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Somos boleta, por Hernán López Echagüe

Hoy desperté descuadernado. Es que dormí metido en un traje de boletas, sobre un colchón de boletas, la cabeza apoyada en una almohada de boletas, luego de haber devorado boletas al ajillo, bebido vino de boletas y escuchado a decenas de hombres boleta. Soñé que del cielo caían boletas de todo color y cientos de números de listas. Del cielo caían candidatos a candidato de lo que fuere. De profesión, candidato. Sonaban como granizo sobre las chapas del techo. Granos de hielo que rodaban hasta el suelo y no se derretían. Perduraban unos segundos y de pronto desaparecían. La calle de adoquines llena de candidatos/boleta/hielo. Y el río de la Plata no era más que un río de boletas. Los pejerreyes intentaban hacerse camino entre las boletas y los pescadores usaban boletas a modo de carnada. En el almacén envolvían los huevos con boletas, también la mortadela. Los chacareros liaban sus cigarrillos de tabaco fresco con boletas. Soñé que Einstein salía del ropero, me entregaba una boleta: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. No sé cuál va primero”, y suplicaba mi voto. Las hojas de los paraísos y de los plátanos eran boletas apergaminadas. Los vecinos habían sufrido una transfiguración demoníaca y ahora tenían los rasgos de los rasgos de los candidatos boleta. En el crepúsculo del sueño bandadas de boletas silvestres iniciaban su viaje hacia las islas vírgenes de boletas. Y los contrabandistas de imposturas no hacían más que contrabandear bolsas de consorcio repletas de boletas. De una orilla a la otra del abismo.

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Radio del Plata y el carnicero

Mientras el país seguía con atención la crisis desatada en el seno del gobierno, pasaba inadvertida la noticia del nuevo dueño de Radio del Plata, una de las principales emisoras de la ciudad de Buenos Aires. Esta semana se supo que un controvertido empresario de la carne la había comprado. Se trata de Ricardo Bruzzese, quien siempre se ufanó de tener excelente relación con Cristina Fernández de Kirchner, y durante su gobierno, gracias a la amistad que lo une a Guillermo Moreno, por entonces Secretario de Comercio, participó del armado del programa estatal “Carne para todos” que consistía en distribuir cortes a precios populares en las carnicerías.

Fue por esos años en los que su carrera dio un salto y también sus ganancias. Los perspicaces indican que no sería casualidad el nombre de una de sus principales carnicerías: “Don Corleone”. También resaltan su gusto por los trajes de seda, los autos de primer nivel y sus históricas diferencias con otro referente del ramo, Alberto Samid.

Como es de imaginar, Bruzzese coqueteó con la política. En el 2011 fue precandidato a la Intendencia de la Matanza. Feroz interna desatada luego de la muerte de Ballestrini en la que se enfrentaron con amenazas y algún tiro Fernando Espinoza y el referente de ‘Carne para Todos’. Para evitar que la cosa pasara a mayores, Cristina Fernández de Kirchner logró que su aliado de la carne bajara su candidatura y le abriera el paso a Fernando Espinoza. Casualidad, o no, varios de los protagonistas de esta semana rondaban el territorio matancero en ese tiempo. Juan Mazur era el Ministro de Salud de Espinoza y en el 2013 inauguraba junto a la presidenta el Hospital Público Alberto Ballestrini.

En ese mismo año, en el que Cristina recorría la Matanza junto a Manzur y Espinoza inaugurando obras, el empresario kirchnerista Ricardo Bruzzese, compraba uno de los principales frigoríficos de la provincia, el frigorífico Penta de la localidad de Quilmes que estaba casi en quiebra, además era secretario del Consejo Argentino de Productores (CAP), considerado un “club de amigos” del secretario de Comercio que funcionaba en el Mercado Central y era presidido por el ruralista Ider Peretti.

Instalado en Quilmes, su nombre volvió a salir en los diarios el año pasado cuando los trabajadores del Penta mantuvieron un largo conflicto por falta de pago y lockout patronal en plena pandemia. Despidió a parte del personal violando la prohibición del Presidente, y el 11 de abril de 2020 hubo una feroz represión que terminó con más de veinte heridos. Por ese entonces, la intendenta ya era Mayra Mendoza que, a pesar de repudiar la violencia de la fuerza de seguridad, quedó golpeada por ese episodio.

Desde la izquierda lo señalan como un experto en vaciar frigoríficos y quebrar comisiones internas.

Hoy, Ricardo Bruzzese inicia un nuevo recorrido, otra etapa, en la que deberá llevar adelante un medio de comunicación.


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Moyano, Palazzo y Sasia unidos para las elecciones de la CGT

Mientras en el Frente de Todos continúa el debate para saber quién es el padre o la madre de la derrota, el sindicalismo marcha a paso firme hacia sus propias elecciones. El próximo miércoles se realizará el plenario Comité Central Confederal, primer paso hacia la renovación de la conducción prevista para el 11 de noviembre. El 7 octubre los gremios que forman parte de la CATT, confederación que agrupa a todos los transportistas, decidirá si Juan Carlos Schmid continúa en su cargo o renuevan conducción -hasta el momento, el dirigente portuario se mantiene en silencio y no parece convencido de querer continuar a pesar de los muchos apoyos recibidos-, será una prueba piloto de lo que pueda suceder en noviembre.

En este marco, el pasado jueves se reunieron en el Sindicato del Plástico los representantes de FreSiMoNa, de Moyano y Pignanelli, junto a la Corriente Federal de Sergio Palazzo, para presentarse unidos en un posible retorno a la CGT. Se sumó a esta alianza estratégica el SEMUN (Sindicatos en Marcha por la Unidad Nacional) cuyo principal referente es el ferroviario Sergio Sasia, quien en los últimos meses se acercó a Pablo Moyano.

Más de 80 gremios reunidos en una semana no apta para cardíacos. Como no podía ser de otra forma, explicaron su postura frente a la crisis que afecta al gobierno, a tono con la idea de unidad y respaldo institucional que ya había marcado la CGT: “El Plenario hoy reunido respalda y acompaña al gobierno democrático del presidente Fernández y de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, garantía de la defensa de los derechos laborales, como las indemnizaciones de ley por despidos”, dicen en su comunicado.

La declaración difundida luego del Plenario de Secretarios Generales, concluye con una cita del escritor Octavio Paz: ‘Toda victoria es relativa y toda derrota es transitoria’, y agrega: “Convocamos a la reflexión para revertir el voto del domingo último. El objetivo debe ser el desarrollo, la producción, el trabajo registrado y el fortalecimiento del Gobierno nacional y popular. Este espacio se compromete a trabajar para que la CGT sea otra vez un factor de poder que integre a todos los sectores sobre la base de un programa para mantener viva la doctrina de Perón y Evita y defender a los trabajadores. Porque la unidad otorga fuerza y la solidaridad la cohesión»,

El documento conjunto no esquivó el bulto a una autocrítica y a la necesidad de unidad para defender las conquistas obreras: «Para continuar acompañando al Gobierno hasta las últimas consecuencias, el sindicalismo se debe un profundo debate y una autocrítica, y tiene que posicionarse con argumentos y doctrina peronistas contra los embates de quienes pretenden arrebatar los derechos, por lo que se requiere una CGT fuerte, unida, representativa y federal que trabaje sobre la base de un proyecto junto con el Gobierno nacional». Y agrega: «se impone una central obrera que se ponga al frente de todos los reclamos y contenga al conjunto de los trabajadores».

Esa será la postura que llevarán al Confederal que se realizará el miércoles, a partir de las 11 hs, en la Sala Felipe Vallese de la tradicional sede de la calle Azopardo.

De acuerdo a las declaraciones de Moyano, ‘si no se logra la unidad del movimiento obrero se podría postergar el Congreso’ previsto para el 11 de noviembre.

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Memorias del 16, por Laura Giussani Constenla

La historia parece cuento. Y seguramente lo es. Existen coincidencias que avivan la imaginación. No sé si en vano, pero todos terminamos dándole un sentido a las efemérides compartidas, como si se tratara de un alineamiento de los planetas o un guiño de quién sabe quién, del autor de esta película, quizás. ¿Pura superstición? Quién sabe, lo cierto es que, de manera voluntaria o no, todos hacemos una lectura de la realidad, le otorgamos un sentido, somos personajes de nuestra propia novela. Algunas fechas nos excitan de una manera especial. ¿Será casualidad que un 8 de octubre nació Perón y murió el Che? ¿Tendrá alguna relación el renunciamiento de Evita y la Masacre de Trelew el 22 de agosto?

¿Y qué decir del 16 de septiembre? Triplete: golpe militar que derroca a Perón y tiene la osadía de llamarse “La Libertadora”; segundo Rosariazo, un coletazo del primero que fue la chispa del Cordobazo; La Noche de los Lápices, jornada que simboliza la miserable persecución, secuestro, tortura y muerte de miles de estudiantes secundarios, un día casi al azar, un día al que alguien se le ocurrió darle un nombre.

Era cosa corriente que secuestraran a un grupo de pibes militantes, caíamos como moscas, porque era imposible, detrás de uno venía otro, y en 48 horas podían llevarse a una decena. A veces me pregunto quién inventa los nombres. Porqué resulta histórico el día en que desaparecieron los chicos de La Plata y no cuando se llevaron a Pato y Chamaca y Penny y Ardilla y Malena y el Turquito y Cacho y Fresco y el Rata y el Gitano y Sammy y Lennon y la Negrita y el Chino y Ara y Angelito y Dumbo y …

Tantas fueron las pérdidas que es imposible recordarlos a todos. Formo parte de esa generación, llevamos la muerte adentro porque no es común que a los 16 años secuestren a la mitad de tus amigos. Y si ejercitamos la memoria, y gritamos por verdad y justicia, es que sería inhumano pensar que podemos olvidarlos. Cuestión más humana que política.

Nuestros hermanos mayores venían de otro 16 de septiembre. Ocurrió en Rosario, ciudad que dió origen al Cordobazo y que siguió moviéndose hasta septiembre en el que se recuerda un nuevo levantamiento popular. Porque entonces las marchas eran “levantamientos” contra la dictadura de turno. Ese 16 de septiembre de 1969 columnas de estudiantes y trabajadores partieron a las diez de la mañana marcharon por el centro de Rosario. Ferroviarios, textiles, vidrieros, albañiles, metalúrgicos, bancarios, estatales, telefónicos, jaboneros, carnerifes, petroleros, químicos, panaderos, gastronómicos. ¿Cuál fue la mecha que encendió este nuevo Rosariazo cuatro meses después del primero? Hoy parece un chiste, pero todo empezó con la suspensión de un delegado administrativo por haber adherido a varios paros. La Unión Ferroviaria anunció una “huelga de brazos caídos” y se le fueron sumando los otros gremios. Ni un paso atrás era la idea. Ante la tímida protesta, la empresa dispuso suspensiones masivas. La respuesta fue un paro ferroviario por tiempo indeterminado. Hubo barricadas, fogatas, huelgas y marchas que se extendieron entre el 16 y 17 de septiembre. Como la policía estaba sobrepasada reprimieron los militares a las órdenes del coronel Leopoldo Fortunato Galtieri.

Dos días de represión lograron controlar la ciudad. Quizás todo empezó -¿quién puede dar comienzo a una historia sin ser arbitrario?- otro 16 de septiembre, el de 1955. Fin del primer gobierno peronista que ya había sufrido un bombardeo en plaza de mayo con centenares de muertos. Intento de golpe fallido. Esperaron tres meses para conseguir derrocar a Perón. Meses en los que los golpistas avanzaban y retrocedían. Sobrevolaba el fantasma de la guerra civil, los muertos de junio fueron solo una advertencia. Se levantó primero Córdoba y la chispa militar también se expandió por todo el país. Perón renunció el 19 de septiembre.

La CGT en un comunicado del 24 de septiembre expresó que ante los hechos ocurridos “se antepone la Patria”, y llamó a los compañeros trabajadores a “mantener la más absoluta calma y continuar en sus tareas. Tengamos Fe. Lo demás lo hará la Patria”. Y la Patria lo hizo. Miles de personas fueron perseguidas, encarceladas y torturadas por peronistas. Generales con aires distinguidos, junto a damas de alta sociedad, en nombre de la democracia avalaron en algunos casos, y ordenaron en otros, la más brutal de las represiones. Se había derrocado un gobierno que representaba al sesenta y dos por ciento del país. Bastaron nueve meses para que surgiera la primera resistencia.

El 9 de junio de 1956, un grupo de suboficiales intentó sublevar al Ejército para retomar el curso de la historia. Se implantó la ley marcial. Dos días después, luego de un juicio sumarísimo, treinta ocho personas fueron fusiladas. El general Juan José Valle, líder de los insurgentes, pagó con su vida un intento de levantamiento. La autoproclamada Revolución Libertadora, con Isaac Rojas y Pedro Eugenio Aramburu a la cabeza, demostró desde un comienzo que no toleraría disidencias peronistas. Diez personas fueron fusiladas aquel 9 de junio en los basurales de José León Suárez. No todos murieron. Rodolfo Walsh se ocupó de encontrar a un sobreviviente: Juan Carlos Livraga. Era un obrero de la construcción que jugaba al chinchón en un bodegón de barrio cuando entraron los escuadrones de la policía bonaerense y lo arrastraron junto a otros parroquianos hasta un carro de asalto. No se había implantado todavía la ley marcial. Luego de un inútil interrogatorio -nada sabía Livraga del levantamiento, no era militante político ni gremial- los trasladaron a un descampado y descargaron sus armas sobre él y sus compañeros de infortunio. Fusilados por las dudas. Fusilados como ejemplo. Fusilados para que no quedaran dudas de que no había vencedores ni vencidos. Fusilados para que entendieran de una vez por todas que la Argentina volvía a ser un país libre. Quiebre de las palabras, sin sentido del verbo y la razón, el golpe se llamó “Revolución Libertadora” y era hora de que lo recordasen. El país debía liberarse de esa multitud peronista que representaba más de la mitad del país. Aniquilados por decreto, no debían nombrarse, ni volver a formar parte del mundo civilizado.

El general Pedro Eugenio Aramburu dio como única explicación del fracasado fusilamiento de Livraga, un telegrama dirigido al padre que decía: “Informo su hijo Juan Carlos fue herido durante tiroteo escapado, posteriormente detenido encuentra alojado en comisaría Moreno”. Hasta ahí la versión oficial. No aclaraba que los tiros habían partido sólo de la policía, que el “escapado” debía llamarse “sobreviviente”, y no indicaba tampoco las razones de su detención. Walsh escuchó el relato del primer testigo hallado con vida y escribió una nota. Quería ganar el Pulitzer. Sin embargo ninguno de los grandes medios, libres ahora, publicaron su revelación. El responsable directo de la masacre, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, fue ascendido. “Un hombre ejemplar” lo consideró Arturo Frondizi, primer presidente que asumía el cargo en elecciones después del golpe en 1958, sólo dos años habían pasado del fusilamento.

Y si de coincidencias hablamos, yo nací el 9 de junio de 1960 y siempre me causó impresión cumplir años el día de los fusilamientos de José León Suárez. La historia somos nosotros, decía Francesco De Gregori, un humilde cantautor italiano que me enamoró en el exilio. Y Borges, un genio, expresaba el estupor que intento contar en esta nota, con una frase: “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/de polvo y tiempo y sueño y agonía?

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