Minuta sobre sexo, género, identidad autopercibida y derechos, por Eddie Abramovich

1. Cambiar la percepción y la subjetividad y aceptar que puede haber una veintena de identidades de género no es fácil. Tampoco es obligatorio. Como no lo es saber matemática avanzada. Ni es cuestión de gustos.

2. Hay cuestiones epistemológicas, biológicas y culturales que se vienen discutiendo en los ámbitos apropiados desde hace tiempo y que continúan bajo análisis. Pero lo que buscan esas discusiones es aumentar la comprensión, no inventar artificios ni desarrollar ingenierías genéticas para «crear» sexualidades nuevas. Como siempre, desde el Paleolítico, lo que pone en peligro a la especie humana es la guerra, el hambre, la peste y el descalabro ambiental, NO la sexualidad.

3. En cambio, la perspectiva de los derechos humanos es tan clara como transversal: ninguna elección sexual puede privar a ningún humano del goce pleno de sus derechos personales y sociales, y el Estado debe remover todos los obstáculos formales y documentales que dificulten el acceso a esos derechos a personas que no encajen en el paradigma binario.

No necesito «comprender» la subjetividad sexual y de género de esa otra persona para reclamar que su DNI, su cuerpo o su deseo sean equivalentes a los míos en término de derechos y oportunidades. Me basta con que sean personas.

El resto lo seguimos discutiendo en casa o en los foros que correspondan, pero entretanto NADIE puede ser privado de ambular, trabajar, curarse o educarse por lo que le cuelga o deja de colgarle entre las piernas, lo que le gusta en la cama o lo que escribieron en su acta de nacimiento.

Visto así es más sencillo ¿No?

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda