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La V Columna | Tita, madre pueblo, por Laura Giussani Constenla

Otro día de la madre y ¿qué decir? Una madre es una madre, ni buena ni mala, las hay brujas, sí, rencorosas, jodidas, esas que te cagan la vida, pero, una madre es una madre, tan madre como esa que te banca, te abraza, te deja aire para ser feliz. Y, por supuesto, ninguna es tan tan, todas mezcla de brujas y hadas. Porque una madre, es una madre. Nada más que una persona, con todas sus virtudes, debilidades, generosidad y mezquindades.

¿Qué decir que no se haya dicho? Cómo sobre pasar este día que, personalmente, me empalaga de tanto amor (y todo bien con mi vieja, la requiero, porque una madre es una madre, obvio).

Por casualidad encontré, leyendo tonterías en internet, una foto de Tita Merello por un nuevo aniversario de su nacimiento, el 11 de octubre de 1904, en mi barrio por adopción, del que esta semana me despido (¡Mamma mía! Una tira del ovillo de las palabras y no sabe dónde va a parar).

Bueno, el tema es que hace rato que quiero hacerle un homenaje a Tita, y se me ocurrió que era una buena oportunidad. Por su cumpleaños y por el día de la madre. Raro que a esa mujer, fuerte, seductora y sola, la sintiéramos como la madre de todos, aún sin haber tenido hijos.

Dedico esta columna, a todas las madres que no fueron, las que eligieron no tener hijos biológicos lo cual no significa no tener hijos. Para vos, Tita.

Así canta el tango la Merello, porque así es ella. Tita es pueblo, orgullosa mina de una barriada pobre que nunca olvidó ni maquilló su origen. Así relataba sus inicios:

“ENTRÉ AL TEATRO POR HAMBRE”

Cuánta fiereza en esa definición. A pesar de haberlas vivido todas (el hambre, la orfandad, trabajar de boyerita en un tambo de chiquita, ser sirvienta en Montevideo, y todas las desdichas que puede tener una adolescente, analfabeta -Tita aprendió a leer a los 20 años-, en los años previos al 30) ella nunca se sintió víctima. La soledad la eligió. Así como eligió el rodar de su propia vida (le gustaba decir que ella había rodado en la vida). Cumplía 80 años cuando Carrizo la entrevistó:

“SOS UNA TEMPESTAD, TITA”

Tita manejaba su vida como manejaba el programa de Carrizo (otro grande) y mandaba al corte. Si hay algún joven despierto un domingo a esta hora, les cuento que Tita Merello fue la diva del arrabal porteño. Más porteña que los adoquines del sur. Hermosa por cómo se plantaba al cantar, al actuar, al vivir. Con su poco más de metro y medio de estatura, y esa voz fuerte y varonil, sedujo a cuanto hombre se le cruzó. Aunque tuvo un solo amor: Luis Sandrini. A quien nunca olvidó, a pesar de que él eligió a Malvina Pastorino (¡mi Dios, qué pecado!), Tita mantuvo sus fotos en las paredes y había una silla en su mesa en la que nadie se podía sentar. “Esa es la silla de Luis”, explicaba.

A ustedes, los que sí están despiertos a esta hora ¿qué les puedo decir de Tita Merello que ya no sepan? Así que prefiero contar porqué es totalmente justo recordarla en un día de la madre.

Curioseando por ahí, descubro que el origen de la palabra madre es bastante especial. Resulta que hubo unos estudiosos franceses que se dieron cuenta que ‘madre’ no viene solo del latín ‘mater’, sino que todas las lenguas europeas, incluido el latín, tenían una similitud para mencionar a la mamá de una: mother, se parece un poquito ¿no?, mutter en holandés, y así entre todos los sajones. Y los rusos dicen Matb y los checos maska, y así también el resto de los eslavos. También los griegos andan por ahí. Por este motivo, nuestros franceses decidieron que formaba parte de una palabra presente en un idioma previo y común que denominaron: indoeuropeo.

Pero lo raro, realmente raro, es que, antes de ser ‘descubiertos’, los indios también utilizaban un vocable parecido. De hecho, Pachamama no es un invento cool de estudiantes de izquierda que toman caña con ruda: es quechua puro. En fin, una curiosidad que provoca cierta inquietud. Algunos son más pragmáticos y creen que semejante unidad cultural se debe simplemente a que la sílaba que primero pronuncia un bebé es algo parecido a ma-ma-ma.

Otros, en cambio, acudieron a cuestiones religiosas y descubrieron que existe una palabrita, frecuente en las antiguas escrituras, que es Amim, y tiene el mismo origen que madre, y quiere decir “pueblo” que en hebreo significa ‘donde hay madres’.

¡Uff! Me costó, pero llegué. Cuando una empieza a rodar, sin rumbo demasiado fijo, más bien buscando el principio que el fin, siempre encuentra alguna razón para su sentimiento, perdón ‘pensamiento’ -que no es lo mismo, pero es igual-.

Hay relación entre pueblo y madres, hay madres del pueblo que no tuvieron ningún hijo. Como Evita. Como Tita. A ellas, mi saludo en este día.

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Planeta Giussani | Dame fútbol, quiero fútbol

Ya saben, el único requisito para vivir en mi planeta es tratar de pasarla bien sin joder a nadie, y eso parece que es revolucionario. El capitalismo no tiene lugar por estos pagos porque su base es joder a alguien.

Por suerte no pensamos todos igual, es decir: por suerte pensamos. Imposible no tener una idea propia que no difiera en algún detalle a la de los otros. Pero, si no jodés a nadie (es decir: no explotás, no humillás, no sometés) sos bienvenida, bienvenido y bienvenide.

Por ejemplo, estamos los futboleros, y las futboleras, como yo. Ya ubicadas en la cama, buscando dónde ver el mundial en la tele. “Cerrado por mundial”, decía el cartel que Eduardo Galeano colocaba en la puerta de su casa un mes cada cuatro años.

Pero también hay otros. Tan dulces como deprimidos -porque, hay que reconocer, que se ve cada cosa en la Tierra!-.

En México se juntó la creme de la creme del neonazismo en un Encuentro que dieron en llamar: Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC). Fueron de todo el mundo, todavía están ahí, deliberando sobre vaya a saber uno qué, el estadounidense Steve Bannon, el chileno José Antonio Kast y nuestro bizarro Milei, junto a Santiago Abascal de España, el hijo de Bolsonaro, Eduardo, y decenas de militantes contra el feminismo, los Derechos Humanos, los del LGTB y cuanto Derecho se le haya ocurrido conquistar a algún grupo. Anticomunistas por excelencia (aunque ya de comunismo no queda nada en la Tierra). Estremece escucharlos porque, además, sabés que lo que dicen es lo que piensa mucha pero mucha gente. En general, los que se autodenominan ‘gente decente’. Todos los golpes de estado en Argentina fueron dados por ‘gente decente’ y ‘democrática’. Sí, es así.

Reconozco, es desolador. Tanto como esa extraña guerra-noguerra entre Rusia y Ucrania que, quién sabe porqué, involucra al mundo entero. Y por primera vez desde 1945 (y esta sí es la primera vez, creo) se levanta el fantasma de la Tercera Guerra Mundial. En este planeta somos gente sencilla. No terminamos de entender quién apunta a ese objetivo – una guerra mundial!- pero da la impresión de que hay locos poderosos por todos lados. De pronto cae un misil en Polonia y todos temblamos. Tanto miedo, asusta.

Somos millones los que asistimos inermes o furiosos, tan impotentes como enojados, tal vez deprimidos, a este patético escenario de la historia que quizás ayudamos a construir. O no supimos ni pudimos destruir. Mea culpa, mea culpa, mea grandísima culpa.

No todos están esperando ansiosos el mundial, claro. Acá tenemos a un poeta que anda rumiando desde hace décadas, como un mantra, los mismos versos. Se llama Vallejo, el tipo. Para los amigos, César.

¡Y si después de tántas palabras,
1no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da…!

¡Y si después de
tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!


Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena…
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!

Lleva casi cien años el buen Vallejo rumiando el mismo dolor. ¿Cuándo empezó? No lo sabemos. Quizás cuando alguien pudo ponerlo en palabras. ‘Ay mísero de mí, ay infelice’ gritaba Segismundo de la mano de Calderón de la Barca allá por el mil seiscientos y pico. Pa’ mí que nunca existió ese paraíso terrenal de Adán y Eva. ¿Será que todo vino mal parido?

Qué se yo. Desconozco el pasado, no entiendo el presente y ni idea del futuro. Hago lo que puedo (y seguro que puedo un poco más, pero sean piadosos). Lo cierto es que, ante tanta melancolía, espero se me permita un mes de escape en cuatro años. En general, escapo de a traguitos, por minutos, horas, noches.

Hoy, yo, como muchos de ustedes, nos tomamos vacaciones del mundo. Eso sí, si llega a haber algo grosso para cambiarlo de cuajo, avisen, que allí estaré. Por ahora, quiero fútbol, dame fútbol. Y sí, seguro, el futuro es nuestro, porque el futuro es hoy. En este planeta también vive un tano que canta y canta, hasta cuando se viene la hecatombe nuclear. Hace el amor y decide tener una hija a quien llamará: Futura.

Los dejo con este cantautor, Lucio Dalla. Uno de los preferidos en el Planeta Giussani.

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El Editorial de Nora Anchart | Ganamos, perdemos, nunca lo sabremos

Había una vez, un circo… Nora Anchart se propuso desentrañar quién es quién en el circo de la política argentina.

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El Planeta Giussani | Internet, ensayo para ciegos

“”Error 404”: ese es el mensaje que vemos en la pantalla cuando un dispositivo no es capaz de conectarte a un sitio de internet, bien porque este ha desaparecido del servidor o porque el enlace es incorrecto.” Así comienza una nota de la BBC publicada el primero de noviembre sobre un esayo de la periodista española especializada en ciencia y tecnología Esther Paniagua, publicado el año pasado en Madrid, “Error 404”, cuya bajada es “¿estamos preparados para un mundo sin Internet”?

La idea de este libro se le ocurrió a doña Paniagua (que no es para nada torpe como su primo Toto y no solo llegó a corneta), luego de leer una entrevista a un capo de la Filosofía de la Ciencia, con la abrumadora especialización de ‘neurobiólogo’ (el profesor Neurus, un poroto), llamado Dan Dennett autor de montones de libros y super reconocido.

Pues bien, el emérito Dannet no tuvo mejor idea que comentarle a un periodista que “internet se vendrá abajo y viviremos oleadas de pánico mundial”. Chan. La prima de Toto Paniagua lo leyó y quedó patidifusa.

Empezó a investigar. Entrevistó a técnicos y científicos conocedores del tema y todos admitieron que una caída generalizada de Internet -por sobre carga o boicot o lo que fuera- era posible. No era segura, pero sí posible. Sin tener ninguno la pálida idea de cuantificar esa posibilidad.

De ahí salió el libro. No era ciencia ficción, podría suceder: si se cae Internet no solo estaremos malhumorados por no poder mandar un WhatsApp, ver Instagram o leer los diarios o buscar historias. Hoy todo depende de Internet. No podrías sacar plata del banco. Los aviones quedarían ciegos. Todo, absolutamente todo depende de internet: “las administraciones públicas, las universidades, las empresas, nuestros cuerpos, nuestra ropa, nuestros electrodomésticos. La electricidad. Así que, si se cayera, todo dejaría de funcionar, y se produciría además un efecto en cadena, dominó, porque afectaría incluso a servicios que no están conectados a la red.”, afirma la Dra o Licenciada, Esther Paniagua.

El título elegido por la BBC para esta nota firmada por Irene Hernández Velazco, resulta estremecedor. “Es altamente probable que internet colapse en algún momento y que todo deje de funcionar”. Chan.

¿qué decir? Cuando leo cosas como éstas hay cuestiones que me resultan menores. Esas que nos enteramos por Internet y su maldito bombardeo informativo que dan ganas de bajar con un escopetazo. Pero, claro, si termina internet no solo se acaban las fake news y las investigaciones facilongas.

Un consuelo final: está claro que los y las de más de sesenta somos analfabetos virtuales, o informáticos (tan analfabetos somos que ni sabemos cómo se llama), pero, pero, le digo, a ustedes, los jóvenes menores de 40 años, que son ‘analfabetos analógicos’.

No dejen de escribir de puño y letra, de pensar con su propia cabeza, de resolver cuestiones banales como cambiar una lamparita sin ver un tutorial. Algún día podrán necesitarlo.

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