La política empieza por casa, por Laura Giussani Constenla

Hoy, un pibe andaba con un amigo paseando por Mar del Plata, lo perdió de vista, se puso a correr para alcanzarlo, una vieja gritó que era un ladrón, un policía de civil que también paseaba lo persiguió, lo tiraron al suelo, le pegaron en el piso, por suerte se dieron cuenta de que no había robado nada y sobrevivió al linchamiento.

Hoy, un tipo mató a puñaladas a su ex mujer delante de sus tres hijos. Ella lo había denunciado diecisiete veces. Finalmente consiguió que la justicia ordenara una ‘perimetral’ (insólita prohibición de pasar un límite que nadie controla). El hombre cruzó el perímetro sin problema alguno y llegó a su casa. El más chico de los hijos empezó a tirarle piedras para que no se acercara. Otro salió corriendo para avisarle a una vecina. El tercero, que vio todo, repetía una y otra vez: “no tuvo tiempo de apretar el botoncito”. Además de la perimetral la mujer había conseguido un ‘botón antipánico’.

Hoy, una nena de once años murió incendiada en un taller clandestino de Mataderos. Según el diario: “El fuego, que se inició pasadas las 9 de la mañana en uno de los cuartos que la familia usaba para trabajar y dormir, se extendió rápidamente al resto de la casa y la madre sólo logró sacar con vida al hijo menor de la familia.” De las últimas nueve víctimas en talleres clandestinos, ocho corresponden a menores de edad.

Hoy, varios pibes fueron expulsados de un colegio privado de Salta por solidarizarse con un compañero gay que sufría un hostigamiento continuo. Simplemente rodearon el símbolo de la escuela con la bandera multicolor. Eran chicos de conducta impecable y buenos promedios que quisieron darle su apoyo a un amigo que la estaba pasando mal. Para las autoridades hubo una solución drástica: que se vayan, no molesten, dejen que sigamos humillando a este ‘putito’. A él no lo expulsaron, es gente de lo más tolerante con la diversidad.

Hoy, una actriz de veinticinco años denunció en conferencia de prensa que un galán la había violado cuando ella tenía dieciseis años y él cuarenta y cinco. “Pará, podría se tu hija”, le suplicó pero él seguramente creía que le estaba haciendo un favor. El era un actor guapo y famoso, ella una nena con ganas de ser actriz. Si se portaba bien se lo iba a agradecer. Pero no, no se lo agradeció. Vio que una compañera se animaba a denunciar al mismo actor y que era víctima de otras violencias (‘lo hace para tener prensa’ ‘y a ésta quién la conoce’). Se animó a denunciarlo con el apoyo de un colectivo feminista de mujeres actrices.

Noticias de hoy. Un chico apaleado por ser morocho y correr; una mujer asesinada por divorciarse; una piba muerta por trabajo precario; una actriz víctima de un galán de cuarta, violada a los 16, sola, en otro país; varios estudiantes sancionados por solidarizarse con un compañero gay.

Y hoy, también, decenas -¿centenas? ¿miles?- de niños que se ligaron una cachetada, otros golpeados por pobres, muchas mujeres humilladas aunque sea de palabra. Agresiones grandes o chiquitas que no salen en el diario pero tienen un denominador común: hay un fuerte y un débil. Un poderoso y un insignificante. Estamos hablando de política, no de casos policiales. Un cuerpo, una familia, una casa, un barrio, un trabajo. Todos territorios para liberar.

Cada cual elige sus noticias del día. Estas son las que más me impresionaron. Si procesan a Franco Macri -o liberan a Boudou o Michetti viaja a la asunción de Bolsonaro- me tiene sin cuidado, tonterías al lado de lo que ocurre cotidianamente al lado nuestro. Parafraseando a las abuelas: la política empieza por casa.

Ni una menos. Ni un pibe menos. No es no. Basta es Basta.

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda