Mujer, trabajadora, artista

Todos famélicos mendigos
Repetistas esclavos
Todos con máscaras y animales dentro
Todos ignorantes escépticos
Vestidos de verdades a rompecabezas
Todos rotos emparchados
Huyendo dé los actos y los vínculos
Todos derrumbados anémicos
Fanáticos y lógicos
Bajo un nombre mojados
Todos solos
tratando de ser Parte
de un camino sin sendero
Todos sudando doliendo vomitando
Familias y secretos
Todos unidos y separados espantados
Fantasiosos
Todos incompletos
Todos artistas malabaristas
incorregibles descifrables predecibles
Transparentes
Todos urgente y validos
Todos escuálidos y borrosos
Todos horribles y hermosos
Fallados y recuerdo
Oh

Olga Heredia trabaja en la Biblioteca Nacional. Corre cada mañana para llegar a horario y no perder el presentismo. Llega en bicicleta. Se calza un delantal celeste, guantes, barbijo, y si es necesario una escafandra para que no vuelva a sufrir brotes alérgicos como el que tuvo cuando trabajaba en el tercer subsuelo revisando el archivo de Haynes, la editorial del diario El Mundo, el que publicaba a Roberto Arlt, allá por los años treinta del siglo pasado. Está cargo de la preservación preventiva del área de Archivos y Colecciones particulares. Es el alma de la oficina. La que le pone esa cuota de vitalidad a un espacio que bien podría ser gris: buen humor, desenfado y una música de fondo.

Así pintó Olga Heredia a su abuela negra.

Porque Olga, además, es cantautora, experimenta con su voz y con la música. Escribe poesías por el solo placer de cantarlas a su modo. Cuando no le salen las palabras, dibuja. Pinta, escupe, de manera explosiva, hace retratos. Un día encontró una foto de su abuela negra, fue entonces que supo que algo negro había en su sangre y entendió porqué se sentía negra desde chica. Olga es rara, como todos, solo que ella lo demuestra. Una historia familiar que algún día será novela. Y que no corresponde que adelantemos nada, ella lo hará.

Nos hizo llegar esta poesía que demuestra, por si hiciera falta, lo que La Columna Vertebral viene diciendo desde su inicio: escritores somos todos.

 

Seguramente podrán escucharla en el próximo Festival Radar, el Festival de arte de los trabajadores. Porque Olga, además de trabajar, preservar la memoria, escribir, cantar, componer y pintar, también lucha.

Olga, la primera a la derecha, junto a Vicky, María del Valle y Laura, compañeras de laburo resistiendo a los despidos.

 

 

 

 

 

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