Opinión: Gobierno, moral y justicia

«Ser gobernado es ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado por seres que no tienen ni título, ni ciencia, ni virtud. Ser gobernado significa, en cada operación, en cada transacción, ser anotado, registrado, censado, tarifado, timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido. Es, bajo pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido, desollado, explotado, monopolizado, depredado, mistificado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra de queja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y , para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado. ¡He aquí el gobierno, he aquí su moralidad, he aquí su justicia.»

Pierre-Joseph Proudhon, «Idea general de la revolución en el siglo XIX»

Dice su contratapa: «En el gélido invierno de 1848, cuando las calles de París se siembran de barricadas, Pierre-Joseph Proudhon es testigo del primer asalto al orden establecido desde tiempos de Sieyès. Aquella revolución titubeante dará a la postre con Napoleón III en el Palacio del Elíseo, pero del poso de su fracaso nace Idea general de la Revolución, la obra que habría de servir de guía a los revolucionarios del futuro. Siempre en el filo de la utopía, Proudhon brinda reflexiones certeras sobre los peligros y promesas del cambio, sobre el papel del Estado frente a la libertad individual o sobre la necesidad de repensar el mercado, anticipando ideas tan actuales como el socialismo de mercado o la democracia económica».

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