Cómo funciona el Biobanco para combatir el Covid-19, por Pablo Solana

Pablo Solana fue infectado por el coronavirus en un largo periplo por aeropuertos. Aquí en recuperación.

Fui a donar sangre al Banco de Enfermedades Infecciosas del Instituto de Investigaciones Biomédicas que sostienen la Facultad de Medicina de la UBA y el Conicet. Un grupo de investigadoras decidió, en este contexto, concentrar su dedicación al estudio del Covid-19, y poner a disposición de todos los demás centros de investigación del país la data que vayan sistematizando. Los recursos de la UBA y el Conicet son bien escasos, están poniendo lo poco que tienen para sacar adelante el trabajo. Todas ellas son importantes científicas y, como todo el personal que trabaja en la salud, me contaban que están a full: durmiendo poco, sin ver a sus familias, corriendo riesgos. Acá pueden saber algo más de esta iniciativa: bit.ly/Biobanco-Pag12 . Para poder desarrollar las investigaciones convocaron a quienes hayamos pasado por la confirmación del contagio. La propuesta es simple: donar sangre suficiente para hacer los distintos estudios. Llenaron 3 tarritos con mi sangre impura. Vamos mejor: esta vez no me desmayé. El Biobanco se nutre de donaciones voluntarias. Como contraparte, el donante tiene derecho a conocer los resultados de los análisis que se vayan procesando. Las muestras quedarán en el Banco para futuras consultas, pero en este caso lo urgente fue evaluar la presencia de los anticuerpos que confirmen la buena respuesta del organismo; me hicieron un nuevo hisopado PCR, además, para despejar cualquier temor de un posible rebrote de la infección. Los dos resultados fueron los esperados: anticuerpos y, por lo tanto, nada de rastros del virus. El laboratorio confirma lo que ya sentía: forzado a cuidarme y alimentarme bien todo este tiempo, me siento mejor que nunca. Estoy pensando en volver a las canchas apenas se reanude el campeonato.En esta escuela urgente de virología que nos impone la pandemia, ya vamos aprendiendo. Las pruebas moleculares, llamadas PCR por alguna sigla extraña en inglés, son las que en Argentina se están haciendo desde un principio. Son más costosas, hay menos cantidad y van directo al virus: está o no está. Tardan un poco: horas en hacerse pero, acá, algunos días en devolver el resultado. Si el resultado es “no detectado”, quiere decir que el virus no está. Que nunca estuvo, o que ya agotó su presencia después de hacer lo suyo. Ese es mi caso, así lo confirma el nuevo (tercer) resultado que me enviaron ayer. Los otros test son los serológicos, que no buscan al virus sino que detectan anticuerpos; si hay, quiere decir que el virus estuvo ahí, y que el sistema inmunológico hizo bien la tarea: el organismo de ahora en más ya está prevenido de cualquier nuevo riesgo de infección. Estas pruebas de sangre pueden hacerse con los test “rápidos” (como los que el gobierno siempre dijo que no haría pero el viernes pasado empezó a hacer) o en laboratorio, más seguro, como hice yo.En fin, que ya estoy protegido. Lo único que no se sabe es si será para siempre o cuánto durará, pero seguro hasta que aparezca la vacuna y todxs debamos pasar por ahí. Después de algunos dolores y temor de mutaciones, yo esperaba algún tipo de superpoder como le pasó a Peter Parker, pero no: los bichitos estos apenas me dejaron un excelente estado de salud y facilitaron el desarrollo de los nuevos anticuerpos IgM e IgG (las dos variantes de inmunoglobulina que neutralizan y descartan al Covid) para sumar a la colección. – – En estos días nos fuimos enterando de contagios en los barrios donde, por falta de condiciones dignas, los distintos gobiernos (nacional y locales) asumieron que la cuarentena fuera “comunitaria”. Una medida muchas veces compartida por lxs propixs vecinxs que, sin embargo, ante el avance del virus empiezan a verse en desamparo. La lógica oficial es bien jodida: no es justo, ni lógico, plantear “contágiense ahí en sus villas pero no salgan”. Ahora, ante los primeros casos confirmados, algunxs vecinos reaccionan mal ante quienes se va sabiendo que padecen la infección. Aún en barrios organizados y con militancia solidaria, el miedo está a flor de piel en algunas personas acostumbradas a las violencias y el maltrato, empezando por el Estado. Algo de eso cuenta Tito del Frente Popular Darío Santillán acá: bit.ly/Tito-FPDS . Conozco a algunas de las personas que en nuestros barrios la están pasando mal estos días (una compañera muy querida; no importa el nombre, apenas el dolor y la tristeza). Si de algo sirve mi testimonio, podría ser para reafirmar esta certeza: mantengamos la calma y las redes solidarias que, una vez que esto pase, saldremos más fuertes. Así lo siento ahora, pero no es algo nuevo: lo aprendí ahí, con ustedes, en los peores años.Porque ya pasamos momentos peores. Lo dice mejor el compañero Marcelo, del Movimiento de Trabajadores Excluídos Mte Ctep, en una nota que publicó en un portal de Luján: “Como pueblo pobre sufrimos desde hace mucho algunas pandemias, tenemos más experiencia para enfrentar estos contextos. ¿Saben cuáles son nuestras armas? siempre fueron la organización popular, la solidaridad, una voluntad a prueba de tormentas, la búsqueda de la igualdad colectiva, un profundo amor y cariño por los seres humanos, y el ejercicio diario de la lucha por un mundo que nos incluya a todes”. (bit.ly/Marcelo-MTE )El sistema quedará herido después de esto, y quienes lo gestionan van a hacer mucho daño para intentar mantener sus privilegios. Nosotrxs también saldremos afectadxs, pero a la vez podemos salir mejores. Endurecidxs, sí. Pero ya sabemos: ahora más que nunca, sin perder la ternura jamás.

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