Liquidación final, por Ana Herrera, Ingeniera Agrónoma despedida de Agricultura Familiar, Salta

Hoy, 2 de octubre de 2018, me depositaron la liquidación final después de 23 años de trabajo en la Secretaría de Agricultura Familiar en Salta. Liquidación final que suma poco más de dos sueldos y medio, porque como sabrán, nuestros contratos precarios no nos brindan el derecho a la indemnización ni a un seguro de desempleo una vez que somos despedidos. Fue un día duro, lleno de sensaciones, de preguntas.
Preguntas aún no contestadas: ¿Porqué? ¿Porqué nos despidieron? ¿Porqué me despidieron? ¿Porqué nos enteramos que estábamos en una lista, filtrada por el gremio, y nunca nadie nos dijo lo que iba a pasar? ¿Acaso no cumplí con mi trabajo? ¿Quizás falté alguna vez injustificadamente? ¿Tengo algún sumario? ¿Tuve algún llamado de atención por alguna falta? ¿El área a mi cargo ya no es prioritaria en la nueva estructura institucional? ¿Me negué a llevar adelante alguna labor? ¿Me metí en el trabajo de otrx? ¿Hubo una evaluación de desempeño? Yo sé que no. Ustedes, todxs, sabemos que no… entonces ¿porqué?
Los despidos de nuestros compañerxs, de nosotrxs, duelen. Y mucho. Saben porqué? Porque fueron injustos, por que los motivos que se expresaron no tienen asidero, porque hubo mentiras, informaciones a medias, o pasar o guardar información, todxs los sabemos. No es mayor eficiencia, no es para contribuir a disminuir “el déficit”, no es que seamos malos. Entonces ¿porqué?
Hace poco tiempo hablé con varios de ustedes sobre un valor que nos caracterizaba como colectivo: la solidaridad, que según el diccionario es “adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles” y que sin ese valor difícilmente podría trabajarse en contextos de derechos vulnerados como en el que nos desempeñamos, será así? Yo siempre creí que sí, y lo ví y lo sentí en muchxs de nosotrxs. Aprovecho la oportunidad para agradecer profundamente esa solidaridad, que se tradujo en abrazos, en mensajes, en saludos, en cariño, en deseos de fuerza, desde este nuestro lugar y desde muchos otros lugares a lo largo y a lo ancho del país. Desgraciadamente otrxs se olvidaron de eso, lo que nos hacía fuertes, divertidxs, diversxs, contradictorixs, compañerxs, quijotes, equipo, solidarixs al fin. Buena gente.
¿Qué pasó compañerxs? ¿Porqué algunos nos desconocimos? O nos desconocieron? Si hace años que venimos juntxs remando en la adversidad, que compartimos más horas que con nuestras familias, que compartimos despedidas de solterx, casamientos, los nacimientos de nuestros hijos, algunos bautismos, adopciones, nuestros logros y fracasos, anécdotas, aniversarios, ferias, obras, viajes, frío, miles de kilómetros y millones de mates (y café, je), cursos, mudanzas, talleres, risas, llantos, frutas, música, comidas, birras, lluvias, hidratos de carbono, divorcios, los pequeños éxitos de nuestrxs hijxs, despedidas, marchas, nieve, cumpleaños, bienvenidas, verde, pérdidas, reuniones, tierra, tinta, agua, monte, calor, luchas, trabajo, trabajo y más trabajo… compartimos nuestra vida.
Junto con esa “liquidación final” pensaba en mis hijas, en lxs hijxs de lxs que fuimos echados, en porqué su presente y su futuro (nuestro también) está comprometido, o complicado. Porque ¿saben compañerxs? afuera está duro, no hay trabajo y cada vez habrá menos, más precario y mal pago. Y no es lo mismo apechugar a los 30 años que cuando se pasan los 50. ¿Qué decimos ante eso? ¿Qué sentimos ante esto? Nos solidarizamos, o reímos por dentro?
Junto con esa “liquidación final” nos llega la noticia que hay cambios en la estructura de funcionamiento y con ello la suplantación de roles, así como así, pasando el plumero como si nada hubiera pasado, como si el hecho que 26 compañerxs de trabajo hayamos sido echados no importara, como si la historia que construimos como colectivo no hubiera existido nunca. Vuelvo a la pregunta ¿porqué?
Ante esta situación pienso en lo jodido de esta encrucijada. En cómo seguir. A lxs que se olvidaron de ser solidarixs, y ante la reestructuración sienten un poco de placer mezclado con revanchismo, recuerden que en este trabajo nada se construye desde el individualismo y que alguna vez este colectivo, hoy destruido y diezmado, fue solidario con ustedes: cuando se sintieron agobiadxs, cuando necesitaron un trabajo, cuando necesitaron un traslado, cuando se enfermaron y necesitaron que se los banque por eso, cuando quisieron un cambio de función… Ojalá no queden en nuestra memoria colectiva como lxs que contribuyeron a la destrucción de uno de los sueños más bonitos dentro del Estado.
A lxs cumpas que se debaten en cómo seguir, que no quisieran suplantar a lxs echadxs, pero lo tienen que hacer: lo deben hacer, porque si no también quizás lxs dejen afuera. A ellxs nuestra solidaridad. Resistan. No regalen nuestra historia. Sean creativos en medio de este desierto, siempre fuimos esas gotas de agua que aliviaron la aridez.
Y seguramente el universo nos tendrá preparado, o si no lo construiremos, un camino con corazón para florecer solidariamente todxs juntxs.
Lanita
Salta, 2 de Octubre de 2018.

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