La rebelión de las polleras, por Laura Giussani Constenla

Petrolina Infantes y sus compañeras, las cocineras anarcofeministas bolivianas

Hay nombres familiares para el feminismo, Emma Goldman o Virginia Bolten entre tantas otras, se convirtieron en referentes universales de la lucha por la dignidad de género. Todas de origen europeo, con formación socialista o anarquista. Sin embargo, poco se habla de Petrolina Infantes, La Peta.

El asunto es bastante curioso: el feminismo en Bolivia estalló y creció por un asunto de polleras. La historia es así:

El único medio de transporte en La Paz de los años treinta era el tranvía y tenía vagones diferenciados, en uno iban las ‘señoras’ y en otro las collas de pollera, generalmente cocineras o trabajadoras domésticas de las señoras blancas del vagón de al lado. De acuerdo a algunos titulares de prensa podemos inferir que, el odio de clase era alevoso y público: “Porque no hizo una sabrosura huarjata, recibió nutridos palos la cocinera”; “Una criatura es salvajemente flagelada por su patrona”; “Entre otros sistemas de castigo, una cruel patrona aplicó el de la plancha caliente”.

No contentas con humillarlas diariamente decidieron aumentar la distancia en los medios de transporte. El  31 de julio de 1935, el municipio de La Paz aceptó sus reclamos y por decreto suprimió el vagón para collas, directamente les prohibían viajar. Estos fueron los argumentos textuales:

“Evitarse las infecciones en los tranvías. Queda terminantemente prohibido permitir la subida a los coches con cualquier bulto voluminoso que pueda entrar en contacto con los demás pasajeros, así como las personas con muestras visibles de desaseo o cuyas ropas puedan contaminar a los demás pasajeros o despidan mal olor. Cualquier pasajero tendrá derecho a que los cobradores hagan salir del coche a tales personas”.

“¿Por qué no podemos subir a los tranvías cuando los tranvías están para las cholas y no para las señoras? las señoras ocupan automóviles, el tranvía es para las que trabajamos”.

No era complicado individualizar a las indeseables, las ropas que podían contaminar a los demás pasajeros eran sus típicas polleras. Fue la gota que faltaba para el estallido. No solo eran explotadas, torturadas y humilladas, ahora también tenían prohibido viajar en colectivo.

En los mercados de la ciudad surgió un murmullo incontrolable. Las collas cocineras decidieron organizarse y un mes después nacía el Sindicato de Culinarias, impulsado por Doña Peta, que insistía con un argumento incontrovertible: “¿Por qué no podemos subir a los tranvías cuando los tranvías están para las cholas y no para las señoras? las señoras ocupan automóviles, el tranvía es para las que trabajamos”.

Les llevó muchos años de lucha, pero gracias al nacimiento de Las Culinarias se lograron conquistas trascendentales

Las masivas y aguerridas manifestaciones de las culinarias lograron anular el decreto segregacionista y volvieron a viajar en tranvía. Si el movimiento negro antirracista de Estados Unidos, surgido en los sesenta, que tuvo a Marthin Luther King como mayor exponente, nació por una prohibición similar entendida como discriminación racial en un medio de transporte púbico, en Bolivia la persecución se entendió como una discriminación de género, de clase y de identidad cultural.

Las sirvientas, niñeras y ‘macapayas’ plantaron bandera y el movimiento que empezó con Petrolina Infantes creció, se identificaron con el anarquismo y surgieron otros sindicatos considerados ‘anarcofeministas’ como la Unión Femenina de Floristas o el Sindicato de viajeras del Altiplano. Fue así como nació la FOF (Federación Obrera Femenina) que logró impulsar el crecimiento de la FOL (Federación Obrera Local).

Les llevó muchos años de lucha, pero gracias al nacimiento de Las Culinarias se lograron conquistas trascendentales como el derecho al divorcio, el reconocimiento del arte culinario como profesión, el descanso de los trabajadores el domingo, la creación del guarderías para madres trabajadoras, y la abolición de la obligatoriedad del carnet de identidad y sanidad.

Para la cultura occidental suena raro un que movimiento feminista surja reivindicando la pollera. Igual, ¿Por qué deberíamos usar pantalones? Identidad cultural, de género y de clase fueron los condimentos de este movimiento.

A recordar ese nombre, entonces. Gracias Petrolina Infantes, gracias Peta, gracias y todas las collas que lucharon por la dignidad.

 

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