Opinión: Solo nuestros cuerpos, por Sonia Tessa

Cada despido es un proyecto de vida que se desarma, un lanzamiento al vacío del famoso «dios mercado». Cada despido, en cualquier ámbito, es una crueldad infinita. Porque el trabajo digno es un derecho.
Les millones de compañeres precarizades saben perfectamente cómo esa exclusión se paga en el cuerpo, en el tironeo constante entre las propias fuerzas y la necesidad de sobrevivir.
Me conmueve cada despido, y no sólo los de compañeres periodistas. En este caso, me parece que el estado nacional lanzando a la calle a 354 personas -cada una con su historia de vida, sus proyectos, sus saberes- es la forma de mostrarnos en la cara que no les importa el periodismo, la objetividad ni ninguna de esas palabras que vacían de tanto repetir.
Les importa el acuerdo con el FMI, cerrar los números para ser los mejores alumnos de los planes de ajuste en América Latina.
Son nuestros cuerpos los únicos que pueden oponer resistencia a este plan. Queda en evidencia que no les importa la calle, que será duro, desparejo, desigual.
Pero si queremos defender lo que somos, lo que deseamos, lo que nos constituye como seres humanxs, al menos a mi entender, no nos queda otra.
En estos días, tengo muy presente el libro de Silvia Bleichmar, «No me hubiera gustado morir en los 90».

  • Sonia Tessa, periodista rosarina de larga trayectoria, especializada en temas de género y Derechos Humanos.

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