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Telefónicos por sus Derechos, de Leonidas Noni Ceruti

Perón, durante sus dos primeros gobiernos profundizó la política de sustitución de importaciones, mediante el desarrollo de la industria liviana que se venía impulsando desde la década del 30. En Argentina, a diferencia de lo que ocurrió en otros países, fue el Estado el responsable de producir la modificación de la estructura productiva, impulsando un rápido crecimiento industrial y nacionalizando importantes sectores de la economía.

Entre 1946 y 1950 el Estado fue asumiendo el rol de los empresarios, haciéndose cargo de diversas tareas que anteriormente correspondían a iniciativas del sector privado. En 1946 se nacionalizaron el Banco Central y los depósitos bancarios, permitiéndole al Estado controlar la política financiera del país y orientarla a través del otorgamiento de créditos hacia una política de incentivo de la actividad industrial.

En su primer año de gobierno, el peronismo creó el IAPI –Instituto Argentino para la Producción de Cambio–. Con este organismo el Estado pasó a controlar el manejo del comercio exterior. El IAPI era quien fijaba los precios de las exportaciones agrícolas, regulaba las importaciones y resguardaba la producción nacional. Con el funcionamiento de este organismo como agente de comercialización, el Estado obtuvo un importante caudal de recursos, que derivó en parte hacia la actividad industrial, y en parte hacia la inversión local. Esta transferencia de ingresos del sector agrario al industrial provocó una importante oposición de los sectores terratenientes y de las empresas privadas vinculadas al comercio exterior, como Bunge y Born y Dreyfus.

De este modo, protegida por esta política económica, la actividad industrial –particularmente las pequeñas y medianas empresas productoras de bienes de consumo– creció a un ritmo sostenido durante algunos años.

El 6 de septiembre de 1944, el entonces Coronel Juan D. Perón, dijo “el capitalismo internacional es instrumento de explotación y el capital patrimonial es prosperidad. No somos enemigos del capital, aún foráneo, que se dedica a su negocio, pero sí lo somos del capitalismo, aun argentino, que se erija en oligarquía, para disputarle a la Nación el derecho de gobernarse por sí misma”. (1)

En 1947, Perón, anunció un Plan Quinquenal para fortalecer las nuevas industrias creadas, y comenzar con la industria pesada (siderurgia y generación de energía eléctrica en San Nicolás y en Jujuy). Luego firmó la escritura por la cual todos los ferrocarriles pasaron a manos del Estado.

Las Compañías Telefónicas en esa época, eran filiales directas de la International Telephone And Telegraph Co. (ITT), que era un holding dependiente de otro holding central, la American Telephone And Telegraph Co., directamente vinculada a la Sofina, y en ésta confluían los grupos Mellón, Morgan y Rockefeller, o sea que el comando central de la ITT en Argentina obraba en representación de las tres cabezas que manejaban las finanzas del mundo. Vinculando aquellos conceptos de Perón y la situación descripta, no debió escapar al análisis del mandatario, la situación de la Unión Telefónica del Río de la Plata, la empresa más fuerte de las ligadas directamente a la ITT, y fue la primera empresa nacionalizada durante su primer gobierno justicialista.

Vale la pena recordar que la ITT se formó en 1920, dividida en varias secciones por todo el mundo, apoyado por el propio gobierno norteamericano que deseaba como necesidad de estado, contar con una red propia de comunicaciones. A este respecto es muy ilustrativo un párrafo del Memorándum que Elihu Root Jr. dirigió a los miembros norteamericanos que participaban en la “Conferencia preliminar de Comunicaciones”, reunida en Washington, en ese año: “Todo el mundo sabe que el eficientisismo sistema de cables de la Gran Bretaña está estrechamente coordinado con los intereses diplomáticos y comerciales de aquel país y que ningún mensaje que tengan interés para el Foreing Office de aquel país, conserva su secreto, si en algún punto de su viaje pasa por una línea británica”. (1 bis)

Sab 3 de setiembre 2016- Hace 75 años el gobierno de Perón compró a EEUU la Unión  Telefónica - Cara&CecaOnline

En pocas palabras, las compañías inglesas de cables se dedicaban al espionaje diplomático y comercial, por lo cual los Estados Unidos debían adoptar medidas para contar con líneas propias, y no es necesario ser muy advertido, que se dedicarían en el futuro a practicar actividades similares. Bajo ese signo nació la famosa ITT, donde se conjugaban los intereses del propio capital con aquellos insoslayables del Estado norteamericano. En consecuencia, actúo el gobierno del Gral. Perón, basado en los conceptos de independencia política, económica y social.

Para tener una verdadera dimensión del poder económico de ITT, es importante este cuadro para ver su penetración en el país: Pero, los trabajadores, también fijaron sus posiciones qué hacer con áreas claves de la economía nacional. En 1938, la Unión Ferroviaria aprobó en un congreso la propuesta de nacionalización de los ferrocarriles y muy poco después lo hizo La Fraternidad. La Unión Obrera de los Telefónicos, que encarnaba otro tipo de sindicalismo, también hacia el año 40 aprobó una resolución que pedía la nacionalización de la industria telefónica. La fundación de la Empresa Mixta Telefónica Argentina (EMTA), se concretó el 19 de noviembre de 1946, cuyos estatutos se homologaron por el decreto 18.885/46. En una ceremonia efectuada en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el 3 de septiembre de 1946, la empresa United River Piate Telephone Company Limited pasó a poder del Estado por la suma de 319 millones de pesos (95 millones de dólares). Se destacó que la operación se hizo por el sistema de venta directa y no por expropiación, y que el Estado se haría cargo del monto de las deudas en circulación que ascendían a más de 100 millones de pesos. Pero se les otorgó el monopolio de una concesión para proveer asistencia técnica y todo el material telefónico a la compañía nacionalizada, durante diez años. Los argentinos conocían a esa empresa con otro nombre más familiar: Unión Telefónica.

Pocos reparaban en su verdadero origen extranjero hasta que Perón se encargó de difundirlo para promover la nacionalización. El trust que explotaba esos servicios a través de la Unión Telefónica era la International Telegraph and Telephone (ITT), cuyo presidente y vice asistieron especialmente invitados al acto de transferencia. Se trataba del coronel norteamericano Sosthenes Behn y del doctor. Henry A. Arnold, quienes recibieron de manos de Perón: una réplica del sable corvo de San Martín. No faltó a la ceremonia el embajador de EEUU, quien ingresó junto al Gral. Perón. (…)

Al inaugurarse las sesiones del Honorable Congreso, exprese que el caso particular de las empresas de servicios públicos, la general adhesión a la política de recuperación e incluso de los adversarios era de ampliar el dominio y las funciones del estado, lo que es un sincero sentimiento de reconocimiento de recuperación nacional que no puede herir ni sorprender. Esto es el auténtico y sano nacionalismo, que debe ser una actitud positiva y nunca negativa. “Ningún país ni ninguna empresa deben sentirse heridos ni sorprendidos. La argentinización de la economía sigue su curso, y nadie podrá detenerla ya. En épocas pasadas partidos políticos han auspiciado la nacionalización de los servicios públicos. Y estos proyectos han incluido como es lógico lo de los teléfonos” (…)

El convenio que ad referéndum del Congreso hoy se firma inicia el desarrollo de esta política, si bien el gobierno aspira a la nacionalización de los teléfonos, no la quería a cualquier precio, la quería a cambio de una suma razonable, no solo inferior a los materiales en la actualidad, sino a lo que estos materiales costaban hace un lustro, quería también que el Estado al hacerse cargo de los servicios sin haber formado y sin poder improvisar de la noche a la mañana equipos de expertos no fuese un factor de perturbación ni de ineficacia de los mismos, quería que todos los adelantos que en el día de mañana se incorporen a los servicios de los teléfonos los tenga inmediatamente la Argentina, por la participación legal de las patentes de invención, quería por contratos adicionales careciese de los servicios y de los instrumentos técnicos indispensables para extender la red telefónica argentina a las necesidades de las industrias, de su comercio y su administración y de su defensa. No me halaga la nacionalización a cualquier precio y de cualquier manera, y no quería nuevos proyectos, sino autoridades efectivas. La ceremonia que Uds. veis, prueba que mi gobierno ha logrado lo que para beneficio exclusivo para el país quería y que esto no es un proyecto más sino una bella realidad. “Mi gobierno que tenía que incorporar el servicio de teléfono al sistema nacional de comunicaciones con sus inmensos beneficios para la colectividad y para su seguridad plena para el Estado sino también para dispensar el trato de la nunca desmedida hidalguía nacional a la permisionaria empresa vieja y amiga del país.

Me complazco en destacar que el Sr. Coronel Behn presidente de la ITT y el Sr Arnold presidente de la corporación para Sudamérica han puesto su excelente voluntad para allanar todas las dificultades que se oponían al éxito final de la negociación, demostrando por consiguiente ser buenos amigos de la Argentina. Mi gobierno ha realizado el convenio más beneficioso para el país, sin lesión alguna para la empresa. Le pagaremos a la empresa lo menos posible, porque yo no estoy defendiendo mi dinero sino el dinero de mi pueblo, pero sin cometer ningún abuso de poder, ninguna injusticia, porque así con lealtad es como procede el pueblo argentino. La Unión Telefónica ha progresado en su condición de entidad que prestaba servicios en su limitado campo de utilidades, hasta llegar a ocupar una posición desde la cual ofrece por medio de sus redes propias y de otras compañías y por medio de las estaciones radioeléctricas del estado un servicio que abarca todo el país y se extiende más allá de las fronteras nacionales hasta los más alejados rincones del mundo. La magnitud de los bienes que hoy se incorporan al patrimonio nacional y la importancia de los bienes son índice elocuente de la evolución alcanzada por la economía de la nación. (2)

HISTORIA DE LOS TELEFÓNICOS. 1948: la nacionalización de los teléfonos

(…) El Ministro de Hacienda, ante los periodistas, aclaró que “el precio convenido es muy inferior al valor actual de los bienes de la empresa. La evaluación realizada por técnicos argentinos y extranjeros sobre los bienes que se adquieren alcanza cifras importantes de acuerdo a los precios y salarios tomados como base para el cálculo. Los valores estimados por el plantel en tales oportunidades oscilaron entre 542 millones y 75 millones de pesos. Conviene agregar que a juicio del gobierno el precio fijado para la compra que asciende a 94 millones o sea más de 990 mil dólares, equivalentes a 319 millones de pesos moneda nacional, y el gobierno tomo a su cargo las deudas en circulación que ascienden a más de 100 millones de pesos El gobierno nacional pasa a ser propietario exclusivo de la empresa. Además no ha dejado de pensar en el personal de la empresa, al que mediante el convenio, se garantiza los beneficios a quienes a la fecha que se produce la nacionalización de los servicios, a la vez que asegura su estabilidad, siempre que cumpla con las normas impartidas por el presidente de la Nación”.

Agregó que serían aprovechadas las experiencias, que sobre telefonía realizaron los institutos dependientes de la ITT, para lo cual el gobierno argentino se aseguró por un tiempo prudencial, mediante un convenio con dicha empresa todo el asesoramiento necesario para que la empresa este a la altura de las más avanzadas en el mundo. El asesoramiento incluía: construcción, renovación, tráfico comercial, conservación, etc., y las más variados matices. Además de las patentes de las invenciones del sistema, como del material necesario para el normal funcionamiento. (3) A los dos días, de la ceremonia en la casa de gobierno, el Senado escuchó al Ministro de Hacienda, Ramón A. Cereijo, dar una explicación contable sobre el precio pagado por el gobierno a la ITT: “La Unión Telefónica tenía un activo de 483 millones de pesos y un pasivo de 164. Por eso pagamos solo la diferencia: 319 millones”. Pero esos argumentos no calmaron los reclamos de los diputados radicales, quienes solicitaban la concurrencia de Cereijo a la sesión del 8 de setiembre, que debía tratar la ley de nacionalización de los teléfonos. Antes de considerar el problema, el diputado Ricardo Balbín, protestó “porque cien mil jubilados esperan ansiosos (dos mil están ahora en las escalinatas del Congreso) una solución a sus problemas, mientras se da preferencia a un mal acto de gobierno en perjuicio de la economía del país”.

Por 98 votos contra 44 fue aprobada la ley y el diputado peronista Hernán Fernández fundamentó el despacho de la mayoría, que aconsejaba sancionar el proyecto enviado por el Senado. Se trataba de aprobar la compra de la empresa y los contratos de provisión de materiales y asesoramiento técnico, concedidos a la firma Stándard Electric, filial de la ITT. Los radicales reclamaron airadamente la presencia de Borlenghi y Cereijo, pero la presidencia de la Cámara informó: —El señor ministro Borlenghi no podrá concurrir porque está muy enfermo.— Está enfermo de crisis! —tronó Balbín. Media hora después Cereijo llegó al recinto y defendió acaloradamente la operación, con los mismos argumentos que expusiera en el Senado tres días antes. El diputado Arturo Frondizi criticó “el secreto de las negociaciones”, sostuvo que se pagaba un precio superior al de la valuación y se opuso a la concesión de un nuevo monopolio a la ITT. Propuso, en cambio, la expropiación lisa y llana de la Unión Telefónica y la sanción de una ley orgánica para esos servicios.

La ley quedó promulgada y el 31 de diciembre de 1946 asumían sus funciones las autoridades de la flamante Empresa Mixta Telefónica Argentina (EMTA), en el edificio de Defensa 143. La ceremonia sirvió para que se aclararan algunos conceptos. “¿Qué se busca con la formación de las sociedades mixtas? En primer lugar, obtener la argentinización (fíjense bien que digo argentinización y no nacionalización) de las grandes compañías de servicios públicos de capitales foráneos”, explicó en su discurso el vicepresidente del IAPI, Carlos Devries, a quien Miguel Miranda comisionó para que hablara en su nombre porque un accidente lo tenía postrado en cama. Otro dato, es que al discutirse en la Cámara de Diputados de la Nación, el convenio de venta de la ITT la oposición política dio sus puntos de vista, señalando el mal negocio financiero que hacía el país por la compra de casi 95 millones de dólares. El debate se dio alrededor de los aspectos positivos y negativos. (4) La Revista “Nuestra Economía”, dirigida por hombres como Ricardo Ortiz, planteaban sobre el futuro de la propiedad de la telefonía del país: “Mediante la nacionalización se evitó que las utilidades de un importante servicio público como el teléfono salieran de nuestro país, dejando de ser una explotación comercial para convertirse en una empresa cuyos servicios no fueran onerosos. Los acontecimientos han demostrado que la Empresa Telefónica Argentina, lejos de abaratar los servicios, los ha encarecido. Pero aun así, el hecho de que los teléfonos pertenezcan a la Nación constituye un paso adelante de mucha importancia, especialmente tratándose de un servicio tan elemental. Lo lamentable es que el gobierno pago argentino pagó 95 millones de dólares por el activo físico de una empresa que había usufructuado al país durante medio siglo. En el mismo acto de la compra venta se aprobaron dos convenios complementarios por cuyo intermedio se contrataron los servicios técnicos y de provisión de materiales por parte de la ITT para las necesidades futuras de la empresa”. (5)

El asesoramiento técnico fue rescindido el 15 de mayo de 1952, veinte días antes de que Perón terminara su primera presidencia, y el Gobierno indemnizó a la empresa concesionaria con 3 millones de dólares. Recordemos que a lo largo de la década del treinta, se había producido la concentración de la explotación del servicio telefónico, en las manos de unas muy pocas compañías. Una de ellas, la Unión Telefónica con un gran porcentaje del servicio, filial de la ITT, en una típica maniobra monopolista, traspasó a otra de la misma compañía, la Standard Electric Argentina, todas las tareas de montaje e instalación de equipos de las centrales telefónicas fabricadas en el exterior, desmantelando todos sus departamentos no dedicados a la explotación del servicio. Los trabajadores iban tomando conciencia, por medio de su propia experiencia, de la necesidad de ampliar el marco de su política reivindicativa, para incluir en él, a través de su acción política, toda la trama de intereses que estas empresas poseían. El gremio empezó a levantar como una de sus banderas primordiales, la “nacionalización del servicio telefónico”. Ese objetivo se concretó finalmente durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, el 18 de marzo de 1948, mediante el decreto 8104 del poder ejecutivo nacional, que determino la Nacionalización del Servicio Telefónico en la República Argentina. Esta medida complemento la serie de nacionalizaciones en áreas claves de la economía nacional, hasta ese entonces, mayoritariamente en manos de capitales extranjeros. En síntesis, en el área de las comunicaciones, la nacionalización había sido precedida por el decreto 9180/46 del 3/9/46, luego ratificado por la Ley 12.864 del Congreso de la Nación, con el cual se aprobó un Convenio con la ITT, para la adquisición de la Unión Telefónica, que en ese momento explotaba el 85 por ciento de las comunicaciones del país.

Más allá de las discusiones sobre la justeza del procedimiento de compra, y de las cláusulas del contrato, que implicaban asistencia técnica y aprovisionamiento de materiales telefónicos, la importancia de la decisión adoptada estriba, en dos factores imprescindibles para un desarrollo autónomo. Uno de ellos está relacionado con la seguridad y la defensa nacional, al ponerse en manos del Gobierno Nacional el control y los planes de desarrollo de las telecomunicaciones.

Proyectada para medio siglo, la EMTA es disuelta antes de cumplir 16 meses. En el año 1949 se creó el Ministerio de Comunicaciones, del cual dependían dos organismos: la Dirección General de Correos y Telégrafos y la Dirección General de Teléfonos del Estado. De este último organismo dependía la Empresa de Teléfonos del Estado, creada el 17 de junio de ese año. El 10 de abril de 1950 se firmó la escritura por cuyo intermedio pasaron definitivamente a poder del Estado los bienes muebles e inmuebles de la ex UT. Faltaba aún una operación, y se formalizo el 1º de enero de 1952 al aprobarse el acuerdo entre el Gobierno y la ITT, por el cual el Estado adquiría los intereses que dicha empresa poseía en la Compañía Telefónica Argentina, la Compañía Telegráfica Telefónica Comercial y la Compañía Telegráfica Telefónica del Plata. A las ventajas para el país suscitadas por la nacionalización, el gobierno añadió otras medidas de neto beneficio para los trabajadores telefónicos:

*.- La firma de un convenio único para todos los telefónicos del país.

*.-El comienzo de la implementación de la jornada de 35 horas semanales.

*.-Fortalecimiento de la organización sindical, nucleando a todo el personal, sin distinción de categorías. Volviendo a la situación de la empresa, se constituyó en forma mixta como un Ente autárquico nacional sin participación de capitales privados, y fueron privilegiados los trabajadores para la compra de las acciones, pero frente a grandes dificultades en su conducción, el 18 de marzo de 1948 se la transformo en Empresa Teléfonos del Estado. Su desarrollo se completa en el año 49 con la adquisición de otras compañías permisionarias en Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa.

La cláusula del contrato de compra que obligaba a las compañías extranjeras, en principio, a su radicación productiva y fuego a una creciente fabricación nacional de sus aparatos hasta lograr un completo autoabastecimiento telefónico fue a menudo boicoteada por dichas empresas más aún después del Golpe del 55.En el año 1953, gana la licitación Siemens para la instalación de uno de los primeros cables coaxiles del mundo, de 1200 km. de longitud, siendo en esa otra oportunidad en que nuestro país es campo de pruebas de tecnologías para las empresas monopólicas (…) (6)

Dos estadísticas de la primera mitad de la década del 50 refieren a la situación del parque telefónico. En 1953, Teléfonos del Estado contaba con 924.976 abonados, distribuidos en 830 centrales, correspondiendo a Buenos Aires, 656.000 aparatos, el 99,9 por ciento de los cuales era automáticos. Mientras que en 1955 los suscriptores sumaban ya 1.047.000, lo que ENTEL ocupaba el séptimo lugar entre las organizaciones estatales telefónicas del mundo y el primero en América Latina. Deseando ilustrar este punto, es que volcaremos algunas ideas que se escucharon y se leyeron en Rosario y el país en esos meses. Primeramente se planteaba la habilidad de la Empresa Unión Telefónica, para lograr su enriquecimiento ilícito. Como tuvo a su disposición todo el mecanismo del poder concedente, de lo contario, nunca hubiera podido obtener autorización para percibir el precio de tarifas, que obtuvo. Desde los sectores del poder político y económico, ante el poder fascinante de la Unión Telefónica lo beneficiaron sin medida, lesionando la economía del pueblo argentino y atropellando sus más caros derechos. (…)

De un estudio publicado en los periódicos, “Tribuna Comercial”, en su edición del mes de julio de 1938 y “El Mentor” en agosto de ese año, se informaba que la empresa recaudaba, por ese concepto alrededor de $400.000 anuales. La Unión Telefónica nunca objetó esa cifra. Fueron muchas las estrategias de la UT, para el aumento de las tarifas. Una de ellas fue denunciada por el periodismo, cuando solicitó la aprobación de la revaluación de sus instalaciones, y de haber sido aprobada, “sería posible estimar la cifra astronómica a que elevaría su capital la UT, teniendo presente los altos precios que rigen en la actualidad para los implementos telefónicos, por causas que son del dominio público”, decía un artículo periodístico de la época. El parlamento nacional también sirvió a los intereses de la UT, incluso se llegó a que algunos de sus integrantes propiciaran una ley de monopolio telefónico, que felizmente no llegó a concretarse. Tal proyecto de ley fue auspiciado por la mayoría de la Comisión Especial de Estudio del Régimen Legal de Telecomunicaciones de la Cámara de Diputados y puede consultarse en las Órdenes del día N° 103 y N° 119 de los años 1937 y 1938. Pero la reacción de los usuarios fue contundente, se realizaron congresos, asambleas de centros comerciales e industriales de todo el país, a los fines de rechazar dicho proyecto. Se destacó la labor de la Federación Argentina de Entidades Defensoras del Comercio e Industria durante los años 1938 y 1940. En todas esas reuniones los asistentes se manifestaron a favor de la nacionalización del servicio. Los motivos eran de carácter político, económico y social. En el orden político, fueron varios los pronunciamientos. Primeramente se señalaba la pública y notoria colaboración prestada por la Compañía Unión Telefónica al movimiento de los golpistas de 1930, que desalojo del poder al presidente Yrigoyen. En esa oportunidad, la Casa Rosada quedo incomunicada con Campo de Mayo, pues el servicio telefónico dejó de funcionar. (…)

Historia de las telecomunicaciones en Argentina (Parte 2) — Revista Fibra

Uno de los fundamentos más fuertes para la nacionalización era la faz económica. Se sostenía que la mayor parte de las tarifas telefónicas, impuestas por el trust, con autorización oficial, eran elevadas e injustas. Una nota periodística de la época pinta con crudeza esa realidad, y con lenguaje propio de esos años “Muchas de esas tarifas son el resultado de la concepción maquiavélica de la filial de la ITT, empeñada u obligada a satisfacer apetitos de lucro incontenido de capitales foráneos o bien, son las que necesita para atender combinaciones financieras de sus empresas filiales, que la surten de materiales telefónicos. Pero también son las que precisa, para pagar gastos creados por la fantasía, y finalmente, son las que ha inventado para liberar del pago del impuesto a la renta, en el extranjero, a los aprovechados capitalistas, que probablemente, están muy lejos de la República Argentina”. (7 bis) Por otra parte, los analistas reclamaban y advertían que “Llegado el momento, la expropiación tendrá que hacerse previo el justiprecio de las instalaciones de las empresas particulares, considerando su “costo histórico”.

No debe dejarse impresionar por los enormes capitales que los interesados acusan, producto de maquinaciones calenturientas y, a la vez exponente de procedimientos empleados por ese capitalismo absorbente que, siempre ávido de dinero, prepara su gran negocio aún para aquellos casos, en que alguno de sus tentáculos pudiese ser expropiado”. (8) Se señalaba que “fácilmente puede observarse cómo la UT, mientras por un lado exprime u despoja a los usuarios, por otro lado escamotea todo cuanto está a su alcance para impedir sus egresos de dinero, birlando a tratando de birlar al Estado cuando debe dar cumplimiento a sus contribuciones fiscales nacionales o provinciales, regateando los haberes del personal obrero o bien exigiéndoles alguna contribución, que la Empresa utiliza indebidamente en su propio provecho. La UT, no es una entidad filantrópica, pero tampoco debe aceptarse que esa empresa, empeñada constantemente en aumentar sus ganancias haya iniciado y sistematizado la disminución de su personal obrero que, desempeñando menesteres delicados, aseguran el buen funcionamiento de las instalaciones. Esa constante eliminación de personal, redunda en manifiesto perjuicio del servicio, y, a la vez, menoscaba el derecho de sus pacientes abonados, pues lo pagan por bueno”. (9)

En definitiva, no solo era el Poder Ejecutivo que estaba decido a la nacionalización del servicio telefónico, sino que fueron numerosos los sectores que apoyaban la iniciativa. Desde asambleas de comerciantes, industriales, hasta la de vecinos, pasando por algunos periodistas, intelectuales y dirigentes sindicales.

CITAS

1.-Instituto Nacional Juan D. Perón, “Discursos de Perón”, Buenos Aires.

2 bis.- Vedoya, Juan, “La ITT en Argentina, Revista “Todo es historia”, N° 74, pág. 9, junio 1973.

3.- La Capital, 4 de septiembre de 1946, pág.

4.4.- La Capital, 4 de septiembre de 1946, pág.

4.5.-Vedoya, Juan, op. cit.6. Revista Nuestra Economía, noviembre de 1946, Buenos Aires.

7.-Revista “Luchas Obreras Argentinas”, op. cit.7 bis.- Constitución 1949, Instituto Nacional Juan D. Perón.

8.-Chispa, 22 de marzo de 1946, pág. 3.9.- Chispa, 22 de marzo de 1946, pág. 4.(*) Estas líneas pertenecen al libro “Telefónicos por sus Derechos”, de Leonidas Noni Ceruti.

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Agustín “Tano” Amicone: “Dass despide a 43 trabajadores y expone el colapso del sector del calzado”

En diálogo con La Columna Vertebral – Historias de Trabajadores, el secretario general de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado, Agustín “Tano” Amicone, analizó la crítica situación que atraviesa la empresa DASS en El Dorado, Misiones, que fabrica para Nike y Adidas y donde fueron despedidos 43 trabajadores. El dirigente contextualizó el conflicto dentro de la profunda crisis que vive la industria nacional, particularmente el sector del calzado por la apertura indiscriminada de las importaciones, pérdida de empleo sumado a la precarización laboral y ausencia de políticas industriales forman parte de un escenario que, advierte, podría agravarse en los próximos meses.

LCV: “¿Cómo es el conflicto que en este momento está llevando adelante la empresa Dass en El Dorado, Misiones?”

Agustín Amicone: “Lamentablemente, como ya informaron ustedes y otros medios, el fin de semana, a partir del viernes a última hora, la empresa decidió despedir a 43 trabajadores. La medida comenzó a efectivizarse desde el sábado, con el envío de notificaciones. Hoy tuvimos una conversación telefónica con un gerente de La Plata, quien ratificó que los despidos responden a la necesidad de ajustar la cantidad de personal al volumen de trabajo actual, porque los pedidos están escaseando. Incluso nos dijeron que la crisis es tan grande que la medida debería haber sido más profunda, pero que en esta primera etapa decidieron prescindir de 43 trabajadores, esperando que en marzo repunten las ventas, especialmente de las grandes empresas para las que producen. Esta es una empresa que no tiene marca propia, sino que trabaja para grandes marcas como Nike o Adidas, que son los principales proveedores en calzado.”


LCV: “Esto parece estar vinculado al problema general que atraviesa la industria nacional, las pymes y también a la importación indiscriminada.”

Agustín Amicone: “Exactamente. Esto no es un problema exclusivo de la industria del calzado. Hay un problema económico profundo en el país que atraviesa a todas las industrias. Y si se continúa con las medidas económicas que este gobierno viene aplicando y que aparentemente considera correctas, la situación se va a profundizar. Lamentablemente, se va a agravar. Yo no sé qué creen algunos que tienen en la cabeza: ¿que un país puede convertirse en un mero distribuidor de mercadería importada? Porque cuando importamos lo que estamos haciendo es pagar salarios en el exterior. Y encima, en muchos casos, son salarios de hambre. Es una competencia perversa entre quién explota más a su propia mano de obra.”


LCV: “Incluso ha cambiado el mapa mundial de la producción del calzado.”

Agustín Amicone: “Sí. Hoy China ya no es el principal competidor. Para los importadores de calzado, China está cuarta. ¿Por qué? Porque los salarios en China mejoraron. Ahora aparecen otros países con mano de obra más barata: Indonesia, otros países del sudeste asiático. La industria del calzado es una industria ‘pauperotrópica’, como dijo una vez un amigo economista: se traslada hacia donde hay más pobreza y mano de obra más barata, y se aprovecha de esa situación.”


LCV: “¿Y qué rol juega el Mercosur en este escenario?”

Agustín Amicone: “Yo siempre sostuve que había que replantear el Mercosur. El Mercosur debería servir para potenciar a los países que lo integran, no para que compitan entre sí de manera destructiva. Brasil produce alrededor de 800 millones de pares de calzado al año, mientras que Argentina apenas llega a unos 120 millones. Así es muy difícil competir. Nosotros planteábamos la necesidad de una integración más inteligente, con acuerdos que permitieran complementar capacidades, no pulverizar las posibilidades de desarrollo de ambos países. El espíritu original del Mercosur era construir un gran mercado común hacia afuera, no debilitarnos entre nosotros.”


LCV: “¿Cómo es hoy la situación de los trabajadores del sector?”

Agustín Amicone: “La mayoría de las empresas trata de conservar a su personal, porque formar a un trabajador especializado lleva tiempo y requiere inversión. Pero en este momento hay mucha gente suspendida, y suspendida sin goce de sueldo. Están esperando que la situación mejore, que marzo traiga un repunte. Todo el mundo está a la expectativa.”


LCV: “También hubo cambios estructurales en la industria del calzado.”

Agustín Amicone: “Sí. Antes existía mucha más especialización. Hoy casi todo es ensamblado: una parte se hace en un país, otra en otro. Antes Argentina tenía ventajas por su industria del cuero. Hoy el cuero pasó a ser casi un material de lujo. Aparecieron materiales sintéticos, semicuero, y hasta se engaña con términos como ‘cuero ecológico’, que no existe. Además, la industria del cuero siempre tuvo problemas ambientales, y muchas veces países europeos trasladaron esa contaminación a países como el nuestro. Pero eso es parte de un problema más amplio que atraviesa a toda la estructura productiva.”


LCV: “El panorama es realmente preocupante.”

Agustín Amicone: “Lo es. Y creo que la única salida posible es que la industria, los trabajadores y todos los sectores vinculados al trabajo se sienten a pensar una salida conjunta. Porque si no, nos van a pasar por encima.”


LCV: “Además, el próximo 3 de febrero habrá una reunión de la Confederación de Gremios Industriales para debatir esta situación.”

Agustín Amicone: “Sí, es muy importante que se abran esos espacios de discusión, porque lo que está en juego no es solo un sector, sino el futuro de la industria nacional en su conjunto.”

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El hombre que quiso regular la IA (y su enigmático final), por María Urruzola, desde Montevideo

Entrevista exclusiva a Daniel Mordecki, ex director de la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC) del gobierno de Yamandú Orsi

El insólito interés de Tony Blair de convertir a Uruguay en un “laboratorio” de IA, el mismo Blair de la invasión a Irak y ahora de la teórica Junta de Paz de Trump para Gaza -que se propone crear en Palestina un balneario para ricos del mundo-, preocupó a bastante gente en la República Oriental, lo que solo se manifestó en las redes. Si bien en Uruguay el silencio tradicional del verano dura tres meses o más, pocos días antes de fin de año el gobierno despidió al novel director de la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC), Daniel Mordecki, alguien que trabajó sin prisa pero sin pausa en sus cortos 9 meses de función para que Uruguay tuviera una regulación de la IA y del uso de los datos por parte de los milmillonarios de la Tech (grupo de empresas especializadas en tecnología que ofrecen ‘soluciones ágiles’ a los problemas corporativos). Casi todos ellos amigos de Trump y muchos de Israel.
Si bien la Agesic no es un organismo que figure en el horizonte cotidiano de los ciudadanos, es “el organismo” del gobierno que lidera las estrategias del Estado para el mundo digital. En 20 años, lo posicionó como líder en América Latina en desarrollo de las TIC y lo ubicó entre los tres países “pioneros” de América Latina en gobernanza en IA, junto a Chile y Brasil.
Que el nuevo gobierno de izquierda haya nombrado un director, conocido por su larga trayectoria, y a menos de diez meses lo haya puesto de patitas en la calle, sin mediar explicación, no solo es grave sino que preanuncia lo que algunos representantes de la derecha reclaman en voz alta: no enojar a Trump ni a sus amigos, y ceder todo lo necesario para pasar por debajo del radar patotero del nuevo orden mundial. Lo que no hizo Mordecki, que a mediados de 2025 firmó una declaración de judíos uruguayos contra el genocidio del gobierno de Israel en Gaza, exigiendo la ruptura de relaciones con ese país, y que apenas unos pocos días antes de ser despedido anunció entre 45 y 50 nuevas normativas gubernamentales para la IA, el uso de los datos y la transparencia del “ecosistema digital”. Como no se fue en silencio, sino que presentó una denuncia ante el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio, el partido de gobierno, no aceptó hablar de su caso pero sí de los problemas que plantea el nuevo mundo digital
.

¿Uruguay está en condiciones de garantizar la soberanía tecnológica del país?

– Debe haber pocos temas más complejos que el de la soberanía digital, porque habría que dar otra discusión previa, interesante, sobre la soberanía y sobre si las fronteras son una buena organización para el mundo. Un ejemplo: el sindicato de la bebida festeja que trajo una planta desde Argentina a Uruguay y eso quiere decir que en Argentina sus pares se quedaron sin ese trabajo. La empresa en realidad ni ganó ni perdió nada, porque los impuesto pueden tener alguna pequeña diferencia, pero de hecho fabrica la misma bebida de un lado y del otro. Entonces, las fronteras son una cosa bastante jodida, que ahora están en plena discusión. La frontera tiene que ver con la nación de distancia o sea con la geografía y con el territorio físico, y lo digital no tiene territorio.

No tiene territorio en el sentido geográfico, pero tiene materialidad en el sentido físico: se apoya en centros de datos, lo que antes se llamaba la autopista de la información… tiene cables, tiene aparatos…

Sí, pero no es relevante, o mejor dicho es prácticamente irrelevante dónde estén esos cables. Tú tenés un data Center de Google en Uruguay, físicamente. ¿Qué diferencia hay entre que esté en Uruguay, que esté en Argentina que esté en Arkansas?

Las fronteras son una cosa bastante jodida, que ahora está en plena discusión

Se supone que la diferencia es que usa nuestra agua, usa nuestra energía…

-Y la empresa de seguridad que cuida el local es de Uruguay. Pero lo técnicos son los mismos, los datos son los mismos. Es evidente que hay cables y hay máquinas y hay procesadores y memorias, y que eso existe físicamente, que tiene materialidad, pero el lugar es prácticamente intrascendente. El primer problema de la soberanía digital es definir qué es ser soberano digitalmente. Porque no es que estén las cosas en el territorio. El segundo problema es que prácticamente todos los sistemas están interconectados, todo o casi todo, y un sistema que no está interconectado no sirve para casi nada. Si alguien necesita seguridad realmente extrema lo que haces es desconectar Internet y desenchufar todo. O sea: tiene que ir al lugar, poner una silla y usar una máquina, que esté en el lugar. Eso se hace para determinadas cosas y está bien que se haga. Pero no es la idea que uno tiene de las gestiones y los trámites y las transacciones y la información y los blogs y las redes… eso está todo conectado, y tiene que estar todo conectado. Si te estás preguntando cómo calza un mapa en una cosa que no sabe qué son las fronteras…

Exacto. Es la preocupación que me surge cuando oigo al dueño de Oracle decir que lo primero que tiene que hacer un gobierno es poner todos los datos de su país en la nube, para que puedan ser usados por la inteligencia artificial. ¿Todos los datos de Uruguay? Se supone que por ahora están solo en manos de Agesic, de la agencia del gobierno.

–Ni siquiera. Los tiene cada organismo. Pero ahí tenés múltiples problemas. Ahora se habla mucho de resiliencia, es un palabra de moda. Pero la resiliencia está dada por la fragmentación. Te pongo un ejemplo que a mí me gusta mucho, que refiere al gas ¿por cañería o supergás por garrafa? El supergás está fragmentado. No hay una forma de impedir que cocinen en el mismo momento a todos los que tienen supergas. Puede haber problemas, de distribución, porque con todo puede haber problemas, pero no hay un punto único de falla, un lugar en el que vos te propones pegar y se acaba todo. Pero en el gas por cañería sí. Vos cerrás el caño principal y nos quedamos todos sin gas, en simultáneo. Entonces el primer problema es que la concentración trae beneficios, pero genera automáticamente puntos únicos de falla: para que deje de andar, para que lo corten, para que lo roben, para que lo tergiversen. O sean, grandes problemas. Amenazas que no existían antes, grandes problemas de seguridad en el sentido más amplio de la palabra, que la fragmentación evita de forma natural.

Como Estado, la pregunta es: qué problema quiero resolver. Porque nunca la solución precedió al problema

Pero lo que preconiza el dueño de Oracle, en el sentido de usabilidad, digamos, de todos los datos de un país, es decir datos de ciudadanos, de salud, datos económicos, fiscales, etc, para ser usados por la inteligencia artificial, nos plantea el tema de quién los usa.

-Dejemos dicho que la concentración es un problema o debe ser tratada con un cuidado especial. Si a vos te propusieran tener dos sistemas que valen lo mismo, iguales, uno con la información fragmentada y otro con la información concentrada, el que tiene la información fragmentada tiene ventajas. Lo que pasa que la información fragmentada trae otros problemas, de acceso por ejemplo. Con respecto a los empresarios de la inteligencia artificial, o sea Larry Ellison y otros cinco, seis, todos ellos están en el modo: “la inteligencia artificial resuelve cualquier problema”. Pero nunca fue así. O sea: nunca una solución precedió a un problema. La pregunta que habría que hacerle a Larry Ellison sería ¿qué problema queremos resolver?

Él, está claro que busca la monetización de los datos, que no son suyos.

-Yo entiendo cuál es el problema que él quiere resolver. El quiere vender. Lo que parece razonable dado que es un empresario que se dedica a eso. Pero como Estado, la pregunta que hay que hacerse es: qué problema quiero resolver… Y te diré que no sólo como Estado… como empresa, como persona, como lo que sea, la pregunta es siempre ¿qué quiero resolver?

La IA empezó a estudiarse en la década del sesenta. En los 70 y 80 apareció el fenómeno de los ‘inviernos de la IA’. En los 90 tuvimos la ‘burbuja’ de los puntocom

¿Y eso qué significa para los gobiernos?

-Que vos como Estado no podes comprar ese juego de que la IA es un gran negocio que va a cambiar el mundo. Vos tenés que mantener la lógica de: primero el problema, la solución después. Porque primero tenemos que definir qué es la inteligencia artificial, de qué hablamos. La IA no es la capacidad de generar textos. Eso es como la cereza en la crema. La inteligencia artificial existe desde la década del 60, cuando nace la primera generación de computadoras y entonces se juntan los informáticos del momento, los más filosóficos, con psicólogos, neurólogos, lingüistas (Noam Chosky fue uno de ellos) y empiezan a hacer estudios sobre la similitud del la computadora y el cerebro, como comparables en su funcionamiento lógico. Empiezan pruebas de cómo funcionaba el lenguaje natural traducido a formatos informáticos.

Ya hubo una burbuja de las puntocom, a mediados de los 90.

-Y antes hubo lo que se llamó “inviernos” de la inteligencia artificial, en los 70-80, y luego una década después. La idea nació del “invierno nuclear” durante la Guerra Fría: momentos en los que alguien promete que las computadoras van a lograr cosas increíbles, lo mismo que prometen ahora, y empiezan a fluir los fondos, y aumentan las promesas, y el dinero mana a raudales, como una primavera, y después explota todo, se cae, y nada era como lo habían prometido. ¿Eso quiere decir que la IA no produce resultados? Sí, produce, pero no hay que centrarse en lo que hace el mercado.

La IA es un sistema probalilístico, que usa millones de datos. Los nuestros

¿Y qué es la inteligencia artificial?

-Es un sistema que genera un modelo probabilístico de qué cosas pueden pasar. Esa es una definición que abarca todo lo que se pueda llamar IA. O sea: si vos tenés un sistema de contabilidad, a los mismos datos de entrada, los mismos datos de salida. Y si ponés otro sistema, a los mismos datos (el mismo balance, el mismo plan de cuentas, etc), hace el mismo informe.
La IA es un sistema que busca entre una cantidad, no importa cómo lo hace, de datos y soluciones, y te da una, diciendo: esta es la más probable. Un sistema de previsión del clima, es un sistema de inteligencia artificial. Por ahora son todos distintos porque todos valoran cosas distintas. Y es evidente que en una infinidad de terrenos, tener un modelo probabilístico de calidad es bueno. Que a vos te digan que algo tiene el 95% de probabilidad, es muy importante.

Por eso el dueño de Oracle quiere que Inglaterra ponga todos sus datos de salud accesibles.

-Vos mirás esos datos y tenés un camino para decir: ahí debemos invertir muy fuerte. Larry Ellison no lo sabe, pero Uruguay tiene en la historia clínica nacional los datos de eventos de todos los uruguayos de los últimos 10 años. Cientos de millones de registros. Entones tú podés, a partir de esa información, prever muchas cosas, con un modelo probabilístico: para tales enfermedades, o tales situaciones clínicas, qué pacientes tienen más de 80-90% de probabilidades. No es un diagnóstico, es un modelo. Y en el momento en que entendés que lo que hace la IA es un modelo probabilístico, entendés que los errores son inherentes, y que no los van a corregir. Siempre habrá un porcentaje de error.

Uruguay, la Patria o la tumba…o la Patria y la cumbia?

¿Como funciona el que escribe texto “predictivo”?

-Si a vos te dicen en Uruguay “la patria o la…” vos decís “tumba” ¿Verdad? Esa es la palabra, es evidente. Alguien supuso que se podría hacer eso con cualquier texto, no solo con refranes: “en boca cerrada no entran….” y la palabra es “moscas”. A alguien se le ocurrió -y es alucinante que se le haya ocurrido- que si juntaba todos los textos que existen en el mundo, podía encontrar la próxima palabra. Es un sistema de lógica ¿Funciona? Para ese tipo de cosas, sí, funciona. Claro, siempre hay un Esmoris que te hace un espectáculo que se llama “La patria y la cumbia”. Entonces, ahí no funciona, porque son modelos probabilísticos.

¿En qué otro terreno la IA es evidente?

-Por ejemplo en todo lo que la Dirección General Impositiva inspecciona. Agarras todos los datos acumulados y haces un modelo probabilístico. No quiere decir que un señor concreto esté defraudando. Quiere decir que en ese sector, con ajustes que vas haciendo, si te da que el 80% tuvo problemas, entonces estás seguro de que más o menos ahí tenés trabajo para hacer. Igual quiere decir también que hay un 20 o un 30 por ciento que no defrauda.

¿En qué sectores obvios un Estado tiene que invertir en IA?

-Yo te diría que en todos. Pero no se trata de poner plata. Es como si vos te preguntas ¿quién, en un país, necesita vivienda? La respuesta es “todos”. Está claro que en todas las áreas hay problemas a resolver, y los ejemplos que te puse son bastante obvios, pero después hay que estar en cada terreno. Y saber qué querés. La gente cree que el tema de los trámites burocráticos online son complicados y que por eso muchos ciudadanos no los hacen, porque el lenguaje no es claro. Lo que es complicado es el andamiaje jurídico que hay por debajo. No es un problema de claridad. Por ejemplo el seguro de paro. ¿Sabés cuántas leyes hay de seguro de desempleo, seguro de paro, subsidio de desempleo? Hasta los nombres difieren. Y eso no se resuelve con un Chatbot. Hemos avanzado enormemente. Antes esos modelos probabilísticos de la informática nos daba números, y ahora nos da una planilla llena de gráficos, perfectamente diseñada, legible en principio por cualquier ser humano. Pero ¿quién valida que eso está bien?

Eso va a cambiar automáticamente muchas reglas de juego hasta ahora conocidas.

-Sí, como internet cambió la sociedad. La IA generativa, la que genera textos, imágenes, cambiará muchas cosas, cambiará las reglas de juego, pero no en el modo en que nos lo quieren vender ahora. Te diría que no es predecible la manera en cómo cambiará. Hay indicios, pero hay que tener cuidado: que una aplicación me haga un resumen de un informe de 60 páginas, no me dice qué está bien y qué está mal, en qué vale la pena usar nuestro análisis y en qué no. En broma, hay colegas que dicen que cuando una línea está torcida, es que la hizo un humano. Es una referencia.

Alexa responde porque siempre nos está escuchando ¿Sabés qué dice el contrato que firmás sobre lo que escuchan?

Entonces, la inteligencia artificial por ahora es esa capacidad de usar millones de datos para resumir, simplificar y traducir con su probable margen de error. Muchísimos oficios se verán alterados o suprimidos.

-Sí, formas prácticas de hacer algo. Pero ahí entra una pregunta que es muy relevante, sobre las multinacionales y el poder que tienen. El problema es el nivel de acumulación de datos. La materia prima de las multinacionales son los datos. El ejemplo de “orientales la patria o la tumba” es muy útil. Imaginate la cantidad de textos que hubo que revisar para encontrar una suficiente cantidad de frases parecidas, para adivinar cuál era la palabra que seguía. Millones, de millones, de millones. El secreto es que las multinacionales usan los datos que están a su alcance, en particular los de los teléfonos. Aquellos que tienen habilitado Siri o Alexa, le dicen… “decime… buscá…”, y el sistema responde. ¿Cómo hace Siri o Alexa para que vos le hables y se prenda? Porque está escuchando, ¿no? ¿Qué dice el contrato que vos tenés de tus aplicaciones sobre lo que están escuchando?

No sé.

-Yo te lo digo: lo pueden usar. Pueden usar todo lo que genera tu teléfono… cuando navegas, cuando usas el GPS, cuando sacas fotos, cuando usas el reloj en la muñeca que controla tus pulsaciones, tu presión… tu ritmo cardíaco, cuánto dormís, qué ejercicio haces…. todo lo pueden usar. Lo registran y lo almacenan, y lo usan para hacer predicciones de comportamiento. Ahí vos entendés el problema político.

¿Y cómo frenas eso?

-No se puede. Mi respuesta es que lo que sí se puede es reducir el impacto de eso, reducir el daño, buscar equilibrios. Educando a la gente en el uso, pero además regulando y limitando el derecho que esas multinacionales tienen. El derecho que tienen a llevarse los datos no lo vas a limitar, porque eso significa que la gente por ejemplo no use el GPS y cuando le decís eso a alguien, la respuesta es “no me importa, prefiero que se lleven mis datos y yo usar el GPS”.

La gente razona que sus datos, con nombre y apellido, es decir qué hago yo persona, no les importa a las multinacionales.

-Es que esos datos, junto con millones de otros, se los van a vender a alguien. Los dueños de las multinacionales también son dueños de parte de mi actividad. Si yo vendo en Amazon, en MercadoLibre, en Facebook, en Marketplace, en Google Ads, y me cierran la cuenta, porque violé una norma que ellos pusieron, no tengo a dónde llamar, porque aunque parezca que sí, no atiende nadie. Si yo soy una pequeña empresa (aún a las grandes, muchas veces no las atiende nadie), si yo vivo de esa actividad, me va bien, importo cosas y las revendo… no estafo, no robo, solo trabajo, y por la razón que sea me cancelan mi acceso a mi cuenta, a mi correo, a lo que sea… me quedo sin trabajo. Y tengo que ir a reclamar a California, que es lo que dice la letra de lo que aceptamos. Eso lo podemos regular, poner que deben aceptar la jurisdicción de Uruguay, los tribunales de Uruguay.

En la balanza están de un lado las ganancias de unos pocos y del otro los derechos de todos nosotros

¿Y eso es posible?

-Sí es posible, es una decisión política. Ellos te van a decir que se van, y te van a decir una cantidad de cosas, pero en realidad la vida va demostrando que no se van. Y la pregunta es: ¿se irán? Porque por ahora en el capitalismo la respuesta es: vendrá otro a suplantarlo y ocupará ese lugar. La experiencia que hay en el mundo es que cuando Francia le dijo a Google que tenía que pagarle a los medios impresos por las publicaciones que hacía y Google dijo que no, vino Microsoft y dijo que sí.

¿Por qué se negarían a usar la jurisdicción uruguaya?

-Por plata, porque si aceptan las leyes uruguayas, que es un mercado de quinto o sexto orden, quiere decir que están aceptando las leyes de todos los países, más de 190, por lo que tienen que estar preparados para litigar en 190 jurisdicciones diferentes, con leyes diferentes, y tienen que tener 190 bufetes de abogados especializados, a los que tienen que pagar, y además coordinar, y eso significa también que tendrán muchísimos más juicios, porque cada usuario puede ir a la defensoría del consumidor de su país. Es decir: les va a costar muchísimo más caro. La ecuación, para las grandes multinacionales, es entre sus ganancias y los derechos de la gente. Eso es lo que está en los platos de la balanza. Y poner reglas es una decisión política. Las preguntas siempre tienen que ser: para qué y hasta dónde. La persona que va a tomar una decisión política se tiene que hacer esas preguntas.

¿Y los jerarcas se hacen esas preguntas respecto a las grandes tecnológicas?

-Te puedo decir que el país quiere inversiones. Por ejemplo traer un Data Center. Pero la pregunta es para qué…¿Cuánto derrama y cuánto tenemos que entregar? ¿Quién gana qué?

Si usan nuestra agua y nuestra energía…

-El que se instaló de Google cambió el modelo de refrigeración. Lo hacen ahora por circuito cerrado. Pero la pregunta es: ¿hay que regular? Yo creo que sí, que hay que regular. ¿Vas a minimizar el problema de que se lleven todos los datos de los usuarios? No, eso no lo vas a resolver.

Uruguay tiene el perfil de ‘país boutique’. Chiquito, super controlable, correcto.

¿Por qué a Tony Blair le puede interesar Uruguay, al punto de definirlo como un laboratorio de IA?

-Es que Uruguay tiene el perfil de un “país boutique”. Como un hotel boutique: chiquito, super controlable, correcto. Uruguay es un país super culto, súper estable, con un régimen normativo sólido y estable, y que no le importa a nadie. Es un laboratorio perfecto para probar cosas. Pero no creo que eso tenga que ver con el objetivo del dueño de Oracle de unificar datos. No está planteado en el Estado unificar datos. Lo que está planteado es unificar los sistemas, hacer que todos los organismos dialoguen entre sí, que todos accedan, que interoperen.

¿En eso trabaja la Agesic?

-Ahora no sé, porque me echaron sin decirme porqué… pero la primera cosa es consolidar la infraestructura, y luego, otra cosas, es unificar los sistemas. Consolidar la infraestructura es un problema físico, y hoy en día es una necesidad imperiosa. Eso significa poner todos los datos en una sola unidad o unas pocas, y que maneje toda la infraestructura del Estado. Que haya tres o cuatro Data Centers, conectados y que ahí esté todo el Estado.

¿Como tiene Corea del Sur?

-Del estilo. Tiene sentido que Antel tenga tres Data Center, fragmentados por seguridad, es lo que hablábamos de la resiliencia, pero hay que decidir dónde está toda la infraestructura del Estado. Pero no un solo sistema, eso es otra cosa. Cada organismo sigue manejando su sistema, y lo que tienen que hacer es interoperar hacia adentro.

La ciberseguridad total es imposible, pero hay muchas cosas que se pueden hacer

¿Como si hablasen Esperanto todos ellos? El Esperanto de la informática, pero cada uno habla su idioma.

-Algo así. El tema es que cuando yo consolido una infraestructura para el Estado, pongo condiciones. Sobre todo las de seguridad. Si viene alguien del Estado a poner su infraestructura y no acepta las reglas de inter-operabilidad, entonces no lo dejo instalar. ¡Vos no podrías creer las cosas que hacen en diferentes lugares del Estado! Y los programas truchos que instalan por todos lados… Siempre está el riesgo de que te roben. Pero una cosa es que vengan, desconecten la alarma, rompan la reja, entren y te roben tal y tal cosa, y otra es que dejes la bici en la puerta sin cadena. Nosotros, Estado, tenemos todas las bicis ahí afuera… bueno, no todas, tenemos algunas cosas muy bien hechas.

Vayamos a la soberanía digital.

-Es un tema de los más áridos y complejos, porque la definición de soberanía es de por sí complicada, pero hay algunas cosas que se pueden entender. La primera es que hay niveles: la continuidad del negocio y el del acceso a los datos. Son dos problemas separados. El primero es: yo uso o pongo una aplicación en un entorno que no controlo. No importa si es fuera del país, o si es acá. Yo pongo mi aplicación en un proveedor en Uruguay, tengo un contrato firmado, dice que la jurisdicción es de Uruguay, pero Donal Trump en USA le dice que apague la llave. Y la empresa qué hace: ¿la apaga o no? La apaga, obvio. Es decir, hay un primer problema que es el de continuidad del negocio. ¿Qué hago yo si me bajan la llave o me cortan el cable? Y ese es un problema que te saca de la territorialidad. Acá en Uruguay hay tercerizaciones (outsourcing) con empresas brasileras, con capitales de otros países, también en Estados Unidos, una cantidad.

¿Qué hago yo si me bajan la llave o me cortan el cable? Es un problema que te saca de la territorialidad.

¿Es algo que se puede controlar?

-Sí, si se regula. Regulaciones del Estado. Hay un decreto muy viejo, el decreto 92 del 2014, que reguló (estuvo muy bien para la época), la territorialidad de determinada cosas. Es decir, que ciertas cosas estén en el territorio. Era la época en que había secretarías de ministerios que tenían sus correos con @yahoo.com o gestión humana con @gmail… Ese decreto, que hay que actualizar, parte digamos de la lógica de continuidad del negocio y de seguridad.

¿Y los datos?

-Hay dos terrenos allí: ¿confías o no en los contratos? Uno es un problema de política pública y otro es un problema de defensa. Si vos firmas un contrato con una empresa y vos asumís antes de firmar que no lo va a respetar, entonces tenés un problema de Defensa Nacional, que hay que ver cómo se resuelve.

El Ministerio del Interior no parte de la base de que las empresas van a incumplir los contratos, el de Defensa sí.

Tenemos ahora el ejemplo de la relatora especial de la ONU para los territorios ocupados en Palestina, Francesca Albanese, a quien USA declaró como enemiga y ordenó cortarle todo el acceso a todo: cuentas, salud, viajes, hoteles, mails, absolutamente todo. Al punto que el Parlamento Europeo, a donde debía ir para presentar un informe, se enteró que la empresa de reserva de hoteles era norteamericana y le anuló la reserva que tenía para ella en Bruselas, porque su software respondía a la regulación americana.

-Exacto. Cancelarla de cualquier sistema de existencia. Eso le puede pasar a cualquiera y también le puede pasar a un país. Por eso digo que hay temas de los cuales se ocupa el Ministerio del interior, por ejemplo la seguridad de cada individuo, pero hay otros que son resorte del Ministerio de Defensa. El Ministerio del Interior no parte de la base de que las empresas van a incumplir sus contratos, el de Defensa sí. Entonces yo te diría que el problema de la soberanía de los datos es un problema casi insoluble, sin cambios profundos en la gobernanza mundial. En el mundo mundial, en la geopolítica mundial. Trump ya dijo que todos los datos que manejan las empresas norteamericanas, son de Estados Unidos. Incluidos los datos extranjeros, pero que los manejan empresas norteamericanas. Eso son los datos de medio mundo. Más o menos de medio mundo, incluidos los nuestros. Lo que está diciendo, traducido, es que más allá de lo que digan los contratos, todos las empresas norteamericanas tiene un cable por atrás que le permite a él leer todos esos datos cuando quiera. Cada vez que yo acepto comprar los servicios de una empresa que está en USA, estoy aceptando que la realidad eventual es esa. Y te diría que todo lo que hace la gente en sus teléfonos, todo o casi, está allí. Es infinito.

Organismos, empresas, personas…

-Pensar que hay muchos datos que están acá, es una falsa impresión. Porque ¿dónde están acá? ¿Qué software usan? ¿Qué sistemas operativos? Todo nuestro Estado usa IBM, o Microsoft, u Oracle. Todo. No hay otra cosa. Salvo que pienses en la alternativa china. Pero el problema es el mismo: el que corta el cable es el gobierno de China. Y la discusión no puede ser cuál imperio es mejor, si el norteamericano o el chino.

Entre los tecnofanáticos y los tecnoescépticos, el deber es tener un plan B

¿Y cómo se plantean este problema las personas que están al nivel de decisión que estabas tú?

-Me acaban de echar, pero te diré que se lo plantean tal cual te lo digo: no podemos hacer nada. Pero hay recursos que se podrían usar. Por ejemplo, dividir el problema entre la continuidad del negocio frente al de la propiedad de los datos, ya que en el terreno de la continuidad sí podes hacer. Porque podes -o debes- tener un respaldo de todos tus datos, y un plan B que te permita reconstruir todo en 15 días. ¿Lo puedo tener? Claro. Sale plata. Pero puedo tener un crédito en un banco alemán, o indio, que me financie eso. O sea, alternativas. Un plan B, y tal vez un plan C, y un plan D.

En Francia hackearon varios hospitales públicos que de golpe se quedaron sin acceso a las agendas, a las historias clínicas, a todo el sistema de funcionamiento, y debieron usar el lápiz y el papel para poner algún orden. Eso, por hackers que piden rescate para liberar el sistema de datos.

-Sale plata tener plan B. Es un problema de negocio puro y duro. Y un problema político. Porque te sale plata una cosa que vos no exhibís, que tiene cero visibilidad. Lo que se evita no se premia. O sea: vos ponés plata para evitar cosas, y eso solo se utiliza cuando suceden las cosas. Si no suceden, no se usan. El problema es ¿quién te da un presupuesto para eso? Porque no es un respaldo en línea, que también se pueden llevar, es un respaldo en cinta, digamos, y ¿cuantos tenés? Tengo tres juegos, en lugares diferentes. Porque uno se me puede quemar, otro me lo pueden roba. Bueno, entonces el mueble donde tenés un juego tiene que ser ignífugo. Todo eso es cash, trabajo y plata. Eso es una decisión política. Que siempre implica analizar hasta qué nivel de riesgo aceptas o te podés permitir. Si hay una invasión extraterrestrre o una bomba nuclear, es obvio que ningún sistema funcionara y no se podrá recuperar nada. Si sos el hospital, por ejemplo, de repente puedo recuperar una parte, pero no todo, y no voy a tener la información de las historias clínicas de diez años hacia atrás. Eso, asumo perderlo, pero no todo. Porque el negocio del riesgo es un negocio infinito. En algún momento vos tenés que asumir que vas a perder una parte. Incluso en tu casa. Salvo que pongas un domo de vidrio que proteja la propiedad, como en los Simpson, blindado. Y hasta puede venir un jet de combate y derribarlo. Es interminable. Entonces, en un momento tenés que parar y decirte: eso no lo puedo resolver.

El Estado debe tener un respaldo de todos sus datos, y un plan B para reconstruir todo en 15 días. Pero eso sale plata y no tiene visibilidad

¿Hay conciencia en el Estado de esos dilemas?

-No es pareja la conciencia del problema. Hay lugares que están muy bien, que tienen planes de contingencia y los ponen a prueban cada año. Porque ese es otro asunto: hay que probar el sistema de respaldo para ver si funciona. Lo único inadmisible es que no haya ninguna evaluación y que estés sometido al riesgo total sin verlo. El problema de la soberanía no es solo el de la geopolítica y el del dominio de alguien sobre todo. Hay un problema práctico, mucho más tangible, que tiene que ver con la soberanía, que es cómo me recupero. Porque también puede pasar que haya un proveedor que se funda. Que tu respaldo deje de funcionar.

En el actual estado del mundo ¿cuánta gente que tiene cargos de dirección en temas de tecnología asume la nueva situación?

-Son temas de conversación permanente. Sin duda. Pero el espectro va de los tecnofanáticos, que piensan que siempre habrá una solución tecnológica que nos salvará, a los tecnoescépticos, que no creen que la tecnología salve al mundo. Recomiendo que lean un libro que se titula “La era del capitalismo de vigilancia”, que es de una socióloga norteamericana, Shoshana Zuboff, que explica cómo extraen y qué hacen con los datos.
A nivel del Estado o del gobierno, te diría que hay una corriente más preocupada por los derechos y por el para qué, y otra corriente mucho más preocupada por los números de la economía. El “para qué” es fundamental, en mi opinión. ¿Para qué queremos Facebook? Pros y contras. ¿Para qué queremos que vengan a instalar Data Centros? Si les vamos a dar una Zona Franca, si no van a pagar impuesto, si los técnicos van a estar en el exterior, si van a usar nuestra energía, si solo van a contratar guardias de seguridad ¿Para qué? Entonces está el corto plazo, y el largo plazo. Yo te diría que casi todas son decisiones políticas. No hay decisiones técnicas. Los técnicos te presentan modelos, desde “cero confianza a nadie” en la ciberseguridad, a grados crecientes de confianza. La decisión siempre es política y tiene que ver con el corto o largo plazo. Y con quien quiere cortar la cinta públicamente.

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Ambiente

Crónica de una quiebra: el default de los ríos patagónicos, por Guillermo Gettig Jacob*

El mundo ha entrado oficialmente en la era de la quiebra hídrica. No lo dice solo el polvo que vuela hoy sobre la meseta; lo advirtió la ONU este 21 de enero de 2026. La humanidad ha roto el ciclo del agua, y en la Patagonia, esa bancarrota se traduce en ríos que ya no llegan a su destino y lagos que se borran del mapa.

El Senguer: Una arteria rota

El sistema del Río Senguer es una cadena de vida que se ha cortado. Como un organismo que sacrifica sus extremidades para intentar salvar el corazón, el sistema ha dejado morir al Lago Colhué Huapi. Mis propias fotos del lago hoy muestran un desierto donde debería haber olas.

El Senguer, que interconecta los lagos de cordillera con el Musters, ya no tiene “capital” suficiente para repartir. El Musters, rehén del consumo humano e industrial, retiene lo último que queda, dejando al Colhué en una insolvencia total. Es el primer gran colapso de la quiebra hídrica en el sur: un sistema interconectado que ya no conecta nada.

Chubut y Negro: El retroceso de los gigantes

Más al norte, la situación no es más alentadora. El Río Chubut está operando con el 50% de sus ahorros históricos. El ingreso al Dique Ameghino es hoy una sombra de lo que fue en el siglo XX. La “quiebra” aquí se siente en la falta de presión en las canillas de las ciudades del valle y en la incertidumbre de los productores que ven cómo el río se retrae, dejando al descubierto riberas de lodo seco.

Por su parte, el Río Negro, el más caudaloso de la región, ha perdido el 43% de su fuerza vital. Lo que la ONU describe como la “ruptura del ciclo hídrico” se ve aquí de forma clara: las nieves que antes financiaban el caudal de verano ya no caen, y el río, ese gigante que parecía inagotable, entra en zona de números rojos.

De la crisis a la insolvencia

La diferencia entre “crisis” y “quiebra” es que la crisis es temporal, pero la quiebra es estructural. La nota de Euronews es clara: las grandes potencias han ignorado las alertas y ahora el sistema natural ha quebrado.

En la Patagonia, esa quiebra significa que:

* El agua ya no es un recurso renovable bajo las condiciones actuales.

* La interconexión de las cuencas (como la del Senguer) es su mayor vulnerabilidad: si falla la naciente, colapsa toda la línea hasta el último lago

.* La política tradicional es cómplice al seguir gestionando los ríos como si el “depósito” se fuera a llenar mágicamente el próximo año.

El territorio habla

Las imágenes del Colhué seco no son solo fotos de un paisaje triste; son el acta de defunción de una forma de entender nuestro territorio. El agua ya no alcanza para el extractivismo, el consumo desmedido y la naturaleza al mismo tiempo. Alguien está perdiendo, y por ahora, es el territorio.

La quiebra hídrica global ha llegado a la Patagonia. La pregunta no es cuándo volverá el agua, sino cómo vamos a sobrevivir en un territorio que se está quedando sin crédito ambiental.

*Guillermo Gettig Jacob, docente de Chubut, referente ambientalista, miembro de Asamblea Autoconvocados por el agua.

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