Caso Rafael Nahuel: desapareció la bala y no se pudo hacer el tercer peritaje

La tercera pericia balística para determinar la procedencia del proyectil que mató a Rafael Nahuel no pudo realizarse por la desaparición de la bala junto al subfusil MP5 correspondiente al prefecto Francisco Pintos y el que portaba el Cabo Segundo Juan Ramón Obregón.

El peritaje debía realizarse este miércoles en el Cuerpo de Investigaciones Fiscales del Ministerio Público de la Provincia de Salta. La tercer pericia fue ordenada luego de que las dos primeras arrojaran resultados contradictorios. La primera, realizada por peritos independientes de la Policía de Río Negro, había confirmado que el proyectil que mató a Rafael Nahuel salió del subfusil MP5 perteneciente a Pintos. Sin embargo, una segunda pericia encargada a la gendarmería por el juez subrogante del Juzgado Federal de Bariloche, Gustavo Villanueva, no pudo determinar de qué arma salió el disparo letal.

Sebastián Feudal, abogado de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, aseguró que «en el mejor de los casos una torpeza inadmisible que sirve para describir la negligencia con la que se investiga”, y confió en que los elementos aparezcan para ser peritados.

Rafael Nahuel tenía 22 años. «Rafita», como lo llamaban quienes lo conocían, solía trabajar en diferentes oficios para «tratar de sobreponerse a una realidad familiar muy difícil y a un barrio que se come a los pibes», explicó Fernando Fernández Herrero, referente social de Bariloche. 

Nahuel había participado de la experiencia Alto Construcciones en la que jóvenes desescolarizados se integraron a una escuela de Don Bosco en Frutillar, a contraturno, para aprender un oficio y hacer una práctica laboral. Él prefería la herrería. Según cuenta Fernández Herrero, «Rafita era uno de nuestros referentes. Venía todos los días, no faltaba. Era uno de esos que poníamos con otro al que le costaba más, que tenía menos ganas. Rafita tenía ganas dobles y traccionaba». Cuando Fernández Herrero y otros referentes le dijeron a un grupo de pibes que ya debían transitar su propio camino, Rafita fue uno de los que entendió rápidamente. «Su participación en la causa Mapuche era otro importante proceso de crecimiento, porque a nuestros pibes de los barrios empiezan por quitarles las oportunidades, y después les quitan la capacidad de ser actores de la realidad. Rafita era todo lo que podíamos soñar. Lo asesinaron por la espalda».

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda