Cierra la imprenta de otro diario centenario: cuarenta despidos

Hace una semana, el diario La Capital de Rosario cerró su imprenta dejando a 41 empleados en la calle: “Despido sin causa, cobrarán su indemnización completa”, anunció la empresa. 

La Capital es el diario más antiguo del país, declarado “Decano de la prensa argentina”, fue fundado el 15 de noviembre de 1867, tres años antes que el diario de Mitre, y atravesó tres siglos. Al decir de Wikipedia, actualmente lo leen más de dos millones de argentinos en cinco provincias. En el camino hubo modificaciones y cambios varios. Daniel Vilá y su coequiper José Luis Manzano lo compraron en los años 90. En el 98 convirtieron su histórica imprenta en museo e instalaron sus talleres en Santiago y Rivadavia. El 9 de mayo del 2017  un grupo inversor compraba el predio en donde funcionaba la imprenta de La Capital y daba un plalzo para su desalojo.

Trabajadores de la imprenta de La Capital recientemente despedidos

En marzo de 2019, La Capital quedó en manos de un grupo empresario liderado por Gustavo Scaglione que decidió un achicamiento similar al que había promovido en La Nación el Ceo Guillermo Rivaben.

El 30 de enero de 2019, nos enterábamos que La Nación cerraba su imprenta y despedía a 72 trabajadores. El sindicato de gráficos denunciaba que era un arreglo para imprimir en el mismo taller de Clarín. «Estuvimos un mes buscando alternativas, hicimos propuestas como trabajadores, como sindicato, buscando adecuar este régimen a la realidad del día de hoy. Sin embargo, la empresa tenía una posición muy inflexible. La negociación duró hasta el día 28 y al no haber acuerdo, la empresa mandó al día siguiente todos los telegramas de despidos, cerró la planta y puso a toda la policía pensando que nosotros somos delincuentes», declaró el Gringo Amichetti, secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense.

 

Una de las fotos que ilustraba la elogiosa nota de Brando sobre su moderna imprenta

El 29 de mayo de 2018, a menos de un año de los despidos, la revista Brando, de La Nación, publicaba una nota titulada Mirá cómo se imprime el diario: “Las planchas listas pasan a las rotativas y comienzan a imprimirse. Es ahí donde suena la alarma. La imprenta tiene dos enormes máquinas compuestas por cinco torres de color y dos de negro. Desde fuera se puede ver la bobina de papel prensa que mide entre 14 y 18 kilómetros y que alcanza para imprimir unos 28.000 ejemplares del diario completo.” Como si todo fuera un mundo ideal. Una imprenta envidiable. “Cuando la rotativa comienza a dar vueltas alcanza una velocidad de 52.000 ejemplares por hora que pareciera invisibilizar las páginas. Desde la sala de operación se controlan y retocan los colores con la premisa de que nada quede diferente del PDF enviado desde la Redacción del diario.” Algo ocurrió para que en pocos meses esa maravillosa imprenta fuera innecesaria y setenta trabajadores recibieran su telegrama de despido.

En mayo de 2018, la crisis gráfica avanzaba por todo el país. “A la noticia de los despidos masivos por los cierres de las imprentas del diario UNO y El Diario de Paraná (este último también achicó la planta de personal periodístico) se sumó que en Concepción del Uruguay, UNO desmanteló su oficina comercial de calle 8 de Junio y ahora La Calle también le puso fin a las actividades de la planta impresora, ubicada en calle Benito Cook, entre Alberdi y Sarmiento.” , publicaba el portal Génesis sobre la situación en Entre Ríos..

En enero de 2018, Clarín, a la cabeza de esta “reconversión” -eufemismo utilizado por el macrismo para explicar el achicamiento de las empresas con los despidos consecuentes- cerraba su taller de impresión. Los obreros resistieron, tomaron la imprenta, la policía reprimió. “Es una verdadera vergüenza que las fuerzas de Gendarmería Nacional custodien los despidos en beneficio de la compañía”, repudió el secretario general de la Comisión Interna de AGR-Clarín, Pablo Viñas. Y agregaba: “Sobra el trabajo en la planta de Pompeya. Se trata de un cierre trucho y de cesantías dispuestas para luego contratar gente precarizada y obligarla a cumplir tareas en negro. Clarín procura imponer talleres clandestinos, cuando en el establecimiento están las máquinas más modernas de la región”.

El 14 de noviembre de 2018, Tiempo Argentino informaba que en menos de dos horas, sin expositores invitados, el oficialismo lograba sacar un dictamen de la Comisión de Comercio a favor del proyecto presentado por Diego Bossio, del PJ, que desregulaba la producción y venta del papel para diarios en beneficio Papel Prensa, empresa que comparten el Grupo Clarín, La Nación y el Estado, argumentando que de ese modo se salvarían 375 puestos de trabajo. La crónica de tiempo decía: “En ese contexto, de defensa de la norma, el diputado macrista Luciano Laspina, dio una primicia: “Papel Prensa va rumbo a la quiebra por una mala norma que es la que estamos tratando de modificar”. El santafesino no había terminado de decir la frase cuando desde enfrente el diputado cordobés del Frente para la Victoria Pablo Carró manifestó que en “caso de ser cierto era raro no haberlo leído en los diarios”. El ex ministro de Economía, Axel Kicillof, fue un poco más allá con la chicana y gritó: “También se está fundiendo Arcor. Lo que tienen que cambiar no es la ley sino el modelo económico”.

L.G.C.

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