso. El medio planteaba entonces al filósofo y ensayista francés las siguientes preguntas: «¿Qué mundo ha visto nacer la epidemia de coronavirus? ¿Qué dogmas viene repentinamente a poner en cuestión? ¿Cómo será el mañana que engendrará esta crisis mayor?».
La historia está siempre abierta, como todos saben, lo que la vuelve impredecible. En ciertas circunstancias, sin embargo, es más fácil prever el mediano y largo plazo que prever el corto. Lo evidencia la pandemia de coronavirus. A corto plazo, uno imagina lo peor: los sistemas de salud saturados, muertos por cientos de miles, incluso millones, rupturas en la cadena de aprovisionamiento, disturbios, saqueos y todo lo que le sigue a eso. En realidad, nos vemos arrastrados por una ola de la que nadie es capaz de saber hasta dónde llegará, ni cuándo terminará de romper. Pero si uno mira más lejos, aparecen algunas evidencias.
Ya lo hemos dicho demasiadas veces, pero es necesario volver a decirlo: la crisis sanitaria está (¿provisoriamente?) haciendo sonar las campanadas finales de la globalización y la ideología progresista dominante. Ciertamente, las grandes epidemias de la Antigüedad y de la Edad Media no tuvieron necesidad de la globalización para producir decenas de millones de muertes, pero cae de maduro que la generalización del transporte, del intercambio y las comunicaciones en el mundo no han hecho sino agravar las cosas. En la «sociedad abierta» el virus es muy conformista: hace como todo el mundo, circula. Y bien, nosotros no circulamos más. Dicho de otro modo, hemos roto con el principio de la libre circulación de los hombres, de las mercancías y de los capitales que resume la fórmula: «Laissez faire, laissez passer» [dejar hacer, dejar pasar]. Este no es el fin del mundo, pero es el fin de un mundo.
Recordemos. Después de la implosión del sistema soviético, todos los Alain Minc del planeta nos anunciaban una «mundialización feliz». El mismo Francis Fukuyama profetizaba el fin de la historia, convencido de que la democracia liberal y el sistema de mercado lo habían acarreado. Íbamos a transformar la Tierra en un inmenso centro comercial, disolver las fronteras, reemplazar países por territorios e instaurar la «paz universal» de la que hablaba Kant. Las identidades colectivas «arcaicas» serían progresivamente erradicadas y las soberanías se volverían obsoletas.
Las fronteras, lejos de su anhelada desaparición, están para quedarse
La globalización reposaba sobre el imperativo de producir, de vender y de comprar, de moverse, circular, avanzar y mezclarse de manera «inclusiva». Reposaba sobre la ideología del progreso y la idea de que la economía debe definitivamente suplantar a la política. La esencia del sistema era la inexistencia de límites: siempre más intercambios, siempre más mercaderías, siempre más ganancia para permitirle al dinero nutrirse de sí mismo y transformarse en capital.
Sucediendo al antiguo capitalismo industrial, que todavía tenía algunos anclajes nacionales, un nuevo capitalismo cada vez más desconectado de la economía real, enteramente desterritorializado y operando en tiempo cero, tuvo su desarrollo demandando a los Estados, de aquí en adelante prisioneros de los mercados financieros, que adoptasen una «buena gobernanza» susceptible de servir a sus intereses. Las privatizaciones se multiplicaron, las relocalizaciones y los contratos de subcontratación internacional también, acarreando desindustrialización, baja de salarios y alza del desempleo. Se hizo uso y abuso del viejo principio ricardiano de la división internacional del trabajo, lo que resultó en la competencia, bajo condiciones de dumping, entre los trabajadores de los países occidentales y los de los confines del mundo. La clase media de los países occidentales empezó a declinar, mientras que las clases populares se engrosaban con un creciente número de vulnerables y precarizados. Los servicios públicos fueron sacrificados en el altar de los grandes principios presupuestarios de la ortodoxia liberal. El libre cambio se convirtió más que nunca en un dogma y el proteccionismo algo repelente. Cuando eso no anduvo más, en lugar de retroceder, ¡se optó por pisar a fondo el acelerador!
Y en eso, ¡pum! Nos envanecíamos del movimiento, del «circulacionismo» y del desarraigo, y ahora todo está parado. Habíamos anunciado la pronta desaparición de las fronteras, en cambio ahora las vemos por todos lados: la Unión Europea cierra las suyas (entonces, ¿era eso posible?) y se levantan más fronteras entre las ciudades, entre las regiones, entre los edificios, entre los individuos. Uno después de otro, todos los países restablecen los controles fronterizos. Y todo el mundo lo aplaude.
Ayer nomás la orden del día era vivir juntos en una sociedad sin fronteras («no borders»); hoy es «quédense en casa», ¡y no se mezclen con nadie! Los bobos [del francés «bourgeois bohème»: burgués bohemio] de las grandes metrópolis están huyendo como roedores a refugiarse en esa Francia periférica que tanto despreciaban ayer. Quedó lejos la época en que solo hablábamos de «cordón sanitario» para mantener a raya el pensamiento inconformista. En el mundo «marítimo» de los flujos y reflujos, estamos presenciando un regreso de lo telúrico, del lugar que hace a los vínculos.
La Comisión Europea, a los suscriptores ausentes
Desinflada, en todos los sentidos del término, la Comisión Europea parece una liebre encandilada: desconcertada, aturdida, paralizada. Incapaz de decidir cualquier cosa en este momento de emergencia, ha suspendido lastimosamente aquello que pretendía tener en mayor consideración: los «criterios de Maastricht», es decir, el «pacto de estabilidad» que limita los déficits estatales al 3% del PIB y la deuda pública al 60%. Después de lo cual, el Banco Central Europeo liberó 750 mil millones de euros que supuestamente permitirían enfrentar la situación, pero cuyo objetivo es de hecho salvar el euro. En la emergencia, cada país decide y actúa por sí mismo.
En un mundo globalizado, se supone que las normas sirven para enfrentar cualquier eventualidad. Eso es olvidar que cuando surge un estado de excepción, como bien lo señaló Carl Schmitt, las normas ya no se pueden aplicar. Según los «buenos apóstoles» el Estado era el problema, pero ahora se convierte nuevamente en la solución. Tal como en 2008, cuando los bancos y los fondos de pensión reclamaron a los mismos poderes públicos que habían denunciado en las vísperas, pidiéndoles que los protegieran para no desaparecer. Macron mismo decía que las ayudas sociales costaban un ojo de la cara. Hoy el mismo sujeto declara que, para intentar remontar la crisis sanitaria, se gastará todo lo que sea necesario. Cuanto más se desarrolle la pandemia, más deberá aumentar el gasto público. Para financiar el desempleo parcial y cubrir los rojos en las cuentas de las empresas, los estados liberarán centenas de billones, aunque ya se encuentren totalmente endeudados.
Las leyes laborales se han suavizado, la reforma previsional se pospone, se deja para quién sabe cuándo el diseño de los nuevos seguros de desempleo. Incluso el tabú de las nacionalizaciones ha saltado por los aires. Aparentemente encontraremos el dinero que decíamos inhallable, porque todo lo que era imposible ahora se vuelve posible.
También actuamos como si de repente descubriésemos que China se convirtió en la fábrica del mundo (en 2018, representaba el 28% del valor agregado a la producción manufacturera global), que produce todo tipo de cosas que nosotros hemos renunciado a producir por nosotros mismos, por empezar nuestros medicamentos (¡desde 2008 no producimos ni un gramo de paracetamol en Europa!), y que esa dependencia nos convierte en objetos de la historia ajena. El jefe de Estado -¡vaya sorpresa!- ha declarado que «delegar nuestra alimentación, nuestra protección, nuestra capacidad de cuidarnos, nuestro estilo de vida básicamente, a otros es una locura». «Las próximas semanas y los próximos meses requerirán decisiones de ruptura», dijo también. ¿Será posible reubicar sectores enteros de nuestra economía y diversificar las fuentes de suministro?
Tampoco subestimemos el choque antropológico. La concepción del hombre transmitida por la doxa dominante era la de un individuo separado de sus semejantes, enteramente dueño de sí mismo («¡mi cuerpo es mío!»), que supuestamente contribuye al equilibrio general buscando constantemente maximizar el interés propio en una sociedad completamente regida por los contratos jurídicos y los reportes de mercado. Es esta visión del homo economicus la que está entrando en bancarrota. Mientras Emmanuel Macron apela a la responsabilidad de todos, a la solidaridad local e incluso a la «unidad nacional», la crisis sanitaria recrea sentimientos de pertenencia. Toda relación nuestra con el tiempo y el espacio se ve modificada: nuestra relación con el propio estilo de vida, con la razón misma de nuestra existencia y con los valores, que no se limitan a aquellos de la «República». En lugar de quejarnos, admiramos el heroísmo del personal de enfermería. Redescubrimos la importancia de lo común, de lo trágico, de la guerra, de la muerte; para ser breves, de todo aquello que queríamos olvidar. Formidable retorno de lo real.
Y mientras tanto, ¿qué es lo que viene? En primer lugar, evidentemente, una crisis económica que tendrá consecuencias sociales gravísimas. Todo el mundo espera una recesión a escala mayor, que afectará a Europa, tanto como a los Estados Unidos. Decenas de miles de empresas irán a la quiebra, millones de empleos se verán amenazados y se esperan bajas de los PBI que podrían llegar hasta un 20%. Los estados tendrán que endeudarse nuevamente, lo que debilitará aún más el tejido social.
Esta crisis económica y social bien podría desembocar en una nueva crisis financiera de una magnitud superior a la de 2008. El coronavirus no será el factor desencadenante de dicha crisis, ya que se la ha esperado durante años, pero puede ser el catalizador. Los mercados bursátiles ya empezaron a desajustarse, mientras que el precio del petróleo se está derrumbando. Un crack bursátil en teoría se relaciona solamente con las acciones, pero también afecta a los bancos cuyo valor depende del de los títulos que aparecen en sus activos y de la hipertrofia de los precios de estos valores financieros, resultado de la actividad especulativa del mercado bancario, perseguida a expensas de su actividad tradicional de depósito y garantía. Si el crack bursátil se combina con una crisis de los mercados de deuda, como sucedió durante la crisis de las hipotecas subprime, la propagación de los incumplimientos de pago dentro del sistema bancario deja prever un colapso general.
Nos arriesgamos, entonces, a tener que lidiar simultáneamente con una crisis sanitaria, una crisis económica y social y una crisis financiera, sin olvidar la crisis ecológica y la crisis migratoria. Una conjunción de catástrofes: este es el gran tsunami por venir.
Algunas consecuencias políticas de importancia
Pero también habrá consecuencias políticas. Y en todos los países. ¿Cuál es el futuro del presidente chino después del despegue del «dragón»? ¿Qué pasará en los países árabe-musulmanes? ¿Qué efecto tendrá en la campaña presidencial estadounidense, país donde decenas de millones de habitantes no tienen ninguna cobertura médica?
Los franceses no son ciegos. Pueden ver que la epidemia fue recibida en principio con escepticismo, incluso con indiferencia, y que luego hubo dudas sobre la estrategia a seguir: detección sistemática, inmunidad de grupo o confinamiento. Las pérdidas de tiempo y las declaraciones contradictorias (no es una enfermedad grave, pero provocará muchas muertes; los barbijos no sirven de nada, pero el personal de salud necesita más; las pruebas de detección son un despropósito, pero vamos a probar hacerlas masivamente; quédense en sus casa, pero vayan a votar) duraron dos meses. A finales de enero, Agnès Buzyn aseguraba que el virus no saldría de China. El 26 de febrero, Jérôme Salomon afirmaba delante de la comisión de asuntos sociales del Senado que no había ningún problema con las máscaras. El 11 de marzo, Jean-Michel Blanquer no veía ninguna razón para cerrar escuelas y universidades. El mismo día Macron inflaba el pecho («¡No renunciaremos a nada, especialmente a la libertad!») después de haber ido al teatro ostentosamente unos días antes porque «la vida debe continuar normalmente». Ocho días después, cambio de tono: aislamiento para todo el mundo. ¿Quién puede tomar en serio a semejantes personas?
«Estamos en guerra», dijo el jefe de estado. Una guerra exige líderes y recursos. En cambio, no tenemos más que «expertos» que no están de acuerdo entre sí y, como armas, pistolas de cebita. El resultado es que, tres meses después del comienzo de la epidemia, aún faltan máscaras, pruebas de detección, gel desinfectante, camas de hospital, respiradores. Nos falta todo porque no habíamos previsto nada y porque no nos apuramos a ponernos a reparo hasta que estalló la tormenta. Numerosos médicos ya lo están diciendo: los responsables algún día deberán rendir cuentas.
El caso del sistema hospitalario es sintomático, ya que hoy está en el corazón de la crisis. En tren de aplicar la doxa liberal se quiso someter a los hospitales del sector público al arancelamiento, instándolos a ganar más dinero en nombre del principio sacrosanto de la rentabilidad, como si su actividad pudiera subordinarse al simple juego de oferta y demanda. En otras palabras, se quiso someter a un sector ajeno a los principios del mercado, buscando introducir una racionalidad gerencial basada únicamente en el Sistema de Producción Justo a Tiempo, que condujo a los hospitales públicos al borde de la parálisis y el colapso. ¿Sabíamos que el sistema de salud regional (SRS), por ejemplo, establece un límite en el número de reanimaciones basado en la «tarjeta sanitaria»? ¿Que Francia eliminó 100.000 camas de hospital en los últimos veinte años? ¿Que en Mayotte hay actualmente 16 camas de cuidados intensivos para 300,000 habitantes? Los profesionales de la salud lo han estado diciendo en todos los tonos posibles durante años. No los escuchamos.
El fin del consumismo, ¿de verdad?
Cuando todo esto haya pasado, ¿volveremos al desorden establecido? ¿O hallaremos en esta crisis sanitaria la oportunidad de comenzar de nuevo con mejores bases, alejados del demonio de la mercantilización del mundo, del productivismo y el consumismo a todo precio? Nos encantaría creerlo, si los mismos hombres no se hubieran revelado ya incorregibles. La crisis de 2008 podría haberles servido de lección, pero prevalecieron los viejos hábitos: prioridad a la rentabilidad financiera y la acumulación de capital a expensas de los servicios públicos y el empleo. Tan pronto como las cosas parecieron ir mejor, nos arrojamos de nuevo en la lógica infernal de la deuda, las «burbujas» comenzaron a inflarse nuevamente, los productos financieros tóxicos de vuelta a circular, los accionistas a exigir siempre mayor retorno de su inversión. Mientras, con el pretexto de restablecer el equilibrio, se implementaban políticas de austeridad devastadoras para los pueblos. La «sociedad abierta» siguió su inclinación natural: ¡siempre más!
En lo inmediato podríamos aprovechar el confinamiento para releer (o descubrir) la obra de ese formidable sociólogo que fue Jean Baudrillard. En un mundo «hiperreal», donde lo virtual ha prevalecido sobre la realidad, fue el primero en hablar de una «alteridad que [por resultar imposible] segrega esa otra alteridad invisible, diabólica, inasible, ese Otro absoluto que es el virus». Virus informático, virus epidémico, virus bursátil, virus del terrorismo, circulación viral de información digital: todo esto, decía él, obedece «al mismo protocolo de virulencia y de irradiación, cuyo poder, incluso sobre la imaginación, es viral». La viralidad, en otros términos, es el gran principio actual del contagio de los desórdenes.
A la hora en que yo escribo estas líneas, los habitantes de Wuhan y de Shanghai redescubren que, en su estado natural, el cielo es azul.
(En nomos.com.ar podés encontrar otros artículos tan interesantes como éste)
Destacada
El 11F. Crónica de un día agitado. A pesar de un país movilizado, los senadores aprueban la Reforma laboral.
Luego de semanas de debate, medidas de fuerza, manifestaciones y negociaciones hasta última hora, finalmente el senado aprobó una reforma laboral rechazada por todos los sindicatos. Ahora tendrán la palabra los diputados, negociaciones y planes de lucha seguirán en pie. Los senadores votaron la ley mientras decenas de miles de trabajadores se expresaban en las calles y plazas del país.

Al contrario que en otras ocasiones, esta vez la CGT no sólo hizo una convocatoria de rigor sino que tuvo una presencia importante en la marcha. Nutridas las cuadras del Sindicato de Seguros, UOCRA, Camioneros, CATT, AEFIP, por citar sólo algunas. Esta vez no se trató de la sólita manifestación de ATE, Izquierda y Organizaciones Sociales acompañadas simbólicamente por representaciones mínimas de la CGT que tomaban el cielo por asalto con sus siglas en grandes globos. Movilizaron de verdad y fueron justos protagonistas.

Curiosamente, hay pocas imágenes de la cabeza de la columna de la CGT con sus principales dirigentes porque en el exacto momento en que estaban entrando a la Plaza, frente al Congreso, un pequeño grupo de encapuchados, parapetado detrás de un improvisado escudo de cartón, comenzaba a tirar piedras contra la policía que había observado sin molestarse como estos supuestos manifestantes armaban frente a sus narices algunas molotov ¿Por qué no los detuvieron antes? Es la pregunta que nos hacemos todos y alienta la hipótesis de infiltrados en una marcha bien organizada y pacífica.
Apenas se supo que se desmadraba la tranquilidad por agitadores de piedras en mano, la orden de las distintas organizaciones fue desconcentrar. Un truco demasiado viejo para caer en la trampa de la provocación organizada y sufrir la embestida policial que sólo esperaba esa chispa. Y así fue.
Allí mismo, en el Congreso de la Nación se desató una feroz represión que tuvo un saldo de 300 heridos por gases y balas de goma, muchas de ellas disparadas al cuerpo o la cabeza de acuerdo a la denuncia de los asistentes sanitarios. Le siguió una persecución indiscriminada que terminó con 31 detenidos. El descomunal operativo policial desplegado tuvo como consecuencia desviar la mirada, cambiar la foto de lo que fue una multitudinaria marcha unitaria y pacífica. LCV te muestra la foto completa.
Marcha en unidad contra la reforma

Al mediodía empezó la concentración de los diversos gremios y organizaciones en las esquinas de la ciudad de Buenos Aires el clima casi festivo que suelen tener estas marchas: momentos de reencuentros, abrazos, banderas agitadas, perfume a choripán, consignas coloridas. En su recorrida, LCV cruzó por una nutrida columna de Camioneros que volvió a enarbolar la foto de Hugo y Pablo Moyano, con camisetas recién hechas que ponían a padre e hijo nuevamente como conducción hasta el 2027. Y sorpresivamente se chocó con la cabeza del gremio UTA en donde aparecía el mismísimo Roberto Fernández, quien suele estar ausente en todo tipo de lucha. Pero ahí estuvo, aunque sea un rato, dispuesto para la foto.

A pesar de las disputas internas de la CGT y las distintas posturas frente al gobierno, combativos y dialoguistas caminaron codo a codo sin ningún tipo de forcejeo o enfrentamiento. En otro momento hubiera sido impensable ver a la UOCRA de Gerardo Martínez marchar al lado de Satsaid, el aguerrido sindicato de televisión. Pero ahí estaban. A pasos nomás de grupos de la UTEP, con un lindísimo cartel de Los Pibes de la Boca representados por un cartel teñido de azul y rojo de la línea 64 de colectivos.

La izquierda con sus banderas rojas del Partido Obrero o PTS, ya habían colocado sus estandartes en su esquina tradicional, frente al Congreso en Avenida de Mayo y Callao, y nada hacía prever que allí pudiera desencadenarse una represión que nubló una jornada de lucha impresionante.

Un informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires indicó que tras el retiro de gran parte de la movilización, la Policía de la Ciudad bloqueó las calles adyacentes impidiendo la desconcentración hacia el Norte y el Sur. “Ante el lanzamiento de las bombas de gas pimienta de largo alcance, el único camino posible era abandonar la plaza Congreso hacia 9 de Julio”, describieron. La cacería siguió con 15 motos y, detrás de ellas, alrededor de 100 efectivos de infantería disparando latones de gas y balas de goma. Tiraron al voleo y en Lima detuvieron a 31 manifestantes sin razón alguna.

¿Quienes acompañaron con paro?
La jornada comenzó con el paro nacional decretado por los sindicatos más combativos: Portuarios, Aceiteros, la CATT, Metrodelegados, Docentes y ATE, entre ellos.

En el marco del plan de lucha iniciado junto a las organizaciones gremiales hermanas del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), la Federación Aceitera y Desmotadora de Algodón (FTCIODyARA) popularmente conocidos como Aceiteros, inició una Huelga Nacional con un paro activo y movilización para rechazar el proyecto de ley libertario de Reforma Laboral. «Dejémonos de dar vuelta con esos que dicen que no hay motivos para ir a una huelga. Sobran los motivos«, había adelantado Daniel Yofra su Secretario General quien ya había expresado su convicción de que un día de paro no era suficiente y promovía un paro general por tiempo indeterminado. A las 9 de la mañana empezó el cese de actividades de la Federación de Estibadores Portuarios Argentinos (FEPA). inició un paro de actividades en todos los puertos del país en el marco de la jornada nacional de protesta impulsada por la CGT contra la reforma laboral. Mientras, Juan Carlos Schmid, líder de la estratégica Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) anunciaba a un cese de tareas desde las 13 horas para facilitar la participación de los trabajadores del sector en la movilización.
Los Metrodelegados llamaron a un cese de actividades en todas las líneas de Subte y Premetro desde las 21 horas, en adhesión al plan de lucha. Los judiciales enrolados en la UEJN iniciaron una medida de fuerza desde las 12 hs con movilización a la Cámara Nacional del Trabajo y adhesión a la protesta de la CGT contra la reforma laboral, en rechazo al acuerdo de traspaso firmado entre Nación y CABA que avanza por decreto y requiere aprobación legislativa. El Sindicato de Guardavidas de Buenos Aires (SIGURA) también adhirió al paro y participó de las movilizaciones. anunció su adhesión al paro de actividades y movilización previsto para hoy, en rechazo al tratamiento de la reforma laboral en el Congreso Nacional.

Por su parte, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) informó que la huelga estatal tuvo una adhesión del 92% al paro nacional a partir del mediodía. Su Secretario General, Rodolfo Aguiar, anticipaba en declaraciones un final anunciado y denunciaba sobornos en el Senado: “Hoy se inicia en el Congreso la mayor ofensiva que haya existido en democracia contra los trabajadores. El gobierno recorrió con un maletín algunas provincias y hoy empieza con los sobornos en el Senado. Están gastando millones para llevarnos puestos”, sostuvo. La Federación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU) participó del paro y la movilización del 11 de febrero contra la reforma laboral, en el marco de un plan de lucha por la desfinanciación de la Universidad y los sueldos de hambre. Anunció que realizará asambleas en cada sindicato de base para definir huelgas durante la semana del 16 de marzo y avanzará en la organización de una marcha nacional federal.
Marchas en todo el país
CÓRDOBA: LA POLICÍA DE LLARYORA REPRIME A DOCENTES Y JUBILADOS
La policía del gobernador de Córdoba se adelantó a sus pares porteños reprimiendo a docentes y jubbilados en la mañana de este miércoles. La protesta había sido convocada por sectores del sindicalismo combativo y la izquierda. En ese contexto, detuvieron a un dirigente de la seccional UEPC de Córdoba capital, el gremio que agrupa a la docencia. De inmediato se convocó a una manifestación de repudio exigiendo la liberación de todos los detenidos.

NEUQUÉN. LA JORNADA DE LUCHA CONTRA LA REFORMA LABORAL COMENZÓ EN LOS PUENTES CARRETEROS
Trabajadoras y trabajadores de la salud, estatales, docentes y partidos políticos de izquierda iniciaron la jornada de paro y movilización con una acción en el puente que une las ciudades de Cipolletti y Neuquén.
KICILLOF EN LA MARCHA CONTRA LA REFORMA LABORAL: “ES EL PROYECTO DE LA DICTADURA”
El gobernador bonaerense la calificó de “una burla”, que implica “igualar para abajo” quitando derechos a los trabajadores. “Es el proyecto que se planteó la dictadura y no se pudo hacer entonces ni en democracia”. “no se busca mejorar a los que están por abajo” de la pirámide social, sin poder acceder a sus derechos laborales, “sino bajar a los que están por arriba, quitándoles beneficios”, explicó. Y remarcó que eso “no va a generar empleos”.
ROSARIO: “JORNADA HISTÓRICA”
En una Plaza San Martín colmada, la CGT Rosario protagonizó este miércoles una jornada que la propia central definió como “histórica”. Un nutrido grupo de trabajadores, jubilados, organizaciones sociales y gremios locales se movilizó para rechazar la reforma laboral que impulsa el gobierno nacional y que comenzó a tratarse en el Congreso. El acto fue encabezado por el secretario general de la CGT Rosario, Miguel Vivas, quien habló en representación de los gremios confederados y dejó un mensaje contundente: “El motivo por el que estamos en esta plaza es decirle no a la reforma laboral. Y la única manera es esta: unidos”.
Noticia en construcción
Informes: Alberto Nadra, Nora Anchart, Javier Touzón
Texto: Laura Giussani Constenla
Foto de portada: FM Riachuelo
Destacada
“Despiden a los que se organizaron”: conflicto en LustraMax y denuncia de persecución sindical
En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, Leandro Gómez, delegado de LustraMax, detalla el conflicto abierto tras el despido de 15 trabajadores, entre ellos representantes sindicales. Denuncia persecución antisindical, cuestiona el rol del gremio de Comercio y advierte que la empresa busca desarticular una organización construida durante cuatro años. Mientras esperan la definición tras la conciliación obligatoria, los trabajadores sostienen que la pelea es por el trabajo y por el futuro de sus familias.
LCV: Contanos el contexto del conflicto. Primero, ¿qué es exactamente LustraMax, a qué se dedica y cuántos trabajadores tiene?
Leandro Gómez: “LustraMax es un depósito logístico que distribuye materiales descartables para comedores, como bandejas, platos y vasos. En esta planta trabajan 140 compañeros bajo el convenio de Comercio. Además, la empresa tiene una segunda planta donde 40 trabajadores producen servilletas y papel higiénico.”
LCV: ¿Cuántos trabajadores están afectados por el conflicto? ¿Es un achicamiento general de planta?
Leandro Gómez: “La empresa despidió a 15 trabajadores, incluidos los dos delegados. Estamos en una tregua por la conciliación obligatoria, pero el problema de fondo sigue. La empresa dice que debe reducir el plantel por una supuesta crisis económica. Hay compañeros que estarían dispuestos a irse, pero despidieron a otro grupo: los que nos organizamos hace cuatro años para reclamar salario en blanco y pago en fecha.”
LCV: ¿Están encuadrados en algún sindicato? ¿Cuál es la representatividad?
Leandro Gómez: “Estamos bajo el convenio de Comercio, seccional San Martín. Durante años el sindicato no estuvo presente cuando teníamos trabajo no registrado y pagos fuera de término. Nos organizamos y conseguimos delegados. Con el conflicto apareció el gremio, pero planteó que había que aceptar los despidos, algo con lo que no estamos de acuerdo.”
LCV: El dueño mencionó asesoramiento sindical para los despidos. ¿Qué saben al respecto?
Leandro Gómez: “El propio dueño dijo que no actuó solo y que se asesoró con la regional. El secretario general es Raúl Jot. Nos sorprende que un sindicato asesore a la empresa sobre cómo despedir en lugar de defender a los trabajadores. Queremos que expliquen esa postura.”
LCV: La empresa argumenta una crisis económica. ¿Cómo lo ven ustedes?
Leandro Gómez: “Dicen que hay baja en las ventas, pero nosotros vemos salir camiones todos los días. En los últimos tres años tuvieron ganancias millonarias superiores a los mil millones de pesos. Además, buscan despedir a los delegados y tengo un proceso de desafuero abierto. Entendemos que es un ataque antisindical para destruir la organización.”
LCV: El 11 de febrero vence la conciliación obligatoria. ¿Qué medidas están evaluando?
Leandro Gómez: “Estamos discutiendo cómo seguir. No sabemos si la empresa va a ratificar los despidos. Ese día también hay convocatoria contra la reforma laboral, que siempre acompañamos. Evaluamos movilizar y el 12 continuar la pelea en la planta si es necesario.”
LCV: ¿Cómo impacta esta situación en la vida cotidiana de los trabajadores?
Leandro Gómez: “Son 140 familias, y 15 ya están directamente afectadas. Venimos de 23 días de acampe dentro de la empresa, lejos de nuestras casas. Fue duro, pero recibimos mucha solidaridad de sindicatos y organizaciones. Ahora, con el inicio de clases y el aumento de precios, la incertidumbre es muy grande.”
LCV: ¿Dónde realizaron el acampe y qué exigen concretamente?
Leandro Gómez: “Acampamos dentro de la empresa durante 23 días, reclamando que aceptaran la conciliación obligatoria para poder discutir. La aceptaron, pero no hay voluntad de diálogo. Creemos que van a ratificar los despidos. La empresa está en concurso de acreedores y presentó un preventivo de crisis, pero no demuestra la crisis que argumenta. Buscan derrotar la organización para allanar el camino a la reforma laboral.”
LCV: ¿Cuál es, en definitiva, el sentido de esta pelea?
Leandro Gómez: “La pelea es por el puesto de trabajo y contra el despido discriminatorio. Es una defensa de la organización que construimos y del derecho a trabajar. Peleamos por nuestros hijos, por nuestros pibes.”
Destacada
“Adorni nos despidió en los medios”: Norma Lezana denuncia represalias contra trabajadores del Hospital Garrahan
En un contexto de conflicto salarial, sumarios disciplinarios y acusaciones de persecución sindical, once trabajadores del Hospital Garrahan enfrentan recomendaciones de despido tras haber encabezado la histórica lucha salarial del año pasado. Norma Lezana, delegada y referente del hospital, dialogó con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores (LCV) y sostuvo que se trata de una represalia política contra quienes “rompieron el techo salarial” impuesto por el gobierno. También explicó el estado legal del proceso, la campaña de apoyo nacional e internacional y la convocatoria a una nueva movilización.
LCV: Contanos un poco el marco en el que se dan estos 11 despidos.
Norma Lezana: “Los despidos son una represalia, un castigo a quienes nos pusimos al frente de la lucha del Hospital Garrahan. Venimos de una asamblea masiva donde tratamos los sumarios y la reforma laboral, en un contexto en el que el interventor Piroso, designado por el gobierno, avanzó contra el hospital luego de que los residentes reclamaran salarios que eran de 800.000 pesos. En ese momento, el presupuesto del Garrahan era presentado como un problema en la Casa Rosada. Sin embargo, tras una lucha histórica que se convirtió en causa nacional y obtuvo un 90% de apoyo social, logramos un 61% de aumento salarial y un bono de 450.000 pesos en octubre pasado. Eso descomprimió la situación, pero ahora aparecen los sumarios, vinculados a una protesta en la dirección cuando se descontaron entre 300.000 y 500.000 pesos a instrumentadoras y enfermeras. En un escenario de salarios deteriorados, pluriempleo y trabajadores endeudados incluso para comprar alimentos en cuotas, se notificó que la abogada del hospital recomendó el despido de 11 trabajadores y sanciones severas a otros 29. Nunca hubo 40 personas sumariadas en la historia del hospital. Lo más grave es que, siendo un documento reservado, a los 40 minutos el vocero presidencial difundió en los medios que estábamos despedidos y publicaron nuestros nombres sin que pudiéramos ejercer el derecho a defensa, lo que demuestra que el proceso está viciado.”
LCV: Generalmente cuando se habla de sindicalistas se mencionan sus prerrogativas y que no pueden ser despedidos. De los 11 casos, 10 son delegados. ¿Aplicaron de hecho la reforma laboral o cuál es el resquicio legal?
Norma Lezana: “No estamos despedidos formalmente, seguimos trabajando y el sumario recién comienza. Tenemos 15 días para hacer nuestros descargos y hemos presentado un amparo sindical ante la Justicia del Trabajo para que se reconozca que esto está directamente relacionado con la lucha del Garrahan del año pasado. Legalmente no pueden despedir delegados sin violar la tutela sindical, pero instalaron en los medios que estábamos echados, por eso decimos que Adorni nos despidió mediáticamente. Frente a eso lanzamos una campaña nacional e internacional, impulsamos amicus curiae para acompañar el amparo —tanto de la ciudadanía como de trabajadores del hospital— y volvemos a apelar al apoyo social que fue decisivo en la lucha anterior. Somos conscientes de que haber roto el techo salarial marcó un antecedente en un contexto donde el gobierno impulsa una política de ajuste que, bajo la idea de ‘secar la plaza de dinero’, implica que los trabajadores no tengamos recursos en el bolsillo.”
LCV: ¿Dónde convocan para la movilización del 11?
Norma Lezana: “Salimos desde el hospital y vamos a confluir con las organizaciones del Cabildo Abierto y con todos los sectores que están convocando a parar y movilizar ese día, en defensa del Garrahan, de los puestos de trabajo y del salario.”
Italia: esos raros encapuchados nuevos y los desaparecidos del mediterráneo, por Laura Giussani Constenla
El 11F. Crónica de un día agitado. A pesar de un país movilizado, los senadores aprueban la Reforma laboral.

