UR-Fascismo, por Umberto Eco

En Italia hoy día hay personas que se preguntan si la Resistencia tuvo un impacto militar efectivo en la guerra. Para mi generación la cuestión no tiene gran relevancia: comprendimos inmediatamente el significado moral y sicológico de la Resistencia. Era motivo de orgullo saber que nosotros, los europeos, no habíamos esperado la liberación pasivamente. Pienso que también para los jóvenes norteamericanos que derramaban su sangre por nuestra libertad no sería irrelevante saber que, detrás de las líneas, había europeos que ya estaban pagando su deuda. 
 
En Italia hoy día hay personas que dicen que la guerra de liberación fue un trágico episodio de división, y que ahora necesitamos una reconciliación nacional. El recuerdo de aquellos años terribles debería ser reprimido. Pero la represión provoca neurosis. Si la reconciliación significa compasión y respeto hacia aquellos que combatieron su guerra de buena fe, perdonar no significa olvidar. Puedo admitir incluso que Eichmann creyera sinceramente en su misión, pero no me siento capaz de decir: 
–Vale, vuelve y hazlo otra vez-. 
 
Nosotros estamos aquí para recordar lo que sucedió y para declarar solemnemente que «ellos» no deben volver a hacerlo. 
 
Pero, ¿quiénes son ellos? 
 
Si todavía estamos pensando en los gobiernos totalitarios que dominaron Europa antes de la segunda guerra mundial, podemos decir tranquilamente que sería difícil verlos volver de igual manera en circunstancias históricas distintas. Si el fascismo de Mussolini se fundaba en la idea de un jefe carismático, en el corporativismo, en la utopía del «destino fatal de Roma», en una voluntad imperialista de conquista nuevas tierras, en un nacionalismo exacerbado, en el ideal de toda una nación uniformada con camisa negra, en el rechazo de la democracia parlamentaria, en el anti-semitismo, entonces no tengo dificultad en admitir que Alianza Nacional es, sin duda, un partido de derechas, pero con poco que ver con el antiguo fascismo (al que sí se remitía, en cambio, su progenitor, el Movimiento Social Italiano, MSI). Por las mismas razones, aunque esté preocupado por los múltiples movimientos filonazis que están activos aquí y allá en Europa, Rusia incluida, no pienso que el nazismo, en su forma original, va a reaparecer como movimiento que involucre a toda una nación. 
 
Sin embargo, aun pudiéndose derribar los regímenes políticos, y criticar y quitar legitimidad a las ideologías, detrás de un régimen y su ideología hay una manera de pensar y sentir, una serie de hábitos culturales, una nebulosa de instintos oscuros y pulsiones insondables. ¿Es que todavía queda otro fantasma que recorre Europa (para no hablar de otras partes del mundo)? 
 
Ionesco dijo una vez que «sólo cuentan las palabras, lo demás es cháchara». Las costumbres lingüísticas son a menudo síntomas importantes de sentimientos sin expresar. 
 
Permítanme preguntar entonces por qué no sólo la Resistencia sino toda la segunda guerra mundial ha sido definida, en todo el mundo, como una lucha contra el fascismo. Si vuelven a leer Por quién doblan las campanas de Hemingway, descubrirán que Robert Jordan identifica a sus enemigos con los fascistas, incluso cuando está pensando en falangistas españoles. 
 
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