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Planeta Giussani | Canto a la amistad: África Libre Heredia

Esto que Nora ha dado en llamar Planeta Giussani no es otra cosa que un espacio para presentarles mis afectos, aquellos que de un modo u otro conformaron lo que soy. Compañeros de ruta que algo me enseñaron , quizás en un efímero diálogo de esquina o en vinos trasnochados. Gente con la que compartí momentos o años. Luchas o llantos. Con quienes no faltaron los abrazos y las risas, o las ganas de abrazarlos y reír. Hoy voy a hablar de ella: Olga Heredia.

Poeta y archivista. Cantante y trabajadora estatal. Artista plástica y compañera. Se hace llamar Africa Libre. Hubo una abuela negra que apostó a su hija una noche de póker y perdió; un padre uruguayo del que nada sabe; un colegio pupilo; dos hijas hermosas que crió sola.Olga escucha, abraza y lanza carcajadas al universo entero. O calla y pinta. Siempre canta.

Hoy se te da y hoy se te quita. Y cuando se te quita, ella puede mandarte este mensaje de wathsapp. Porque Olga te abraza cantando.

La que canta, claro, es Olga Heredia, El sonido es el de un audio improvisado, ella y su guitarra, consolando a una amiga.

La conocí en el archivo de la Biblioteca Nacional, delantal azul, barbijo y guantes de rigor. Su tarea: preservación. Una compañera de trabajo, nomás. Pero detrás de todo trabajador hay una vida, una historia, un talento, y el arte a punto de estallar. Solo hay que prestar oídos para reconocer los que forman parte de tu planeta. Y Olga, sin dudas, forma parte del mío. Porque si ella no está todos nos aburrimos en la oficina.

Porque si no hubiera muchas Olgas la vida sería triste.

¡Ah! Gracias, Olgui, por cuidar a mi gato negro y todos los tesoros de mi casa en estos tiempos caóticos en los que una parte de vacaciones a recomponer un poco el bocho y nunca sabe si la frontera o la cabeza se cierran antes volver.

Señoras y señores, quedó presentada, Olga Heredia canta así:

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V Columna | ¡Que vuelvan las filminas!

De buenas a primeras, se terminó el Covid. A sacarse las mascarillas, dijeron. Somos libres. Estamos vacunados. La decisión supongo que estuvo bien; ahora todos estamos enfermos (pero no muertos). ¿Llegó la etapa de la inmunidad de rebaño de la que tanto se habló? La que Bolsonaro pregonaba sin vacunas y en Brasil morían como moscas. Finalmente se convirtió en una gripecinha. Ahora, no antes. Gracias a la política de vacunación y al aislamiento y al tapabocas. En eso pensaba luego de que toda la familia se contagiara de COVID en una reunión.

(No sé si a ustedes les pasa, de pronto las familias sintieron la necesidad de reunirse. Tuve uno de esos reencuentros de muuuchas personas que hace muuuchos años que no se ven -hermanos, padres, abuelos, nietos, tios postizos y todo- ((porque, dicho sea de paso, hay como una necesidad imperiosa de verse, y el COVID algo debe haber tenido que ver ¿no?))

Venía reflexionando sobre ese tema y la expresión ‘inmunidad de rebaño’ me quedó repiqueteando. Sobre todo eso de ‘rebaño’. ¿Qué feo, no? Pensarnos rebaño. Quién te dice que no exista un virus que sea la ‘irresponsabilidad de rebaño’ o la ‘inconciencia de rebaño’.

Sí, ya sé, no está bien comparar situaciones sociales con cuestiones biológicas. Tá, pero esto es radio y no un ensayo de sociología. Mi profesor Alberto Izzo me estaría aplazando, decía que la peor película del mundo era ‘Mon uncle d’amerique’, Mi tío de américa, que tenía esa famosa frase del escorpión que mata a la rana que lo estaba ayudando a cruzar un río y dice: “está en mi naturaleza”. Estallaba el profe: ‘si les gustó esa película no entendieron nada de sociología’. Con él aprendí algo de Marx y de Weber y de la revolución industrial y lo que se considera ‘ciencia’. Era un buen profesor, me gustaba. Tenía razón en estar contra todo determinismo, las cuestiones sociales son también culturales, políticas, económicas, existenciales….

Y ya me fuí por las ramas.

¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, del Covid y el rebaño en la política. De pronto, apareció otra palabra relacionada con ambas: ’emergencia’. Bueno, parece que llegamos a algo. ¿Cómo debe actuar el gobierno en un estado de emergencia?

Apenas asumida su presidencia, Alberto Fernández se vio frente a una situación inédita: una pandemia en un mundo globalizado. Hizo lo que tenía que hacer: llamó a los mejores, se comunicó con todos los partidos, declaró la emergencia sanitaria, tomó medidas extraordinarias que si no fuera por la emergencia serían ilegales (prohibición de salir de la casa, cierre de negocios y fábricas, por ejemplo) y consiguió que no hubiera aquí muertos por las calles como en tantos países de Latinoamérica. Es historia reciente, así que supongo que todos se acuerdan lo duro que fue eso, pero la mayoría comprendió que se trataba de una situación extraordinaria (ok, tuvieron 15 amigos que los hicieron vacunar en la Casa Rosada y una ‘fiesta’ con otros diez amigos, digamos que al lado de los pecados de muchos otros presidentes y presidentas, es una paparruchada).

Ahora estamos en otra situación de emergencia. Una emergencia política, social y económica. El mundo se cae a pedazos, y hay muchos que quieren que Argentina también lo haga. Por ejemplo, los que especulan con trigo o soja y retienen las exportaciones. Algo deberíamos aprender de la historia. Aunque biología y política son cosas distintas, el accionar frente a la emergencia puede parecerse. ¿Por qué no hacemos lo mismo que se hizo contra el COVID?

Quiero decir: señoras y señores, binarios o no binaries, ladys and gentleman and queers: estamos en una situación de emergencia. De nada vale patalear para que la resuelva alguien. Por más marchas que hagamos, de ésta solo salimos con inteligencia y creatividad. Veamos, entre todos, cómo se puede superar éste momento. Es tiempo de medidas extraordinarias, con el apoyo de la mayor cantidad de sectores posibles. El tema, claro, es qué medidas tomás, a quiénes querés salvar.

Tiro algunas ideas.


-Para frenar la inflación, destinar partidas de las intendencias para que tengan espacio en cada ciudad o pueblo ferias con productos cooperativos que puedan competir con el precio de las grandes marcas. Boicot a los supermercados. Y si las organizaciones sociales o cooperativas o pymes no tienen recursos para la distribución, que utilicen los camiones militares como se hace en emergencia.

¿Qué hacemos con el dólar? Orden de exportar los granos que están acumulando en las malditas silobolsas, y si no lo hacen, confiscación. Nosotros también estamos en contra de las retenciones, no es lícito retener millones de toneladas y de dólares para especular.

Renegociación con el FMI: sorry, estamos en emergencia, después hablamos. Si quieren, pueden darnos una mano como lo hacen con algunos países aliados en crisis. No queremos armas. Con una décima parte de su equivalente en dólares, así, de regalo nomás, buena onda, estamos hechos.

Reforzar la producción nacional de insumos básicos. Parece que hay productos imprescindibles que importamos. El otro día escuché a un ferretero que decía que faltaban insumos de importación para fabricar muchas cosas, entre ellas algo que servía para pegar no sé qué. Bien. Me pregunto, si fuimos capaces de empezar a producir vacunas contra el COVID en pocos meses, ¿no podemos tomar nota de algunos de esos insumos y producirlos aquí? Subsidios especiales para empresas o cooperativas que se pongan las pilas. ¡Ah! Parece que los fertilizantes agrotóxicos también se importan. Entonces, a sembrar sin agrotóxicos, contraten personas para sacar los yuyos y mantener el campo en buen estado. Nosotros agradecidos. Ustedes, bánquensela mientras dure el estado de emergencia.

Qué se yo, si pudiese ver rodeado al presidente de gente capaz de distintos sectores, e intelectuales o politógos inteligentes, con una filmina en la que explique porqué estamos en emergencia, y cuáles son las razones y la solución, que implican medidas extraordinarias, sería un gran avance. Pero no, solo veo los ojos felices de muchos que se disponen a ver en primera fila cómo se va todo al diablo.

No es tan difícil; difícil es cambiar de sistema, difícil es la revolución, pero acá solo estamos hablando de supervivencia. Para ésto, la famosa lapicera la tienen que usar todos. El presidente, su vice, jefes de bancadas, sindicatos, partidos, etc, para firmar junto al presidente el Estado de Emergencia.

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