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Buenos Aires: sin penas ni olvidos

La semana pasada me tocó sobrevolar por Buenos Aires. Aunque viva del otro lado del río, allí están buen parte de mis afectos. Vivo en la frontera de la orilla oriental del río Uruguay, por eso veo a diario la televisión argentina y escucho las radios porteñas. Lejos de lo que podía imaginar en estos tiempos de cambio en los que un candidato esperpéntico parece tener posibilidades de llegar a la presidencia con promesas apocalípticas -y en un momento de extrema incertidumbre y desazón, con una inflación galopante y la pobreza en aumento-, no percibí ni el miedo ni el odio que los medios difunden día a día.

Algo, sí, había quedado atrás: la euforia. No era tristeza ni depresión, simplemente conciencia de un estado de cosas. Viaje relámpago, sin encuentros festivos pero sí sentidos. Más comidas caseras y menos restaurantes (por suerte!). Días de reencuentros en casas, sin maquillajes, en los que sentí el mismo estado de ánimo: la vida sigue y, como siempre, hay que ponerle el cuerpo. Cero desesperación. La vida real.

Por primera vez, volví serena de Buenos Aires, sin esa sensación de resaca, de quien anduvo en un hermoso carrousell que mareaba. De algún modo, volvíamos a estar en sintonía, cada quien atento a lo que pasa, haciendo lo que siente y necesita hacer, pero poniendo el foco también en casa, reconstruyéndose, pisando tierra. Sin esa euforia política cocainómana que les atacó a muchos en medio de una realidad que de alegre tenía poco. ‘Los pobres’ y las injusticias no aparecieron hace un mes pero de pronto todos cayeron en la cuenta de que se acabó la fiesta. Hace rato que se habían apagado las luces del boliche.

Y, sin embargo, la sensación era agradable.

En esa semana gris de primavera en la que me tocó Buenos Aires, la UNESCO declaraba Patrimonio de la Humanidad al sitio de memoria de la ESMA. Yo desayunaba en casa de una amiga que hace más de veinte años milita y labura en consolidar la memoria que veía en directo la transmisión del debate de la UNESCO. Aparecí como Mafalda recién levantada y ella me explicó todo -yo no tenía ni idea de que ése día podía ser un ‘Día Histórico’-. Y lo fue. Y la delegación argentina se levantó, se abrazó y lloró. Y los conocíamos a todos. Y casi que lloramos también, por ellos y por nosotros. Porque al final, hay recompensa, diría Ceratti. Estábamos felices, satisfechas con lo que entre todos habíamos logrado.

Por suerte, en esos días no tuve tiempo de ver televisión y me asomé poco a las redes, tenía mucho tramiterío por hacer. Uno de ellos en la ex ESMA, justamente. Al salir, me encontré con un contingente de chicos de la secundaria -del Mariano Moreno- justo cuando el guía que los esperaba comenzaba a hablar. Me quedé escuchando, como una alumna del Moreno más. El guía estaba super capacitado, no era un maestro, era un guía que sabía que debía promover preguntas. De a poco los pibes se empezaron a animar y comenzó el diálogo con el guía. Diálogo. Otra emoción. Esa mañana había leído una noticia de que por primera vez declaraba en España una testigo de la tortura durante el franquismo. ¿Cómo no sentirnos orgullosos de formar parte de esa Argentina que es vanguardia en Derechos Humanos?

Otro de los ‘trapicheos’ -como diría mi amigo Falbo- era en la Biblioteca Nacional. Esta vez iba como ‘investigadora’, seis meses atrás me había jubilado allí después de diez años de laburo. Consulté lo que tenía que consultar y volví a mi lugar de trabajo, mi vida entre el 2012 y el 2022. Allí también todo seguía su curso. No le tenían miedo a la motosierra de Milei aunque se preparaban a evitarla. Pasar por el Archivo también me llenó de orgullo. Caramba! Cómo no sentirlo. Empezó con la gestión de Horacio González y hoy es uno de los archivos personales más importantes y serios del país. Y, se sabe, en un archivo se preserva la vida en su máxima expresión. Cuando voy a tomar el ascensor para retirarme, en el tercer piso, el piso ‘del público’, por donde pasan centenares de personas por semana, un mural en la pared con la cara de Horacio González tan parecido al que una conoció y su frase icónica entre los trabajadores de la BN: “Sin nosotros, no somos nada”. La dijo en su despedida casi como un chiste, no sabía cómo cerrar una frase y se la mandó. Yo estaba ahí cuando la pronunció, fue casi un suspiro, todos sonreímos, no sé quién fue que reparó tanto en ella que la convirtió en ‘bandera a la victoria”. Durante todo el macrismo la pizarra de la oficina de Recursos Humanos la tuvo anotada ¿Cómo no sentirse orgullosa?

Ver a mi familia, amigos y compañeros, que le siguen poniendo el cuerpo a la vida, con sueños personales y colectivos ¿Cómo no sentirme orgullosa?

Todos sabemos que la vida sigue andando. Cada cual hará lo que puede, como fue siempre. Solo debemos desintoxicarnos. Basta de borracheras, basta de miedo. En política, muchos se empiezan a animar a hablar. Por ahí va la cosa.

Laura Giussani Constenla, 26 de septiembre 2023

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Otro mayo en 1928

Vaya esta columna en homenaje a todas las mujeres obreras asesinadas por luchar por mejores condiciones de trabajo. Recuerdo de otro mayo de lucha y sangre en Rosario, 1928.

Hoy les voy a contar otra historia de trabajadores y trabajadoras. Ocurrió también en mayo, pero en un mayo de casi cien años atrás, esa época de oro en la que los oligarcas argentinos tiraban manteca al techo en París y que tanto extraña nuestro presidende.

Ayer, como hoy, las exportaciones de granos y carne llenaban los bolsillos de los dueños de la tierra y sus amigos. No ocurría lo mismo, claro, con los trabajadores, cuyas condiciones laborales y salariales eran pésimas. Anarquistas de la FORA y obreros socialistas avanzaban con su sindicalización y las empresas agroexportadoras lanzaban una campaña, apoyada por la Asociación del Trabajo y la Liga Patriótica Argentina, para desplazar y despedir a los obreros que adhirieran al sindicato.

Desde el mes de abril, los obreros habían lanzado planes de lucha, con piquetes, manifestaciones y huelgas en la provincia de Santa Fe, gobernada por el Dr. Pedro Gómez Cello, y su jefe de policía, don Juan Cepeda. Tal como refiere Leónidas Ceruti: “En Rosario, las policías bravas estaban al servicio de los empresarios y de los caudillos de barrios, cada huelga obrera era vigilada y en varias ocasiones reprimidas, como en ese año cuando una concentración proletaria en la Plaza San Martín fue violentamente disuelta y apaleados sus dirigentes. Por ese y otros motivos el «Comité Pro Presos” dio a conocer un manifiesto que entre otras cosas señalaba «se pide se extirpe el régimen de torturas imperantes en la sección investigaciones de la Jefatura de Policía de Rosario, donde perdieron la salud y hasta la vida decenas de honrados trabajadores que no cometieron otro delito que expresar su finalidad ideológica en las tribunas públicas o en asambleas gremiales”.

Así las cosas, el 2 de mayo de 1928 se inicia una huelga de estibadores en el Puerto de Rosario. La medida fue casi espontánea y descolocó a los sindicatos. Los obreros de Villa Constitución se fueron sumando a la huelga y la agitación obrera llegaba a los oídos de los patrones quienes tomaban nota del atrevimiento de estos obreros impertinentes que pedían mejoras salariales -llevaban 5 años sin aumentos de sueldo- y condiciones laborales dignas. El movimiento de los portuarios tuvo un fuerte apoyo del Comité de Mujeres de Portuarios, quienes mejor que nadie conocían las paupérrimas condiciones de vida de sus familias, y también eran obreras porque se dedicaban a coser las bolsas de arpilleras para embolsar los cereales en el establecimiento Mancini.

El 8 de mayo de ese mismo año, 1928, Rosa Valdez y Luisa Lallana participaron de una jornada en apoyo a la huelga repartiendo volantes que decían: Compañeros, nadie mejor que nosotras debemos apoyar esta huelga hasta ver coronadas nuestros esfuerzos, nadie como nosotras que sentimos el dolor en carne propia al ver que nuestras compañeras están en este conflicto y que sufren moral y materialmente. Adelante compañeros y compañeras. A luchar hasta vencer, aunque para ello tengamos que sufrir.

Luisa Lallana tenía 18 años, era obrera portuaria y estaba afiliada a la FORA. Su hermano, estibador, participaba activamente de la huelga y estaba en la mira de la patronal. Por eso no dudó la joven Luisa en apoyar el movimiento de manera activa. Ante el clima de revuelta, se les prohibió a los hombres caminar por los alrededores del puerto. Allí fueron las mujeres. Hicieron un piquete en la entrada del puerto y difundieron a voz en cuello los motivos de la huelga. La idea era tratar de convencer a los llamados ‘carneros’ para que sean solidarios con su clase.

Los rompehuelgas estaban a la orden del día y muchos eran empleados directos de las cerealeras para enfrentar a los obreros anarquistas. Mientras Luisa Lallana repartía sus volantes y charlaba con los portuarios, un tal Juan Romero, matón de la empresa reclutado en Avellaneda, se enfrentó a la adolescente para que dejara de volantear. Ante su negativa le disparó un tiro en la frente. Claro que Romero no actuaba por cuenta propia, la prensa y los sindicatos señalaron a Tiberio Podestá, miembro de la Liga Patriótica, de ser el instigador del crímen.

Seis hora después, Luisa Lallana moría por culpa del certero disparo. Una ola de indignación recorrió la ciudad de Rosario. La FORA, el Partido Comunista y la Federación Obrera Local Rosarina llamaron a la huelga general para el día siguiente. Nadie trabajó esa jornada, los seis mil obreros portuarios, realizaron una manifestación imponente, que fue reprimida por la policía. Fue tal el miedo de la patronal que hicieron atracar en el puerto el explorador torpedero “Córdoba” y el cañonero “Independencia”, para reforzar la acción de la Subprefectura Marítima.

Hubo paro general en Rosario y un dolor profundo en la ciudadanía. La feroz represión que se encarnizó contra la manifestación de alrededor de 10.000 obreros acompañando el féretro de Luisa Lallana, asesinada a mansalva a los 18 años, hacia el cementerio La Piedad, empeoró los ánimos y logró la unidad de todo el movimiento obrero.

Durante el sepelio, el poeta Oscar Adolfo Parody le dedicó estas palabras:

«Â¡Caíste hermanita!
Caíste como caen los soldados valerosos..
Fuiste víctima del plomo homicida del krumiro»¦
de ese instrumento del capitalismo vil (…)
Liga Patriótica, nombre asqueroso
Nombre que escupo en este instante…
Tu eres el verdugo abominable de la indefensa
Compañera que expiro»

A casi cien años de los hechos, hoy se considera que aquella revuelta fue un hito en la historia de la clase trabajadora argentina. Tanta indiganción popular logró una verdadera victoria obrera: obtuvieron el aumento salarial reclamado y mejores condiciones de trabajo.

En ese momento, presidía el país Hipólito Yrigoyen, quien un año después de este episodio logró que se votara la Ley que reglamentaba la jornada laboral en 8 horas.

De esa manera, Luisa Lallana, se transformó para la prensa anarquista y de izquierda en una verdadera heroína y pasó a integrar la lista de mártires de la clase trabajadora de Rosario, que se había iniciado cuando fuera asesinado Cosme Budislavich, durante el conflicto que en 1901, llevaron adelante los obreros de la Refinería Argentina del Azúcar.

La única foto que se conoce de Luisa Lallana es la de una mujer que aparenta más años, con cara seria y algo triste, vestido a los tobillos y un claver en el ojal. La foto está borrosa, como borrosa quedó la memoria aunque su figura está creciendo en los últimos años con artículos e investigaciones universitarias.

Para Luisa y para vos y para mí, para ellas y nosotras, va esta musiquita de regalo porque todas tenemos algo que decir.

(Por Laura Giussani Constenla: emitido el 13 de abril de 2024, en La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores, lunes de 18 a 20 hs por larz.com)

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Editorial Nora

Elogio de la necedad, por Nora Anchart

Con estas noticias arrancamos la semana y Nora Anchart prefiere no callar. Un editorial con nombres y apellidos: Javier Milei, Víctor Santa María, Mario Pergolini, y quienes se van a quedar sin voz: radio La Colifata.

Editorial de Nora Anchar del lunes 6 de mayo en La Columna Vertebral-Historias de Trabajadores

Como ella, como los colifatos y colifatas, como nosotras, como Sivio: elijamos ser necios y cantemos: “Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá Dios que será divino, yo me muero como viví”.

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Editorial Nora

Los agujeros de Quilmes, por Nora Anchart

Hubo un tiempo en que los peronistas eran ‘feos, sucios y malvados’, hoy quieren servir el peronismo sobre un fino colchon de hierbas en algún restaurante Perón Perón. Lo llaman ‘progresismo’. Así arrancó Nora Anchart su editorial del lunes para analizar qué se desprende del discurso de Cristina en Quilmes. Una opinión sobre lo que dijo, pero sobre todo sobre lo que no dijo. “Eligió no meterse en la actualidad más caliente y dolorosa. Una clase abierta para los suyos dejando al resto de la sociedad afuera. Segundos de autocritica muy ligth”. “

“Un acto público donde no se habla de los despidos masivos, ni de Ley Base. Semana de decisiones bisagra  ausentes en el discurso de Quilmes. No hubo una línea para el brutal retroceso en el campo de los DDHH o la discriminación. Nada.Una memoria sesgada es olvido”

Mejor escuchala, porque se presta al debate abierto, sin ambigüedades. Tal como debe ser una opinión editorial. Es hora de hablar claro y Nora lo hizo éste lunes.

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