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El inglés de la valijita, por Oscar Taffetani

Había un Palermo de casas con zaguán y conventillos de inmigrantes, un Palermo de calles empedradas y cuchilleros a los que Carriego vio y Borges cantó. Pero el Palermo en donde decidió instalarse William Morris era más bravo aún. Lo llamaban “Tierra del Fuego”. Decían que allí se terminaba todo.

Aún podía verse, en Tierra del Fuego, el palacio de Juan Manuel de Rosas, reciclado como cuartel en ausencia de su dueño. El resto eran caballerizas, obradores y galpones ferroviarios, unas pocas casas de ladrillo y algunos ranchos asomando a las calles de tierra.

Hacia el oeste, los bajos del arroyo Maldonado. Hacia el norte, los bajos del río de la Plata. En el centro, un bosque ya sin jardineros ni paisajistas, en pleno retorno a la vida salvaje. Y por ahí, viviendo en los pajonales, descalzos y andrajosos, cientos de niños sin madre, sin padre ni escuela, cimarrones a pesar de ellos, rebuscándoselas como boyeros de campo -en el mejor de los casos- y como rateros casi siempre, en los bordes de la ciudad.

El inglés había abierto la escuela con lo indispensable: bancos, mesas, pizarrón, tizas, libros… pero nadie se acercaba. Agregó entonces una olla, tazones, platos, algunas camas… los comensales y huéspedes no llegaban. Luego de esperar unos días, despertó al casero y le dijo: “-Acompáñeme, vamos al bosque a cazar candidatos”.

Y allá estaban los candidatos, espiando detrás de las matas, con piedras y terrones en sus manos, acostumbrados a bajar faroles y a correr gringos y galeritas a cascotazos. Pero el inglés no les tuvo miedo. Se les acercó, habló con ellos, los invitó a comer en su casa.

El primer candidato, con la cara sucia, moqueando, lo siguió vacilante. Detrás de él, sin perder la distancia, fueron los otros. En la escuela del inglés, luego de pasar por el agua y el jabón y estrenando los primeros zapatos de su vida, 17 niños se sentaron a la mesa. Durante el almuerzo, tímidamente, llegó a la puerta el candidato dieciocho. Inaugurando una tradición solidaria, todos se corrieron para hacerle lugar.

Los pocos que se sentaron a comer con William Morris aquel mediodía de otoño de 1898 fueron 200 al año siguiente y mil al llegar el fin de siglo. La escuela no sólo les enseñaba a leer y escribir; también a sonarse la nariz, a lavarse la cara y a saludar por las mañanas.

La receta para el milagro no tenía misterio, y el inglés se la explicó al presidente Julio Argentino Roca el día que pudo entrevistarlo: “-¿Con qué hombres realiza usted su obra”, le preguntó el general. “-Con los que encuentro”, le respondió Morris.

DEL TAMESIS AL RIACHUELO

Entre los esperanzados colonos que en 1871 llegaron a Sapucay, pueblito selvático próximo a Asunción del Paraguay, se contaba un inglés de Soham (Cambridge), delgado y melancólico, un hombre que había perdido hacía poco a su esposa y que con austeridad criaba cuatro hijos.

De hachas siseando en el monte y ovejas pastando en las abras fueron entonces los primeros recuerdos sudamericanos de William Case Morris, pelirrojo de siete años que asistió desde muy temprano a la abnegada lucha por la supervivencia de su padre y su familia emigrante.

Siete años después -con bíblica exactitud- el grupo decidió abandonar el Paraguay y viajar Paraná abajo, hacia la promisoria llanura santafesina. Tras pasar un tiempo en Rosario, que hervía de inmigrantes y colonos, Morris y sus hijos alquilaron una chacra en Rodeo del Medio. Entre ovejas y gallinas, abriendo surcos y llevando el agua a los plantíos, pasaron los siguientes años de Will. Por las noches -recordaría más adelante- un pasaje del Antiguo Testamento leído por su padre o algún viejo himno entonado por su hermana y acompañado con un solitario violín, eran el único preludio al sueño.

Cuando William decidió dejar la chacra y bajar por el río hasta la boca del Riachuelo, ya tenía veintidós años y la firme vocación de vivir en la ciudad, en ese sitio donde la colmena humana destila lo mejor y lo peor. Obviamente, al joven Morris le interesaba lo peor, el lado oscuro de la gran urbes, los niños arrojados por millares a la mendicidad y la delincuencia. Esos eran sus candidatos.

Instalado en la Boca, fue pintor de brocha gorda y más tarde empleado de comercio. Visitando bibliotecas obreras y adquiriendo ediciones baratas terminó de aprender el idioma español. En la calle, las ferias y los cafés, tuvo oportunidad de aprender también el dialecto de las orillas, ése que hablaban los obreros de las curtiembres, los lavaderos de lana y los frigoríficos, el mismo que farfullaban vagos y malentretenidos, habitués de las páginas policiales.

La primer aula fue una simple sala a la calle, alquilada con sus ahorros.y equipada gracias a un préstamo de sus compañeros de trabajo. Bancos de cocina, una mesa de pino, pizarrón, tizas y mapamundi, lo estrictamente necesario. Luego, debió salir a buscar candidatos por el barrio de la Boca, chicos y muchachos que quisieran aprender a leer y escribir. Se acercaron algunos pero -como le pasaría siempre, a lo largo de su vida- los que llegaban tenían más necesidad de un plato de sopa o un tazón de leche que del abecedario.

William C. Morris

Buscando apoyo para la escuelita, Morris se acercó a empresas y familias británicas radicadas en la Argentina. Una tarde, mientras asistía al servicio en un templo metodista, se enamoró perdidamente de una voz que cantaba tras el armonio. La dueña de la voz se llamaba Cecilia O Higgins y pronto (con la rapidez y decisión que acostumbraba el joven docente) fue la prometida, la esposa y la compañera capaz de seguirlo en su cruzada.

Cecilia era huérfana de madre, lo mismo que él. Su padre había sido un coronel del ejército de Su Majestad destinado a la India, a quien había visto pocas veces en su vida. Aquel matrimonio, celebrado en 1890, fue el casual (o causal) encuentro de dos orfandades, movidas por una sola vocación: salvar a los niños abandonados.

Con la ayuda de la Iglesia Metodista, que años más tarde lo nombraría Ministro, pronto quedó conformada la Boca Mission Hall Fund and Schools, institución que administraba un asilo para marineros (procurando alejarlos del alcohol y la violencia), un comedor popular y varias aulas de primeras letras.

Pero Morris soñaba más alto. Un día, juntó las dieciocho libras que hacían falta para pagarse un boleto de ida a Gran Bretaña y allá partió, con su valijita. Quería entrevistar a los directores de las compañía inglesas con filiales en la Argentina y conseguir una opinión favorable (con la consecuente ayuda económica) para su obra.

LA PROMESA A MAMÁ

Un antiguo proverbio sajón que Morris gustaba repetir en sus conferencias dice que la mano que mece la cuna gobierna el mundo. Tanto era así para el inglés de la valijita, que no abandonó el suelo inglés sin visitar antes el cemenrterio de Soham, donde descansaba su madre, para reafirmar una vieja promesa. El niño, ya hecho hombre, se comprometía ante la memoria de su madre, cuya figura borrosamente recordaba, en empeñar su vida entera para ayudar y dirigir a los niños huérfanos o que carecieran “del refugio y la inspiración que da un buen hogar”.

Aquella promesa hecha ante una lápida de Soham fue más importante para Morris que cualquier culto político o religioso constituído. Por eso, llegado el momento, no vaciló en dejar a los metodistas, cediéndoles las instalaciones levantadas con esfuerzo en la Boca, y en acercarse a los anglicanos, buscando una estructura material y política que le permitiera colonizar la “Tierra del Fuego” . La simple lectura de los libros contables de las Escuelas Evangélicas (como se las llamó inicialmente), deja ver quiénes eran los donantes que con su pequeño aporte las sostenían: Moore, Walker, Junor, Richards, Bayley, Brown, Edgecumb, Turner, Tay, Martindale, Nicholson, Leech, Craig, Bennet, Barreneye…

Hacia fin de siglo, tras años de antesalas y amansadoras, Morris consiguió también el importante apoyo económico y político de don Ernesto Tornquist, banquero, industrial y dirigente conservador que le facilitó la llegada al presidente Roca y al establishment porteño del Centenario.

Todo quedó prolijamente anotado, con la letra de Míster Morris o de Cecilia. Si una imaginaria DGI de la moral y la honradez quisiera examinar hoy esos libros que conservan los exalumnos del inglés, descubriría la modestia y la sencillez ejemplar con que vivía el mayor protagonista de aquella cruzada, quien nunca tomó para sí un peso ni una libra de las donaciones que recibía y quien, por el contrario, dedicó siempre una parte de su modesta asignación como Pastor anglicano a la compra de útiles o al socorro de algún desesperado.

ADIÓS A LA “TIERRA DEL FUEGO”

La rápida expansión y diversificación de las escuelas evangélicas habla de la impecable administración de fondos que hacían los Morris, pero también de un importante déficit social y educativo que arrastraba la Buenos Aires de principios de siglo. Por eso, la crisis del 30, que combinó una terrible iliquidez empresaria con la mora en los subsidios acordados por la Municipalidad y por la Nación, asestó un duro golpe a la obra del inglés de la valijita. ¿Cómo seguir alimentando a los más de siete mil niños inscriptos? ¿Cómo pagar a los doscientos treinta docentes, al personal de limpieza y administración?

Como en los viejos tiempos, el inglés decidió viajar a su madre patria y solicitar auxilio a las empresas británicas con filiales en la Argentina. Una conmovedora multitud de niños rescatados de la calle por el Hogar El Alba o por las veintidós escuelas creadas, llegó hasta Plaza Constitución para despedir el tren a La Plata, puerto donde el matrimonio Morris abordaría un paquebote hacia Inglaterra.

Esos que miraban a la pareja desde el andén, con sus caras limpias y sus uniformes recién planchados, no eran los hijos que les había regalado mamá Naturaleza. Eran los hijos que ellos habían decidido tener. Pero la salud del maestro estaba quebrantada y en esos años apenas pudo moverse de la casa de Soham y escribir cartas a algunos amigos. Una de las misivas la recibió el Dr. Sagarna, ministro de la Suprema Corte de Justicia argentina y amigo del presidente Agustín P. Justo. El viejo Morris le recordaba al supremo que los subsidios llegaban con varios meses de atraso y que las escuelas sobrevivían gracias a la buena voluntad de sus docentes y personal (a quien se llegó a deber once meses de sueldo).

Los subsidios se pagaron, finalmente. Y también las deudas. Pero Morris no vivió para verlo. Su corazón dejó de latir el 15 de septiembre de 1932, hace exactamente setenta años.

Tal como estaba previsto desde su misma fundación, las Escuelas e Institutos Filantrópicos Argentinos, incluyendo edificios y planteles, pasaron al Consejo Nacional de Educación. Se incorporaron al sistema público, con el que nunca habían tenido diferencias ni de programas ni de contenidos (aunque sí en la formación de hábitos y en la actitud ante la vida). William Morris no fue más que otros heroicos educadores y misioneros que hubo en la historia -Don Bosco, Albert Schweitzer, Teresa de Calcuta, entre muchos-. Tampoco fue menos.

La metáfora del haber, tan cara a su meticuloso espíritu de administrador, le sirvió en una conferencia para expresar un sentimiento profundo, gestado en su propia infancia: “Con toda seguridad, los hombres y las mujeres que en todas partes del mundo se ocupan en cuidar y mejorar la vida de la niñez están haciendo la mayor y la más valiosa contribución al bienestar humano y al verdadero progreso de los pueblos. El haber de un pueblo, que puede ser aumentado infinitamente; el haber de una nación, cuyo valor puede progresar hasta lo indecible, es su niñez.”

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Crónica de un día agitado: Marcha y represión, la CGT con senadores y funcionarios, ATE Capital en conferencia.

Mientras una marcha conjunta del Polo Obrero, UTEP y otros movimientos sociales desafiaba el protocolo en reclamo de comida para los comedores y era brutalmente reprimida, dejando un tendal de heridos, entre ellos varios periodistas, y ocho detenidos; en la CGT recibían a diputados y senadores de Unión por la Patria antes de ir a una reunión a la Rosada con Guillermo Francos; ATE Capital hacía una conferencia de prensa advirtiendo no iban a ” tolerar militarización de los puestos de trabajo, la policía armada amedrentando a los y las trabajadoras que luchan ante los despidos arbitrarios del Gobierno Nacional” y que era hora de ‘activar un gran paro nacional”, mientras continuaba la lucha en algunos organismos como el INADI donde una radio abierta se instalaba en Avenida de Mayo y San José.

Represión, heridos y detenidos, a pocas cuadras de la CGT

Una jornada que iniciaba con los trabajadores a cara de perro terminaba con una cordial reunión de la CGT en la Casa Rosada con los principales dirigentes que salían satisfechos y Hugo Moyano que se quedaba un rato más para acordar el levatamiento de las medidas de fuerza anunciadas por Pablo Moyano y la revisión de la paritaria no homologada. ¿Qué había pasado en el camino?

Qué pasó en la CGT con los representantes de UxP

La primera sorpresa fue la ausencia de Pablo Moyano, uno de los tres Secretarios Generales de la Central Obrera. Camioneros estuvo representado por su padre, el histórico dirigente Hugo Moyano. La charla se mantuvo por los caminos imaginados: tomaron la palabra en representación de la comitiva legislativa Mariano Recalde, Juan Manzur, Gerardo Montenegro, Oscar Parrilli, Alicia Kirchner, Juliana Di Tullio y Sandra Mendoza, quienes expresaron su apoyo a los reclamos de la CGT, siendo inclaudiclables en su rechazo a la reforma laboral y la baja del piso de ganancias. Por la parte gremial, hablaron Héctor Daher, a modo de anfitrión ponderó la articulación entre el bloque y la central obrera y llamó a fortalecer en el tiempo esa alianza. Hugo Moyano resaltó la unidad entre los senadores y el movimiento frente a un Gobierno que tiene por objetivo quitarle derechos a los trabajadores . En tanto el secretario general de UPCN Andrés Rodríguez, uno de los gremios más vulnerados por el masivo despidos de trabajadores, pidió defender el Estado frente a quienes pretendes desacretidarlo. Abel Furlán de la UOM fue el más confrontativo hizo un llamamiento a enfrentar en unidad los embates del Gobierno. Por último, Jorge Sola, presentó un documento elaborado por la CGT titulado ” Agenda para un nuevo contrato social”, un texto extenso que revisa punto por punto las políticas propuestas por la Central Obrera en cada item. (file:///C:/Users/Pc/Downloads/Agenda%20para%20un%20nuevo%20contrato%20social%20-%20CGT.pdf )

Ante la expectativa periodísica por obtener declaraciones uno de los pocos que dialogó con la prensa a la entrada fue Juan Carlos Schmid quien expresó que “se mostró preocupado por la creo que la preocupación está centrada en los despidosy en la homologación de los acuerdos paritarios, para los cuales parece que nos rigela libertad de negociación.” Y agregó que: “como Confederación del Transporte nos vamos a reunir la semana que viene y seguramente va a haber medidas de acción con asambleas informativas, interrupción de los servicios en todos los modos de transporte.”

Al finalizar la reunión los sindicalistas se fueron sin dar declaraciones, por lo cuál solo tenemos una gacetilla bastante parca de la CGT en la que no se menciona si el tema de convenios colectivos y homologación de las paritarias formó parte del intercambio.

Los senadores de Unión por la Patria sí utilizaron el estrado para hablar en conferencia con la prensa siguiendo más o menos la misma línea. José Mayans fue duro con Milei: “Obviamente que el plan de gobierno es aplastar el salario del trabajador. El gobierno está dando datos falsos con respecto a todo lo que vendrían a ser índices económicos y obviamente que hay mucha gente que está sufriendo. Hay un compromiso por parte de la CGT de buscar alcanzar el nivel salarial que llegue por lo menos a la canasta básica de los trabajadores argentinos.” Mientras Juliana di Tullio respondió a una pregunta sobre la represión que vivía los sectores más humildes en la 9 de julio y dijo: “la represión es una política necesaria para poder llevar el ajuste brutal que este gobierno decidió hacer con los trabajadores, con las organizaciones sociales, con los comedores sociales, con toda organización del pueblo, con todo tipo de organización que tiene la comunidad.” Consultada sobre la actividad prevista para el 1° de mayo aseguró que estuvo en la agenda de la reunión: “Se conversó, pero eso le toca a la CGT anunciarlo, no lo vamos a anunciar nosotros.” Hoy se reúne el concejo directivo para resolver si será paro con movilización, o solo una marcha, o distintas alternativa.

En la Casa Rosada, Cordero pidió paciencia

De esta forma, los gremialistas partían en varios autos hacia la casa Rosada, mientras los militantes sociales se amontonaban en la alcaidía para pedir la liberación de los detenidos.

La representación gremial quedó sorprendida por el tono dialoguista de los funcionarios. Desde un inicio aclararon que no propondrán ninguna reforma laboral que no haya sido consenduada con la CGT. Al igual que con ganancias. La afirmación calmó los ánimos de inmediato. Además de Guillermo Francos, llevaba la batuta Nicolás Posse, Jefe de Gabinete, junto al Secretarios de Trabajo Julio Cordero, quien pidió ‘paciencia’, está recién poniéndose al tanto de los acuerdos paritarios y tiene una demora en la homologación, con un estilo acorde a su apellido, sugirió que le den dos o tres meses para normalizar las relaciones.

Después de cuatro horas de negociaciones, Moyano y Acuña salen de la Rosada

De hecho, también Cordero fue el encargado de mantener una reunió posterior para decidir el futuro de los Camioneros. Hasta el momento, más allá de que hay varias paritarias en espera de ser homologadas (entre ellas la recién firmada por el gremio Aceitero), la única objeción fue contra el acuerdo firmado por Pablo Moyano y las Cámaras empresarias.

Distnaciándose de la actitud combativa de su hijo, Pablo Moyano, Hugo consideró sensato el pedido, volver a discutir los aumentos ante una nueva realidad de inflación a la baja.

Quedan resonando, claro, las denuncias de Senador Mayans que indican un fraude del gobierno en las cifras de inflación, ya que todos podemos notar en nuestros bolsillos la merma de los ingresos.

Por ahora, da la impresión de que la CGT aceptó tener un poco de ‘paciencia’ por dos o tres meses. ¿Qué será del paro anunciado?

(NDR: como siempre, toda esta información puede autodestruirse en 10′, el vértigo de la política argentina hace imposible panoramas más estables)

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Norberto Cafasso: “No podemos dejar a los niños y niñas a merced de estos patrones de estancia”

La Coordinadora por la Unidad Sindical Contra el Trabajo Infantil, de la que forman parte la CGT, la CTA-A y la CTA de los trabajadores realizó este martes una conferencia de prensa en repudio a las declaraciones de Alberto ‘Bertie’ Benegas Lynch, diputado nacional de La Libertad Avanza, quien en un reportaje radial dijo: “Yo no creo en la obligatoriedad de la educación. La libertad también es que si no querés mandar a tu hijo al colegio porque lo necesitas en el taller, puedas hacerlo”. Para profundizar sobre el tema, LCV entrevistó al coordinador del programa de Erradicación del Trabajo Infantil de la UOLRA. Norberto Cafasso, secretario gremial de la Unión de Obreros Ladrilleros de la República Argentina, comenzó junto con su Secretario General, Luis Cáceres, con la campaña nacional ‘Los únicos privilegiados son los niños’ para visibilizar el drama de los chicos trabajadores. Una bandera del Sindicato de Ladrilleros desde el año 2015. El juego como emancipación, los distintos tipos de trabajo infantil, desde la niña que debe lavar la ropa y ocuparse de sus hermanitos, hasta los chicos actores. La legislación; la vista gorda de los jueces; la necesidad de espacios de cuidado en la economía familiar, son algunos de los temas por los que transitamos en esta conversación.

Norberto Cafasso, sec. gremial de UOLRA a cargo del programa de Erradicación del Trabajo Infantil

LCV: ¿Cuál es tu opinión sobre las declaraciones del dip. Benegas Lynch?

—Benegas Lynch es un patrón de estancia, como bien lo denominó la CGT, que nos retrotrae muchos años, porque hay una legislación vigente que de acuerdo a la Ley 26390, prohíbe el trabajo infantil hasta los 16 años. Además, Argentina ha firmado dos convenios internacionales, el 136, que justamente fue reglamentado por esta ley 26390 con la Organización Internacional del Trabajo, que dice que la edad mínima de admisión al empleo es de los 16 años. Y para trabajos peligrosos, sean en lo rural, en las ladrilleras, en cualquier trabajo peligroso, los 18 años. O sea que el trabajo infantil está prohibido en la Argentina por ley y además está penado en el código penal: quien explotare a menores tiene de uno a cuatro años de prisión. Rara vez van en cana pero hemos hecho muchas denuncias de patrones inescrupulosos que explotan a menores. Además hay otra cosa fundamental, que es jugar, porque cuando vos trabajas, haces algo muy repetitivo, y bueno, vos fuiste niña, yo fui niño, yo lamentablemente empecé a trabajar a los 12 años, pero el juego emancipa las cosas de su sentido. Una vez lo estaba escuchando a Darío Sztajnszrajber y decía “mi hijo agarra una cuchara y de repente lo transforma en una espada, después la transforma en la guerra de las galaxias”. O sea, todo lo lúdico es fundamental para la construcción del psiquismo de las niñas, niños y adolescentes.

LCV: ¿Pueden existir situaciones sociales en las que un niño deba trabajar por necesidad? O pueda admitirse que estudie y trabaje?

—Existen sectores de la economía familiar, popular, en donde los hijos participan de la producción hogareña. Los padres no son responsables penalmente ni nada de eso. Nosotros no denunciamos a los padres. Una cosa es trabajadores, niñas y niños explotados por patrones, donde eso tienen que ir en cana. La justicia no los manda en cana, porque bueno, justifica de alguna manera la explotación. Pero muchas veces es al revés, se la agarran con los padres. Nosotros hacíamos un festival que se llamaba Cosquín Canta a los Niños. Una vez fui allí, con Peteco y todo un grupo, y un montón de gente decía “pero los padres están detrás de esos nenes que venden flores”. Nosotros no podemos culpabilizar a los padres por la pobreza, por la marginación social, o en este caso, como vos decís, por un oficio que se va transfiriendo culturalmente de generación en generación, como es también, ojo, el ladrillero. Lo que sí nosotros tenemos que decir ahí es que las niñas y niños no tienen que trabajar y buscarle alguna alternativa productiva, algún espacio de cuidados.

LCV: Cómo llevan adelante el tema entre los ladrilleros, un oficio de economía familiar?

-En el caso de las familias ladrilleras, que son familias que laburan, que no son empresas, ¿qué hicimos nosotros? Un espacio de cuidados. En el horario de apile de ladrillos, algo que suelen hacer niños y niñas porque es en el patio de su casa, van a un espacio de cuidados, donde tienen recreación, fútbol, apoyo infantil, bueno, todo tipo de actividades. Incluso, no muy lejos, estamos hablando acá en Cucuyú, San Andrés de Giles, hay un espacio de cuidado de 120 niñas y niños que nunca habían salido de San Andrés de Giles y conocieron el mar en Chapadmalal. Fueron dos años de vacaciones, 10 días en Chapadmalal, que lamentablemente Milei cerró ahora, y este año no pudieron ir, pero todas esas familias conocieron por primera vez el mar. Entonces cuando las niñas, los niños y los padres empiezan a tener derecho, ya no quieren que los pibes laburen, porque empiezan a mirar otra cosa.

LCV: Eso en cuanto a trabajo. Pero sí quiero hacer este paréntesis de lo que tiene que ver con esa cultura ancestral, o no tan ancestral, digo, esta cuestión de que algunos tuvimos abuelos tradicionales que nos enseñaron a tejer, a hacer alguna cosa que después se transformó en un oficio. Pero eso no es lucrar con el niño, sino incorporarlo a una dinámica de transmisión de cultura.

—Claro, de saberes. Mientras no sea algo que tengan que hacer todos los días 5 o 6 horas.

LCV: Entonces la definición de trabajo sería aquella acción repetitiva que cumple una parte del horario del pibe y que además toma la mayor parte del día productivo en desmedro de la parte de educación y de escuela.

—Claro, de la educación, la escuela y la recreación. Pero ojo que también hay otra definición de trabajo, que es el trabajo intensivo doméstico que se dio en la pandemia. Generalmente es femenino, que son nenas que están 8 horas lavando los platos, lavando la ropa y cuidando los hermanitos, eso es el trabajo. Eso se dio mucho en la pandemia, porque como en los lugares rurales se había abandonado la escuela, se producía eso. Y eso también nosotros lo definimos como trabajo infantil. Como también el trabajo artístico. El trabajo artístico está regulado, o sea, lamentablemente no se ha podido avanzar más pero es toda una lucha el tema de regular el trabajo artístico de los chicos que laburan de actores, porque es un laburo. Tienen que tener un permiso y tienen que ser supervisados y demás.

LCV: ¿Cuándo nace esta coordinación? ¿Esta coordinación es de la UOLRA o es una coordinación nacional que es transversal a otros gremios?

—Nosotros mañana tenemos una conferencia de prensa de lo que es la Cuceti, que tiene un nombre raro, pero mañana las tres centrales sindicales, CGT, CTA Autónoma y CTA de los trabajadores, hacemos una conferencia de prensa en la CGT a las 11 de la mañana. O sea que las tres centrales sindicales no tenemos diferencia en este tema.

LCV: ¿Y vos sos autoridad en la Cuceti?

—Sí, con Susana Santomingo, con la CGT. Pero esto nace en la UOLRA, cuando gana nuestro secretario general, Luis Cáceres, en el 2015. Entonces yo le digo a Luis, mirá, es impresionante la cantidad de trabajo infantil que hay acá. Me dice mirá, yo ya lo estoy pensando, estoy evaluando. Y él después nos convoca a una reunión de toda la comisión directiva y nos dice la erradicación de trabajo infantil va a ser una de las banderas fundamentales de la UOLRA. Así que vamos a pensar en una campaña nacional que se llame “Los únicos privilegiados son los niños’. Bueno, por esa famosa frase de Evita. A partir de ahí surge, porque nosotros en actividad hay bastante trabajo infantil, nuestra campaña nacional para visibilizar y erradicar el trabajo infantil. Y a partir de ahí, bueno, empezamos a trabajar con la CGT, empezamos a conocer, bueno, hay una compañera, Susana Santomingo, que es muy importante para nosotros, que es de CGT, que es la que nos enseñó un poco todo el camino, no solamente nacional sino internacional, participando en conferencias, la cuarta Conferencia Mundial contra el Trabajo Infantil que se hizo en la Argentina, la quinta se hizo con pandemia en Sudáfrica y se hizo virtual, no viajamos, pero si participamos de manera virtual. Así que la política de la UOLRA es esa, es la lucha contra el trabajo infantil, porque lo que hace es esto, dejar a las niñas y niños a merced de estos patrones de esta estancia que piensan que las familias no tienen que tener derecho.

LCV: Nos van arrinconando para sacarnos todos los derechos.

—Exactamente. Mucha gente desde su lugar de creer que va a mejorar todo, no entienden que están gobernando para la peor de la casta, que es la casta de los que más tienen, de los que se robaron el país, de la oligarquía financiera que nos quieren dejar sin derechos. Está claro que a los trabajadores nos quieren dejar sin derecho, sin organizaciones gremiales, sin derecho a huelga y sin educación.

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Agricultura Familiar: “Si se retira el Estado se profundizan el desarraigo y la pobreza rural y urbana”. Entrevista a la Ing. Ana Herrera

El 19 de marzo, el vocero presidencial anunció el cierre del Instituto Nacional de Agricultura Familiar Indígena y Campesina. La medida significaba el despido de 900 técnicos que asistían a unas 200.000 familias de agricultores, sector que abastece por excelencia el consumo interno. Por el momento, lo que hubo fue un decreto presidencial firmado el 3 de abril que intervino por 90 días el AFCI. Al mando del organismo pusieron a una abogada, Inés Liendo, nieta del ministro de Trabajo de Videla en 1976. Para conocer más sobre la situación, LCV dialogó con Ana Herrera, ingeniera agrónoma, con 27 años de antigüedad en el Instituto que se ocupa de la asistencia a la pequeña producción agropecuaria en la provincia de Salta en donde los profesionales están ocupando sus lugares trabajo. No fueron formalmente despedidos pero no cobraron sus sueldos y están fuera del sistema de información del Estado, GDE.

Ingeniera Agrónoma Ana Herrera

LCV: ¿Vos fuiste despedida, Ana?

—Estamos en un estado de incertidumbre porque si bien el vocero presidencial anunció el cierre formal, eso lo hizo el 19 de marzo, nosotros no hicimos abandono de nuestros lugares de trabajo; y a partir de del día 28, creo que fue el jueves santo, bueno, desde ese día no podemos acceder al sistema GDE, que es la gestión documental electrónica, ni a nuestros medios institucionales. Al día de hoy no hemos cobrado nuestros sueldos, que normalmente nosotros lo cobramos el primer día hábil de cada mes, todavía no se nos pagó el mes de marzo.

LCV: ¿Les permiten la entrada?

—Lo que pasa es que como estamos ubicados en las Provincias del Interior, no tenemos un sistema, o sea, tenemos entendido que algunos compañeros que están en la ciudad de Buenos Aires no pueden ingresar, pero nosotros, donde llevamos adelante nuestra nuestras actividades, no tenemos restringido la entrada. De hecho, estamos ocupando nuestros lugares de trabajo.

LCV: Me gustaría que me contaras en qué parte del interior de Salta vos desarrollabas la tarea y además, concretamente en qué se traducía para el ciudadano el servicio público de la AFCI.

—Yo formo parte del equipo técnico de Zona Sur. Trabajamos justamente en la zona sur de la provincia de Salta, en tres departamentos: Departamento Rosario de la Frontera, Departamento Metán y Departamento Anta. Somos un equipo, o sea, el conjunto de trabajadores tenemos distintas profesiones, la mayoría somos profesionales de las ciencias agropecuarias, o sea, ingenieros agrónomos, veterinarios, pero también tenemos compañeros de las ciencias sociales. El abordaje que siempre se hizo es un abordaje integral, digamos, de la problemática de la pequeña producción, abordando todo lo que son los aspectos técnicos de la producción agropecuaria. O sea, es un sector que dentro del universo de la producción agropecuaria es el sector más vulnerable, que tiene mayores limitantes en cuanto a superficie de tierra, infraestructura productiva, por ende, asistencia técnica, que es la que nosotros brindamos. O sea, nuestro aporte desde la política pública consistía en el acceso a financiamiento, ya sea crédito o subsidios, la asistencia técnica concreta, capacitación y es un acompañamiento constante en los territorios.

LCV: Acompañamiento en el territorio ¿a quienes? ¿A los pobladores de esos sitios que vos nombraste?

—Claro, es a los pequeños productores. O sea, lo que se conoce en la Argentina es un sector productivo que más o menos ronda las 150000 familias en todo el país. En el caso de las provincias del NOA es el sector productivo más importante. O sea, por ejemplo, acá en Salta más o menos más del 75% de las explotaciones agropecuarias pertenecen a este sector y provincias como Jujuy casi es el 90%. O sea, estamos pensando de todas las explotaciones agropecuarias, la mayoría pertenecen a este sector de la pequeña producción, que justamente es una producción diversificada. Es un sector que está relacionado a la producción de alimentos, o sea, los alimentos que consumimos los argentinos normalmente provienen de este sector, o sea, todas las frutas, las cenizas, la verdura, las carnes, diversos, o sea, por ejemplo, la producción de cerdo, las economías regionales acá en el caso de Salta, que se yo, la producción de pimiento para pimentón, poroto, payar, las papas andinas, todo eso está en manos del sector de la agricultura familiar, campesina, indígena.

LCV: ¿Cuál es la situación laboral de las poblaciones a las que ustedes asisten? ¿Son pymes, trabajan en cooperativa, son emprendimientos familiares? ¿Qué tipo de organización tienen?

—Digamos que la producción es netamente familiar, justamente se llama agricultura familiar por eso, la familia es la que gestiona su emprendimiento productivo. Tengamos en cuenta que también son productores ancestrales, o sea de toda la vida son productores y que también debido a la intervención nuestra desde hace tantos años siempre se ha fortalecido el trabajo asociativo, o sea no se da una asistencia técnica individual a las familias sino a grupos u organizaciones. En todo ese transcurso de tiempo se han conformado asociaciones, hay grupos de hecho que no están formalizados, hay cooperativas. A su vez los objetivos de estas personalidades jurídicas son sectoriales, productivos, de lucha por la tierra, o sea se persiguen distintos objetivos, pero siempre digamos se fortaleció la organización de las familias productoras.

LCV: La desaparición de la asistencia y de la organización que tiene la AFCI, cómo se va a traducir en estas poblaciones y cuál es el desmedro, cuál es el impacto que va a tener en todo este trabajo.

—Justamente son miles de familias productoras que se quedan sin el apoyo del Estado. Es un sector productivo que requiere de un Estado presente, porque como te comentaba, también tienen limitantes desde el punto de vista, o sea, tienen una tenencia precaria de la tierra, escaso acceso a la infraestructura productiva, al agua. Nosotros trabajamos justamente brindando todas esas posibilidades, el acceso al agua de riego, al agua de bebida, a mejorar la infraestructura, a acceder a maquinarias, a instalar y fortalecer los circuitos comerciales de cercanía. O sea, no solamente apoyar la parte productiva, sino también el valor agregado, la comercialización, sobre todo el trabajo de la cadena productiva. Entonces, al retirarse el Estado, son familias que quedan en un estado de vulnerabilidad, no solamente para su vida, sino también de alguna manera se pone en riesgo la oferta alimentaria y la soberanía alimentaria de toda la población.

LCV: Además se me ocurre que también debe haber ahí una cuña importante en el tema de la comercialización posterior que han desprotegido también.

—Exactamente, porque justamente nosotros fortalecíamos, como te decía, estos canales cortos de comercialización, la realización de ferias locales, son conocidas todas las redes, las ferias francas que se llevan adelante en las provincias del NEA, sobre todo en Misiones, Corrientes, Chaco, que son ferias que se instalan semanalmente y abastecen cada uno de los municipios de alimentos frescos a precios accesibles, y eso está protagonizado por este tipo de productores. También es un sector que hace ocupación efectiva de los territorios. O sea, estamos pensando que son familias que llevan adelante su vida y su producción en el campo, en el interior profundo, y que si no están dadas las condiciones de producción en el lugar, son desgraciadamente las migraciones que se dan a las ciudades de todo el interior y a su vez también a la Ciudad de Buenos Aires. Cuando estamos hablando de que se retire Estado, estamos hablando de este desarraigo rural y la profundización de la pobreza rural y también de la pobreza urbana.

LCV: Es absolutamente retroceso sin pausa esto que está pasando.

—Tal cual, porque también, si se quiere, nuestro trabajo tiene que ver con con procesos de formación, con educación, con respetar esos saberes ancestrales, donde justamente se trata de facilitar y de mejorar las condiciones de producción en el territorio, cosa de que justamente esa familia tenga la posibilidad de que sus hijos puedan estudiar, porque también es un sector que expulsa la mano de obra al no tener las condiciones productivas en su lugar. Entonces muchas veces esas familias a su vez tienen que vender su mano de obra como peones golondrinas, porque no alcanzan los ingresos y en esas migraciones también tienen que migrar esos niños que pierden por ahí la posibilidad de poder estudiar en su lugar. Así que es toda una cadena, cuando desaparece el Estado, se multiplican estas vulnerabilidades que ya existen, se agravan muchísimo. Y yo creo que por ahí no se toma dimensión de que cuando se cae un derecho es como que se desmorona otro tanto.

LCV: ¿Qué impacto produjo en el ánimo de la gente desde el momento en que les dijeron que no iban a contar más con ustedes, con esa ayuda?

—Uno ha generado en todo este tiempo vínculos que van más allá de lo laboral, que es gente con la que uno viene trabajando hace un montón de años y hay un cariño y una pena, o sea, por ahí se apenan más por nosotros que por ellos mismos. Entonces es eso, es recibir ese mensajito que viene de lejos “doña Anita, ¿qué va a pasar?” y así con cada uno de nosotros. Se ha recibido a su vez apoyos específicos como comunicados de organizaciones de todo el país, de todo el interior, que nos han llegado los comunicados expresando no solamente lo que implica la ausencia del Estado, sino solidarizándose con nuestra situación. Al menos eso también es de alguna manera contestar a lo que se dijo sobre que de los argentinos no sabían lo que era la agricultura familiar. Espero que hayan llegado todos estos comunicados, no solamente del ámbito productivo, sino del ámbito académico, institucional, o sea, todos los organismos de ciencia y técnica, las universidades, consejos profesionales de extensión rural, o sea, todo lo que tiene que ver con el ámbito rural se ha expresado, se ha pronunciado.

LCV: Decime algo que quieras comunicar antes de terminar la nota.

—Simplemente agradecer la oportunidad del espacio, de dar a conocer nuestro trabajo que no comenzó ahora. Es mentira que no somos trabajadores, la mayoría tenemos más de 20 años de antigüedad y somos trabajadores comprometidos con un sector productivo que se dedica a la producción de alimentos y a la ocupación efectiva de los territorio, haciendo cada día la soberanía alimentaria. LA soberanía no es solo el territorio sino también lo que comemos, y algo tan básico que es el derecho a la alimentación tiene muchísimo que ver en este momento. Lo que comemos tiene que ver con nuestra salud física y con lo que somos, y con cómo se cuida la tierra en un contexto de cambio climático. Nosotros tenemos los elementos para hacer frente a esos cambios tan drástico porque producimos diversidad, producimos desde un saber ancestral, por eso ahí está la oportunidad de tener asegurada nuestra alimentación. Somos miles de trabajadores que cada uno desde su lugar está asegurando un derecho, por ahí estamos acostumbrados a que así sucede y no nos damos cuenta y se festeja, eso es muy doloroso, se festeja que miles de familias pierdan su fuente laboral y con ellos los derechos que todos gozamos cada día.

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