La plata o la vida, por Alvaro Hilario, desde Portugalete, País Vasco.

Me cuesta saber cuánto tiempo llevamos bajo arresto domiciliario sin
mirar el calendario, sumergido como estoy en una rutina de compras, ollas
y lavarropas que se hace más rutina y más difusa por la acumulación de
feriados católicos y la suspensión –a veces- de las actividades económicas no esenciales que, en el País Vasco, para mi desgracia, parece reducirse solo al rubro de bares y borracherías. De hecho, ayer, martes, 14 de abril, se reanudó la actividad económica en el País Vasco y en siete comunidades autónomas más que tuvieron feriado este lunes de Pascua. Para consuelo de los trabajadores, se reparten barbijos en subtes y terminales de bondis y colectivos, no vayamos a pensar que entre plata y salud nuestras autoridades han optado, cediendo a las presiones del empresariado, por la primera.

Los que peor la pasan
Niñas y niños, mientras tanto, llevan más de un mes encerrados. Su
pequeña gran imaginación parece suplir cualquier falencia. Más difícil es,
sin embargo, la situación de la adolescencia, franja poblacional consciente
y sin derechos que la está pasando mal. Muy mal.
Milicos y cana sin barbijo, cámaras de TV entrando en los hospitales,
perros paseando, pero nuestra pequeña gente, a diferencia de lo que
sucede en los estados vecinos de este nuestro occidente libre, no goza ni
de una hora de paseo.
Amén de víctimas de un arresto inhumano, infancia y juventud están
siendo estigmatizadas como vector de contagio y demás paparruchas que
nadie ha probado. El estado también echa mano de los bulos.
Varios presidentes de comunidades autónomas (CCAA), las comunidades
educativas y de psicología piden aflojar la mano para esta gente que está
teniendo serios problemas de ansiedad, estrés, obesidad y somatizaciones
diversas. El mundo de la psicología exige que los menores de 6 años salgan
ya y que toda la infancia sea la primera en pisar la calle cuando empiece a
levantarse el arresto domiciliario.
El Gobierno español, mientras tanto, escurre el bulto. Inquirido al respecto
por la prensa este pasado lunes, 13 de abril, el ministro de Sanidad,

Salvador Illa, respondió: “Vamos a actuar con máxima cautela. Cuando
creamos que se dan las condiciones de seguridad en base a los datos, para
tomar esta decisión, la tomaremos y la daremos a conocer. Por ahora
siendo conscientes del sacrificio, hay que mantener esta medida”.
Al hilo de estas jóvenes generaciones, señalar que el Ministerio de
Educación –otro que lleva dos meses en el terreno de los expedientes X-
anunció hoy que acordó conceder aprobado general: esto es,
salvo excepciones, todos el alumnado pasará de curso, aunque no con las
mismas calificaciones.
El tercer y último trimestre se da por perdido. Impartir materias online es
tarea de titanes cuando no labor imposible: un 20% del alumnado de todo
el Estado español carece de acceso a internet; no se sabe cuántos pibes
están sin realizar las tareas por carecer de computadora propia … Por no
hablar de que pocos hogares gozarán de 4 o 5 compus o tabletas.
La crisis, ya decíamos, es clasista.
Le damos duro al futuro y con un caño a nuestra gente grande que, a
miles, fallece en esos morideros llamados “residencias” de modo
eufemístico, morideros a los que los recortes presupuestarios de la última
década han dejado en banda. Gente grande que sufrió la guerra de 1936, la
dictadura nacional-católica de Franco. Gente grande que lleva más de un
año de lucha en defensa del sistema público de pensiones.
Gran parte de esta gente lleva también más de un mes sin ver la calle, sin
contacto físico y con la TV y el teléfono como únicos vínculos con el
mundo exterior.
Hace pocos días, en la cola del pan, una anciana relataba, amargamente,
que su hijo le deja las viandas en la puerta de la casa, embozado, provisto
de guantes, y desaparece.
Hace un mes que no toco a mi vieja, pero después de manejar 10
kilómetros por rutas con abundancia de camiones entro las compras hasta
la cocina. No se queja, no exige, no pide. Es dura. Escolarizada en un
colegio de monjas donde el cupo de pobres que les correspondía y al que
mi vieja pertenecía era colocada en el coro, en la parte superior e invisible
de la iglesia, durante las misas, a los 10 años ya trabajaba para ayudar a la
familia que se cagaba de hambre en la infame postguerra de los que
siempre pierden. No se queja, pero sus ojos están tristes. ¡Qué pensará!
90 pirulos.
Y qué pasará por la cabeza de la población reclusa española, entre 50.000
y 60.000 personas sometidos de siempre a una política penitenciaria que

César Manzanos, presidente de Salhaketa (Asociación pro derechos de los presos sociales) califica de “carcelicidio”. La pandemia ha acentuado más si cabe el habitual secretismo respecto a la cárcel, la atención médico-sanitaria y las precarias condiciones higiénicas. Es por eso que Salhaketa y otras 65 organizaciones demandan a las autoridades la adopción inmediata de una serie de medidas urgentes: el refuerzo inmediato del personal sanitario en los centros penitenciarios, que en caso de dar positivo en la prueba, la persona afectada cumpla el aislamiento en una instalación médica y no en una celda, y medidas especiales de control para funcionarios y trabajadores. Exigen también que la Administración mantenga informadas a las familias sobre el estado de salud de sus familiares en prisión. Además, han solicitado la excarcelación de las personas presas en situación de riesgo, como mayores de 70 y las enfermas, y la de aquellas que estén preventivas o que tengan condenas de corta duración. “La excarcelación tiene que ver con un tema muy sencillo”, dice César, “las prisiones están por encima de su capacidad, por eso el riesgo de infección es altísimo”. Opina que la respuesta del Estado llegará cuando la situación “se les vaya de las manos”, y probablemente será tarde.


Desinformación y propaganda
Se apacigua la efervescencia insurgente de los primeros días. El sistema se
recompone de sus momentos de zozobra y se vale de la sobreabundancia
de información y de una rígida agenda para adormecer conciencias y
seguir vendiendo el militarizado mensaje de unidad nacional.
La máquina de propaganda y desinformación está en marcha aprovechando este distanciamiento físico impuesto que dificulta lo
colectivo en una sociedad que ya era muy individualista e incapaz de
reconocerse como clase.
Nos saturan de programas sobre el covid 19, inundándonos de datos, de
polémicas sobre barbijos y respiradores, de historias humanas, humanas
hasta lo empalagoso. La patria unida contra el virus. Una patria heroica,
unidad de destino en lo universal, heredera de aquella patria ibérica y
eterna de Numancia y Sagunto que resistió al invasor romano. Ya
imaginan ustedes: esos mitos tan útiles a la hora de construir una
identidad nacional.
Héroes y heroínas de toda clase. Policías en el balcón. Melodía pop,
adoptada de modo espontáneo tanto para una telenovela argenta como
para una película de Almodóvar o para himno de la ciudadanía resistente.

Y esas ruedas de prensa del Comité de Gestión Técnica de la crisis,
plagadas de uniformes, de cana y de milicos.


La plata o la vida
En la pelea entre salud y economía, acá también se impuso la economía.
No sé si el arresto domiciliario y el distanciamiento físico son la solución,
pero si así lo determinan las autoridades debería ser cumplido en toda
circunstancia.
Es difícil no acordarse de la masacre de Bérgamo, donde la industria siguió
funcionando por presiones empresariales y este marzo la zona registra un
400% más de muertes que el mismo mes de 2019.
Es difícil no acordarse de todo el mercado laboral en negro español; de la
mano de obra precaria; de los contratos chatarra; de toda la gente que
vive al día y, en estos momentos, no levanta un mango; de los 6 millones
de personas en desempleo. De esas insuficientes ayudas al desempleo
ahora generado que, además, no se materializan aún.
A pesar del ejemplo italiano y de la oposición sindical, después de los
feriados de semana santa, este lunes y martes se reemprendió la actividad
laboral en todo el Estado. Aunque todas las partes implicadas lo niegan,
parece ser que las organizaciones empresariales han presionado al
gobierno de coalición de PSOE-Unidas Podemos a tomar dicha medida.
Parece que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ha ejercido de correa de
transmisión de la patronal vasca -CONFEBASK, ligada a la producción
industrial- a la hora de transmitir esas presiones a Madrid. No hay que
olvidar que fue el Gobierno vasco, liderado por el PNV (como casi todas las
instituciones vascas), el que de modo más enérgico crítico el parón
económico-laboral. En esta ocasión parece que ha jugado con sus 6
diputados, pocos pero indispensables para un Gobierno de frágil mayoría
parlamentaria y que los necesita para sacar adelante los presupuestos
generales del Estado, amén de toda medida relacionada con la crisis
actual.
En una crisis generada por una emergencia sanitaria mundial es difícil
encontrar responsables y ponerles cara, algo habitual desde que la
globalización se hizo tan implacable, pero, es innegable, hay quienes
empiezan a hacerse notar, a hacerse antipáticos. El presidente vasco, Iñigo
Urkullu y su consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras,
Arantxa Tapia, encendidos defensores del laburo a cualquier precio, son
dos.

Comercio, Turismo, Hostelería, Cultura son algunos de los rubros más
vapuleados y que más negras perspectivas de recuperación tienen al estar
encerrada su clientela nativa y foránea. Son también sectores muy
precarizados que están dejando en la banquina a cientos de miles de
personas que ya venían con una realidad económica muy cascoteada.
Pero, obvio, ya lo dijimos en alguna otra nota, hay otros rubros, otras
empresas que no paran de hacer caja. Para saber cuáles son no hay más
que ver y escuchar las propagandas en radio y TV: aseguradoras, grandes
cadenas de alimentación, eléctricas, seguridad privada, operadores de
telefonía e internet, plataformas de contenidos digitales, empresas de
juego online y bancos.
Todas las propagandas están cortadas por el mismo patrón: ofrecen sus
servicios (a los que debemos recurrir sí o sí) como quien hiciera un favor a
la vez que edulcoran su voracidad aconsejándonos a quedarnos en la casa
(como si hubiera otra opción) y dedicando unos segundos a reconocer la
labor de la nómina de héroes y heroínas que ya incluye hasta a los pibes
haciendo las tareas escolares y a quien al cocinar solo hace lo justo para
una persona. Todo el mundo es mercado, claro.
Dolorosas son, en especial, las propagandas de la banca que, por las
dudas, no hace amago de devolver los 63.000 millones de euros de guita
pública del rescate.
Esa habilidad de parecer que se da en vez de pedir, diríamos.
Para muestra, un botón: el 26 de marzo, el diario “El País” publicó una
nota titulada “BBVA, Iberdrola, Inditex, Santander y Telefónica donan 150
millones a la sanidad pública para material médico”. Decir, en primer
lugar, que Santander y BBVA son, desde 2014, parte del accionariado del
diario madrileño. Por su parte, el BBVA (por traer acá a una de las
empresas de la nota), que tenía en 2012 33 sociedades en paraísos fiscales
e invierte anualmente 2.700 millones de euros en la industria
armamentística, ganó 23.201 millones de euros netos en los años más
jodidos de la crisis (2008-2014).
De Inditex, Zara, y Amancio Ortega ya hablamos. (continuará…)

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