Me pregunto cuál será la mejor manera de combatir la locura de quienes se manifestaron ayer con bolsas simbólicas de cadáveres, en un país que tuvo ya demasiada muerte e intolerancia.
No creo que sea reproduciendo esa imagen deleznable, ni tampoco recordando (para compensar o justificar) acciones de odio similares realizadas desde el otro extremo de la llamada “grieta”, esa división arbitraria y falaz a la que tanto esfuerzo ponen para mantener viva, de ambos lados.
También me pregunto cuánto tiempo más llevará que en la Argentina haya una alternativa que logre romper esa falacia divisoria que nos enfrenta artifcialmente y nos impide discutir los verdaderos problemas, los de fondo, los que no se modifican gobierne quien gobierne (la desigualdad, la exclusión, el consolidado tercio de pobreza que según el ciclo puede llegar hasta 40% o más, el extractivismo, la destrucción del ambiente, el elitismo, la no consulta a la ciudadanía en temas de fondo aunque la Constitución lo posibilita desde hace casi tres décadas, la justicia desigual y la impunidad de corruptos y poderosos, los femicidios, la degradación de la educación y la salud pública, el acorralamiento de los pueblos originarios, el maltrato invariable a esas mismas ocupaciones que luego definimos como “esenciales”, el apiñamiento en ciudades monstruosas, invivibles, insustentables, la destrucción de pymes y cooperativas en todo el país, y una larga lista).
Y cuando vuelvo a pensar en las imágenes de ayer y en la falta de una alternativa, pienso si alcanzaré a verlo y a ser parte de ese cambio que a veces me parece cercano (cuando miro la claridad de las nuevas generaciones en temas como el ambiente o el sexo o la diversidad o la licencia social) y a veces siento que está tan pero tan lejos y que tal vez el colapso vendrá antes, y por supuesto no metafóricamente.

 

Y me vuelvo a preguntar cuánto, cuánto más llevará…
 
(Tomado del facebook del autor)

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