Tengo siete años, soy popular en la escuela pública de mi pueblo: “Reina de la Primavera” y estoy en el “Cuadro de Honor” por ser de las mejores alumnas. Me siento cómoda, amo ir a la escuela. Desconozco absolutamente la palabra bullying cuando encaro al chico que me gusta,  media escuela es testigo que ambos nos gustamos y como él no se anima, voy y me le declaro yo.

Lucas me responde: “a mí también me encantás, pero no puedo ser tu novio porque vos mataste a Jesús. Sos preciosa, pero sos una judía de mierda, una asesina, aunque no lo parezcas”.

Un dolor incapaz de poner en palabras se adueña de toda mi humanidad y me escondo en el baño de chicas, hasta que alguien llama a la maestra. No sé cuánto pasa hasta que escucho la voz de papá y corro a su abrazo, sin poder emitir palabra. Sólo él logró sacarme de ese baño. Nadie le puede dar una explicación de qué me sucede, porque no hablo con nadie. Papá me alza y me recuesta en el asiento del auto, a su lado. Me cubre con su saco, que huele a él y acelera. Al fin, lejos ya de la escuela y a solas con él, tengo mi primera charla sobre “antisemitismo”.

II

Colegio público secundario, empezamos a organizar el primer Centro de Estudiantes, recién saliendo de la feroz dictadura argentina. Llego unos minutos tarde a la clase, porque estábamos de Asamblea. Mi profesor de Derecho (ex Intendente de facto del pueblo) Lucilo, dice en voz fuerte y burlona ante todxs mis compañerxs: “acá la señorita, llega a la hora que quiere, se cree con más derechos que ustedes, se cree con derecho a hacer política en el Colegio. A eso vienen lxs judíxs: a politizarnos todo” . Nadie dice ni media palabra. Nadie.

III

Transcurro mi juventud y mi primera madurez en dos ciudades argentinas mucho más grandes y cosmopolitas que mi pueblo natal: Buenos Aires y Rosario.  La ingenua teoría que me elaboré (la de creer que el antisemitismo era sólo ignorancia pueblerina) con cada baile, peña, con cada grupo de pertenencia, en la muchísima militancia, en mi paso por la universidad pública, en mis constantes trabajos, en mis relaciones afectivas, en cada ámbito: se desvanece.

Pronto entiendo que me fueron cosiendo en el pecho la estrella amarilla con la palabra “Judía” al más puro estilo nazi,  sin que me diese ni cuenta, en una increíble necesidad de advertir a quien me conozca ojo, que Ita no parece judía, pero es”.

IV

Demasiado tiempo de mi juventud, de destinar parte importante de mi sueldo a sicoanalistas y de quemarme las pestañas por décadas estudiando, me llevó el lograr abandonar -definitivamente- esa actitud que me demanda la otredad, sobre todo cierto progresismo. Esa necesidad ajena de que les pida casi disculpas por ser judía, la de rápidamente hacerme sentar posición ante cada pedo que se tiran en Israel, (la posición que ELLXS declaran que es la VERDAD ÚNICA, no hay diálogo posible), para ser aceptada.

No sólo desprecié para siempre esa actitud, sino que pude erigirme en esta mujer – que me enorgullece – cuando comencé a ponerle la voz primero, luego la palabra y el cuerpo a mi judaísmo elegido más allá del ADN.  Y sobre todo, a denunciar y a combatir todo antisemitismo, toda judeofobia, venga de donde y de quien venga. 

Cuando logré eso,  pude ser una “judía argentina”, me sentí libre de opinar y ponerle voz, palabra escrita y firmada a mis opiniones: sobre judaísmo, sobre Medio Oriente, sobre progresismo, sobre DDHH, Derechos de las Mujeres y Disidencias, siempre bregando por la paz, por la construcción de un presente y un futuro equitativo y digno para todes.

Justo ahí, se metieron con mi hija.

V

Mi hermosa hija conoció el antisemitismo en carne propia. Ya no me amenazaron de muerte a mí, como venían haciendo hace tiempo y tanto yo, como mis colectivos de pertenencia tan progres, tan socialistas y feministas, subestimábamos. Esta vez le mandaron las cobardes (y gravísimas)  amenazas a mi hijita, por entonces una adolescente luminosa, llena de valores y de sueños y de creencias y luchas por y para la humanidad. Criada sabiendo qué era el antisemitismo, qué fue la Shoá, y la importancia absoluta de mantener viva la Memoria, pero en la absoluta libertad de saber que ella iba a elegir de adulta su sistema de creencias, y sería respetada. Hasta allí, su vínculo con el judaísmo fue el aprender disfrutando como nadie cada charla con su abuelito: su TataPablo, cada prender las velas con su abuela, acompañarme al cementerio a cuidar las tumbas de sus ancestrxs, o devorarse disfrutando feliz todos los knishes, schtrudel y yarcoie que le cocino. Hasta ese momento, tuvo la suerte de ser criada en entornos “amigables” con nuestra condición, y en la libertad de saber que ella era absolutamente libre de elegir su fe o carencia de ella,  cuándo y cómo ella lo decidiera, y mostrándole todo el abanico de opciones que existen. Pero ese día todo cambió. Mi hija conoció hasta dónde puede llegar el prejuicio, el odio, la bajeza humana, la ignominia. Porque una cosa es leer el Diario de Anna Frank, y conmoverse. Una cosa es estudiar como ella lo hizo en la biblioteca de casa el Genocidio Judío, el Genocidio Armenio. Otra es que te amenacen de muerte, de primera mano, a vos y a tu madre por ser judías.

A partir de ese día, mi mundo cambió. Ahora mi cama estaba habitada cada noche por una adolescente que jamás había dormido conmigo de niña. Ahora dormía abrazada conmigo, repleta de pánico y de pesadillas. No aguanté muchas noches sin dormir, conteniéndola,  decidí tomar las riendas del asunto, mostrarle a mi hija que no había que tener miedo, que no pasaba nada, que era seguramente un idiota suelto. Que vivíamos en Argentina, en Rosario, que estábamos en democracia y que había justicia.

VI

Fuimos a la Justicia. Acompañadas de Lili Leyes, una compañera “de fierro” y de otra mujer admirable de la que tengo el honor de ser su amiga: la gran Celeste Lepratti, en ese entonces Concejala en Rosario, quien no sólo nos acompañó incondicionalmente, sino que fue la generadora del rechazo público a las amenazas a mi hija y a mí por parte del Concejo Municipal de Rosario. Pero vuelvo a la justicia: nos tomaron declaración a ambas, nos vimos obligadas a entregar todas las claves (de celular y de redes sociales, con lo que implica eso a la privacidad de una adolescente) y nos llevaron hasta el Fiscal que nos correspondía. Tuvimos que insistir para que investiguen, pelear contra la “justicia” que nos subestimaba (reitero, todo ello fue en la fortaleza de ser apuntaladas por Liliana, Celeste y el gran Abogado de Derechos Humanos argentino, familia por mutua elección: Alberto Bovino) siguiendo continuamente las amenazas y en escalada tal, que mi hija dejó de cursar la Universidad y yo pedí licencia laboral sin goce de sueldo, para no moverme de su lado. Nada hizo la “justicia argentina”. NADA. Celeste Lepratti entonces luchó por nosotras en el Concejo y en los Medios. El Dr Bovino, con su valentía a cuestas siguió la causa, investigando por sus propios medios, hasta que llegó el día en me dijo textual: “amiga, no son sólo un par de idiotas sueltos que aprovechan la volada para lastimar, hay una red nazi detrás, llena de “pesos pesados”, de verdad creo que van a terminar lastimadas o en una zanja” eso, sumado a la escalada cruel de las amenazas, hizo decidamos refugiarnos en Uruguay.

VII

Uruguay:  me casé con un compañero charrúa maravilloso, consolidamos un hogar y una familia que me enorgullecen, como mis incondicionales amigxs. Mi hija mejoró con mucha voluntad y trabajo de sí misma, con una dignidad admirable. Y es maravilloso escucharla reír de nuevo.

Aunque nunca falta la pregunta ante cualquier tonto trámite burocrático, en el que hay que deletrear nuestro apellido con paciencia y contestar preguntas que aunque no tengamos ganas de responder, insisten con una osadía increíble: “¿Schvartzman con una ene o con dos? ¿De dónde ese ese apellido? ¿Cómo que judío? ¿Ustedes son judías? Ay, perdón, es que no parecen judías. Pero entonces vienen de Israel, ¿no venían de Argentina?¿Qué son entonces: judías o argentinas? ¿Judías o uruguayas?” Entre demás cuestionarios absurdos, prejuiciosos e ignorantes que suponen una está obligada a responder, pero no así mis amigxs descendientes de ingleses, alemanes, españoles o de italianos, no importa si estoy apurada, o si estoy haciendo ese trámite de mierda porque acaba de fallecer mi maravilloso padre. Pero pese a esa cotidianeidad, nos resultó amable, fácil y progresista Montevideo.

Hasta ahora.

VIII

Mi familia es lo que se diría “asimilada” y convivimos católicxs, atexs, agnósticxs, judíxs, masones. Claramente no somos cerradxs ni nada que se le parezca. En nuestra biblioteca reinan en colecho igualitario autores atexs, cristianxs, judíxs, musulmanes y judeófobxs. Integro ese nicho pequeño de personas que se devoró el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y el Corán con la misma curiosidad respetuosa.

Parece increíble tener que aclararlo: soy judía, por apellido, por nacimiento, pero además por elección adulta. Soy judía, no israelí. Y no tengo por qué estar de acuerdo con las políticas que implemente cada gobernante a miles de kilómetros de mí.

Pero me lo exigen.

IX

Esa misma curiosidad respetuosa que me llevó a quemarme las pestañas durante más de tres décadas para llegar a tener mi firme posición (que es la de muchxs judíxs de izquierda):   Israel es un estado legítimo, que en su momento fue una suerte de reparación del resto del mundo por tanta diáspora y tanto Genocidio, aunque esa reparación vino envenenada con prejuicios, castigos y guerras, y con vecinos a los que les cuesta aceptar (como a demasiada gente)  que el pueblo judío tiene derecho a una nación propia, que Israel es tan artificial como cualquier país.

Israel está construido igual de artificial que la Argentina construida sobre el Genocidio de “La campaña del desierto”, sobre la colonización del gran Chaco,  sobre la opresión, esclavización y desaparición de Onas, Guaraníes, Huarpes,  Pilagás, Mocovíes, Matacos, Aimaraes, Tehuelches, Quechuas, Mapuches, Chulupíes, Chiriguanos, Tobas, Diaguitas, Kollas, Wichíes, Comechingones, Pampas, Querandíes.

Israel está construido igual de artificial que Uruguay, sobre la Matanza del Salsipuedes, sobre la colonización, esclavización, exterminio de Charrúas, Yaros, Guaraníes, Bohanes, Arachanes, Chanás, Minuanes.

Deseo creer que algún día se ganará la guerra al odio, al terrorismo y habrá dos Estados conviviendo en paz: Israel y Palestina.

Pero la infame escalada judeófoba, antisemita (ahora disfrazada de antisionista) cada vez que ocurre algo en Israel va en preocupante e indignante aumento. Las redes sociales despliegan, amplifican y fomentan el antisemitismo. Cada muro feizbukiano se erige en un medio de comunicación en el cual se postean sin cautela ni chequeo alguno, falacias históricas, opiniones tendenciosas, imágenes trucadas. Cuando sucede algo en Israel, todo el mundo hizo un Doctorado en Relaciones Internacionales en el mismo garage que se recibió de Doctora la Rímolo, y opina sin saber siquiera de qué estamos hablando. Pero la Rímolo está presa. Lxs antisemitas (antisionistas, perdón) están libres y replicando y amplificando la propaganda goebbeliana del Hamas, defendiendo a un grupo teocrático de ultraderecha que comercia con mujeres y niñas y armas, que persigue y tortura y asesina gays, que oprime a las mujeres, que instauró el casamiento forzoso de niñas menores, que enrola niños para fines bélicos y utiliza a infancias, a civiles, a escuelas y hospitales como escudos humanos.

A la vez que amplifican la goebbeliana propaganda del Hamas, con una cobarde conveniencia lo niegan: imponen la mentira de ”conflicto entre el pueblo palestino y el pueblo judío”, cuando el conflicto es entre el estado de Israel y un grupo terrorista que tomó de facto el poder hace catorce años en Gaza, y es quien somete al pueblo palestino y utiliza la ayuda humanitaria internacional para sus atentados terroristas: Hamas.

Olvidan decir que apenas nacido el estado de Israel, fue víctima de la primera guerra, provocada por ejércitos árabes unidos, armados y hasta dirigidos por oficiales británicos. E Israel se defendió con ayuda única del bloque soviético comunista, que defendía claramente el sionismo como lo que es el sionismo: un movimiento izquierdista (aunque hoy tergiversen la historia y se utilice “sionista” como insulto, principalmente desde cierto “progresismo” analfabeto)

Olvidan decir que no hay UN CENTÍMETRO cuadrado de Gaza ocupado hoy por Israel. Que el ocupante y esclavizante del pueblo palestino se llama Hamas.

X

Me duele que amigxs, gente con la que compartí luchas y banderas izquierdistas, feministas, de DDHH, hoy sean esclavxs de una exagerada ira contra Israel, aclarando rápido “no soy antisemita, soy antisionista”: antisionista, el nuevo disfraz del antisemitismo, de la judeofobia que sólo deja ver su brutal ignorancia. ¿Cómo alguien que se dice “izquierdista”, “feminista”, “progresista” puede ser antisionista? ¿Cómo pueden sostener la bandera que únicamente portan los extremistas: el terrorismo islámico, el neonazismo y el judaísmo ultraortodoxo? ¿Tan analfabetxs políticxs son, o es que sólo son nazis aunque se disfracen de progres? Me violenta que si te oponés a una vacuna sos NEGACIONISTA, pero si pedís la desaparición de un estado, sos PROGRESISTA.

Me deja cuadrados los ovarios tener que aclarar todo el tiempo que no comulgo con la política de Benjamín Netanyahu ¿Por qué será que nadie me pide saber qué pienso de Muda Hassanal Bolkiah, de Lukashenko, de Obiang Nguema, de Sassou-Nguesso, de Nazarbayev, de Ahmad al Bashir, de Isaías Afewerki, de Paul Biya,  de Idriss Déby, de Museveni? ¿Por qué será que nunca vi UN SÓLO posteo de estxs idiotas útiles sobre lo que pasa en Kazajistán, en Guinea Ecuatorial, en Chechenia, en Chad, en Camerún, en Tayikistán, en Sudán, en Uganda, en Eritrea, en Bielorrusia o en el Congo?

XI

Nunca me ha sido fácil ser judía en Argentina.

Hoy, me es difícil en Uruguay.

Toda mi vida condené y condenaré a todo fanatismo.

Estos días, mi otrora admirado y adorado Frente Amplio fue cómplice de amparar nazis. Calló ante innumerables denuncias y PRUEBAS del nazismo creciente en sus filas. No estoy hablando sólo del vergonzoso Edil de apellido Portugal (concejal sería en Argentina) de Rocha que declaró públicamente su nazismo, y fue repudiado (tarde, pero repudiado) sólo por el Frente Amplio de Rocha, no a nivel nacional. Yo misma me comuniqué con dirigentes frenteamplistas y les acerqué las pruebas de la militancia NAZI en un grupo de más de nueve mil frenteamplistas y las amenazas a lxs judíxs uruguayxs y a mi persona. Nada hicieron. Incluso algunxs que consideraba amigxs, ni siquiera tuvieron tiempo de escucharme. Nada.

Y nada importante es que hayan perdido para siempre mi voto y el de muchxs, no sólo judíxs, sino personas de bien, antinazis. No. Lo importante, lo grave, lo urgente es la propensión casi general (salvo honrosas excepciones) de un antisemitismo hoy disfrazado de antisionismo,  por parte de personas que nunca mostraron prejuicios racistas, que una suponía parte de una humanidad valiosa, que se autodefinían progresistas, feministas, defensores de DDHH y toda causa justa, muchxs de ellxs con quienes me sentía cómoda, me convocaban a votarlxs, e izábamos las mismas banderas son lxs mismxs que hoy le dan “me gusta” a posteos que comparan el sionismo al nazismo, o postean memes copiados de las caricaturas nazis.

XII

El célebre pensador progresista y antiespecista Peter Singer denunció hace poco : “hubo una época en que las amenazas en los países democráticos provenían principalmente de la derecha. Actualmente, la mayor oposición a las libertades de pensamiento, de discusión, provienen de la izquierda”

Rebecca Tuvel, la intelectual feminista se pregunta: “¿por qué quienes apoyan a elegir el propio género niegan el idéntico derecho a defender a su pueblo?”

Toda mi vida desprecié y despreciaré a quienes eligen el terror como método político, a quienes eligen la muerte sobre la vida, a quienes niegan, minimizan o justifican el Holocausto. No acepto instrucciones de “líderes”, sean religiosxs o políticxs. Repudio a la RAE que desprecia el lenguaje inclusivo, mientras vomita su antisemitismo desde su diccionario, legalizando el término “judiada” como sinónimo de acción que perjudica a alguien” (sic).

Desprecio y combato a quienes someten, torturan, decapitan a mujeres, a lesbianas, a gays, a quien piensa diferente.

XIII

Soy judía.

Soy la sobrina de la Tía Aída, a quien conocí ya anciana, con su cojera que llevaba a pura dignidad, pierna destrozada en la niñez, sin arreglo posible, producto de una horda antisemita que intentó violarla de niña y la dejó tullida de por vida, sólo por ser judía. Soy la hija de Pablo, quien en 1962 en Argentina publicaba a puros cojones el libro “Los mismos: versos antinazis”, en medio del Golpe de Estado a Frondizi y la escalada antisemita.

Soy la nieta de Basia Moseinco y de Jacobo Schvartzman, quienes mucho antes de mi llegada al mundo, escaparon de los pógroms antisemitas en Ucrania, deseando un pedazo de tierra para vivir en paz en un mundo demasiado odiador para con el diferente.

Soy judía.

No quiero tu tolerancia.

No quiero ser “tu amiga judía”.

Quiero un mundo donde quepamos y nos respetemos todes.

Y donde el nazismo, así sea de un idiota posteo en redes, sea ABSOLUTAMENTE INADMISIBLE.

*Itatí Schvartzman es escritora, nació en Concepción del Uruguay. Vivió ocho años en Montevideo porque ganó un concurso para hacer prensa y comunicación en la sede de Mercosur. Luego se mudó a Rosario, donde trabaja como coordinadora de comunicación de la Dirección de Juventudes. En la actualidad vive en Montevideo.

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