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Miguel Ángel Bustinduy: “Necesitamos una ley federal para que Nación vuelva a manejar el transporte de todo el país”

Miguel Ángel Bustinduy, líder de la agrupación Juan Manuel Palacios en la UTA, charló con La Columna Vertebral sobre las razones detrás del paro de colectivos que se dio la semana pasada en distintas provincias, las duras condiciones del sector durante la pandemia y la necesidad de que el Gobierno Nacional tome medidas para regular el transporte.

LCV: En pandemia los colectiveros fueron esenciales pero al mismo tiempo las empresas estaban complicadas porque no había nadie que viajara ¿Cómo se manejó eso?

-Nos tocó vivir algo nuevo y se fue llevando adelante a medida que lo fuimos poniendo, cumpliendo el tema de los protocolos, encontrando una realidad que era todos los días y con el miedo que nos daba llevar adelante nuestro labor. Para nosotros, para muchas actividades y para todos los que tenían que seguir la actividad trabajando y enfrentando lo que en realidad no conocíamos y daba mucho terror. Porque hablar de la pandemia de hoy después de todo lo que nos tocó perder, de todo lo que se opinó, como pasa en nuestro país que todo el mundo opina pero después los resultados dicen otra cosa. Lo llevamos adelante cumpliendo los protocolos lo mejor que se podía. Encima nos tocó la realidad esta que cuando hablamos de organización o al lugar que pertenecemos que es nuestro gremio, vos sentís que eso es lo que te tiene que cubrir y estar a tu lado en esos momentos y es que realmente una organización tiene que estar al lado del que más necesita.

LCV: ¿La organización de Fernández de la UTA estuvo a nivel?

-Estuvo ausente durante toda la pandemia.

LCV: ¿En donde se notó la ausencia?

-En todo. En el tema de salud, en los temas salariales en todo el país. Hubo una desidia salarial cuando el Estado nacional pone el dinero para que se lleven adelante las cosas con la compensaciones tarifarias, siempre estuvo el aporte para el tema salarial y no llegó nunca. En el caso de los compañeros de larga distancia que tuvieron una actividad que dejó de funcionar, pero siempre hubo ATP o posiciones económicas del gobierno para que los compañeros sigan cobrando proporcionalmente los salarios. Nunca llegaron esos salarios. Hubo ayuda a las empresas para que se pudieran mantener dándole una proporción también para que completen además del ATP y el salario básico. Nunca llegó ese dinero, no hubo un control. No hubo una asistencia para decir “esto es lo que tienen que cobrar, esto no lo tienen que cobrar”. En el interior del país fue una desidia y hasta el día de hoy la pasamos muy mal.

LCV: ¿Cuál es la postura que tiene la UTA respecto de ese tema y cuál es la postura que tiene tu agrupación?

-Fue parte de tomar la decisión para una nueva conducción, porque cuando vos hablas de la posición de la UTA con respecto a los paros, sí, jugar una medida o ver la posición que va a tomar una organización con respecto a lo que sucede o a los acontecimientos políticos que se vienen dando en un país no se logra de un día para el otro. Es una construcción que se va haciendo de conciencia, de trabajo, de resultado, de pasiones. Lo que uno hace todos los días y va con un trabajo continuo para que cuando tengamos que tomar alguna medida o tengamos que fijar una posición política a nivel nacional, todo el mundo sepa de qué estamos hablando y por qué se realiza. Nosotros esto nacionalmente con la importancia de nuestra organización, salvando la situación de que todas las organizaciones son importantes pero la nuestra para lo que es el movimiento obrero es muy importante. Esa posición nacional la perdimos y pasamos a otra cuestión que es hasta la especulación por ahí hasta personal de ver dónde juega nuestra organización cuando nos conviene y cómo juega el movimiento obrero. Es al revés, nosotros desde nuestra organización pudimos estar en disidencia muchas veces con la CGT y se formaron otras agrupaciones, pero siempre para construir y lograr un movimiento obrero mucho más fuerte

LCV: La semana que viene la CGT tiene una reunión importante y estaría proponiendo un paro para la bajada de precios y demás ¿Cuál es tu postura? ¿No le debemos a la gente una postura de unidad?

-Volviendo al tema del principio de nuestra ubicación con respecto al Frente Sindical, nosotros viste que con este tema de que uno tiene una agrupación dentro de nuestra organización que es la UTA vos decís “bueno, estos políticos juegan con un sector, juegan con el otro”…en realidad todo es política y vos tenés un momento que coincidís y no. No es nuevo lo de nuestra agrupación. Al contrario, tratamos de volver al lugar que tuvimos siempre que es el de trabajar para el movimiento obrero y tratar de ubicarnos en los momentos políticos cuando sentimos que corren riesgo los derechos que defendemos. Ahora, esto no es nuevo. Fíjate que en los ’90 cuando fue el MTA, los mismos gremios que hoy seguramente estamos en el Frente Sindical fueron los que en los ’90 estuvieron en el MTA y con esto tampoco quiero hablar mal de los sectores que en algún momento en el país piensan distinto o no, pero bueno.


“La UTA estuvo ausente durante toda la pandemia”

ACERCA DEL ROL DEL GREMIO DURANTE LA PANDEMIA

LCV: Entiendo lo que es Moyano desde el MTA y Moyano siempre.

-Vos fíjate que el nacimiento del MTA allá por el 91, Huerta Grande y todo lo que nos tocó vivir en esa época, la formación de esa agrupación que nunca dejó de pertenecer a la CGT pero no estaba de acuerdo con la política de la CGT en ese momento y menos con la del gobierno por lo que significó los ’90 para la República Argentina. Esa cuestión nos pasó y no fue nuevo lo que nos llegó con Macri tampoco. Sabíamos más o menos ya por experiencia lo que podía pasar, entonces empezamos a trabajar en función de eso y también fue lo que terminó con la formación de la educación y tomar otro destino. Hay momentos en la conducción y en la vida misma que uno tiene que tomar decisiones. Nosotros tenemos compañeros de 25 y 30 años trabajando en nuestra organización y de oficialismo. Nosotros en nuestra organización venimos del 90 dentro de nuestra organización trabajando desde lo más bajo y formándonos de delegados, tratando de formar y lo hicimos dentro, vos imagínate que tomar una decisión a esta altura, salir de esta organización porque no coincidís son decisiones fuertes y que realmente duelen.

LCV: Se sale de una comodidad para dar una pelea.

-Tenés que vivir la situación porque está siempre el tema del verticalismo dentro de las organizaciones y nuestros movimientos que dicen “sacá los pies del plato”. Cuando tenemos una mesa y están los platos en el lugar y entonces vos podés hablar de ciertas cuestiones de sacar el pie del plato o no. Pero cuando ya no tenés mesa ni plato y esto ya es un cachivache vos decís “pará”. Hay que hacer otro tipo de construcción y si ya no contenemos, no tenemos política social, no generamos salarios, perdimos la presencia, estamos viendo cómo especulamos con los gobiernos para donde va, ya no somos más una organización sindical. Hay que volver a retomar. Estamos discutiendo algo que tenga que ver con los trabajadores. 

No sé cuál es la posición de la CGT porque nosotros con el Frente Sindical integramos la CGT y la integramos para lograr la unidad del movimiento obrero y para que estemos fuertes porque sabemos que es un momento donde necesitamos la unidad, como dice el compañero Manrique de la SMATA: la unidad hasta que duela. Hay veces que la unidad duele pero la necesitamos. La madurez sindical te lleva a este momento del país que es más importante a veces la unidad y estar juntos que estar discutiendo cuestiones que las vamos a seguir discutiendo cuando podamos y puertas adentro y seguirán estas cuestiones porque estuvieron siempre y yo creo que nuestro movimiento tiene estas cosas. Discutimos, no estamos de acuerdo, formamos otra agrupación, seguimos creciendo y discutiendo, pero cuando el país necesitó del momento obrero que esté unido para defender la vida, la fuente de trabajo, lo que nos queda, lo que se quieren llevar siempre, porque esto nunca termina, tenemos que estar juntos.

LCV: ¿En qué se basa esta enorme diferencia de precios en los boletos entre las distintas provincias?

-Tiene que ver con todo lo que venimos hablando. La política que querés llevar adelante en el país y qué queres del transporte en nuestro país. El transporte como bien decías vos es importante. Si vos le querés dar un tono social o queres dejar independientemente que se maneje como transporte y que todo el mundo pague, si puede viajar, viaja, sino no viaja. Eso depende de cómo se quiera manejar. Nosotros transportamos todos los días, a la mañana, tarde, noche, trasladamos a toda la gente que va a cumplir su día de laburo, los fines de semana salvo la familia que pasea, tiene todo un tema social. No es lo mismo pagar una tarifa para nosotros de 18 que pagarla 70. Lo que decimos subsidio es una compensación tarifaria. De 18, si hay que pagarlo hoy con la realidad de los costos tenés que ir a una tarifa de 200 pesos y no es lo mismo pagarlo 18 que 200. El Estado compensa la otra parte que falta para que la otra tarifa esté en 18. Esto siempre tuvo un esquema social y se manejó porque desde el Ministerio de Transporte de Nación tenían todas las empresas del país, salía la compensación tarifaria. El Estado nacional regulaba la tarifa, cuando yo te digo que de esa tarifa de 200 ese dinero que falta está compensado, pero está también dentro de lo que compensa el esquema de los salarios de los trabajadores que trabajan en la actividad. Entonces decís “por qué terminan hablando del tema de la compensación tarifaria del subsidio”. Porque si tenemos el salario incluido ahí tenemos que hablar de eso porque para mí no es lo mismo, si tiene que ir la plata al interior y no va, va a repercutir en los salarios.

Esto en el año 2016, con el presidente Macri, se hizo el pacto fiscal y los gobernadores firmaron el pase del transporte. Entonces él compensó con coparticipación y les dijo a todas las provincias “háganse cargo del transporte, yo no subsidio más”. En ese momento nosotros lo planteamos en la organización. Dijimos esta es una política que nos va a sacar el esquema en todo el país y nos va a perjudicar porque nos está desregulando el transporte. ¿Cómo hace una provincia con el tema de coparticipable, una vez que tuvo ese dinero, cómo va a solventar sueldos de 120 mil pesos cuando en la provincia los sueldos que salen del Estado gubernamental son de 60 mil? Esto nos va a perjudicar, tenemos que plantear otro esquema que ya está. Aparte no inventemos nada porque lo tenemos inventado y solucionado el esquema del transporte nacional. Esto va a terminar precarizando la actividad en el interior del país y en el propio AMBA también y va a llevar a situaciones complicadas a las empresas que están trabajando porque cuando vos no tenés tarifa y la tarifa no es que te sale lo que vos transportas, porque en algunos lugares cuando vos tenés la tarifa pero también la posición económica de los trabajadores no está en su lugar no puede viajar nadie. Esto está manejado para que realmente nos perjudique. No estuvimos de acuerdo con eso y eso generó un deterioro que nos trajo a la actualidad.

LCV: ¿Ahora están en conversación? ¿Cómo llegamos después del paro del interior que fue fuerte la semana pasada? ¿Están en tratativas con el Ministerio?

-Nosotros estamos en tratativas con el Ministerio, pero en realidad fue un paro que generó una distracción para no llevar esto a ningún lado, porque nosotros lo que tenemos que cambiar es volver a tener una ley federal para que se trate y vuelva el transporte nacional a administrar las empresas y el subsidio de todo el país. Porque hoy el dinero sale pero no llega a los lugares donde tiene que llegar y llegamos a una discusión y económicamente nosotros cada vez estamos peor. La escala nacional cuando se firma el aumento que sale para el AMBA, vos firmás y el aumento es para todo el país. No sé por qué se firma primero CABA y el Gran Buenos Aires y se deja todo el interior, sino hagámoslo al revés. Firmá el interior y después CABA Y Buenos Aires.

LCV: Peaje: ¿Cuál fue tu primer trabajo?

-Trabajé en Marshall en Parque Patricios en expedición. La fábrica de heladeras en Parque Patricios a los 17 años. Fui a la Colimba y cuando volví esperé a cumplir los 21 años para tener el registro y entrar al colectivo

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Una historia de zapateros, por Liselotte Leiser de Nesviginsky

Tengo 94 años, nací en Berlín, en una familia judía que era dueña de una importante cadena de zapaterías y llegué a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Soy viuda luego de haber estado casada más de 50 años con un hombre extraordinario, buen compañero de vida y aventuras. Mi único hijo se llama Jorge, 58 años. Soy, también, una sobreviviente del nazismo. Claro que ese calificativo no alcanzaría para definirme como persona, pero creo que es una forma posible de empezar a presentarme. Voy a ir por partes.

La cadena de zapaterías de mi familia, “Leiser”, llevaba nuestro apellido y tenía más de treinta y cinco sucursales. Para el año 1933 aproximadamente estuvo de visita en uno de nuestros negocios Alberto Enrique Grimoldi, el conocido fabricante argentino de zapatos, hijo a su vez de quien fundó esa empresa en 1895.Alberto había venido para aprender en los negocios de mi familia todo lo relacionado con la atención al cliente, la venta de calzado al público, la comercialización delproducto.Recuerdo como si fuera hoy que Alberto se sentó en banquito de madera de esos que se usaban entonces para ver en detalle, en vivo y en directo como se dice ahora, el procedimiento que utilizaban los vendedores de la firma. Ninguno de nosotros podía imaginar la importancia que tendría ese hombre que de tal modo se cruzó con nuestras vidas para siempre. Pasaron los años y la oscura estrella de Hitler siguió ascendiendo en una Alemania que se volvía cada vez más peligrosa y temible.

En el año 33 la cadena Leiser, cuyas fotografías pueden verse hoy en el Centro Conmemorativo del Holocausto de Montreal, fue “arianizada” y, como consecuencia de ese despojo cruel y racista, mi familia fue obligada a “asociarse” en forma compulsiva con una persona no judía y así pasar el negocio a manos “arias”. En noviembre de 1938 se produjo la tristemente célebre noche de los cristales rotos, esa que quedó en la historia de Alemania con el nombre de Kristallnacht. A partir de ese episodio vinieron ataques permanentes y cada vez más duros contra los judíos con persecuciones de todo tipo. Sin ir más lejos, ya unos años antes, yo asistía a un liceo de señoritas hasta que a la edad de catorce años fui notificada por una profesora diciéndome, con una sonrisa entre cínica y fría, pero también como un alerta de lo que se venía, que debía buscar inmediatamente otro lugar ya que por ser judía no podría continuar estudiando en ese liceo.

Cuando la situación se volvió intolerable para todos nosotros, mis padres decidieron viajar conmigo desde Berlín a Holanda procurando buscar un lugar más seguro y tranquilo.

Recuerdo ese momento crítico y angustiante con el mayor detalle que mi débil memoria permite. Íbamos a embarcarnos, creo, en un avión de la línea Lufthansa. En la aduana los SS nos desnudaron por completo para comprobar que no lleváramos joyas escondidas en el cuerpo. Así era la vida entonces. En Amsterdam mi familia poseía también una cadena de zapaterías conocida como Huff, no tan grande como la de Alemania, pero igualmente importante y prestigiosa. En el nuevo destino no disfrutamos de la suerte esperada. En mayo de 1940 también ese país fue invadido y ocupado por los nazis. Ante el riesgo de perder también los negocios en Amsterdam se produjo la segunda y milagrosa intervención de Grimoldi, quien se hizo cargo de la cadena en Holanda mediante una operación comercial obviamente ficticia y con la promesa de devolver el patrimonio recibido no bien terminara la Guerra. Un verdadero pacto de caballeros. También aunque yo era muy joven para conocer el detalle sé que cuando mi familia aún estaba en Alemania le envió dinero a él con la sola promesa de palabra de que luego lo devolvería.

Y así fue. A veces me preguntan por qué mi familia confió tanto en Grimoldi. La respuesta es mucho más simple de lo que podría suponerse. Mis padres decidieron asumir el riesgo y, así, aferrarse a la promesa de ese hombre que, en un mundo que se les caía encima, les generaba confianza. A veces en la vida hay que dar un espacio a los valores permanentes de la condición humana.Lo que pasó después es algo muy triste de contar y evocar para mí. Un día, a las seis de la mañana yo estaba parada y como perdida en la puerta de nuestra casa en Amsterdam; en la noche anterior había salido a bailar con unos amigos en un bar de las cercanías cuando llegaron los de la Gestapo. Debo advertir que un poco antes de eso, en un último y desesperado intento de prevención y anticipo de la tragedia inminente, mi familia obtuvo a cambio de una fuerte suma de dinero pasaportes costarricenses.

Fueron otorgados por el conde Rautenberg, cónsul por entonces de ese país centroamericano. Me animo a decir que la posesión de esos documentos que nos brindaron la ciudadanía de un país que jamás conocimos nos salvó la vida. Y no exagero. De no contar con ellos nuestro destino seguro eran las cámaras de gas de Auschwitz.

Pero aún con esa ventaja adicional nos llevaron primero a un colegio grandote donde dormíamos en el piso en condiciones muy precarias y finalmente terminamos alojados en el campo de concentración de Westerbork, un lugar de tránsito en realidad. Fue el mismo donde estuvo Ana Frank, la autora del famoso diario íntimo, antes de ser trasladada a Auschwitz para matarla como ya lo habían hecho los nazis con una tía mía, su esposo y su pequeña hija. En Westerbork dormíamos en barracas ruinosas y fuimos tratados como animales o menos que eso. De un lado pusieron a los hombres y del otro a las mujeres. Hacíamos nuestras necesidades en letrinas asquerosas, simples agujeros cavados en el piso, y nos limpiábamos con papel de diario cuando había. Las camas, de dos o tres pisos de alto, eran de hierro y con colchones de paja. Por las mañanas nos lavábamos como podíamos en los mismos bebederos que se usaban para el ganado. Tengo de esa época un recuerdo insignificante pero, quién sabe por qué, muy importante para mí. Secretamente me hice una almohadita rellena con crines de caballo que llevé y usé en todos los lugares por donde anduve en la vida. Aún hoy la conservo.Dentro de todo, y en comparación con los demás, tuve suerte porque una prima mía ya estaba en el campo y se había hecho amiga de uno de los médicos que trabajaban ahí. Si no me equivoco se trataba del doctor Spanier, también judío y obligado a trabajar como todos en el hospital del lugar. Yo, usando un brazalete que todavía conservo al igual que la estrella amarilla que nos obligaban a llevar en todo momento, trabajé en el hospital como cocinera. Para alimentar a mis padres y a otras personas juntaba a escondidas viejas cáscaras de papas, zanahorias o batatas y con eso, más algunos huesos que encontraba por ahí, preparaba una especie de sopa horrible que sin embargo sirvió de alimento para muchos.

Lo que sigue a esta historia tiene que ver con la ansiada liberación. Llegó al lugar una autoridad de la cancillería alemana y constató la autenticidad de nuestros pasaportes costarricenses. Hacia 1944 nos trasladaron entonces a un campo de refugiados en Francia llamado la Bourboule. Una semana después se produjo el desembarco en Normandía y, qué emoción me da contarlo ahora, nos abrazamos todos llorando y corrimos hacia los alambrados de púas, los cortamos casi con los dientes y gritamos la palabra libertad, libertad, libertad, una, dos, cien veces. Una nueva vida empezaba para mí en ese instante.

Y lo vivido entonces fue> inolvidable para mí, para mis padres y para las demás víctimas judías o de otro origen que habían conseguido sobrevivir a una vida espantosa en el mejor de los casos . o a una muerte segura. Dado que conocíamos a gente amiga y familiares en Uruguay nos embarcamos hacia ese país, más precisamente a Montevideo, donde, en el barrio de Pocitos, permanecimos alojados durante aproximadamente nueve meses en una pensión. Queríamos ingresar a la Argentina pero eso no parecía posible por razones políticas: sabemos que la Argentina puso trabas para la inmigración de los judíos durante esa época.

Es entonces cuando se produce la tercera y nuevamente milagrosa aparición de Alberto Enrique Grimoldi, a quien por supuesto no olvidábamos. Él tenía contactos a diferentes niveles gubernamentales de Argentina y actuó como garante personal para permitir nuestra llegada a este país. Parece que le dijo al gobierno, presidido entonces por Perón, que nuestro conocimiento era fundamental para potenciar sus planes en la empresa. Acto seguido Grimoldi devolvió a mi familia el dinero y todo el patrimonio de los negocios de Holanda que habían quedado a su nombre, un gesto que mi familia conoce muy bien y que rescato en mi memoria como un tesoro inapreciable y eterno. Es curioso lo que pasó después o… lo que no pasó.

Junto a mi marido me dediqué a la actividad turística, llegamos a organizar el primer contingente de viajeros argentinos a la Antártida, la vida siguió su curso. Pero lo cierto es que finalmente perdí todo contacto con los Grimoldi. Alcancé a saber que el hombre que nos había ayudado tanto en momentos de grave riesgo para mi familia había muerto si no me equivoco en 1953. Todo lo vivido pareció entonces perderse para siempre en el olvido.

Encuentro de Liselotte Leiser y Alberto Grimoldi en un histórico encuentro

Un día, no sé por qué, me puse en campaña junto a Virginia, una gran amiga y asistente, para ubicar a los Grimoldi. Fue como querer retomar en parte el hilo que se había roto. Ayudó en tal sentido un artículo aparecido en un diario donde se mencionaba a esa familia y su historia con algún detalle. Virginia, bastante más moderna que yo en el manejo de Internet y esas cosas, se ingenió para dar con Grimoldi hijo, el actual presidente gerente de la empresa. Le enviamos juntas un mensaje electrónico y así se retomó el vínculo. Fui invitada a una reunión convocada en la fábrica con toda la familia para que yo contara el comportamiento que tuvo Alberto con nosotros. Eso fue muy emocionante para todos. Lo que dije en ese encuentro lo repito ahora. Ojalá todos los hombres actuaran como lo hizo Grimoldi. Su hijo, Alberto Luis, es el actual presidente y gerente de la empresa y más allá de eso es, debo decirlo con todas las letras, un amigo permanente de la familia que nunca se olvida de nosotros. Tengo 94 años y pese a todo lo pasado y sufrido estoy feliz de estar aún en el mundo.

  • Liselotte, conocida como Lilo, murió en diciembre de 2013. Tres años antes logró reencontrar a la familia Grimoldi que la había salvado del nazismo. Su historia fue publicada en el diario Clarín en el año de su muerte.

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Ex trabajadores de Cresta Roja cortaron la autopista Ezeiza-Cañuelas reclamando reunión con funcionarios

Ex trabajadores de la empresa Cresta Roja cortaron este jueves por la mañana la autopista Ezeiza – Cañuelas a la altura de la localidad bonaerense de Esteban Echeverría en reclamo de que funcionarios den una respuesta a un conflicto que lleva años y salven miles de puestos de trabajo.

“Nuestro pedido es que nos reciban los funcionarios de la Nación y de la Provincia para que escuchen nuestro reclamo. La propuesta que tenemos para que Cresta Roja vuelva operar al 100 x 100”, explicó Darío Sánchez, uno de los trabajadores damnificados.

Cresta Roja se había convertido en símbolo de las políticas de Mauricio Macri, luego de que el ex mandatario anunciara en la planta de El Jagüel el veto a la ley antidespidos, cuando más de 2000 trabajadores de la firma se encontraban luchando por su reincorporación.

Luego de pasar por la gestión de diversos grupos empresarios, Granja Tres Arroyos se quedó con la firma a principios de 2018. Cientos de trabajadores fueron despedidos y reprimidos en protestas por la Bonaerense de la por entonces gobernadora María Eugenia Vidal.

Casi cuatro años después de los despidos, la formación de una cooperativa parecía ser el final feliz de un conflicto que había amenazado el ingreso de miles de familias. Hace aproximadamente dos años, Eduardo Murúa, director del por entonces flamante Registro Nacional de Empresas Recuperadas, se había reunido con los ex trabajadores de Cresta Roja para avanzar en “una mesa de trabajo para encontrar la solución a un conflicto que lleva ya tantos años”.

Hoy, los trabajadores siguen reclamando que la mesa de solución se concrete para dar fin al conflicto y puedan producir normalmente. En febrero de 2022, los despedidos contaron con un importante aval judicial: la fiscal ante la Cámara en lo Comercial Gabriela Boquín dictaminó a favor de los trabajadores de la cooperativa y pidió a la Cámara de Apelaciones que declare la nulidad de la venta de la empresa avícola realizada durante el macrismo. A su vez, libró oficios para que los exfuncionarios macristas que participaron en las negociaciones sean investigados por su presunto aprovechamiento de la situación en la que se encontraba la empresa a principios de 2016.

Según la denuncia respaldad por la fiscal, la venta entre tres Arroyos y Proteinsa se hizo a pesar de que una serie de condiciones y circunstancias nunca se cumplieron. Entre ellos, estuvo el compromiso de pagar el 100 por ciento de los salarios e indemnizaciones adeudadas y la garantía de que quienes estaban trabajando -en aquel momento, ya ocurridos despidos iniciales- no serían desvinculados. 

 “Se aplica una excesiva rigurosidad para imponer reglas concursales a la cooperativa de trabajo que denuncia el fraude, pero se conceden excepciones a quien es la mayor responsable de que (los trabajadores) no hayan cobrado íntegramente sus créditos”, advirtió la fiscal. Además, señaló que existen “indicios graves, serios y contundentes que indicarían la existencia de un fraude”, por lo que solicitó que esa venta de Cresta Roja sea declarada nula.

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Muere un obrero en Vaca Muerta | Petroleros realizan paro de 24 horas

Víctor Vázquez, petrolero de Vaca Muerta, murió este 22 de junio a sus 32 años mientras realizaba una maniobra sin inspectores presentes en un nuevo pozo de YPF en Barda del Medio, al norte de Río Negro. Según informaron, la muerte se dio tras el golpe de una válvula o una llave, en tanto que su compañero Hugo Rodríguez sigue en observación por inhalar gases y presenciar la muerte de su compañero. Ya son 11 los trabajadores de Vaca Muerto fallecidos en los últimos cuatro años.

Debido a esto, el Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro y Neuquén convocó a una huelga de 24 horas para reclamar por una muerte que podría haber sido evitada si la maniobra se realizaba durante el día y bajo la mirada de inspectores, según explicaron desde el gremio.

Marcelo Rucci, secretario general del sindicato, indicó que “hay una familia destrozada” y manifestó que desde su sector están denunciando hechos de inseguridad en Río Negro y Neuquén hace un largo rato. “En Río Negro la única respuesta que hemos tenido es la intervención de la justicia tratando de que nosotros no avancemos con el tema de la seguridad”, afirmó Rucci.

Mariano Aiassa, dueño de la contratista Rakiduamn que se encarga de la operación, aseguró que todos los materiales estaban certificados y montados de acuerdo a la ingeniería, y que la válvula que provocó la muerte de Vázquez había sido reemplazada tiempo atrás por mantenimiento.

Rucci puntualizó que el sindicato realizó una presentación en el Ministerio de Trabajo de la Nación para que se ponga en marcha una Comisión de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo bilateral, pero nunca fueron convocados. De hecho, la respuesta ante cada intento de inspeccionar las distintas empresas es inversa: los dirigentes y delegados terminan siendo denunciados por los abogados de las compañías.

En relación a esto, el sindicato denunció que “dirigentes petroleros están siendo perseguidos por el Poder Judicial de la provincia de Río Negro producto de las inspecciones de seguridad e higiene que el sindicato ha realizado sistemáticamente en las empresas que no cumplen con la normativa provincial y nacional”.

11 MUERTOS EN CUATRO AÑOS

La muerte de Vázquez se suma a una larga lista de trabajadores fallecidos en Vaca Muerta en tan solo cuatro años. En 2019, Cristian Baeza y Maximiliano Zappia murieron mientras trabajaban en Fortín de Piedra. Baeza cayó en un tanque rudimentario “sin protecciones, señalizaciones ni elementos que evitaran ese mortal accidente”, denunció en su momento la familia, en tanto que Zappia murió intentando rescatar a su compañero.

César Poo falleció el 4 de febrero de 2018, en Agua Salada, a pocos kilómetros de Catriel (donde Rucci asegura que los delegados están siendo perseguidos por denunciar irregularidades), cuando realizaba tareas en un equipo de perforación. El operario era parte del equipo de la empresa contratista Ensign, que brindaba servicios para la firma Tecpetrol.

Julio César Sánchez murió el 22 de mayo del 2018 aplastado por una piedra cuando llevaba a cabo trabajos para el área El Mangrullo, como operario de la firma UGA, tercerizada por Pampa Energía. 

En julio de 2018 perdió la vida Daniel Torres, luego de permanecer internado con severas quemaduras; realizaba trabajos para la firma Omega, en Añelo. Y en agosto murió Miguel Ángel Chocala Fernández, empleado de la empresa Nabors (Yacimiento de El Chañar).

Mauricio Segura ingresó a trabajar por primera vez en el sector petrolero en agosto de 2018. Tres meses después murió.

A esta lista de muertes obreras se suman los nombres de Ariel Marcelino Sajama y Ariel García, así como un ingeniero de Schlumberger cuyo nombre no trascendió. De esta manera, son 11 los obreros que en los últimos cuatro años murieron mientras realizaban su trabajo. Una característica que unía a la gran mayoría, además, es que muchos contaban con una amplia experiencia en sus tareas. A pesar de las constantes denuncias, la negligencia se sigue cobrando vidas. Desde La Columna Vertebral, pedimos, por favor: #BastaDeMuertesObreras

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