Lectura recomendada: Fútbol, ferrucas y pasión obrera, por José Luis Berra

Desde mediados del siglo XIX, la libre navegación de los ríos interiores de la Confederación Argentina permitió que una humilde villa, nacida como posta del Camino Real, empezara a desarrollarse a partir de una ventaja natural: la estratégica ubicación de su puerto para abastecer de granos y carnes a la vieja Europa.

Inmediatamente, le siguió el tendido de las vías del ferrocarril que garantizara el traslado de las cargas. Ese complejo ferro-portuario trasformó definitivamente la apacible vida de la entonces Villa del Rosario.
Pero esos barcos, que llegaban cargados de materiales férreos y se iban llenos de cereales, traían consigo algo más que una transacción comercial. El fútbol llegó por el Paraná. Hacia 1863, el football en Inglaterra se había separado definitivamente de su hermano el rugby y el nuevo deporte hacía furor entre las capas populares. Por esos mismos años, el vapor Englishman amarraba en el puerto rosarino trayendo los primero rieles y al personal técnico y obreros especializados de lo que sería el futuro ferrocarril Central Argentino.

Desde su bar de la calle de la Aduana (hoy Maipú), el bolichero Williams, se divertía viendo como pateaban la pelota de un lado a otro y deliraban al grito de “¡¡¡Goal!!!”. Quedó fascinado con el nuevo juego que practicaban los marineros en sus horas de descanso e incentivó a los parroquianos a jugar como “esos ingleses locos”. Sin embargo, el fútbol era un pasatiempo fundamentalmente de marineros y obreros ferroviarios británicos. La sociedad rosarina, por esos tiempos, se interesaba más en el cricket, la pelota vasca, el turf o las corridas de toros.

En el campo de deportes del Rosario Cricket Club –hoy Colegio San José-, de la calle Salta entre la del Buen Orden (España) e Independencia (Pte. Roca), se dieron los primeros picados informales. Recién con la inauguración del FF.CC. Buenos Aires, se oficializaron dos encuentros en los que los rosarinos vencieron a los porteños, de visitantes y de locales, por el mismo score: 2 a 0.

Para el año 1889, este club pasa a tener su actual denominación de Club Atlético del Rosario y se traslada al terreno donado por los hermanos Jewell, donde reside actualmente.

En octubre de ese mismo año, los trabajadores del ferrocarril Central Argentino comienzan a reunirse en el almacén bar (hoy avenida Alberdi 23 bis) del complejo ferroviario, ubicado en el camino hacia el Arroyito, para darle forma al primer club enteramente de fútbol. El martes 24 de diciembre, en la víspera de la navidad, unos setenta ferroviarios al finalizar sus tareas se dan cita en el lugar y, entre tragos y discusiones, deciden conformar el Central Argentine Railways Atlethic Club, que será presidido por el escocés Collin B. Calder, sus socios serán únicamente trabajadores y empleados del ferrocarril y los colores de su casaca, el rojo y blanco.

Nacimos entre los obreros 

Nacido entre los obreros y en el barrio de los Talleres; este club de ferrucas, en el amanecer del siglo XX, tomará el nombre de la ciudad: Rosario Central. Adoptará definitivamente los colores azul y amarillo y abrirá sus puertas de asociados a todos los rosarinos, creciendo rápidamente su adhesión en los sectores populares.

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