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La V Columna | Diciembre: muerte y resurrección

Podríamos caracterizar a Diciembre como un mes intenso. Tan intenso, que un día de diciembre, dicen que el 25, nació un hombre que marcó el devenir de la humanidad. Tan es así que dividió la historia en dos. Detuvo el tiempo, puso el reloj en 0. Desde entonces los años se cuentan a partir de su nacimiento: ante o después de Cristo. Y si bien es cierto que cada cultura o religión mantienen vigentes sus calendarios, para las relaciones internacionales se impuso el año de Jesús como el inicio de una nueva era. Cómo habrá sido de intensa su prédica que seguimos festejando su cumpleaños 2021 años después de su nacimiento.

Cambia de año, y a veces de era, la vida y muerte se multiplican.  Diciembre, un mes en el que vivimos al borde del abismo.

Fue en diciembre de 1921, hace cien años, cuando los pelotones policiales y militares del gobierno de Hipólito Yrigoyen acaban con la rebelión de peones rurales en La Patagonia. Protesta que  llevaron adelante, con asambleas y huelgas generales, durante un par de años, hasta que el Teniente Coronel Varela comenzó una cacería que duró todo diciembre. Dicen que el 19 o 20 de ese mes, uno de los líderes de la resistencia conocido como Facón Grande, armó un campamento de 300 trabajadores en Cañadón del Carro, 3 km al sur de Tehuelches. Fue el primero y el único enfrentamiento armado de los huelguistas, en su mayoría anarquistas y socialistas. Hubo heridos de ambos lados, y muertos. Creyeron en las promesas del gerente de La Anónima y de Varela, quien prometió preservar sus vidas y aceptar sus demandas si se rendían. Así lo hicieron, pero los fusilamientos y desapariciones continuaron. Fue aniquilado el levantamiento obrero, pocos sobrevivieron. No se conoce cifra oficial sobre la cantidad fusilados en aquella Patagonia Trágica: según diversas estimaciones recolectadas por Osvaldo Bayer fue entre 300 y 1500 obreros. El domingo 1 de enero de 1922 la Sociedad Rural festejó el Año Nuevo con un apoteótico homenaje al teniente coronel Varela en el Hotel Argentino. Diez días después, la Sociedad Rural anunció la rebaja de todos los salarios en un tercio, es decir, un valor nominal inferior al de los salarios vigentes durante la primera huelga.

Hubo también un diciembre en el que la palabra ‘peste’ volvió a formar parte del vocabulario cotidiano. El 1º de diciembre de 1981 se conoció el primer caso de un hombre infectado con HIV. Por eso, ese fecha se convirtió en el Día Internacional de Lucha contra el Sida. Casualidades del destino, o no.

Y qué decir de aquel diciembre del 2001: hambre, corralito, revueltas en las calles, más de treinta muertos para frenar los saqueos de las barriadas más pobres, un presidente que huye en helicóptero, militantes piqueteros que resisten, cinco presidentes en un mes. Que se vayan todos era la consigna. Todos se quedaron, pero aparecieron los movimientos sociales que no pararon de crecer. Mucho para reflexionar sobre esas heroicas y trágicas jornadas.

Tres años después, en vísperas de año nuevo, ardía la República de Cromañón, encerrados, sin escapatoria en un boliche precario, como eran casi todos los boliches del underground, murieron 194 chicos y al menos 1432 personas resultaron heridas. ¿Alguien puede imaginar tragedia más grande? ¿Quién era el responsable? En busca de los culpables nació otro movimiento. Cayó un intendente progresista. Fue preso el dueño del boliche, precursor en abrir espacios para que canten los que no tenían lugar para hacerlo. La banda que tocaba, Callejeros ellos, quedó destruida en forma definitiva, hubo presos y asesinos. La corrupción y la irresponsabilidad quedaron en el centro de la escena.  

Puede ser que todas estos recuerdos nos provoquen angustia. La llegada de diciembre no suele traer buenas noticias. Pero hubo una excepción:

El 10 de diciembre de 1983 asumía la presidencia Raúl Alfonsín, a quien le cupo el mérito de recuperar la democracia poniendo el tema de los derechos humanos y cárcel a los genocidas entre sus primeras medidas de gobierno.

Yo acababa de volver al país. Terminar el exilio, sobrevolar en avión sobre Buenos Aires, fue el momento más feliz de mi vida. Me habían cortado en dos en el 76 y ahora recuperaba esa otra mitad. Días en los que la vida le ganaba a la muerte, y las noticias ya no eran “secuestraron o mataron a tal”, sino por el contrario: descubrir que también otros habían sobrevivido. Fundirse en un abrazo infinito con aquel compañero con el que te topabas en una marcha o en Avenida Corrientes y que creías muerto pero estaba allí, a tu lado, vivo. Renacíamos en diciembre. 

Mientras el peronismo, con Luder de candidato, llevaba la amnistía a los militares para la reconciliación nacional como promesa electoral, Alfonsín tuvo un histórico triunfo poniendo el juicio y castigo a los culpables como principio. Hubo un juicio a las juntas. También hubo ley de obediencia debida, y otras concesiones en medio de un país en el que todavía existían los levantamientos militares. Le tocó conducir un país al borde del abismo o de la resurrección.

Alfonsín era un hombre campechano que parecía un buen tipo. Lo conocí en Roma, en plena campaña electoral, allá por el 83. Mi madre organizó una cena en casa con exiliados en Italia para conocer a este extraño candidato con aires socialistas pero carnet radical. Lo acompañaba Jorge Sabato, Jorjón, el físico, cuya inteligencia estaba a la altura de su sabiduría.

Fue una cena agradable y enriquecedora que terminó con mi padre llevando en su Fiat 850 al que sería el próximo presidente de la república. Yo me colé en el auto. Durante todo el trayecto cantamos Alfonsín, mi padre y yo, a voz en cuello, por las callejuelas de Roma, Va pensiero, de Verdi, con esa maravilloso verso que dice: Oh mia patria, sì bella e perduta.

Ese diciembre fue para muchos el fin del exilio. Escuchemos esta versión de Pavarotti, en pleno alfonsinismo, en Argentina, de aquella canción que desafinamos una noche en un fiat destartalado.

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Planeta Giussani | No suelto nada

Planeta Giussani al cuadrado.

Laura recita una poesía de su hermana Virginia Giussani. A pesar del cansancio o el agotamiento, del hartazgo, la decepción o el aislamiento, una cosa es segura, ellas no sueltan nada. Escuchala acá.

NO SUELTO NADA / Virginia Giussani

En tiempos de dejar ir

no suelto nada

quiero conservar una a unatodas las sonrisas

sobre todo las ajenas

navegar como un cándido río

por cada lágrima vertida

recoger los besos despeinados

de las luminosas noches amorosas

no olvidar ni un milímetro de lucha

y menos aún el dolor de la derrota

no suelto nada

acaricio los desvelos que siempre precedieron

a una aventura un riesgo a jugarse el pellejo

abrazo las victorias y zurzo las heridas

los rostros siempre frescos de la ternura

el miedo como espada y el temple como escudo

las infinitas miradas de quienes hoy no están

clavadas en mis ojos como brújulas

no suelto nada

el murmullo del viento de todos los otoños

los tropiezos las caídas y nuevamente el vuelo

la tibia piel de mis hijxs entre los brazos

los sueños madrugados y aún los mutilados

la alegría encendiendo hogueras impensadas

la desesperación y el grito hermanas de la vida

cada paso y cada huella dejando rastro en la arena

claro que no

no suelto nada…

#vgiussani

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Editorial Nora

El editorial | El tema del verano

¿Qué tienen en común el tema del verano con los slogans políticos? Nora Anchart te lo explica.

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La V Columna | Crónica de frontera. Persecución gremial en Uruguay.

Aquí sigo, del otro lado del río que- por ese curioso capricho de las fronteras- dicen que se trata otro país. Costa Oeste del Uruguay. Esto de los límites políticos tiene algo estrafalario. Hubo unos genios que algún día establecieron límites geográficos marcados por ríos o montañas. Ignoraban que la geografía lejos de dividir, une. Los pobladores de un lado y el otro del río forman parte del mismo ecosistema, es decir, comparten un espacio histórico, cultural, ambiental, con unidad de lenguaje y costumbres, fauna y flora. Pero no lo entendieron así los trazadores de límites a puro hachazo. Zacate. Palo y a la bolsa, ‘¡tenemos que hacer un mapa, qué tanto!’. Muchas muertes y guerras hemos pasado solo para establecer que este lugar, donde ahora estoy sentada, idéntico al que tengo enfrente, es otro país.

Pero, como somos un programa de y para trabajadores, no entendemos demasiado de fronteras políticas. Trabajadores del mundo uníos, dijo uno por allí. Así que La Columna Vertebral desembarca en Uruguay, en el mismo lugar en el que lo hizo Solís (esperemos que con mejor suerte), y la misma curiosidad con la que llegó Darwin. Les iré contando cómo van las cosas por aquí con los trabajadores de éste lado.

Hoy, vaya esta increíble historia de persecución gremial a docentes.

Montevideo, Uruguay, 28 Octubre de 2020. Sociedad. Marcha de la educación convocada por FENAPES en reclamo de mas presupuesto. Foto: Dante Fernandez / FocoUy

Una noche de marzo de 2019, catorce docentes del Liceo de San José, agremiados en la Federación de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes) tuvieron la idea sacarse una foto con un cartel dentro de la escuela para apoyar una postura de su sindicato.

Las autoridades pusieron el grito en el cielo. Este simple acto les pareció de una gravedad inusual: “¡Política en la escuela! ¡Adoctrinamiento! ¡Desacato! ¡Fuera!”, parecían gritar desde arriba. Sostenían que el hecho violaba la ‘laicicidad’ de la educación, según la cual no se puede imponer al alumnado ninguna idea religiosa, política o sectorial. De hecho, les iniciaron sumario y fueron suspendidos de inmediato por 6 meses con la reducción al 50% de su sueldo por el mismo período.

El sindicato se quejó, pataleó, pero no hubo caso. El 2021 terminó con una resolución insólita. Dos de las docentes investigadas fueron notificadas de que la División Jurídica de la Dirección General de Educación Secundaria (DGES) optaba por su destitución -que implicaría una inhabilitación para trabajar en el futuro en la educación pública- ya que entiende que violaron el artículo 58 de la Constitución de la República.

Ustedes dirán: “y bueh, lo dice la Constitución, son reglas”. Pero qué decía exactamente el cartel con el que se fotografiaron los profes, con un muro de fondo, en una escuela vacía, no frente al alumnado; ¿insultaba al presidente? ¿llamaba a un levantamiento estudiantil?

No, simplemente un grupo de sonrientes docentes. Habían escrito una cartulina rosa, con marcador grueso y una clara letra de maestros: ‘No a la reforma’.

¿De qué reforma hablaba? Una que se quiso imponer por plebiscito bajo el nombre de Vivir sin Miedo, que preveía la creación de una Guardia Nacional militar con las fuerzas armadas para ocuparse de la seguridad, prohibición de derechos penales como libertad anticipada, allanamientos nocturnos, actualmente prohibida en Uruguay, aún con la firma de un juez, solo se puede allanar de día. El gremio hizo campaña contra ese propuesta adhiriendo a la consigna: No a la reforma, el miedo no es la forma.

Finalmente el plebiscito se hizo y perdieron los reformistas. Es decir, la mayoría de la ciudadanía pensaba lo mismo que los profesores, el miedo no era la forma.

Pero el miedo cayó sobre los docentes. Por un acto tan simple, como es el sacarse una selfie en la sala de profesores fuera del horario escolar y colgarla en las redes para mostrar su adhesión a la postura del sindicato, dos profesores quedarán sin trabajo, no podrán más ser ‘funcionarios públicos’ por violar la constitución.

La denuncia inicial había sido hecha por la directora del liceo, en aquel marzo del 2019, cuando todavía gobernaba el Frente Amplio. En aquel momento el Ministerio de educación decidió desestimarla y la archivó. El plebiscito en cuestión era promovido por Larrañaga, reconocido dirigente blanco, que luego fue Ministro del Interior de flamante gobierno de Lacalle Pou. Cambio de aires políticos. Sacaron el expediente del cajón.

El silencio se está imponiendo en las aulas. Pocos son los que se animan a levantar la voz, a quejarse, a opinar. La idea de ser destituidos de por vida es una espada sobre la cabeza de aquellos que deberían sentir la libertad de enseñar el valor de la libertad.

La Fenapes ya anunció que apelará la medida y llevará el caso a la OIT por violación de los derechos del trabajador y a la Comisión Internacional de Derechos Humanos. Entre tanto, quedó sentado el precedente: no hables, no opines, no te fotografíes, o podés perder tu trabajo para el resto de la vida.

Pequeñas delicias de la represión en un hermoso país republicano.

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