En su último editorial, Nora Anchart acompañó a doña Argentina, una mujer preocupada por su mal astral y varias angustias sin remedio, en una recorrida por la ciudad de Buenos Aires. Ya venía cargada pero el paseo fue peor de lo que imaginaba. Era sábado, y en Plaza de Mayo encontró lo último que esperaba encontrar: la ira. O el odio. 

A la pobre Argentina ya no le alcanza con el sillón de Lacan, mucho menos con el de Freud.  Ya no le alcanza con saber que no debió nacer un 9 de julio sino en otro momento, porque justo justo en ese momento, dicen que dicen los astrólogos que todo lo saben, nuestro país tenía los planetas medio cruzados y parece que eso no nos abandonó nunca. Como si fuera una falla de origen ¿podría modificarse? Medio desesperada,  nuestra buena mujer consultó a una astróloga que encontró en twitter, una medio trucha, más bruja que otra cosa. Escuchá lo que le dijo:

 Y, como quien no quiere la cosa, Argentina empezó a caminar, cabizbaja, por Corrientes, hacia el Bajo, diciendo ‘¿qué hago con todo esto?’. Pero claro, no se se fijó en el cronograma de marchas. Y resulta que terminó en Plaza de Mayo, justo éste sábado. 

Consignas y cánticos, algunos con cierto grado de coherencia, pocos, y otros con puro odio. Cuando de pronto, se tropieza con unos bultos hechos en bolsas de residuos, que similaban cadáveres. ‘¿Y esto qué es?’ se preguntó la ingenua Argentina mientras recordaba las banderitas que le habían puesto en la asunción de Biden en homenaje a las víctimas. Pero no. Acá era otra cosa. 

Resaltaban algunos nombres que se habían vacunado, algunos de los VIP, pero otros no

Se acerca y lee el texto sobre los falsos cadáveres. Resaltaban algunos nombres que se habían vacunado, algunos de los VIP, pero otros no. Y el nombre que más le impacta es justamente uno del ‘otros no’: Estela de Carlotto. Una bolsa negra con formato de cadáver. La cámara, cuando la tomaba de lejos, solo veía el Estela de Carlotto muy grande. Una imagen que  remite a tiempos espantosos. Tiempos de amenazas. Tiempos de locura. Poner a una mujer que había perdido a su hija, que sí fue masacrada y estuvo envuelta en una bolsa de polietileno hasta que se la entregaron, es de odio y falta de empatía con la historia del país. Ya no solo con el individuo, con la persona, con Estela. Porque no es Estela porque es Estela y es abuela. Es Estela porque es una mujer de 90 años que se anotó en La Plata y fue a vacunarse en el marco de la normalidad. No fue a ningún VIP. No fue al Posadas. 

Justo un caso que, uno se da cuenta, está incluido por odio. Obvio que estaban incluidos el primo de Ginés, que parece que fue un error de no sé qué. Y algo que no solo te tira la pelota afuera, que era Eduardo Duhalde con todos los Duhalditos, que te dice ‘ah no sé, pregúntenle al Gobierno por qué me quiso vacunar a mí, porque yo no lo pedí’. Hay de todo.

Y después están los esenciales en serio. No está bueno que Vizzoti hoy esté enferma. No está bueno. Y más allá de que no se pudo vacunar en su momento porque estaba haciendo un tratamiento en particular, la verdad es que hay gente que sí es estratégica. Hay gente que sí es importante que no se nos enferme, que no tenga que parar una actividad y demás. Porque está cumpliendo roles. Esto acá y en el mundo. No solamente dieron el ejemplo los presidentes cuando se vacunaron. Fijate el de Inglaterra. Se hizo el piola con que no iba a pasar nada y tuvo que tener COVID para después darse cuenta que se tenía que vacunar y para que su ejemplo fuera inverso. Tuvo que darse cuenta de que había que tomar muchas precauciones.

Argentina miraba esto y se le piantaba un lagrimón, porque no es un problema de autoestima. Es un problema de ira.

Argentina miraba esto y se le piantaba un lagrimón, porque no es un problema de autoestima. Es un problema de ira. Es otro problema. Y esto sí es para psicólogos sociales, lacanianos, freudianos, conductistas y los que se les cante. Es un problema de ira. De no soportar al otro hasta los límites extremos de linchamientos, odios, escupitajos, caras donde se tiran tomates. Y como vos, que me escuchás del otro lado, sos una persona formada e informada, sabés que en este pantallazo que estoy haciendo no reconozco partido político. Estoy poniendo todos los despropósitos que se hicieron en nombre del odio. En nombre de la muerte. Un país que tiene 30 mil personas desaparecidas por odio. Por odio a las ideas, por odio a un montón de cosas.

Argentina, no te me deprimas, cariño. Acá estamos las mayorías, en este caso, que no estamos a lo mejor en ninguna de las grietas, pero que sí estamos en levantarla con laburo, con optimismo, con seguir formando parejas y haciendo cosas y pensando en edificios y abriendo fábricas y construyendo laburos. Y haciendo que, en algún momento, cuando nos mires a nosotros, no a las minorías concentradas en el odio, sientas la alegría y sepas que lo que nos queda a todos juntos es tirar para arriba. Tirá.

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