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Libros y alpargatas

Soldados, de Gustavo Caso Rosendi

En este nuevo aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas, rescatamos este libro imprescindible. El de un ex combatiente poeta. Como dice Gabriel Celaya en ‘La poesía es un arma cargada de futuro’: “Poesía para el pobre, poesía necesaria/como el pan de cada día,/como el aire que exigimos trece veces por minuto,/para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.” A veces solo la poesía logra una síntesis profunda y conmovedora. Es lo que ocurre con los versos de Caso Rosendi quien combatió en Malvinas y así lo cuenta.

GURKAS
Mercenarios de perfil bajo
(los únicos que los vieron
ya no están)
Cuchillos fantasmales
cortando los sueños
¿Pero acaso nosotros
no veníamos del país de
las picanas sobre panzas
embarazadas?
¿Quién le tenía que tener
miedo a quién?

…………………..

Cuando cayó el soldado Vojkovic
dejó de vivir el papá de Vojkovic
y la mamá de Vojkovic y la hermana
También la novia que tejía
y destejía desolaciones de lana
y los hijos que nunca
llegaron a tener
Los tíos los abuelos los primos
los primos segundos
y el cuñado y los sobrinos
a los que Vojkovic regalaba chocolates
y algunos vecinos y unos pocos
amigos de Vojkovic y Colita el perro
y un compañero de la primaria
que Vojkovic tenía medio olvidado
y hasta el almacenero
a quien Vojkovic
le compraba la yerba
cuando estaba de guardia
Cuando cayó el soldado Vojkovic
cayeron todas las hojas de la cuadra
todos los gorriones todas las persianas

……………………..

Dos poesías tomadas del maravilloso libro Soldados, editado por el Ministerios de Educación en el año 2009, para el Programa Educación y Memoria. Se puede leer digitalizado en:

http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL006317.pdf

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Libros y Alpargatas / Evita y Walsh, más Piglia

Escuchá una de las joyas de la literatura argentina en la voz de su autor

Ricardo Piglia analiza el cuento de Rodolfo Walsh, “Esa Mujer”

“El cuento “Esa mujer” narra la historia de alguien que está buscando el cadáver de Eva Perón, que está tratando de averiguar dónde está el cadáver de Eva Perón y habla con un militar que ha formado parte de los servicios de inteligencia del Estado. Y la investigación de este intelectual, el narrador, un periodista que está ahí negociando, enfrentando a esta figura que concentra el mundo del poder, tratando de ver si puede descifrar el secreto que le permita llegar al cuerpo de Eva Perón, con todo lo que supone encontrar ese cuerpo, encontrar a esa mujer que encarna toda una tradición popular, porque, digamos, encontrar ese cadáver tiene un sentido que excede el acontecimiento mismo, esa busca, entonces, es el motor de la historia.Y el primer signo de la poética de Walsh es que Eva Perón no está nunca nombrada explícitamente en el relato. Está aludida, por supuesto, todos sabemos que se habla de ella, pero aquí Walsh practica el arte de la elipsis, el arte de iceberg a la Hemingway. Lo más importante de una historia nunca debe ser nombrado, hay un trabajo entonces muy sutil con la alusión y con el sobreentendido que puede servirnos, quizá, para inferir algunos de estos procedimientos literarios (y no sólo literarios) que podrían persistir en el futuro. Esa elipsis implica, claro, un lector que restituye el contexto cifrado, la historia implícita, lo que se dice en lo no dicho. La eficacia estilística de Walsh avanza en esa dirección: aludir, condensar, decir lo máximo con la menor cantidad de palabras.

Por otro lado, a la posición de ese letrado, de este intelectual que en el relato de Walsh se enfrenta con un enigma de la historia, la podríamos asimilar con la situación narrativa básica del que para muchos ha sido el relato fundador de la literatura argentina, “El matadero”, el texto de Echeverría (escrito en 1838) que, como ustedes recuerdan, es también la historia de un letrado que se confronta con el Otro puro, encuentra a los bárbaros, a las masas salvajes del rosismo.

Esta confrontación que ha sido contada con matices y vaivenes a lo largo de la literatura argentina (Borges, por supuesto ha contado su versión de este choque en “La fiesta del monstruo” y Cortázar lo ha narrado en “Las puertas del cielo”) encuentra un punto de viraje en “Esa mujer”. Hay una continuidad entre “El matadero” y “Esa mujer” pero hay también una inversión. Antes que nada la continuidad de cierta problemática: es el intelectual puesto en relación con el mundo popular. Podríamos decir que “El matadero” de Echeverría postula una posición paranoica respecto a lo que viene de ahí, porque lo que viene de ahí es la violación, la humillación y la muerte. Es la tensión entre civilización y barbarie; este unitario vestido como un europeo que llega al matadero en el sur, por la zona de Barracas y es atrapado por los mazorqueros, narra bien lo que sería la percepción alucinada y sombría que un intelectual como Echeverría tiene del mundo popular. Como ve él esa tensión entre el intelectual y las masas. De qué manera está percibiendo esa relación entre el letrado y el otro. Es una amenaza, un peligro, una trampa salvaje. Uno puede encontrar eso también en Sarmiento, naturalmente. Podríamos decir que hay una gran tradición en la literatura argentina que percibe una relación de enfrentamiento y de terror extremo.

Y sin embargo, yo creo que el gran mérito de Echeverría es que Echeverría supo captar la voz del otro, el habla popular ligada a la amenaza y al peligro. Estaba por supuesto tratando de denunciar ese universo bajo, de pura barbarie, enfrentado con el refinamiento y con la educación del héroe. Pero el lenguaje que recrea al intelectual unitario es un lenguaje alto, literario, retórico que ha envejecido muchísimo. Mientras que el lenguaje que se usa para representar al otro, al monstruo, es un lenguaje muy vivo, que persiste y abre una gran tradición de representación de la voz y de la oralidad. (De hecho es la primera vez en la literatura argentina que aparece el voseo.) Habría entonces una verdad implícita en el uso y la representación del lenguaje que iría más allá de las decisiones políticas del escritor y de los contenidos directos de la historia que se narra. Un efecto de la representación que le abre paso a la voz popular y fija su tono y su dicción.

Lo intelectual y lo popular

Entonces, se podría pensar que esta tensión entre el mundo del letrado -el mundo intelectual– y el mundo popular –el mundo del otro– visto en principio de un modo paranoico pero también con fidelidad a ciertos usos de la lengua, está en el origen de nuestra literatura y que el relato de Walsh redefine esa relación. Podríamos decir que, para Walsh, Eva Perón, que condensaría ese universo popular, la tradición popular del peronismo lógicamente aparece primero como un secreto, como un enigma que se trata de develar pero también como un lugar de llegada. “Si yo encontrara a esa mujer ya no me sentiría solo”, se dice en el relato. Ir al otro lado, cruzar la frontera ya no es encontrar un mundo de terror, sino que ir al otro lado permite encontrar en ese mundo popular, quizás, un universo de compañeros, de aliados.Y en un sentido, podríamos decir que este relato de Walsh, escrito en una época muy anterior a las decisiones políticas de Walsh. El sentido múltiple cifrado en el cuerpo perdido de Eva Perón anticipa, quiero decir, las decisiones políticas de Walsh, podría ser leído casi como una alegoría que anticipa la fascinación por el peronismo. El sentido múltiple cifrado en el cuerpo perdido de Eva Perón anticipa, quiero decir, las decisiones políticas de Walsh, su incorporación a Montoneros, su conversión al peronismo.

Este relato condensa esa tensión y dice entonces algo más de lo que dice literalmente. El intelectual, el letrado, no solamente dice el mundo bárbaro y popular como adverso y antagónico, sino también como un destino, como un lugar de fuga, como un punto de llegada. Y en el relato todo se condensa en la busca ciega del cadáver ausente de Eva Perón.”

(publicado en el blog Bibliotecas para Armar)

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Destacada

Las enseñanzas del Chavo del 8

El escritor platense Rafael Ton es autor de varios libros como “La Patria Gimnasista”, “Una cena sin Judas”, “Los colores del Alma” o “La sombra de Puerto Deseado”. Entre los últimos publicados destacamos dos ensayos en los que pretende desnudar la esencia de la clase media.

En el año 2016, inicios del macrismo en Argentina, publicó El síndrome de Doña Florinda“, setenta y dos páginas en edición rústica en las que analiza las enseñanzas sociológicas de una serie infantil. Para Ton, “El Chavo del 8” es “una pincelada terrible en cuanto a la sociedad y este sector de la clase media”.  Doña Florinda se convierte en la quintaesencia de un sector que bordea la pobreza como todos sus vecinos, pero siente un desprecio incomprensible por esa ‘chusma’ que la rodea en el vecindario. Mientras en Argentina se la reconoce como la señora que dice “yo pago mis impuestos”, en la serie de Bolaño “es la que puede pagar la renta y además hace un ejercicio del menosprecio del entorno y de todos los trabajos de Don Ramón, que según ella es de otro sector de la realidad, muy alejado, aunque viven en el mismo lugar”.

El síndrome en cuestión le cabe a todos los que, como ella, se creen superiores. “Doña Florinda solo se diferencia del resto por una pensión que cobra de su difunto marido lo que le permite pagar el alquiler de su precario departamento. Su hijo, Quico, luce siempre impecable pero va a la misma escuela pública que sus vecinos, se cura en el hospital público y vive en un mismo territorio empobrecido”. Según el autor, “hay una cuestión que lamentablemente es obvia, ella está esperando que ni el Chavo, ni la Chilindirna, ni Don Ramón avancen o progresen, un deseo mezquino que le permitirá ser superior por siempre.

A fines del año pasado, Rafael Ton publicó su último libro – “La culpa es de Perón”- que sigue en la misma sintonía, el análisis de una clase social arribista y antisolidaria. “Desde chico noté que había un sector de la sociedad y de mi familia que atribuía todos los males que sucedían a Perón o al peronismo, y pensaba cuál es el basamento, por qué esta cuestión que a veces chocaba con una realidad”, explicó el autor a Realpolitik, y agregó: “Me parece terrible que un hecho como el bombardeo del ’55 no esté en los libros de historia. Hay un montón de cosas que están censuradas, es una escuela mitrista, lamentablemente hay una parte de la historia que la gente no la sabe. Hay mucha gente que se hace antiperonista porque le han enseñado que la política es mala entre comillas. Entonces a la hora de votar evalúa lo que le dicen los grandes medios lamentablemente, casi como un sólo discurso. No se genera ni replanteo, ni autocrítica ni un análisis. El antiperonista termina criticando todo y denigra el país como aquella Doña Florinda que termina denigrando su propia vecindad, entorno y cree que todo el resto es chusma. En este caso ya directamente acusan de vago y ladrón al peronista”.

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Destacada

Enzo Maqueira: “No puede ser que con un libro todos ganen plata menos el escritor”

El escritor Enzo Maqueira charló con Nora Anchart acerca de la importancia de la Unión de Escritoras y Escritores, que tras tres años de lucha obtuvo la personería jurídica, a la hora de defender el trabajo de miles de escritores que se ven desfavorecidos constantemente en su trabajo.

Poco después del impactante discurso de Guillermo Saccomanno en la inauguración de la Feria del Libro, la Unión de Escritoras y Escritores asistió a las jornadas profesionales y propuso un tarifario para presentaciones de libros, talleres y jurados de concursos literarios, entre otras actividades.  Se trata de un paso importante a la hora de regularizar e igualar una profesión en la que está demasiado naturalizada la gratuidad de los servicios.

LCV: Me parece que algo está pasando con los escritores que se dan cuenta que se tienen que jubilar, necesitan obra social y todo ese tipo de cosas.

-Exactamente. No es ninguna novedad, ya Roberto Arlt en los años 30 hablaba de esto, del trabajo de escribir, del trabajo artístico en general, que era mal pago, que existía la mala costumbre de no pagarle a los artistas y que los artistas teníamos que de todas maneras pagar el pan. Es algo que siempre estuvo dando vueltas, pero lo que pasa es que los escritores somos personas muy particulares. Durante mucho tiempo los que escribían era gente con la vida acomodada, pensemos por ejemplo en Bioy Casares, las hermanas Ocampo, si nos vamos más para atrás Sarmiento por ejemplo, no cualquiera llegaba a presidente, era gente que escribía, que era ilustrada, que pertenecía a clases altas. Puede ser que tuvieran una idea de la escritura romántica o que supusieran que el hecho de que fuera un trabajo intelectual, un trabajo artístico no debía “mancharse” con el vil dinero. Eso cambió muchísimo, hoy tenemos una sociedad en donde escribe todo el mundo, gente de todas clases sociales que escribe, entonces las necesidades son otras. Una persona de clase media que escribe hoy, que le dedica la vida a la literatura, que se formó en literatura, toda la trayectoria que tiene; en mi caso yo llevo 23 años en los cuales no hice otra cosa que escribir, publicar, enseñar a escribir, dar clases en la universidad sobre escritura, formarme en escritura, mi currículum es todo de escritura, de manera que no sé hacer otra cosa. Como yo hay un montón de gente más.

El problema es que lo hago, aporto a la industria, porque cuando publicamos un libro se termina el romanticismo, se termina el arte, ya es un producto que la industria va a empezar a vender. Hace tiempo acabamos de cerrar la Feria del Libro en Buenos Aires que fue monumental, toda esa industria está asentada sobre el trabajo de escritores y escritoras que en muchos casos o no cobramos o cobramos solo el 10% del precio de tapa y cuando cobramos el 10% sobre el precio de tapa, que somos los que menos cobramos en la cadena del libro, lo cobramos a los 6 meses. Imagínate en nuestro país con la inflación que hay qué me puede quedar a mí del 10% del precio de tapa que cobro 6 meses después cuando escribir un libro me puede llevar mínimo un año, y estoy siendo optimista. Lo normal es que te lleve dos o tres años de trabajo.

LCV: ¿Entonces no es como me muestran a mí en las películas que les dan un adelanto monstruoso, impresionante con el que se mantiene y después el pobre editor los persigue para que entregue y ustedes se gastaron todo eso ya en copas y en habanos?

-Quizá las películas dicen la verdad porque son películas yankees y en Estados Unidos sí existió una industria editorial mucho más profesional y por eso les va como les va, por eso nos pasamos leyendo autores yankees y vemos series basadas en autores norteamericanos, porque hay un nivel de profesionalización que acá no tenemos. Acá muy pocos son los que reciben adelanto. Las editoriales que pagan adelantos son las editoriales más grandes. Hay dos grandes grupos editoriales que son las que pueden pagar adelanto. No a todos les dan adelanto y ese adelanto es sobre presuntas ventas. Así que si a vos te dan un adelanto porque supuestamente creen que vas a vender mil libros y después vendes 1001 libros, solamente cobras el adelanto y ese 10% de ese libro que te pasaste. Entonces yo me pregunto: cuando un actor hace una película, ¿esperan a ver cuánta gente va a ver la película para pagarle?

LCV: Se la levantan a la semana a la película.

-Está bien, pero el actor cobró, el iluminador cobró. Lo mismo en el libro, el diseñador del libro cobra cuando hace su trabajo, el que vende el papel cobra cuando entrega el papel, el que corrige el libro cobra cuando lo corrige, el periodista cultural que hace la reseña, si no está negreado como nosotros, cobra cuando hace la reseña. En cambio, nosotros tenemos que esperar a ver si el libro anda bien para ver si el adelanto, cuando te dan el adelanto, si anduvo bien o no, si te corresponde o no te corresponde. En el 80% de los casos no existe ese adelanto tampoco.

LCV: Si no tenés un nombre en las editoriales chiquitas tenés que pagar vos para publicar.

-Además existen muchas editoriales que tenés que pagar vos. A veces tenés que pagar tres veces más de lo que sale la inflación. Hay editoriales que directamente funcionan así, el cliente no es el lector que va a la librería a comprar el libro sino el pobre escritor que quiere escribir su libro y le dicen ah, vení, te lo publicamos, pero por favor. Algunas no son tan pequeñas, las que se dedican a cobrarle a los autores son grandes pymes.

LCV: Hablan del impuesto al ego.

-Claro. Se juega mucho a eso. Todo artista quiere que su obra sea conocida, eso es así. Entonces vos quizá al principio haces concesiones. Te doy mi auto para que me publiques, no me importa. Pero después pasa un tiempo, empezas a tener trayectoria, miras para atrás y te das cuenta que no hiciste nada en tu vida más que escribir y dedicarte a esto y lo que vos hiciste le dio trabajo a correctores, a diseñadores, a periodistas culturales, a la Feria del Libro, a libreros, etc. Decís “paren, hay algo que no funciona”. Si yo pregunto quién vive del libro todos levantan la mano menos yo. ¿Qué está pasando?

LCV: La asociación de escritores de la que formas parte, ¿qué está trabajando concretamente?

-La Unión de Escritoras y Escritores nació en 2017 y a partir de este año ya somos asociación civil, tenemos personería jurídica. Desde entonces nos dedicamos a tres ejes: el primero fue construir un tarifario para que regule la actividad de escritores y escritoras, es decir, cuánto se cobra por escribir un prólogo. Muchas veces nos piden “che, me escribís el prologo para mi libro” y nunca te dicen cuánta plata hay y nunca suele haber. Si una editorial te está pidiendo un prólogo de alguien es porque considera que ese nombre que va a firmar el prólogo es un argumento de venta más, no le piden un prólogo a cualquier persona, se lo piden a gente que suponen que va a levantar el nivel de venta del libro que estás prologando. Entonces, por qué razón no me lo estás pagando. Lo mismo con una contratapa, a veces te ponen en una faja: tal persona dijo de este libro tal cosa. Por qué estás usando mi nombre ahí gratuitamente, yo te autorizo pero dame plata a cambio. Por qué voy a poner mi nombre y mi trayectoria en la solapa gratis.

LCV: ¿A quién le están presentando el tarifario para que se transforme en ley?

-El tarifario no puede ser ley, es un tarifario de referencia. Eso lo estuvimos armando estos años y lo presentamos en la Feria del Libro hace quince días con rotundo éxito porque fue un día antes del discurso de Sacomano que habló de estas cosas. Ahora existe por primera vez, cualquier escritor o escritora que quiera saber cuánto se cobra un trabajo, “che, ¿Me corregís mi novela, me lees mi novela y me das tu opinión?”. Otra crítica: yo tengo que leer una novela gratis, dar mi opinión gratis, perder tiempo, perder tiempo de trabajo; ahora sabemos cuánto aproximadamente de mínima se puede cobrar. Eso lo pueden consultar en uniondeescritorasyescritores.wordpress.com, hay una solapa que es tarifario.

Todos estos años venimos luchando por una ley del libro que supondría la creación de un Instituto Nacional del Libro, similar al INCAA del cine, que sería un organismo que se encargaría de regular, fomentar, federalizar el libro, conseguir mejor precio de papel, exportar el libro también, que haya una mesa de diálogo entre editores, libreros, escritores. Es decir, de alguna manera organizar una industria que es un caos, que está en crisis permanente pero que es una industria al fin y una industria que está viva, como acabamos de ver en la Feria del Libro. Un poco como es el Instituto de la Música, que colabore ayudando a los escritores cuando es necesario. Por ejemplo, durante la pandemia, nosotros desde la Unión tuvimos que tramitar bolsones de comida para algunos de nuestros miembros porque no estaban trabajando, no tenían de dónde conseguir ingresos. 

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