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Planeta Giussani

De tal palo, tal astilla

La primera vez que vimos la foto del gabinete de Macri, nos refregamos los ojos, parecía ver doble. Había dos en sillas de ruedas. A Michetti todos la conocíamos, pero ¿quién era el otro? Finalmente nos enteramos: el nuevo ministro de trabajo era hijo del viejo ministro de trabajo de Menem, Jorge Triaca, para peor con el mismísimo nombre. Ni sabíamos que Triaca tenía un hijo. Todavía hoy ignoramos sus antecedentes para merecer el cargo, salvo por su apellido de alcurnia en el mundo sindical. Un apellido que si no hacés un esfuerzo para sacártelo de encima se convierte en una confesión.

Los que tenemos algunos años lo sabemos: Triaca siempre estuvo del otro lado.

Don Jorge Triaca –el padre del Jorge Triaca hijo- formaba parte del gremio de los trabajadores del plástico (que no es lo mismo que trabajadores plásticos, no, pintores no, de la industria del plástico). Sus primeros pasos en el sindicato los dio por los años sesenta, junto a Vandor. Cuando lo matan al Lobo –así le decían a Vandor- se acerca de inmediato a Rucci. Cualquiera diría que era mufa, cada uno que elegía lo mataban. Pero no, así pasaban las cosas en aquellos tiempos, eran años ásperos y los trabajadores se dividían entre burócratas o colaboracionistas de los militares y combativos. Triaca, claro, estaba entre los burócratas. Así se los llamaba entonces, en realidad, eran tipos que negociaban mientras otros luchaban.

Lo único mínimamente digno que aparece en su carrera sindical fue haberse opuesto a las medidas de Celestino Rodríguez (el ministro de economía de Isabel Perón, allá por el 75, que tomó medidas horribles –aunque mucho menos horribles que las de ahora-). Visto lo que ocurrió después del golpe ya no podemos saber si fue “dignidad” lo suyo o pura conspiración y golpismo. Imagino que se trata de esto último, o fue lo único incoherente que tuvo en su carrera.

Los militares, obvio, lo pusieron preso. Casi un salvoconducto, si no te metían preso los militares estabas demasiado expuesto, todos tuvieron su minuto de víctimas: Menem, Lorenzo Miguel, Cafiero, etc. Un pequeño correctivo, no más. Quedó libre al poco tiempo y continuó su trabajo gremial. En el 82 fue nombrado Secretario General del Sindicato de trabajadores del plástico.

Como era de esperar, también estuvo del lado de enfrente durante la dictadura. Eso quiere decir en contra de los que en 1982 se animaron un poco y salieron a la calle, como Saúl Ubaldini. Don Jorge Triaca, que de él hablamos, se opuso junto a otros amigotes como Luis Barrionuevo, Cavalieri, Lezcano y Zanola. Fundaron la CGT de Azopardo de la que fue Secretario General.

Después hizo campaña por Luder, el del pacto sindical-militar que proponía la amnistía a los dictadores. Era el 83 y ganó Alfonsín.

Durante el gobierno de Alfonsín no dijo ni “mu”. Se mandó a silencio. Bah, no tanto, declaró en el Juicio contra las Juntas Militares y sostuvo que él no vio nada, que no sabía nada, que no le constaba nada ¿desaparecidos? Te la debo. Consciente de cómo venían los vientos decidió unir la CGT Azopardo con  CGT Brasil Ubaldini (uff, ni yo me acordaba!). Hizo la plancha. En tanto, visto que la historia hacía su parte sin necesidad de ayuda alguna de su lado, consiguió conchabo en el Congreso gracias a Herminio Iglesias y se afilió al Jockey Club.

Entonces, para su buena fortuna, llegó Menem quien lo nombró Ministro de Trabajo. Puesto que heredó ahora su hijo. Pero no perdamos el hilo de la historia. Su gestión fue de lo más exitosa. El buen ministro de trabajo dejó a más de 500 mil trabajadores estatales en la calle.

Además, durante su mandato ministerial logró dividir nuevamente a la CGT, Los gremios más grandes quedaron con él y con Menem, los más chicos con Ubaldini. Y aparecieron unos terceros en discordia, la CTA.

Siendo ministro de trabajo consiguió una changa como interventor en Somisa, – empresa siderúgica estatal -. Entre él y María Julia Alsogaray la privatizaron por unos 152 millones –precio sugestivamente alto- dejando en la calle ocho mil trabajadores. Ocho mil familias que perdían un ingreso.

Tuvo varios juicios por malversación de fondos, sobreprecios y esas cosas que suelen tener algunos ministros cuando dejan de ser ministros. Ninguno llegó a conclusión alguna.

Después de esta trayectoria impecable, desapareció del mapa. Quizás era diputado, pero ya no aparecía en la tele, que es el mapa del cual uno desaparece.

Cada tanto sabíamos de él porque era dueño de un haras, fanático de los caballos de carrera, y dueño de un restarurante paquete de San Isidro llamado Villa Hípica.

Nos enteramos que murió en el 2008. Y volvimos a recordarlo cuando apareció ese muchacho en silla de ruedas que nadie conocía. Ignoramos si el vínculo de Jorge Triaca hijo con Macri vino por el lado de la CGT o del Jockey Club.

Vale la pena recordar lo que decía su papá en los noventa. Casi un calco de hoy. Siempre los estatales y los docentes fueron los más molestos. Por suerte, las privatizaciones traerían cuantiosas inversiones y un futuro maravilloso.

Cualquier parecido con la actualidad, no es pura coincidencia.

Laura Giussani Constenla

V Columna de la Columna Vertebral, enero 2017

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La V Columna | Reality show de la política

Los programas políticos se han convertido en los nuevos reality shows en los hay que imaginar quién es el Gran Hermano. Los comentaristas políticos se disfrazaron de panelistas. Hacen las mismas morisquetas cuando saludan, y opinan sobre la actualidad. Ponen énfasis en cuestiones bastante banales: “el mismo día que tal estaba haciendo esto, el otro aparecía en otro lado”. “¿Pero te fijaste quién estaba sentado al lado?” “Ah, ¿y el audio que se filtró de ésta tarada, maleducada?” “Ni me hables, ¿pero qué opinás del ‘operativo embarazo’”. No hay zapping que ayude

TN se indigna porque Manzur es de derecha. ¡Y lo eligió Cristina! Dicen. Es una perra que con tal de ganar nos pone a un tipo de derecha. Se les puede ver un hilo de baba rabiosa. No festejan que haya uno de derecha como ellos, no, es un ardid de la bruja para engañar a los argentinos. Glup.

En La Nación, en tanto, están al borde del desmayo: hay un 40% de pibes pobres, desnutridos, algo que les afecta al desarrollo, irreparable. Lo dicen casi entre lágrimas, con una sorpresa sobreactuada. Nunca antes La Nación había tenido tanta sensibilidad social.

Los programas de entretenimientos son un oasis. La revelación fue Barassi, un tipo que resume la insolencia de Bergara Leumann y Jorge Guinzburg. El gordo Barassi termina dando el mensaje político inclusivo más potente de la tele, a pesar de ser acusado de discriminador (la corrección política es para los no marginados: los gays se dicen a sí mismo ‘puto’ o ‘maricona’, los gordos pueden decirle a otro ‘pará gordo’ y es empatía, no discriminación…)

Y no me quiero olvidar de la Hora Exacta…Con el formato de entretenimiento, tipo Los ocho escalones, tiene un equipo de investigación periodística que es formidable. Cada pregunta te enseña algo.

Volvemos a La Nación: “estamos hablando de la conducta del consumidor, es decir, de la conducta del votante…”, dice un atildado conductor, joven, psicoanalista él. Consumidores del mundo, uníos.

Jate joder. Zapping

En el programa de nosecuanto Llorente le dedican 2’ para reproducir lo que dijeron contra la vacuna infantil en el programa de LN, de Paolo Rossi. Quéseyo. Uno lo escucha al tipo. Cuando no sabés nada, todo te plantea dudas. Vuelve a piso. Don Llorente se rié, dice que es un boludo el que hablaba en LN, sin dar mayores explicaciones. Si es algo inconsistente, ¿para qué le diste 2’ antes? Y si se los das, por lo menos unos 3’ de respuesta racional ¿no? Un rato después, un gato, que no es Macri, entrevista a un ruralista que putea de arriba abajo a Alberto.

Preguntas: ¿C5N se pasó a la oposición? ¿C5N es de Cristina? ¿Cristina está en la oposición? ¿Poner a Manzur por carta fue un sabotaje?

De chica aprendí que hay que ‘leer entre líneas’. Me lo enseñaron mis padres, y aprovecho para agradecer a todos aquellos que recordaron que este primero de octubre murió Pablo Giussani, hace ya 30 años. Un tipo inteligente y humilde. Un buen tipo del que aprendí mucho. Gracias papá, aquí seguimos tratando de honrar el periodismo.

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La V Columna | El regreso

Y un día volvimos. Abrimos la puerta despacio. Después de tanta oscuridad, el resplandor nos encegueció, pero nos dijeron que podíamos respirar sin barbijo y que todas y todos recuperar una vida casi normal.

Más nerviosa que en el primer día de clases, tomé el colectivo hasta mi trabajo en la Biblioteca, fuimos los últimos en regresar porque los Archivos no eran considerados ‘imprescindibles’. Si algo puede esperar, es cierto, es un archivo histórico. Aunque investigadores y estudiantes no pensaban lo mismo.

Primera sensación: amnesia colectiva. Che ¿cuál era la contraseña? ¿Y esto cómo se hacía? ¡mierda, no me acuerdo ni cómo funciona el Excell! ¿!Hay que mandar todo por GDE?! ¿¡Qué diablos es eso?! Gritos desesperados desde cada rincón.

Dar vueltas y vueltas, en un lugar sin luz ni ventanas, recorriendo pasillos oscuros en los que reposan los manuscritos y documentos de decenas de personas, sin encontrar nada. ¿La revista Qué? ¿Simón Feldman? ¿Perasso? ¿Cartas de la Dictadura? ¿Alvaro Yunque? ¿John William Cooke? ¿Rogelio García Lupo? Varios minutos buscando una caja hasta que desde el fondo se escucha: ¿che, te acordás cómo se llamaba el documento en el que se indicaba el sitio de los fondos? Amnesia colectiva.

Difícil el regreso, pero aquellos que crean que nos encantó no ir al trabajo durante un año y medio, se equivocan. Recién ahora, en el reencuentro, comprendemos la angustia que vivimos. Al final, tenía su encanto esa oficina sin aire ni luz del cuarto piso de la Biblioteca Nacional, depósito de Archivos Personales y colecciones particulares.

El primer día fue de conmoción, como zombis que vuelven de la oscuridad a un mundo que no recuerdan ni reconocen. El segundo, hubo catarsis. Ahora sí nos reencontrábamos sin esa sensación de ceguera que nos había invadido en el primer momento. Euforia, carcajadas, chismes sin fin, ponerse al tanto de lo que fue la vida de todas las compañeras y compañeros, con los que compartimos más horas que con la familia.

Recién al tercer día logramos concentrarnos. Ya habíamos recuperado contraseñas y hábitos. Silencio. Cada una laburando en su rincón, música suave de fondo. Paz.

Zambullirme en la lectura de la colección de Cartas de la Dictadura fue tan dulce como conmovedor. Algo así como poner los pies de nuevo en la tierra. Encontrar el eje. Leerlas, releerlas y releerme. Porque de eso se trata mi trabajo. Evitar que esos documentos se pierdan, ordenarlos, clasificarlos, describirlos y ponerlos a la consulta pública. “Querido papá…”: así empiezan las cartas que nos llevan de la mano a mil historias personales y colectivas. Llevamos casi 10 años recuperando esos retazos, con orgullo, seriedad y emoción.

Cartas escritas por mi generación. Mis propias cartas. Quizás las necesitaba más que el aire puro. Allí estaban ellas, marcando identidad, diciéndome de dónde veníamos. De un mundo tan duro como bello. Lo que más impacta de esos relatos íntimos es la ternura, el amor a la vida, sí, entre tanta muerte, el amor a la vida, la preocupación por los bebés, por los amigos, por la humanidad toda. Tan conscientes del peligro como de la alegría de saber que la vida tenía un sentido que era hacer de este mundo un lugar mejor. Convencidos hasta la médula, hasta que la muerte los separe, o los pare o los aniquile. Esa era la política por aquellos años.

Salir de ese cuarto piso sin ventanas y entrar de nuevo a este mundo pandémico tampoco es fácil. Los medios nos ametrallan con politiquería barata, periodistas mediocres, podredumbre de valores. Una violencia subliminal y constante. ¿Tan grande fue la derrota que seguimos sufriéndola?

Sí. Fue enorme. Incalculable. Pero no crean que todo está perdido. No crean que la política es solo lo que ellos quieren mostrarte. Porque, a pesar de la brutalidad, no pudieron matar del todo a nuestros muertos. Y todavía hay, en cada barrio, cada pueblo, cada empleo, personas que practican el don de la solidaridad y el amor y la construcción de un mundo mejor. Solo hay que saber mirar. Ojalá estemos a tiempo de cambiar la historia. Ya no solo un país o una clase están en riesgo: el Planeta ruge, como el volcán de Las Palmas. Sepamos escucharlo.

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La V Columna | Sofismos peronistas

Hay cosas que no entiendo en este conventillo ¿Será que todos gritan? Formo parte de esa inmensa minoría que no responde a partido alguno. El voto cautivo va en retroceso; estamos también los del voto volátil. Y no es que somos antipolíticos, no. Al menos yo, desde los 13 años que no hago más que pensar en política. Claro que por entonces la ‘política’ era otra cosa y no se jugaba en el palacio. Y los debates tenían otra entidad. Discutíamos el futuro, y seguramente llegábamos a conclusiones erradas, pero pensábamos y actuábamos con la mayor seriedad y compromiso posible. 

Hoy la palabra es vacua y la lógica no existe. La discusión política está plagada de sofismos, falsas verdades que se convierten en mentiras verdaderas. Vayan algunos ejemplos.

Primera falacia:

“Nosotros lo pusimos a Alberto, él tiene que hacer lo que queremos”. 

¿Hay un razonamiento más estúpido que ése? Sobre todo viniendo del kirchnerismo, que apareció en la política argentina porque Duhalde lo puso a un tal Kirchner. Nadie lo conocía, sus antecedentes en Santa Cruz eran dudosos, y asumió el gobierno con un caudal electoral ínfimo. 

Imagino que Duhalde pensaba que alguna influencia podía tener en ese gobierno. De hecho, le cedió a casi todos sus funcionarios, y andaba tranquilo imaginando que más de medio gabinete le respondía. 

Pero resulta que Kirchner vio la posibilidad de conducir el país. Era el presidente y tenía algunos sueños frustrados. Se puso los pantalones y se convirtió en uno de los grandes conductores del peronismo. Logró que su apellido fuera una era peronista: kirchnerismo

Yo lo elegí, yo tengo los votos, vos sos un okupa de la casa rosada como dijo nuestro cuadro Fernanda Vallejos. 

Por ahora, no existe el Albertismo, y no tengo idea de lo que sería -así como nadie podía imaginar qué iba a hacer Néstor Kirchner-. Desde el otro costado creen que podría existir si Alberto diera una vuelta de timón y se pusiera los pantalones, y mandara a Cristina al diablo como su marido lo hizo con Duhald … Paréntesis. 

(Ponerse los pantalones. Expresión machirula, si las hay. Sin embargo, no hay ‘perspectiva de género’ cuando de poder se trata. Ni cuenta se dan de que lo que se le critica es, justamente, su tibieza. Ellos que escuchan la ‘voz del pueblo’, saben que lo que les gusta es ‘palo y a la bolsa’ , una onda ‘pegame y llamame Marta’. Raro que una palabra tan bonita como ‘tibieza’ sea la mayor crítica a un gobernante. A mí, tibieza me suena a abrazo, cobijo, ternura. Y no es lo que siento cuando escucho a Alberto Fernández. Si quiero apapacharme, les juro que no busco ni a Alberto ni a Cristina, dos animales políticos, en el sentido que se le dio a la dedicación a la política en los últimos tiempos. Cierro paréntesis)

Segunda falacia:

‘No cumplió con las promesas’. ¡Que le corten la cabeza, dice la reina! Y repiten el coro. ¡Pah! Eso sí que es inaudito, nunca se vio a un presidente que no cumpliera con sus promesas electorales.  Confieso que no me acuerdo qué prometió, tampoco sé si lo hizo de manera hartera o cuando asumió se dio cuenta que no podía hacer lo que dijo (beneficio de la duda que la cabe a cualquier presidente, en este caso, además, le tocó bailar con una pandemia). Si creyeron las cosas que se dicen en campaña, problema de ustedes. Nosotros, los de la inmensa minoría, no les creemos.

Pero parece que hay mucho indignado porque creyeron que Alberto Fernández iba a acabar con la injusticia, romper la ‘omertá’ de los políticos, ponerle fin a la prepotencia monopólica, terminar con el infierno de la expoliación que son las minas o la soja transgénica, expropiar para darle vivienda y trabajo a los que nada tienen, ¿no pagarle al FMI? Paréntesis. 

(¿se supone que el mérito del kirchnerismo es que pagó todito?)  

¿Por qué habría de hacer el Dr. Fernández, ponderado por el electorado por su moderación, algo que los combativos Néstor ni Cristina tampoco hicieron? 

Tercera falacia: 

“Tienen que poner la renuncia a disposición todos los ministros, ellos son responsables”

Una sobreactuación no inocente. El Presidente puede poner y sacar ministros cuando se le antoje, no hace falta ‘poner a disposición’ la renuncia. De hecho, todos los ministros de Kicillof pusieron a disposición su renuncia y ninguna fue aceptada ni hubo crisis de gobiernos. A pesar de que uno de los peores funcionarios del gobierno bonaerense es uno de los fundadores de La Cámpora: El Cuervo Larroque. En la lucha por tierra y vivienda, hubo un episodio ejemplar: la toma de terrenos en Guernica. Nunca vi una actuación más desacertada que la del ministro de desarrollo de la provincia, el Cuervo Larroque, camporista de raza, ex alumno del Nacional Buenos Aires, que si pisa el barro se resbala. Eso por no hablar de Juan Cabandié en Medio Ambiente, quien está aprendiendo lo básico en los resúmenes Lerú (y es lento para leer).

Podría continuar: son tantas las frases hechas mentirosas y épicas. “Es un traidor” es otra de ellas, y vemos cómo los traidores van y vienen. Si no, mirá a Manzur. Pero esto se está haciendo demasiado largo. 

En fin, no me gusta el capitalismo, razón por la cual no me gustan ni Alberto ni Cristina. Aún así reconozco que antes que a Macri, prefiero un capitalismo peronista. -a veces, obvio, no olvidemos que el peronismo también fue Isabel y las tres A, Luder y la runfla que aplaudía una anmistía a los militares, Menem y la entrega del país a los capitales extranjeros-, aunque el pueblo peronista sea otra cosa, y uno pueda sentirse emocionado e identificado con esos peronistas de verdad verdadera . 

Espero que el gobierno recupere la cordura. Si el presidente es tibio, no me importa, quizás quiere decir tolerante, nomás. Ahora, dejemos atrás este berrinche post electoral como una anécdota y vuelvan a gobernar. 

Por esa inmensa minoría que nunca sabe qué diablos meter en la urna a la hora de votar, ya no existe el voto cautivo: hagan mejor las cosas, no griten, sean bien educados. A esta altura el votante pide poco. Sabe que todos un poquitito lo van a garcar. Reestablezcan la nobleza de la política y permitan que los cualquieras, a quienes no les importa mucho las declamaciones políticas, los voten. 

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