ARA San Juan: la vida no vale nada

El día 15 de noviembre de 2017, un submarino que había partido de Ushuaia rumbo a Mar del Plata perdía contacto con el continente. Se trataba del ARA San Juan. Un año después, el 17 de noviembre, concluía la búsqueda y se confirmaba que sus 44 tripulantes habían muerto. El hecho tuvo en vilo al país entero, fueron 367 días de incertidumbre. Créase o no, sus familiares continúan reclamando una reparación.

Hace apenas unos días, el 27 de noviembre, una delegación de la que participaron varias viudas de los tripulantes se reunió con el actual ministro de Defensa, Agustín Rossi. «Nos fuimos algo desconcertadas porque en las reuniones que mantuvimos con la gestión anterior nos decían que nos correspondía una indemnización pero el ministro ahora dice que no. Que es otra cosa y es menos de lo que nos habían dicho antes», explicó Paola Costantini, viuda del submarinista Celso Oscar Vallejos, a los medios. Según sus declaraciones, el ministro Rossi les dijo que podría impulsar un proyecto de ley para que se otorgue una «recompensa» a las mujeres de los 44 tripulantes, al igual que como se hizo con las víctimas del atentado terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), ocurrido a mediados de julio de 1994.

“Ningún miembro de la Armada, con rango militar, tenía ART”

¿Por qué razón el ministro considera que se debe aprobar una ley para pagar lo que les corresponde por derecho? Hoy el diario Página 12 revela: «Se ratificó que el submarino fue enviado a su misión final en un estado de precariedad inconcebible. Ahora, por si fuera poco, se denunció que sus 44 tripulantes bajaron a las profundidades del Atlántico sin contar con la protección obligatoria de una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART). Por esa razón, sus familias ni siquiera pueden cobrar la indemnización de ley por los fallecimientos. El ex ministro de Defensa Oscar Aguad fue denunciado por “abuso de poder e incumplimiento de los deberes de funcionario público”.»

Corría marzo de 2018, llevaban cuatro meses buscando el submarino que finalmente encontraría donde era imaginable que estuviera. La esperanza de encontrarlos vivos estaba aún presente pero ya se intuía que algo andaba mal en esa misión. El 7 de marzo de 2018 La Nación publicaba: «Aunque el episodio del ARA San Juan dejó en evidencia que la tarea de los submarinistas es altamente riesgosa, en la gran mayoría de los casos los tripulantes tenían seguros de vida por debajo de los $50.000, según los datos que obtuvo LA NACION de la Dirección General de Salud y Acción Social de la Armada, mediante un pedido de acceso a la información pública remitido al Ministerio de Defensa y respondido con fecha del 31 de enero de este año. De los 44 tripulantes de la nave, 32 tenían las coberturas básicas, que implican un seguro de sepelio y un seguro social obligatorio. De manera que sus familias recibirán dos ítems: uno de $3800 y otro de $44.330. En total, suman $48.130.»

Los tripulantes del ARA San Juan tenían un seguro de vida de 50.000 pesos.

Sí, la Armada Argentina informaba oficialmente que los tripulantes del ARA San Juan tenían un seguro de vida de 50.000 pesos.

Hoy, también se sabe que la viuda de Esteban García presentó una denuncia judicial a la que tuvo acceso el diario Página 12 en que que sostiene: “ningún miembro de la Armada, con rango militar, tenía ART”. El escrito presentado a la Justicia agrega: “no solo no contrató una cobertura en riesgos de trabajo como marca la ley 24557,tampoco realizó la gestión ante la Superintendencia de Riesgos de Trabajo.»

Los familiares creen que de haber existido una cobertura de ART se hubieran realizado los controles previos correspondientes y quizás se podía evitar que viajaran en tan precarias condiciones.

Volvemos a decir: nuestra vida vale

#BastaDeMuertesObreras fue una campaña iniciada por La Columna Vertebral al conocerse la cifra de trabajadores que perdieron la vida en el año 2017 por razones laborales: cada 20 horas moría un empleado por el solo hecho de trabajar. La cifra se mantiene igual este año.Por eso, volvemos a decir: nuestra vida vale.

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