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Opinión

12 de Septiembre, por Corado Yasenza

El año y medio

La pandemia

El miedo

El dolor

El trabajo

La falta de trabajo

El hambre

La pobreza

La economía y la vida

El duelo

Los muertos sin duelo

El cansancio

El marketing disfrazado de goce

La comunicación vacía de sujeto político

La política sin sujeto

Las urnas como sujeto que habla

Y a las que se escucha

No al pueblo, a las urnas hablantes

La inquietud de un sueño

(No pronunciemos que pueden ser revolucionarios)

Un sueño y una materialidad

La potencia de los cuerpos

Las ideas

Y las prácticas

El castigo por derecha por izquierda y por

Pueblo

(Sé que es mucho pueblo

No hallo una palabra mejor)

La entraña propia

La entraña ajena

Una Politica de la frase tuitera

Las vacunas y la esperanza

El alimento destrozado por su precio

El precio que pagamos al ceder

El diálogo de sordos

La concentración que no cesa

La palabra empeñada como expresión

De la obediencia

Una ética de la experiencia

El alma que se explica por el cuerpo

El cuerpo que se expresa por el alma

La democracia como expresión de esa potencia

Conexión impostergable

Entre el pensamiento la vida

Y la felicidad.

La vida como proceso ético

Un abismo quizá

El Miserere de la derrota

El Cristo o la cruz

De estos días.

(Tomado del muro del autor)

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Destacada

12/10. La sinrazón de la raza. Reflexiones sobre el pensamiento nacional

En este nuevo 12 de octubre que evoca la llegada de los españoles al Continente Latinoamericano y su posterior conquista, proponemos algunas lecturas imprescindibles. Entre ellas, el libro de Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la Pampa, publicado por primera vez en 1933, en donde sin eufemismos el escritor, poeta y ensayista, decía: “La argentina ha sido el único país donde la conquista española, iniciada en la isla de Santo Domingo y en Nueva España como guerra de exterminio, se llevó a cabo hasta sus últimos extremos”. “Se lo había engendrado en la infamia, con la repugnancia del que satisface apetitos en carne vil. Si estaba reconocido como hijo natural, debialo a una exigencia de los sacramentos. Era más indio que español, sobreviviente y fideicomisario de la raza materna. El padre pertenecía a los invasores, se iría; la madre a los vencidos, moriría, pero él era el pueblo que iba a quedar” .

La Columna Vertebral reproduce parte de la discusión que subsiguió a esa postura de Martínez Estrada, en la que participaron buena parte de los grandes pensadores nacionales. Sin pretender agotar las distintas miradas, les ofrecemos fragmentos del propio Martínez Estrada, Juan José Sebrelli, el rescate de Héctor Murena realizado por Guillermo Piro, y la reflexión de Horacio González sobre el modo de leer el ‘pensamiento nacional’ de manera dialéctica.

Definiciones de Ezequiel Martínez Estrada

“La herencia del indio desaparecido era un déficit, algo negativo que no es cosa medible ni contable. Representa una deuda sin pagar”. “Esa deuda es el silencio sobre estos episodios de nuestra historia, de la conquista del país de los ganados por el ejército, de una riqueza nacional cuya base ha sido el despojo y el crimen.” Martinez Estrada (“Sarmiento”)

Según él, Perón no era otra cosa que la eterna vuelta, como Yrigoyen, como Rosas. “Jefe de una secta secreta que salvaría al país, las desorganizadas huestes de los caudillos de 1820, hablándoles un lenguaje más convincente sino más flamígero que el de Bustos y Quiroga” (¿qué es esto? M. Estrada) “Era asimismo la Mazorca, pues salió de los frigoríficos como la otra salió de los saladeros. Eran las mismas huestes de Rosas, ahora enarboladas en la bandera de Perón”

Juan José Sebrelli, allá por los sesenta, sobre las ideas de Martínez Estrada

“Un acontecimiento catastrófico ocurrido en el principio de nuestra historia –el asesinato del indio y el acoplamiento forzado de la india por el conquistador español- nos ha aferrado subconscientemente, según Martínez Estrada, al recuerdo de ese pasado que ha devenido maldición. La culpabilidad de esos crímenes impedirá para siempre la creación de una auténtica comunidad sobre la tierra maldita. La memoria colectiva del pueblo argentino condensa en un solo momento mítico, las contingencias y los perpetuos recomienzos de la historia nacional. Todos los momentos de la historia argentina no hacen sino repetir una pasión original, como la Semana Santa repite la Pasión de Cristo. Por eso, como en las sociedades religiosas, el argentino no tiene una historia profana, que transcurra en el tiempo continuo, sino una historia sagrada –o maldita, lo mismo da- que transcurre en un tiempo eterno. Cualquiera de nuestros acontecimientos históricos no es sino una ceremonia de transfiguración, en la que bajo fromas rituales y simbólicas, se revive un acontecimiento arquetípico ocurrido en los albores de la nacionalidad.”

Agrega Sebrelli. “Esta teoría de la culpabilidad histórica, tiene también sus puntos de contacto con la ley del Karma de las religiones hinduístas. El Karma garantiza que todo cuanto ocure en el mundo, por absurdo o injusto que parezca, está en concordancia con la ley inmutable de causa y efecto. La historia no sería pues sino una serie infinita de deudas que se pagan con otras deudas cada vez más pesadas…Los muertos están detrás de los vivos inspirándoles sus acciones, el pasado existe con el presente. La más rigurosa actualidad estaba ya en los orígenes, en el más profundo y remoto pasado”

Martinez Estrada negó el progreso,
pero la objetividad del progreso es cruel
y a su vez lo niega a Martinez Estrada

Y concluye: “Estas comparaciones puramente exteriores basadas en aspectos circunstanciales y accesorios, que prescinden del momento histórico inmediato, constituyen una tentación constante en la mente humana y se encuentran en el ritual mágico y en las supersticiones sobrenaturalistas de las creencias primitivas. Siempre se puede hallar en dos hecho, aspectos tan formal, tan general y abstracto que sea común en ambos, aunque se diferencien en todos los demás. Dos períodos históricos pueden parecerse en muchas cosas y sin embargo ser fundamentalmente distintos porque preparan un porvenir distinto. Lo que garantiza una analogía no es la propia analogía sino la prueba de que no existen diferencias fundamentales. La comparación no puede sustituir a la prueba, cuanto más suministrará una sugestión, un indicio que puede ser falso. La analogía debe ser comprobada concretamente antes de hablar de demostración. Si juzgamos los acontecimientos históricos no en base a ideas fijas e inmutables, sino a su situación concreta y actualizada de acuerdo a la incesante y desconcertante transformación de la vida, comprobamos que la historia nunca se repite, y que cada acontecimiento histórico es siempre nuevo, único e intransferible. Martinez Estrada negó el progreso, pero la objetividad del progreso es cruel y a su vez lo niega a Martinez Estrada.”

El revisionismo de Murena y otros

El escritor y periodista Guillermo Piro rescató hace tiempo, en un artículo titulado ‘Elogio de un nihilista’, la figura de Héctor Murena, admirador de Martínez Estrada y autor del libro ‘El Pecado Original de América’:

“En 1994, en un ensayo aparecido en la revista La Caja, Héctor Schmucler lamentaba la falta de vigencia de Héctor A. Murena: Pocos recuerdan su nombre. Sus libros son prácticamente inencontrables. Existen, como una cofradía, algunos para quienes Murena es el inspirador de sus reflexiones. Son casi iniciados. ¿Por qué el olvido de Murena?. La pregunta carecía de respuesta. Se trata de un autor al que se conoce mucho menos de lo que exigiría su importancia. Mientras la mayoría de sus obras permanecen agotadas, en los últimos meses ha conseguido una mayor atención, en la Argentina y en el extranjero. Murena nació en 1923 y murió en Buenos Aires en 1975.

un pensador de avanzada, considerado por una cultura progresista un escritor de derechas

La actual “vuelta” de Murena se debe en gran parte a su inclusión en distintas cátedras de la UBA. Así, el crítico Nicolás Casullo dice que lo considera uno de los ensayistas más importantes que tuvo una determinada época la Argentina. Casullo sostiene que Murena estuvo injustamente devaluado, pese a que reúne elementos difíciles de encontrar en la ensayística argentina: una alta erudición, una preocupación metafísica mística y una aproximación muy fuerte a pensadores de primera línea en el campo de las ideas. Y subraya que fue el primer traductor de Walter Benjamin al español y que estuvo fuertemente vinculado con el pensamiento alemán de entreguerras. Todo eso lo hace un pensador de avanzada, considerado por una cultura progresista un escritor de derechas, explica, cuando en realidad es un hombre que repensó el drama espiritual argentino y latinoamericano.

Y sigue Guillermo Piro: “Murena atacaba a la sociología, “supuesto sistema de conocimiento que se titula científico porque se funda en cifras estadísticas”. Fanático admirador de Martínez Estrada, se propuso abordar la problemática nacional desde una óptica netamente americana. En uno de los libros tal vez más polémicos, El pecado original de América, que muchos tildaron de inepto porque no aportaba soluciones inmediatas, Murena sostenía que el mestizaje americano es más de orden mental que racial, y surge del choque con un ambiente histórico extraño, y afecta tanto a los indígenas como a los inmigrantes.”

A modo de conclusión

Los autores antes citados no pueden ser considerados de izquierda, sin embargo sentaron las bases de un debate todavía inconcluso. No solo bajamos de los barcos, raza pura inmaculada. ¿Todos llevamos en la sangre y la memoria aquel pecado original?

Recuperamos fragmentos de un artículo del sociólogo Horacio González escrito en 2014, titulado “Indagar el pensamiento nacional“:

El pensamiento nacional sólo puede ser una reinterpretación, una creación nueva y una renovada oportunidad crítica. Lejos de ser una herencia acabada y designada con nombres fijos, es una remodelación permanente, una revisita. Tiene en primer lugar la obligación de “desfazer un entuerto”, desligarse de un canon fijo que lo limita exclusivamente a lo que se ha conocido como revisionismo histórico. ¿Para despreciarlo, para arrojarlo al rincón de los trastos viejos? De ninguna manera, sino para hacer su necesario, su imprescindible balance (…)

La memoria de Jauretche no puede servir de pretexto para encajonar su pensamiento en unos pocos moldes, confinados en previsibles consignas. Basta recordar su carta a Ernesto Sabato en 1956; es una crítica al libro El otro rostro del peronismo, pero escrita con sutileza y respeto, intentado un diálogo con el pensamiento “dialéctico” (que le atribuye a Sabato). En el mismo año, Martínez Estrada, el abominado, el vilipendiado, escribe el ¿Qué es esto?, que podemos considerar el máximo libro antiperonista y asimismo la máxima comprensión de los mecanismos profundos del peronismo. Jauretche lo critica con su estilo: la distancia irónica, el sabor payadoresco y una teoría empirista del sentido común en la lengua patrimonial de un edén criollo. No podemos considerar hoy ni que Jauretche poseía el talismán de la refutación eternizada ni Martínez Estrada el caudal de todos los errores. Eran escritores de muy diferente estilo, y esa diferencia es hora de verificarla con instrumentos efectivos del conocimiento, de carácter conceptual y retórico. Es esa misma diferencia, desentrañada y constituida, la prometida utopía de lo nacional.(…) Borges es tema siempre caliente. Luego de Sarmiento, es nuestro máximo escritor nacional. Pero ésta no puede ser una afirmación intrascendente ni caprichosa. Es necesario internarse en las estructuras de un pensamiento geométrico, casi estructuralista, que esconde mal un existencialismo trágico que formalmente repudiaba. Todo lo que Borges afirma contiene su contrario sin ser dialéctico; todo lo que Borges niega puede ser puesto de cabeza como efecto de su propio juego ficcional, haciéndose necesaria la lectura a contrapelo, la interpretación por la inversa.(…) Ni siquiera las grandes consignas políticas, destinadas a llevar a la acción a los hombres, deben interpretarse literalmente. No hay pensamiento, nacional y ni ningún otro, si el intérprete no pone la literalidad de lado (…)

Pensar es sustraer la trivialidad que hay en todo pensamiento. Lo contrario es acatar dogmas que ya nacen escritos como tales (…) El pensamiento nacional que estamos imaginando tiene raíces en el polemismo que fundó la Nación. Digamos algunos de sus capítulos más conocidos: Pedro de Angelis versus Echeverría; Sarmiento versus Alberdi; Alberdi versus Mitre; Mitre versus Vicente Fidel López; Ingenieros versus Groussac; Lugones versus Deodoro Roca; Borges versus Américo Castro; Jauretche versus Martínez Estrada; Martínez Estrada versus Borges; Lisandro de la Torre versus monseñor Franceschi; Milcíades Peña versus Ramos; Cooke versus Jauretche; Scalabrini versus Pinedo; Roberto Arlt versus Rodolfo Ghioldi; Viñas versus Sabato; Borges versus Murena; Viñas versus Borges; León Rozitchner versus Murena; Jauretche versus Luis Franco; Oscar Masotta versus Victoria Ocampo; Julio Irazusta versus Perón; Perón versus Montoneros.” Toda polémica debe desentrañarse en su presente, pero también en sus modos cambiantes, en el entrecruce extrapolado de los polemistas. No raramente, muchos de ellos intercambiaron luego su lugar con el contrincante, en perfectas oposiciones simétricas, como en el cuento “Los teólogos” de Borges o en la polémica de Sócrates con Protágoras.”

Toda identidad se compone de una o varias polémicas en su interior, latentes y no resueltas.

¿Qué pensamiento nacional puede haber sin esta poética de intersecciones que lo recorre en paralelo, antes, durante y después de constituirse en los vocablos “pensamiento nacional”? El pensamiento nacional es una coalición heterogénea de estilos que se arman y desarman de tan diversas maneras que esa misma movilización de ataduras y desanudamientos es precisamente una nación, que existe gracias a sus formas abiertas, a su secreto cosmopolitismo, a su sospechada universalidad condensada en un territorio y en un memoria que, antes que ser común, se genera en la lucha siempre inconclusa por considerarse común. Toda identidad se compone de una o varias polémicas en su interior, latentes y no resueltas. La expresión revisionismo histórico cuenta con nuestra simpatía, siempre que sea tomada en sus múltiples significaciones. Dijimos que el pensar nacional no debe modelarse en el alma literal de las definiciones, sino en sus diversos planos contrapuestos entre sí.” (.. .)

Informe: Laura Giussani Constenla

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Estamos frente a un golpe ‘palaciego’, por Ricardo Rouvier

Con profunda amargura y preocupación vemos como evoluciona esta crisis dentro del Frente entre un sector , digamos el kirchnerismo y en particular La Cámpora, y el Presidente.

Es grave estamos frente a un golpe de mano o “palaciego” como se le llamaba antes. La diferencia dentro de la coalición, existía desde su origen, y se fue agravando con el paso del tiempo. El ninguneo a AF fue ocurriendo desde el primer día, siempre había un peldaño que no podía subir.

La significativa derrota electoral del domingo 12 fue el disparador de esta crisis que estamos viviendo y que se venía gestando. Las renuncias apuntan a inducir a otros, vaciarlo de poder y forzar al Pte. a cambiar. Alberto Fernández ayer tomó la conducción de la campaña electoral y empezó a programar una cantidad de medidas para recomponer la relación con el electorado.

Lo paradójico surge al preguntar quien eligió a Alberto Fernández como Presidente, justamente buscando moderación.

Hay incertidumbre, y no sabemos hacia donde derivará esto. Por mi parte respaldo en forma incondicional al Pte., y a pesar de los errores y las puteadas que en estos dos años le he proferido. Entre otras , es el error de no haber organizado el Albertismo para equilibrar las fuerzas dentro de la alianza.

Espero que los días que vengan traigan paz y unidad, pero bajo el respeto al poder institucional del Presidente. Sinceramente no tengo la menor idea como se sale de este laberinto.

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¿Qué hacer con la ultraderecha?, por Leonardo Frieiro

El resultado del Partido Libertario nos lleva a pensar que vamos a tener que lidiar con la ultraderecha por un tiempo largo. Si vemos que consiguieron más votos en Villa 31 y Liniers, que en Palermo y Recoleta el problema se hace más grande. Entonces, es útil analizar otros casos de emergencia de la ultraderecha para analizar que estrategias se han utilizado para combatirla y cuales han sido menos estudiadas. Si recopilamos los trabajos previos de Pierre-André Taguieff, que investigó al Frente Nacional francés, y Xavier Casals, el mejor analista sobre el partido español de ultraderecha Vox, podemos ensayar algunos elementos que nos permitan lidiar contra la ultraderecha argentina, antes de que sea demasiado tarde.

Estrategias que van a fracasar (o que inclusive ya fracasaron):

1. Intentar ilegalizar a la ultraderecha. En la Cámara de Diputados se presentó un proyecto de Ley para condenar los discursos negacionistas sobre le terrorismo de estado (su principal referente será diputada nacional). Esta estrategia esta condenada al desastre: En Bélgica, la ilegalización del partido de ultraderecha Vlaams Blok solo ayudo a reforzar a la ultraderecha, situándolos en el centro del debate público. Los ultraderechistas belgas se reorganizaron ese mismo año en el partido Vlaams Belang, mucho más popular que su antecesor. Los ultraderechistas no deben tener el lujo de situarse en el lugar de víctimas del sistema.

2. Ridiculizar a los personajes de la ultraderecha. Exacerbar su lado caricaturesco, interpretando que su capacidad de crecimiento es limitada, ya que es difícil que se conviertan en fenómenos políticos (o más bien electorales) mayoritarios. Craso error. La ultraderecha no necesita ser mayoritaria para influir de sobremanera en el resto de los partidos. En España la entrada de Vox al Parlamento, con el 5% de los votos, permitió un cambio de ciclo en el que se acorraló a la nueva izquierda.

3. Pensar que la ultraderecha es solo un problema político para el resto de los partidos conservadores. En 2019, buena parte de los simpatizantes del Frente de Todxs vieron a la candidatura presidencial de José Luis Espert como un “aliado inesperado” en la pelea electoral contra Juntos por el Cambio. Hoy, con la derecha habiendo avanzado varias posiciones (políticas, mediáticas y organizacionales) apostar a la división de las derechas como estrategia política solo es una fórmula para el desastre: la experiencia española y francesa demuestra que la consolidación de la ultraderecha limita las posibilidades políticas de todo el espectro consolidando soluciones subóptimas que solo ponen barreras para conseguir transformaciones sociales progresistas.

4. Aceptar parte de su discurso para intentar “captar” a su electorado, tanto actual como “potencial”. Cuando la ultraderecha asienta su discurso (que la inseguridad es insoportable, que un ajuste brutal es la única alternativa, que los migrantes son el problema del país, etc) los partidos mayoritarios se suelen tentar con la incorporación quirúrgica del discurso derechista, para intentar hacer mella en su base de sustentación. Si repasamos la historia reciente (por ejemplo, con Martín Insaurralde intentando competir con Massa para ver quién era más punitivista, y agitando la bandera de la baja a la edad de imputabilidad; o con Daniel Scioli que compitió por la presidencia con un discurso desideologizado que se movía al compás de Mauricio Macri en el 2015) podemos ver que este tipo de estrategia solo han cosechado derrotas, fracasos y frustraciones. A final de cuentas, la sociedad suele elegir el original sobre la copia si ambos se encuentran al mismo precio.

Estrategias que sí pueden funcionar:

1. Aceptar que la ultraderecha ya está presente en la sociedad argentina, y precisar los alcances de su fuerza social. Esto implica reconocer, por ejemplo, que el discurso de ultraderecha ya se encuentra presente en la gran mayoría de los medios de comunicación de formas más bien diversas, y donde promueven de forma cotidiana a las figuras de la ultraderecha (el 9 de septiembre hubo una entrevista vergonzosa a Javier Milei en A24, pero sobran los ejemplos, inclusive con el negacionismo). Esto significa que en algún grado buena parte de la población se encuentra permeada por algún tipo de argumento ultraderechista. Solo conociendo la situación con precisión podemos conseguir las herramientas para enfrentar el avance reaccionario.

2. Discutir, argumentar y no estigmatizar a los ultraderechistas, confrontando directamente contra sus pilares discursivos (que son de por sí endebles) pero entendiendo que sus discursos, por ridículos que nos suenen, son verdaderos para varias decenas de miles de personas. Esto implica que los militantes y dirigentes políticos progresistas tienen que armarse con argumentos para confrontar con los ultraderechistas, un ejercicio sustancialmente diferente que al que están acostumbrados en los debates entre los “centros” del espectro político. Hay que recordar que, en la segunda posguerra europea, muchos simpatizantes del nazismo a lo largo de toda Europa fueron “reconvertidos” al socialismo mediante la acción a destajo de los partidos y militantes comunistas que se entregaron a la empresa de recomponer los lazos de la sociedad con la izquierda.

3. Comenzar a organizar una red ideológicamente amplia en la que se plantee la necesidad de movilizar a todo el campo progresista contra le avance de la ultraderecha. En Grecia, el partido neonazi Amanecer Dorado fue solamente derrotado como producto de una constante movilización popular contra la violencia ultraderechista. El movimiento antifascista griego logró lo que parecía imposible: unir a los socialistas (PASOK), a los comunistas (KKE) y la izquierda radical (SYRIZA) en la lucha contra la ultraderecha. La experiencia indica que, si la ultraderecha se consolida, solo un movimiento de masas puede derrotarlo. Inclusive, tenemos un ejemplo reciente en Mar del Plata, donde un grupo neonazi fue llevado a la justicia gracias a un importante ciclo de movilización antifascista.

4. Y la más importante de todas: atacar las causas sociales que pueden permitir la popularización de la ultraderecha: el desempleo, la falta de expectativas, y la ruptura de la solidaridad social como producto del impacto de la pobreza y la desesperación en la sociedad. Si estos problemas no se solucionan, la ultraderecha puede convertirse en un fenómeno de tipo “populista”, pudiendo insertarse en las capas más pobres de la sociedad. Si no existe un espacio político capaz de hacer esa tarea, entonces la tarea es construirlo.

(Tomado del muro del autor. Leonardo Frieiro, politólogo, podés seguirlo en https://espartacorevista.com )

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