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La Columna Vertebral

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El inglés de la valijita, por Oscar Taffetani

Había un Palermo de casas con zaguán y conventillos de inmigrantes, un Palermo de calles empedradas y cuchilleros a los que Carriego vio y Borges cantó. Pero el Palermo en donde decidió instalarse William Morris era más bravo aún. Lo llamaban «Tierra del Fuego». Decían que allí se terminaba todo.

Aún podía verse, en Tierra del Fuego, el palacio de Juan Manuel de Rosas, reciclado como cuartel en ausencia de su dueño. El resto eran caballerizas, obradores y galpones ferroviarios, unas pocas casas de ladrillo y algunos ranchos asomando a las calles de tierra.

Hacia el oeste, los bajos del arroyo Maldonado. Hacia el norte, los bajos del río de la Plata. En el centro, un bosque ya sin jardineros ni paisajistas, en pleno retorno a la vida salvaje. Y por ahí, viviendo en los pajonales, descalzos y andrajosos, cientos de niños sin madre, sin padre ni escuela, cimarrones a pesar de ellos, rebuscándoselas como boyeros de campo -en el mejor de los casos- y como rateros casi siempre, en los bordes de la ciudad.

El inglés había abierto la escuela con lo indispensable: bancos, mesas, pizarrón, tizas, libros… pero nadie se acercaba. Agregó entonces una olla, tazones, platos, algunas camas… los comensales y huéspedes no llegaban. Luego de esperar unos días, despertó al casero y le dijo: «-Acompáñeme, vamos al bosque a cazar candidatos».

Y allá estaban los candidatos, espiando detrás de las matas, con piedras y terrones en sus manos, acostumbrados a bajar faroles y a correr gringos y galeritas a cascotazos. Pero el inglés no les tuvo miedo. Se les acercó, habló con ellos, los invitó a comer en su casa.

El primer candidato, con la cara sucia, moqueando, lo siguió vacilante. Detrás de él, sin perder la distancia, fueron los otros. En la escuela del inglés, luego de pasar por el agua y el jabón y estrenando los primeros zapatos de su vida, 17 niños se sentaron a la mesa. Durante el almuerzo, tímidamente, llegó a la puerta el candidato dieciocho. Inaugurando una tradición solidaria, todos se corrieron para hacerle lugar.

Los pocos que se sentaron a comer con William Morris aquel mediodía de otoño de 1898 fueron 200 al año siguiente y mil al llegar el fin de siglo. La escuela no sólo les enseñaba a leer y escribir; también a sonarse la nariz, a lavarse la cara y a saludar por las mañanas.

La receta para el milagro no tenía misterio, y el inglés se la explicó al presidente Julio Argentino Roca el día que pudo entrevistarlo: «-¿Con qué hombres realiza usted su obra», le preguntó el general. «-Con los que encuentro», le respondió Morris.

DEL TAMESIS AL RIACHUELO

Entre los esperanzados colonos que en 1871 llegaron a Sapucay, pueblito selvático próximo a Asunción del Paraguay, se contaba un inglés de Soham (Cambridge), delgado y melancólico, un hombre que había perdido hacía poco a su esposa y que con austeridad criaba cuatro hijos.

De hachas siseando en el monte y ovejas pastando en las abras fueron entonces los primeros recuerdos sudamericanos de William Case Morris, pelirrojo de siete años que asistió desde muy temprano a la abnegada lucha por la supervivencia de su padre y su familia emigrante.

Siete años después -con bíblica exactitud- el grupo decidió abandonar el Paraguay y viajar Paraná abajo, hacia la promisoria llanura santafesina. Tras pasar un tiempo en Rosario, que hervía de inmigrantes y colonos, Morris y sus hijos alquilaron una chacra en Rodeo del Medio. Entre ovejas y gallinas, abriendo surcos y llevando el agua a los plantíos, pasaron los siguientes años de Will. Por las noches -recordaría más adelante- un pasaje del Antiguo Testamento leído por su padre o algún viejo himno entonado por su hermana y acompañado con un solitario violín, eran el único preludio al sueño.

Cuando William decidió dejar la chacra y bajar por el río hasta la boca del Riachuelo, ya tenía veintidós años y la firme vocación de vivir en la ciudad, en ese sitio donde la colmena humana destila lo mejor y lo peor. Obviamente, al joven Morris le interesaba lo peor, el lado oscuro de la gran urbes, los niños arrojados por millares a la mendicidad y la delincuencia. Esos eran sus candidatos.

Instalado en la Boca, fue pintor de brocha gorda y más tarde empleado de comercio. Visitando bibliotecas obreras y adquiriendo ediciones baratas terminó de aprender el idioma español. En la calle, las ferias y los cafés, tuvo oportunidad de aprender también el dialecto de las orillas, ése que hablaban los obreros de las curtiembres, los lavaderos de lana y los frigoríficos, el mismo que farfullaban vagos y malentretenidos, habitués de las páginas policiales.

La primer aula fue una simple sala a la calle, alquilada con sus ahorros.y equipada gracias a un préstamo de sus compañeros de trabajo. Bancos de cocina, una mesa de pino, pizarrón, tizas y mapamundi, lo estrictamente necesario. Luego, debió salir a buscar candidatos por el barrio de la Boca, chicos y muchachos que quisieran aprender a leer y escribir. Se acercaron algunos pero -como le pasaría siempre, a lo largo de su vida- los que llegaban tenían más necesidad de un plato de sopa o un tazón de leche que del abecedario.

William C. Morris

Buscando apoyo para la escuelita, Morris se acercó a empresas y familias británicas radicadas en la Argentina. Una tarde, mientras asistía al servicio en un templo metodista, se enamoró perdidamente de una voz que cantaba tras el armonio. La dueña de la voz se llamaba Cecilia O Higgins y pronto (con la rapidez y decisión que acostumbraba el joven docente) fue la prometida, la esposa y la compañera capaz de seguirlo en su cruzada.

Cecilia era huérfana de madre, lo mismo que él. Su padre había sido un coronel del ejército de Su Majestad destinado a la India, a quien había visto pocas veces en su vida. Aquel matrimonio, celebrado en 1890, fue el casual (o causal) encuentro de dos orfandades, movidas por una sola vocación: salvar a los niños abandonados.

Con la ayuda de la Iglesia Metodista, que años más tarde lo nombraría Ministro, pronto quedó conformada la Boca Mission Hall Fund and Schools, institución que administraba un asilo para marineros (procurando alejarlos del alcohol y la violencia), un comedor popular y varias aulas de primeras letras.

Pero Morris soñaba más alto. Un día, juntó las dieciocho libras que hacían falta para pagarse un boleto de ida a Gran Bretaña y allá partió, con su valijita. Quería entrevistar a los directores de las compañía inglesas con filiales en la Argentina y conseguir una opinión favorable (con la consecuente ayuda económica) para su obra.

LA PROMESA A MAMÁ

Un antiguo proverbio sajón que Morris gustaba repetir en sus conferencias dice que la mano que mece la cuna gobierna el mundo. Tanto era así para el inglés de la valijita, que no abandonó el suelo inglés sin visitar antes el cemenrterio de Soham, donde descansaba su madre, para reafirmar una vieja promesa. El niño, ya hecho hombre, se comprometía ante la memoria de su madre, cuya figura borrosamente recordaba, en empeñar su vida entera para ayudar y dirigir a los niños huérfanos o que carecieran «del refugio y la inspiración que da un buen hogar».

Aquella promesa hecha ante una lápida de Soham fue más importante para Morris que cualquier culto político o religioso constituído. Por eso, llegado el momento, no vaciló en dejar a los metodistas, cediéndoles las instalaciones levantadas con esfuerzo en la Boca, y en acercarse a los anglicanos, buscando una estructura material y política que le permitiera colonizar la «Tierra del Fuego» . La simple lectura de los libros contables de las Escuelas Evangélicas (como se las llamó inicialmente), deja ver quiénes eran los donantes que con su pequeño aporte las sostenían: Moore, Walker, Junor, Richards, Bayley, Brown, Edgecumb, Turner, Tay, Martindale, Nicholson, Leech, Craig, Bennet, Barreneye…

Hacia fin de siglo, tras años de antesalas y amansadoras, Morris consiguió también el importante apoyo económico y político de don Ernesto Tornquist, banquero, industrial y dirigente conservador que le facilitó la llegada al presidente Roca y al establishment porteño del Centenario.

Todo quedó prolijamente anotado, con la letra de Míster Morris o de Cecilia. Si una imaginaria DGI de la moral y la honradez quisiera examinar hoy esos libros que conservan los exalumnos del inglés, descubriría la modestia y la sencillez ejemplar con que vivía el mayor protagonista de aquella cruzada, quien nunca tomó para sí un peso ni una libra de las donaciones que recibía y quien, por el contrario, dedicó siempre una parte de su modesta asignación como Pastor anglicano a la compra de útiles o al socorro de algún desesperado.

ADIÓS A LA “TIERRA DEL FUEGO”

La rápida expansión y diversificación de las escuelas evangélicas habla de la impecable administración de fondos que hacían los Morris, pero también de un importante déficit social y educativo que arrastraba la Buenos Aires de principios de siglo. Por eso, la crisis del 30, que combinó una terrible iliquidez empresaria con la mora en los subsidios acordados por la Municipalidad y por la Nación, asestó un duro golpe a la obra del inglés de la valijita. ¿Cómo seguir alimentando a los más de siete mil niños inscriptos? ¿Cómo pagar a los doscientos treinta docentes, al personal de limpieza y administración?

Como en los viejos tiempos, el inglés decidió viajar a su madre patria y solicitar auxilio a las empresas británicas con filiales en la Argentina. Una conmovedora multitud de niños rescatados de la calle por el Hogar El Alba o por las veintidós escuelas creadas, llegó hasta Plaza Constitución para despedir el tren a La Plata, puerto donde el matrimonio Morris abordaría un paquebote hacia Inglaterra.

Esos que miraban a la pareja desde el andén, con sus caras limpias y sus uniformes recién planchados, no eran los hijos que les había regalado mamá Naturaleza. Eran los hijos que ellos habían decidido tener. Pero la salud del maestro estaba quebrantada y en esos años apenas pudo moverse de la casa de Soham y escribir cartas a algunos amigos. Una de las misivas la recibió el Dr. Sagarna, ministro de la Suprema Corte de Justicia argentina y amigo del presidente Agustín P. Justo. El viejo Morris le recordaba al supremo que los subsidios llegaban con varios meses de atraso y que las escuelas sobrevivían gracias a la buena voluntad de sus docentes y personal (a quien se llegó a deber once meses de sueldo).

Los subsidios se pagaron, finalmente. Y también las deudas. Pero Morris no vivió para verlo. Su corazón dejó de latir el 15 de septiembre de 1932, hace exactamente setenta años.

Tal como estaba previsto desde su misma fundación, las Escuelas e Institutos Filantrópicos Argentinos, incluyendo edificios y planteles, pasaron al Consejo Nacional de Educación. Se incorporaron al sistema público, con el que nunca habían tenido diferencias ni de programas ni de contenidos (aunque sí en la formación de hábitos y en la actitud ante la vida). William Morris no fue más que otros heroicos educadores y misioneros que hubo en la historia -Don Bosco, Albert Schweitzer, Teresa de Calcuta, entre muchos-. Tampoco fue menos.

La metáfora del haber, tan cara a su meticuloso espíritu de administrador, le sirvió en una conferencia para expresar un sentimiento profundo, gestado en su propia infancia: «Con toda seguridad, los hombres y las mujeres que en todas partes del mundo se ocupan en cuidar y mejorar la vida de la niñez están haciendo la mayor y la más valiosa contribución al bienestar humano y al verdadero progreso de los pueblos. El haber de un pueblo, que puede ser aumentado infinitamente; el haber de una nación, cuyo valor puede progresar hasta lo indecible, es su niñez.»

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Daniel Filmus: «En tres años cayó a la mitad la matrícula de los institutos de formación profesional»

Daniel Filmus analizó en La Columna Vertebral el proyecto educativo del Gobierno nacional, el rol del Estado en la educación, la propuesta de educación virtual y el sistema de vouchers. También cuestionó el impacto del ajuste sobre la educación técnica y explicó la relación entre formación profesional, industria y trabajo.

LCV: ¿Qué nos está pasando en Argentina y en América Latina con el tema educación?

Daniel Filmus: «Cada país tiene sus particularidades. Está claro que en la Argentina tenemos un gobierno que se denomina anarcocapitalista, o una conjunción trágica del anarcocapitalismo con el neoliberalismo y un oscurantismo en lo que respecta a la ciencia y el conocimiento, que proclama y milita la idea de que el Estado no tiene que hacerse responsable de la educación; que la educación, como plantea el proyecto de ley que ellos han presentado, que tiene como nombre ‘Educar para la libertad’, es una responsabilidad de la familia; que el Estado solo tiene que intervenir en aquellas condiciones en que la familia no está en posibilidades de hacerlo. El caso máximo lo planteó Benegas Lynch cuando en la Cámara y en varios reportajes dijo que si un padre necesita que el chico trabaje, ¿para qué va a ir a la escuela? Es interesante que en ese proyecto, si bien la educación aparece como obligatoria, no aparece como obligatoria la escolaridad. Es decir, que vos podrías tener educación en tu casa, educación virtual o una educación en una escuela de cualquier lugar del mundo en forma virtual.»

LCV: Por lo menos incorporaban la virtualidad.

Daniel Filmus: «Lo de la virtualidad, como lo plantean ellos, también es ultramontano y del medioevo traído para la actualidad, porque, como todos sabemos, mientras que la escuela trabaja con el conocimiento, con el saber y con la verdad, las redes y los algoritmos trabajan con una verdad parcial o con fake news. Entonces, justamente, es todo lo contrario. Si vos dejás la educación en manos de las redes, de los algoritmos y simplemente de la virtualidad, podés tener un aprendizaje muy sesgado y ese sesgo va también en dirección a la individualidad. Si vos tenés una educación en tu casa sin relación con otros, imaginate cuando salgas de tu casa: ¿cómo vas a hacer para sostener la convivencia social propia de las democracias?»

LCV: En algún momento de la campaña recuerdo que me escandalicé mucho. No me acuerdo el nombre del pedagogo chileno que había tratado de inocular acá, en las filas libertarias, la idea de esas escuelas voucher que intentaron hacer en el modelo chileno de la dictadura. ¿Te acordás? Era una cosa muy extraña, que también tenía que ver con esto: que estudiara el que pudiera y que el resto quedara fuera.

Daniel Filmus: «No, no, no. Ilusión absoluta, honorable. Desgraciadamente, está textualmente, así como lo planteás vos, en el proyecto de ley que ellos presentaron al Comité de Mayo, ese comité que se formó a fines del año pasado. Ellos hicieron un proyecto que ahora mejoraron. Todavía no está presentado en el Congreso como tal, pero uno de los temas justamente es cambiar el sistema de financiamiento. La responsabilidad no es del Estado, sino de la familia. Las familias debieran pagar los estudios y el Estado solamente intervenir en aquellos casos en que la familia no tenga recursos, como con lo que decías vos recién, con un voucher. Te dan un cheque educativo que vos lo podés aplicar a una escuela pública, una escuela privada, donde vos quieras, siempre financiando la demanda y no la oferta. Con lo cual, de hecho, algo que es un derecho por la Constitución Argentina para todos los chicos y todos los jóvenes va a pasar a ser, en ese caso, no un derecho, sino una mercancía que debe ser comprada, sea con recursos públicos, aquel que no tenga en su familia recursos suficientes, o con recursos propios de la familia. Lo que tenés que tener en cuenta es que la desigualdad de las capacidades adquisitivas de las familias es de tal envergadura que esa desigualdad, como es el caso chileno, se va a experimentar después también en el nivel educativo que cada escuela tenga. Así que la gravedad es inusitada.»

LCV: Esperemos que ese proyecto nunca se llegue a presentar y que, si se presenta, haya un debate que permita rechazarlo. Porque claramente, cuando vos analizás y leés a los clásicos del anarcocapitalismo, plantean que el Estado no tiene que hacerse cargo de la educación, de la cultura ni de la ciencia.

Daniel Filmus: «En el caso de la educación, de la ciencia y de la cultura, lo que plantean es que prácticamente la filantropía es la que se tiene que dedicar a invertir en eso, porque el Estado está para otras cosas tan importantes como la seguridad o la defensa.»

LCV: Hace muy poco participaste de un ciclo sobre educación, trabajo y producción hacia un modelo de desarrollo soberano, que era obviamente un lugar de análisis entre los distintos sectores de lo que yo, como peronista, llamo la comunidad organizada, o sea, todos los sectores que intervienen en el desarrollo productivo de un país. En este marco, vos hablás de que una de las víctimas de este modelo, y no solamente de Milei, es la educación técnica. Vos y yo hemos estudiado los modelos educativos de la dictadura, donde sabemos que el retroceso en la escuela de educación técnica arranca en ese momento.

Daniel Filmus: «Sí, tal cual. El caso extremo fue el gobierno de Menem. En el proceso de desindustrialización votó una ley que se llama Ley Federal de Educación, que duró hasta que nosotros la reemplazamos con la Ley de Educación Nacional. Es decir, que tuvo una duración de prácticamente una década, en donde esa ley prohibía las escuelas técnicas. Algo ridículo que en ningún lugar del mundo ocurre: directamente definía que la educación secundaria no debía tener una orientación técnica. Tenía lo que se llamó en aquel momento Trayectos Técnicos Profesionales, TTP, que eran a contraturno, solamente de tres años, y desnaturalizaba totalmente lo que era la formación de los trabajadores técnicos que Argentina estaba orgullosa porque justamente a partir del peronismo había comenzado. Realmente, esa mirada de desvalorización de la escuela técnica nosotros la revertimos con la Ley de Educación Técnica. Es una ley del 2005, justamente una ley que no solo prevé el retorno de la educación técnica, sino que también prevé que el 0,2% del presupuesto nacional esté dedicado a este tipo de educación. Había antes un impuesto que sacó Martínez cuando universalizó el IVA, que era el impuesto al CONET, que en aquel momento era el Consejo Nacional de Educación Técnica. Milei ha vuelto a hacer lo mismo. En el presupuesto 2026 directamente eliminó de la Ley de Educación Técnica el artículo que hablaba del 0,2% de inversión en ese tipo de educación. Con lo cual, si vos no reequipás las escuelas técnicas y no tenés insumos nuevos ni maquinarias nuevas, lo que vas estudiando es la historia de la tecnología, porque hoy en día avanza tan rápido la técnica que, si no tienen recursos las escuelas para actualizarse, realmente no tienen ninguna posibilidad de tener inserción ocupacional los que se reciban.»

LCV: Daniel, ¿esto es en todo el territorio o estamos hablando de algo que está sucediendo acá con escuelas como el Otto Krause y demás? ¿Esto es en todo el territorio? ¿Los gobernadores, las gobernaciones, qué mirada tienen sobre la educación técnica?

Daniel Filmus: «No, en este caso la educación técnica sigue existiendo. No es como la Ley Federal de Educación. Todavía no se derogó la Ley de Educación Técnica, se derogó solamente el artículo por el cual se establecía la financiación. Entonces, lo que tenés vos es que, al bajar Milei el presupuesto educativo nacional en la educación básica, el 80%, nunca ocurrió en la historia argentina un corte tan abrupto. Bajó el 80%. Vos tenés que tener en cuenta que las provincias solo pueden pagar salarios porque también el gobierno nacional salió de lo que era el FONID, el Fondo Nacional de Incentivo Docente, que permitía a las provincias con eso pagar el 10 o 15% del salario docente. Al cortar el FONID del gobierno nacional, prácticamente todo el presupuesto provincial, en el caso menor, será el 90%, está dedicado a salarios. Entonces, no hay recursos para equipamiento de las escuelas, no hay recursos para edificar nuevas escuelas, no hay recursos para actualizar la tecnología que utilizan las escuelas técnicas. Entonces, realmente estamos en un problema serio. Subsisten las escuelas medias técnicas por ahora, pero de ninguna manera avanzan en cuanto a la mejora.»

LCV: Los datos oficiales ya indican que después de haber crecido la escuela técnica durante nuestro período, mucho más que la escuela media común, hoy en día cayó en los últimos tres años y cayó a la mitad la formación profesional.

Daniel Filmus: «Las escuelas técnicas tienen, fuera del horario de escolarización, formación profesional con el mismo equipamiento. Como no hay demanda profesional para trabajadores técnicos, cayó a la mitad. Es una cosa increíble que en tres años haya caído tanto el financiamiento y haya caído tanto la matrícula de los institutos de formación profesional.»

LCV: Tenemos un aliado estratégico en esto del trabajo y las herramientas para el trabajo. Estoy hablando de Mario Pergolini, que reivindica su condición de técnico y la necesidad de que esto esté vinculado a la industria argentina.

Daniel Filmus: «Mario Pergolini, por lo menos de lunes a viernes, tiene su programa y al menos en tres programas por semana reivindica su condición de técnico, de recibido en una escuela técnica, y le pregunta a todo el mundo: ‘¿Vos sabés de motores? ¿Vos sabés de esto? ¿Vos no entendés nada de producción?’. Hace todo el tiempo la reivindicación de las escuelas técnicas, la necesidad de las escuelas técnicas y la necesidad de que esto esté vinculado a la industria argentina, que también está en debacle. Inesperadamente, la primera vez que lo escuché pensé que era un chiste, me fijé y efectivamente es técnico. Su título secundario es de técnico en una escuela técnica.»

LCV: Al mismo tiempo, hay otro proceso interesante: las grandes empresas tienen sus propias escuelas de capacitación y forman a sus trabajadores, muchos de los cuales salen de escuelas técnicas, pero la escuela técnica mira mucho más a la pyme, que quizás no tiene ninguna posibilidad de formar por sí misma a sus trabajadores.

Daniel Filmus: «Las necesitan con una sólida formación del Estado. Las escuelas técnicas están muy vinculadas a las pymes. Las grandes empresas tienen sus propias escuelas de capacitación, trabajan y forman a sus propios trabajadores, muchos de los cuales salen de escuelas técnicas, pero la escuela técnica mira mucho más a la pyme, que es la que quizás no tiene ninguna posibilidad de formar por sí misma a sus trabajadores.»

LCV: Yo me fijaba que hemos sacado mucho acá durante mucho tiempo a la gente del mundo textil, a la gente de la Fundación ProTejer y demás, que tenían una escuela técnica que se proveía de técnicos y además se preocupaban de que cada vez que compraban una máquina nueva hubiera una capacitación. Cuando yo hablaba con el presidente sobre la pérdida de ese tipo de preparación en el marco de las quiebras de las empresas textiles y las pymes, ¿qué pasó?

Daniel Filmus: «Sí, mirá, te cuento una. El primero preocupado por la falta de técnicos es Pablo Roca. El segundo es el presidente de la Fundación ProTejer, que en ese momento era Caragoseam. Me vino a plantear que en Argentina egresaban, para que tengas una idea, tres ingenieros textiles por año, tres de la UTN, que era la única carrera que había. Entonces, ¿cómo hacemos? La primera reacción del sector que reaccionó ante la sustitución de importaciones que permitió Néstor Kirchner fueron los sindicatos en la formación de trabajadores en Argentina, porque yo era director de una escuela sindical, de la Escuela Sindical del Seguro, durante la época de la dictadura, lo que eran los centros educativos de nivel secundario y después los centros educativos de nivel terciario de DINEA. Fui rector de un centro educativo de nivel terciario sindical, el del Sindicato del Seguro. Y es importante porque, si no hubiera sido por los sindicatos, la dictadura cerraba todos. La dictadura cerró todas las escuelas primarias de adultos de todo el país. Sin embargo, las secundarias, aquellas que dependían de los sindicatos, fueron protegidas por los sindicatos y pudieron sobrevivir.»

LCV: Diferencia entre inclusión e igualdad.

Daniel Filmus: «Yo creo que es una enorme falla. Ahí hay muchos temas para tratar, pero en un minuto solamente decir que bienvenido Milei a la cuestión Malvinas.»

LCV: La soberanía es algo integral y es muy difícil que quien vende la soberanía, como quiere vender las tierras, después defienda las Malvinas.

Daniel Filmus: «Las Malvinas son argentinas, la Argentina también. En la cuestión de que la soberanía es algo integral, es muy difícil que quien vende la soberanía, como quiere vender las tierras, después defienda las Malvinas. Pero bienvenido porque realmente es una causa nacional y lo que no tiene que pasarnos es este caballo de Troya que nos acaban de mandar, donde una parte del proyecto de ley es buena, hay que mejorarla, pero es bueno que aumente las penas a aquellos que quieren explorar o explotar hidrocarburos en la plataforma continental argentina. Pero otra parte de la ley es de seguridad interior y tiene como objetivo incluirnos dentro del Escudo de las Américas que está proponiendo Trump y no tiene nada que ver con Malvinas.»

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Marcelo Cantelmi: “El voto de castigo al sistema también explica lo que pasó en Brasil”

El periodista y analista internacional Marcelo Cantelmi analizó desde Brasilia el resultado electoral que dejó a la derecha de Jair Bolsonaro fortalecida y a Lula da Silva frente a un escenario de creciente dificultad política. Advirtió sobre el impacto del desgaste económico, la elevada abstención y el desencanto de sectores populares que no perciben en sus bolsillos los indicadores positivos de la economía brasileña. También alertó sobre las consecuencias que un eventual avance del bolsonarismo podría tener para Brasil y para toda la región.

LCV: ¿Te sorprendieron los resultados de Bolsonaro-Lula?

Marcelo Cantelmi: «Sí, la elección sorprendió porque acá todas las encuestas tiraban que Lula iba a repetir un poco, ganar en la primera y después ver la segunda. Estábamos todos atentos a ver por cuánto se iba a producir esa victoria de Lula para medir el balotaje del 25, pero se invirtió. El mismo Lula reconoció que era inesperado lo que sucedió con la victoria del hijo mayor de Jair Bolsonaro, que ganó por cerca de dos puntos, casi dos puntos concretamente, y que tiene oportunidad de ganar en el balotaje. Para Bolsonaro necesitan en realidad cinco puntos, según dicen acá los especialistas, para tener un salto seguro y no tener que esperar, pero ciertamente está mejor que Lula. Lula, cuando le gana a Jair Bolsonaro en el 22, tenía cinco puntos y pico y, sin embargo, le ganó por 1,8%, le costó.»

LCV: ¿Qué significa este resultado para Lula y para el futuro político de Brasil?

Marcelo Cantelmi: «Aun si pasara el milagro, muy difícil, de que el presidente Lula da Silva logre reelegirse, se va a encontrar con una pared. Realmente lo que pasó el domingo es un cambio radical en el país que excede a la cuestión de quién gobierna, porque toda esta estructura más de derecha ha ganado mucho espacio, sobre todo en el Congreso. El Poder Judicial está bastante incendiado. Se habla ya abiertamente de que va a haber una amnistía para Jair Bolsonaro, que está preso con una condena de 27 años por intento de golpe. Obviamente que se va a descabezar a gran parte de la Corte Suprema, sobre todo al juez Alexandre de Moraes, que fue el que llevó adelante este proceso contra Bolsonaro. Además, estos senadores que han consolidado el bloque más fuerte del Partido Liberal de Bolsonaro son muy duros. Es decir, que acá la expectativa que hay es que viene un gobierno muy rígido hacia adelante. Si Lula llega a tener la renovación de la presidencia, se va a encontrar con una enorme dificultad de gobernabilidad. Eso sí está ciertamente muy cuestionado y en tensión. Es un panorama difícil, hay muchos elementos que conspiraron acá.»

LCV: ¿Qué factores explican este resultado?

Marcelo Cantelmi: «Hubo un descuido muy fuerte del gobierno y del PT, que creían que tenían la cosa segura. Bueno, no fue así. Adicionalmente está el tema del desgaste de estar en el poder. Lula está cumpliendo su tercer mandato, tiene 80 años. Y allá abajo también hay una cuestión de voto castigo, porque acá la gente que gana un sueldo básico, un sueldo básico y medio o dos, tiene muchos problemas para llegar a fin de mes. Ocho de cada diez familias de Brasil tienen deudas para pagar lo necesario, el changuito, y esto hace que el votante vea con bastante distancia la elección porque siente que no le va a cambiar su situación. Es verdad que durante el gobierno de Lula, estos cuatro años, se logró una mejora en los ingresos, pero no lo suficiente como para resolver ese problema. Así que acá hubo una parte de voto castigo, gran parte de desdén.»

LCV: La abstención fue la más alta de la historia de Brasil, del 22%. La base de sustentación que alimentó a los 20 millones de personas que no fueron a votar, ¿creés que son muchos votantes de Lula?

Marcelo Cantelmi: «Hay una gran porción de votantes de Lula. Hay una porción de gente que no vota nunca y hay una porción de votantes de Lula que, por lo que uno habla, están desencantados.»

LCV: ¿Qué te dice la gente común cuando caminás por las calles de Brasil?

Marcelo Cantelmi: «Acá es muy común que vos hables con gente del llano, gente de la calle, de clase media baja, y lo que te dice es: la verdad que está todo muy caro, el supermercado está muy caro, el combustible está muy caro, llegar a fin de mes es muy difícil y entonces se endeuda, se endeuda con la tarjeta de crédito, la tarjeta del negocio, ese tipo de cosas. Es un problema tan serio que el gobierno Lula anunció hace unos días un plan para rescatar por lo menos la deuda de los morosos. Pero este es un tema muy serio que creo que es un gran descuido. Hay que tener en cuenta que Lula en este gobierno reconstruye un Brasil que es una especie de estructura maravillosa desde la perspectiva de un buen capitalismo. Tiene números macro: unas reservas extraordinarias del Banco Central, inversión extranjera enorme, un riesgo país bajísimo y estable que no se mueve y un crecimiento en los últimos cuatro años. Es todo muy bonito, pero no llega al bolsillo del votante.»

LCV: Cuando uno no da respuestas, además hay una pérdida de interés en la calidad de a quién votás. ¿Hay algún tipo de interés en esa calidad o simplemente cambiamos para ver si me ayuda la suerte?

Marcelo Cantelmi: «Es complicada esa pregunta porque en realidad lo que uno está notando alrededor del mundo es que precisamente la concentración del ingreso está generando un voto muy crítico hacia el sistema. Se critica el sistema y se duda de la democracia. La democracia no abraza como antes. Por ejemplo, en Alemania acaba de tener un gran suceso la AfD, Alternative für Deutschland, que es un partido de orientación nazi, pero los que lo votan no son nazis ni aman a Hitler. Lo que ocurre es que están votando con la billetera en el bolsillo, una billetera magra, una clase media que vive involutivamente, vive peor que los abuelos y los padres, y eso genera una irritación, sobre todo tratándose de Europa, donde la idea de evolución individual es muy importante. En Estados Unidos, Trump le gana a Biden por lo mismo y posiblemente pierda noviembre también por lo mismo. La gente se enoja con un sistema que los ha abandonado y se vota cruzado, se vota con enojo, se vota a cualquiera con tal de marcar esta posición de irritación. En el caso de Brasil operan muchos factores, pero no hay que descuidar que hay un sector del viejo voto, del tronco del voto a Lula, que creía en algún momento en la distribución y que nota que los éxitos económicos macro no le llegan.»

LCV: No hay derrame en esta circunstancia y, además, no va a haber mucho menos a partir de ahora. Bolsonaro, por supuesto, porque el planteo de este sector es un planteo económico viejo.

Marcelo Cantelmi: «Yo me niego mucho a hablar de un Lula de izquierda. Por cierto, él también dice que no es de izquierda. Lula no es de izquierda, es un centrista socialdemócrata, muy liberal en un montón de conceptos, muy amante del libre mercado. Pero esta derecha tiene un pensamiento bastante posicionado en el comienzo del siglo pasado: la idea de que no hay reglas, que importa el poder y, adicionalmente, que si vos tenés una cuestión económica crítica, por ejemplo deuda pública o un problema de déficit fiscal, no tenés que trasladar a la gente vía un ajuste. Lo que viene va a ser una severa presión sobre estos sectores que están ya con problemas, precarizados. También, cuando uno hablaba con la gente del oficialismo lulista, te decían: ‘Sí, después de las elecciones va a haber un ajuste’. El palo venía por cualquier lado y supongo que mucha gente lo intuyó y por eso terminó votando de esta manera. Va a ser problemático, es muy problemático para la región.»

LCV: Cuando sea lo que sea el 25 de octubre, el lunes 26 volvemos a hablar y ahí me gustaría que me contaras cómo queda la Argentina en cuanto al liderazgo, si el liderazgo, con muchas comillas, de Milei es reemplazado por el de este chico Bolsonaro frente a Trump.

Marcelo Cantelmi: «Igual, en ese sentido hay que ver cuánto nos queda de Trump también, del Trump todopoderoso, teniendo en cuenta que se vienen las elecciones de noviembre.»

LCV: Por eso el 26 de octubre es mucho para analizar. ¿Dónde estás? ¿En Río?

Marcelo Cantelmi: «San Pablo, en Brasilia.»

LCV: En Brasilia. Estás en Brasilia. Bueno, un abrazo inmenso, siempre envidiándote el tema de poder hacer el periodismo que vos hacés, que es absolutamente fascinante. Y te despido con Gal Costa.

Marcelo Cantelmi: «Un abrazo.»

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Daniel Waisberg: “La dictadura tenía listas de trabajadores que habían sido entregadas por las empresas”

Daniel Weiser, director del documental sobre la causa Molinos, explicó en diálogo con La Columna Vertebral cómo surgió el proyecto que busca reconstruir la historia de los trabajadores de Molinos Río de la Plata, Planta Avellaneda, y las luchas que protagonizaron antes y durante la última dictadura. El documental se propone recuperar no solo la historia de las víctimas y la lucha de sus familiares, sino también las condiciones laborales, las tomas de fábrica, la organización sindical y el contexto que precedió al secuestro y desaparición de trabajadores. Weiser convocó a exempleados de la planta a aportar sus testimonios para reconstruir esa historia.

LCV: Contame un poco cómo surge la idea de hacer este documental con la gente de Aceiteros.

Daniel Waisberg: «Cuando estaba por iniciar la causa, la primera vez que habían puesto fecha, que era para mayo de este año, le acerco a Daniel Yofra y a Ezequiel Roldán, que es el secretario gremial de la Federación y el secretario general del Sindicato de Buenos Aires y Gran Buenos Aires de Aceiteros, la idea de hacer un documental alrededor del juicio y enseguida me dijeron que sí. En ese momento me ayudan a contactar a los familiares. Yo no tenía contacto con los familiares, ellos fueron el puente para iniciar eso. Ahí arranqué a pensar este documental alrededor del juicio, que sea un documental que cuente el juicio, pero que de alguna manera permita reconstruir cómo fue esa historia de trabajadores combativos, de esa comisión interna combativa acompañada por el resto de los trabajadores de Molinos Río de la Plata, Planta Avellaneda, que terminó en el secuestro y desaparición de 26 trabajadores, de lo que se conoce hasta el momento, porque van apareciendo nuevos testimonios y eso se puede ir ampliando. Hasta el momento está el registro de que por lo menos fueron trabajadores desaparecidos de esa planta, fruto de listas negras que entregó la empresa en complicidad con la dictadura militar del 76.»

LCV: Contanos en qué consiste este spot que acabamos de escuchar para iniciar la nota. ¿Cuál es el enfoque, qué es lo que ustedes piensan hacer a partir de esta convocatoria a exempleados de Molinos Río de la Plata, Avellaneda?

Daniel Waisberg: «Nosotros en principio arrancamos entrevistando a los familiares, pero después para nosotros es muy importante, particularmente para mí, contar la historia dentro de la planta. No solo la lucha de los familiares para que haya justicia, sino la razón por la que los secuestran, porque si no muchas veces se queda solamente con el secuestro en sí, que es algo tremendo, pero para mí hay que rescatar la lucha del movimiento obrero que en general en la Argentina es muy rica y está poco valorada. Muchas veces, cuando se recuerda la dictadura, pareciera que el movimiento obrero no hizo nada y, sin embargo, hubo tres paros nacionales y muchas luchas en muchas fábricas. Para mí es muy importante rescatar el rol de los trabajadores durante toda la dictadura. Desde la idea de reconstruir eso, nosotros llegamos a una cantidad de trabajadores, principalmente los que están vinculados a los familiares, y ya como que agotamos un poco esos contactos. Por eso salimos con esta campaña, con la idea de ampliar el círculo de testimonios alrededor de esa experiencia que, si bien fue corta, fue muy rica, porque la Lista Blanca recupera la comisión interna de una comisión interna que era más colaboracionista con la empresa e inicia una lucha que tuvo tres tomas. Dos durante la dictadura fueron ferozmente reprimidas: en la primera los reprimieron duramente y en la segunda se preparan mejor y logran resistir esa represión. Tenían una lista de 20 puntos y logran alcanzar 10 de esos puntos en la negociación con la empresa, con la planta tomada. Después hubo una tercera toma, ya durante el gobierno de Cámpora, donde logran alcanzar casi los 20 puntos que tenían planteados, que tenían que ver con la seguridad laboral, con salarios y con condiciones de trabajo. Finalmente, para mí es interesante la brutalidad de esto: terminan secuestrando trabajadores solamente porque pedían mejores condiciones de trabajo y salarios dignos.»

LCV: Pensá que en Astilleros Río Santiago, en Astarsa, más concretamente, se llevaron a toda una comisión interna porque estaba peleando por el sistema de salud.

Daniel Waisberg: «Es increíble. Yo tengo 40 años, no viví ese período. Para mí pensarlo me resulta como una cosa excesiva, una cosa de decir: los primeros presos, pero desaparecieron. Es una locura. Igual hicieron todas las opciones: también echaron, también persiguieron. El catálogo fue amplio y fue todo estrictamente cumplido. No se privaron de nada.»

LCV: Daniel, vos sos hermano de Pablo. ¿Están juntos en este proyecto?

Daniel Waisberg: «Sí, este proyecto lo llevo adelante yo, pero sí, somos hermanos.»

LCV: ¿Cómo estás trabajando el tema del guion? ¿Cuál es el eje argumental para llamar a gente que quizás no sea víctima, que no haya tenido nada más que un despido, algún tipo de sanción o lo que fuera, pero que también esté dispuesto a contar cómo eran las condiciones de trabajo? ¿Es esa la línea argumental o lo que estás buscando es ampliar la base de víctimas?

Daniel Waisberg: «No, son las dos cosas. Yo lo que busco con esta campaña particular es que el documental va a contar obviamente lo de las víctimas, pero en la campaña lo que busco es construir el contexto de cómo era la fábrica, particularmente el momento previo a esta nueva comisión interna y las tomas, las tomas en sí y cómo mejoraron sus condiciones, si es que así fue. Y después, ¿qué pasó postdictadura? Una vez que secuestran a esta comisión interna, qué pasó dentro de la fábrica, si la empresa avanzó nuevamente sobre las conquistas. Conocer un poco esa historia.»

LCV: ¿Estás hablando entonces de un período que arranca antes de la dictadura? ¿En qué año más o menos?

Daniel Waisberg: «Arranca en el 73 y termina con la dictadura, con el golpe de Estado, y termina más o menos en 1978 o 1979 en el período de contar la historia de la fábrica. Después tenés otro momento de la película que va a ser contar la lucha de los familiares por llevar a juicio, por llegar a este juicio.»

LCV: Esta parte es entonces tomas, condiciones de trabajo, cómo se sostuvieron, cómo crecieron en algún momento las buenas condiciones, cómo bajaron luego y qué se aplicó en la comisión interna. ¿Van a trabajar también sobre los testimonios del armado de listas? Sería súper interesante si llegaran a conseguir algún testimonio de un administrativo que hubiera sido testigo de lo que hacía este jefe de personal.

Daniel Waisberg: «Sí, la verdad que a mí me interesaría incluso entrevistarlo a él también, a Parodi.»

LCV: Lo veo bastante difícil, pero sí, eso en general. ¿Te gusta entrevistar a todos los que son parte de la historia?

Daniel Waisberg: «Sí, en general me gusta entrevistar a todos los que son parte de la historia. Yo estoy armando un material no sobre una fábrica, sino sobre el sistema de llevarse a los delegados directamente. Estoy hablando del 74 al 79, que es el período en el que nos estamos moviendo nosotros, y con su anclaje en lo que es hoy la Argentina, con sangre, pero con sudor secuestrado. La verdad que es muy difícil conseguir a los protagonistas que defiendan el tema, pero es muy valioso tener esos testimonios de primera mano. Muy valioso, terriblemente valioso.»

LCV: Te doy un tip de colega: te recomiendo el archivo de Canal 9. Es muy interesante en esa época, sobre los noticieros y algunos materiales que se hicieron y se pasaron allí. ¿Cuánto tienen previsto continuar? ¿Cuándo estás en la etapa previa? ¿Para cuándo creés que lo pueden terminar, fin de año, el año que viene?

Daniel Waisberg: «Depende mucho del juicio porque es un documental sobre el juicio. Yo calculo que menos de un año el juicio no va a durar, considerando que sea un juicio rápido. Es probable que tarde más incluso. Pero como es un documental que se va a construir, a mí me gustan particularmente los documentales donde vos no sabés cuál es el final, vas contando la historia mientras la vas produciendo. Entonces también vamos preproduciendo y produciendo el guion al mismo tiempo, en simultáneo. Voy pensando el guion mientras lo voy haciendo porque estimo que Parodi va a terminar siendo juzgado y condenado, pero realmente no sabemos. Es un final abierto y me parece hermosa esa manera de trabajar porque trabajás sobre la historia viva y eso es realmente maravilloso: poder ir documentando lo que está pasando en tiempo real, además de contar de dónde vienen las cosas. Y también me parece sumamente interesante el tema de que no te quedes con la lucha de los familiares, que es como que abundan los materiales en donde te cuentan la lucha del familiar, pero no te cuentan qué es lo que están defendiendo en tanto a la persona. Ponerle nombre, apellido, lucha y carne a la persona desaparecida, a ese familiar. A veces eso falta. Entonces, me parece muy interesante que vos vayas al clima anterior de esa lucha.»

LCV: Yo quería agregar algo en relación con esto que decías sobre el final.

Daniel Waisberg: «Para mí es importante contar este momento previo porque a veces no termina de darse a entender la dimensión de lo que fue la dictadura, que de alguna manera también podría ayudar a entender el proceso actual. La dictadura no vino a desaparecer gente, vino a desaparecer la solidaridad, a hacer desaparecer la industria nacional y para eso usó un instrumento: la desaparición de personas. No es que su objetivo principal fuera desaparecer gente, sino que su objetivo era instalar un sistema político y un sistema económico y para eso desapareció gente. Para mí es importante contar el momento previo, para no confundir cuál es el objetivo real de la dictadura y un sistema político y económico que hoy tiene muchísimas reminiscencias, incluso en el discurso oficial de Milei.»

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