De la virilidad bien entendida, perros salchichas, pequineses y chihuahuas, por Christian Ferrer

Renato Caccioppoli

Es sabido que postear una declaración irónica o indignada en Twitter suele tener toneladas de efectividad política, pero a veces un simple gesto de protesta moral en público vale por cien años de afrenta. En la época del fascismo italiano, ante el decreto gubernamental que prohibía a los hombres pasear perros de porte pequeño (pequineses, salchichas, chihuahuas, y otros así), para no afectar la imagen de la virilidad masculina, el matemático Renato Cacciopoli sacó a pasear por las calles de Nápoles un gallo atado a una cuerda. Y cuando Adolf Hitler visitó la ciudad, él y su esposa Sara Mancuso contrataron una orquesta para que tocara «La Marsellesa», el himno francés prohibido por entonces, en la calle misma. Ambos fueron encarcelados. La tía de Renato, Mariussa Mijailova Krasnoyarsk, cuando el régimen fascista de Benito Mussolini decretó que todos los militares debían procrear hijos de allí en más a fin de mantener su grado en el ejército, se presentó a rendir el concurso de renovación de su cargo de profesora universitaria de química vestida con indumentaria militar, y al finalizar su clase de oposición aclaró a los jurados que no tenía plan alguno de tener hijos. Le negaron el cargo. Mariussa Mijailova Krasnoyark era la hija de Mijail Bakunin, el fundador del anarquismo, y su sobrino Renato Cacciopoli, un famoso pianista y matemático italiano, era nieto del revolucionario ruso.

 

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