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Opinión

1984, por Hernán López Echagüe

Calma, vamos, no celebren tanto, por favor, no lo hagan. No canten ni bailen. No caigan en el apresuramiento. Les puedo asegurar que unas décadas más adelante, acaso en cuarenta años, habrá un gobierno de tinte autoritario; cruel, grotesco, criminal, psicótico. Una pandilla de alienados que, a cada hora, no hará otra cosa que someter, enajenar, despreciar, hambrear, condenar, denigrar, apalear, escupir y ultrajar a toda la sociedad. Incluso a quienes lo han votado. Pandilla de aduladores de cada uno los pasos más atroces que dio la dictadura. Imaginemos por un momento a una persona diciéndonos todo eso, por caso, en el verano de mil novecientos ochenta y cuatro. Apuesto a que nos hubiésemos reído en su cara, que lo habríamos tomado como una broma de mal gusto.

Me atrevo a pensar que ni siquiera Wells, Verne, Asimov, Lovecraft, o Huxley, se habrían aventurado a imaginar y relatar un mundo de naturaleza tan pasmosa. Sí lo hizo Orwell en su libro 1984: “Te sucederán cosas de las que no te recobrarás aunque vivas mil años. Nunca podrás experimentar de nuevo un sentimiento humano. Todo habrá muerto en tu interior. Nunca más serás capaz de amar, de amistad, de disfrutar de la vida, de reírte, de sentir curiosidad por algo, de tener valor, de ser un hombre íntegro… Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de… nosotros”.

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Senectus mundi. Demencia senil y nihilismo atómico, por Franco ‘Bifo’ Berardi

Si el fascismo del siglo XX fue la agresión depredadora de jóvenes que albergaban la ambición de conquistar el mundo, de someter a los pueblos, el fascismo del siglo XXI es el fascismo de viejos enfurecidos por su propia impotencia.

Hemos visto a los dos flácidos gladiadores destrozarse como perros de pelea exhaustos para deleite de millones de espectadores, que además tienen que decidir cuál de los dos merece ser el presidente de una nación que lleva mucho tiempo mostrando claros signos de descomposición moral, psíquica y política.

Uno de los dos es un violador en serie, mentiroso compulsivo, empresario fracasado y estafador; el otro es un asesino genocida. No me gustaría estar obligado a elegir, pero por suerte no soy estadounidense. En los últimos tiempos, nos hemos acostumbrado a presenciar en directo tales y tantos espectáculos de horror y crueldad (la matanza de inocentes en Palestina, la tortura de todo un pueblo por las bestias sionistas, la matanza de jóvenes ucranianos y rusos, el ahogamiento de inmigrantes arrojados al mar por las diversas guardias costeras, el asesinato de trabajadores agrícolas empleados sin contrato…), que la consternación que siento ante el último espectáculo de crueldad ofrecido por la mediateca mundial puede parecer estúpida: la exhibición de un duelo entre dos viejos por los que parecería imposible albergar un sentimiento de piedad. Y, sin embargo, al contemplar los tartamudeos de ese viejo de 81 años, confuso y vacilante, y al presenciar las muecas de burla de ese otro viejo de 78 años, prepotente e ignorante, sentí (también) piedad. ¿Se puede sentir piedad por un criminal que suministra armas al genocidio sionista, se puede sentir piedad por un violador en serie que predica el exterminio de los migrantes en la frontera? Los odio a ambos en tanto que máximos representantes de la democracia estadounidense. Sin embargo, sentí piedad por ellos en tanto que viejos.

En la voz exánime de Biden, reconocí el enronquecimiento triste de mi propia voz. Tengo 75 años y veo en mí todos los signos del sufrimiento inconfesable, que experimentan los hombres blancos en el mundo entero: el declive de la fuerza física, el debilitamiento de los sentidos y de la voz, el inexorable desvanecimiento de la mente. No se habla de la vejez salvo con vergüenza e hipocresía. El respeto por los viejos es una muestra del desprecio que todo joven siente por quienes ostentan un poder que ya no dispone de un cuerpo, sino sólo de técnica. No se habla de ello y, sin embargo, el envejecimiento del mundo blanco occidental es el tema político más importante sobre la mesa.

Por razones de corrección política y de comprensible pudor, el envejecimiento es difícil de analizar: el propio Freud prefirió no ocuparse de sus aspectos psíquicos. En cambio, un autoanálisis del envejecimiento es hoy una tarea prioritaria del psicoanálisis, pero también del pensamiento político. No comprenderemos la ola reaccionaria mundial sin reflexionar sobre la senectud. Los movimientos culturales y políticos del siglo XX expresaron la energía juvenil de una población en expansión rapidísima en la que el componente juvenil constituía la gran mayoría. El futurismo de los movimientos culturales y políticos del siglo XX era la expresión de esta composición generacional: la expansión era una condición biopolítica antes que económica. A partir de cierto momento dos fenómenos concomitantes modificaron radicalmente la composición generacional: la prolongación de la duración de la vida y la drástica caída de la natalidad durante las últimas décadas. Si el fascismo del siglo XX fue la agresión depredadora de jóvenes que albergaban la ambición de conquistar el mundo, de someter a los pueblos, el fascismo del siglo XXI es el fascismo de viejos enfurecidos por su propia impotencia y, al mismo tiempo, aterrorizados por el avance implacable de masas jóvenes ávidas de venganza.

La impotencia es el núcleo del fascismo actual y no tiene importancia que los racistas de hoy sean también votados por votantes jóvenes. Son jóvenes viejos, psíquicamente frágiles: la civilización blanca dominante agoniza tanto por razones demográficas (un tercio de los habitantes de Europa tiene más de 60 años) como por razones psicopolíticas: depresión, adicción a los psicofármacos, dependencia de la máquina semiótica que absorbe toda emoción y toda energía. Una senectud rabiosa y, por consiguiente, demente se cierne sobre el horizonte de un siglo que acaba de empezar y que ya agoniza, y esta senectud trae la muerte para todos, porque los viejos odian el mundo que podría sobrevivirles. Por eso lo destruirán, por eso ya lo están destruyendo.

En su libro sobre la obsolescencia del ser humano, Gunther Anders (que cada día se antoja más como el gran pensador de nuestro posfuturo) observa que la técnica es el sustituto del poder humano y que la bomba atómica es el culmen de este subrogado del poder. La raza dominante, blanca y occidental, está furibunda ante su impotencia para gobernar la complejidad ingobernable del mundo global. Si la inteligencia artificial es el sustituto estúpido y emocionalmente paralítico de la pérdida de capacidad de pensamiento por parte de los seres humanos, la bomba nuclear es el sustituto de la potencia viril perdida de la raza dominante. Por ello no escaparemos a la maldición final, porque la raza dominante, como Sansón y como Netanyahu, decidirá exterminar a los jóvenes, cada vez más asustados, cada vez más incapaces de autonomía y de revuelta.

Esta raza de impotentes hiperarmados, la raza infame de Biden, Trump, Netanyahu y Putin, utilizará la única potencia de la que dispone: la potencia de aniquilarlo todo.

Publicada el elsaltodiario.com el 4 de julio de 2024

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Mercado libre de niños, por Carlos Maslatón

La idea de Milei de hace dos años en favor de degradar a los niños a la condición de cosas, dejando así de ser civilmente personas, para que puedan ser objeto del contrato de compra-venta; y de declarar a los padres como propietarios de la “cosa” niños, tiene su aberrante origen ideológico en Murray Rothbard (1926-1995) un extraviado pensador libertario norteamericano.

Autor de ‘La ética de la libertad‘, Rothbard señala cuáles son los ‘Derechos de los Niños’:

“Si un padre puede tener la propiedad de su hijo (dentro siempre del marco de no agresión y de libertad de abandono del hogar) puede transferirla a terceros. Puede dar al niño en adopción o puede vender sus derechos sobre él en virtud de un contrato voluntario. En suma, tenemos que enfrentarnos al hecho de que en una sociedad absolutamente libre puede haber un floreciente mercado libre de niños. (…) un mercado típico, en el que al rebajar el gobierno los precios del artículo, muy por debajo de los del mercado libre, se produce una gran escasez de bienes. La demanda de bebés y niños es de ordinario muy superior a la oferta (…) Si se permitiera el mercado libre de niños, se eliminaría este desequilibrio y se llevaría a cabo una transferencia de bebes y de niños desde padres que no los quieren o no los cuidan, a padres que desean ardientemente tenerlos.”

(Publicado en el twitter @CarlosMaslaton)

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Mbappé y los extremos de la política francesa, por Alvaro Hilario

Informe especial para LCV desde Bilbao, País Vasco

Los dichos de Kylian Mbappe en la rueda de prensa previa el debut de Francia en la Euro Copa 2024, fueron una mano tendida a su amigo Macron. Muchos festejaron el llamado a la juventud francesa instándolos a votar y a tomar conciencia de la “gravedad de la situación”, señalando que el crack francés está “en contra de los extremos, de las ideas que dividen”, discurso en sintonía con lo expresado por el primer ministro, Gabriel Attal, que apuntó, esta misma semana, en declaraciones a la emisora RTL, en referencia a Melenchón, líder de la izquierdista Francia Insumisa (parte del Nuevo Frente Popular, coalición de izquierda) y la ultraderechista Marine Le Pen: “Los extremistas, con sus programas inaplicables, no son los que tienen las respuestas a las cuestiones que afectan a los franceses”.

Bien diferente es la postura tomada por otro astro del fútbol francés, Marcus Thuram, quien ha pedido al pueblo francés que se impida a Agrupación Nacional (RN), el partido de Le Pen, acceder al poder. “La situación es muy, muy seria”, ha dicho el jugador del Inter de Milán. “Como ciudadano, ya sea usted o yo, todos debemos luchar todos los días para que esto no suceda y RN (Reagrupamiento Nacional) no tenga éxito”.

Los continuos estallidos en la periferia urbana, en las banllieux, espacio vital de la juventud racializada, precarizada y reprimida, los conurbanos franceses, allá donde entre la juventud la abstención alcanza el 70%, esa población a la que se dirigen Thuram, Dembele, Mbappe, Giroud, Pavard y los ciento setenta y cinco deportistas de élite que han firmado un manifiesto, como el legendario tenista Yannick Noah, pidiendo que no se vote al RN de Le Pen.

La victoria de la extrema derecha francesa en las elecciones al Parlamento europeo celebradas el pasado 9 de junio, con apenas el 16% de los votos del censo electoral, propició la calculada convocatoria anticipada de comicios Legislativos por el presidente francés, Emmanuel Macron, cuyas candidaturas, cumpliendo todas las previsiones, tuvieron un desempeño desastroso.

La barbarie o yo, es la apuesta, una vez más, del presidente Macron, situándose como árbitro entre extremismos, defensor de los valores republicanos, valiéndose del miedo, intenta imponerse en las nuevas elecciones y deshacerse de la actual legislatura en la que, sin mayoría parlamentaria, gobernar por decreto le está saliendo caro.

Jon Garmendia, escritor, periodista, poeta, y cocinero en un pequeño restaurante de la costa del País Vasco continental, en Francia, hace pocos días, escribía en X: “Es necesario plantear el voto contra la extrema derecha pero es necesario recordar que han concentrado el voto de la gente desengañada, la gente enojada. Artesanos, pequeños empresarios, emprendedores, simples laburantes… Toda esa gente que después de laburar como burros, llegan justos a fin de mes. Ahí reside la cuestión”.

“Todos, esto es, quienes deben representarnos, están en la misma: en el lugar del opresor”, me dice Garmendia. “La gente que la está pasando mal es gente normal, gente que trabaja y, aún así, no llega. Mientras tanto, los gerifaltes viven muy bien y todos los demás pasamos muchos apuros para afrontar los gastos ordinarios: la casa, las compras; o el agua, la luz; si no es una cosa, es otra; remirar qué ropa comprar a los pibes…Encima, tenemos que escuchar que vivimos por encima de nuestras posibilidades. No es así. Tengo muchos amigos que están enfadados con las izquierdas, y en ciertas cosas no les falta razón, eso es lo que más daño hace”.

Los Chalecos Amarillos son un movimiento ciudadano que puede ilustrar las raíces de gran parte del malestar de la población. Una muestra de cómo las políticas neoliberales, burguesas, aplicadas por Macron han afectado a la mayoría de la población, a población laburante; a esa población trabajadora, asalariada, que va viendo mermados sus derechos, su poder adquisitivo, hipotecado su futuro; una clase asalariada dividida en diferentes capas, algunas de las cuales se mueven en la evidente precarización.

En ese contexto y en una realidad geográfica donde el medio semi-urbano, las poblaciones de dimensión media hacen forzoso el uso del auto para laburar, estudiar o hacer las compras, el aumento del precio de las naftas supuso la chispa que incendió una parte del país no habituado al olor de la goma quemada.

Igual que las plazas argentinas, que las rotondas del conurbano, las rotondas francesas se convirtieron durante muchos meses en espacios de intercambio y empoderamiento, llevando su malestar a las calles en sucesivos sábados de odio ciudadano.

Estos nuevos sujetos no se adaptan a la categorización de la izquierda ortodoxa, circunstancia que a quien lea estas líneas no le asombrará. Es cierto que este descontento y ese movimiento quiso ser instrumentalizado por la extrema derecha, pero el campo popular tiene sus herramientas para preservar su autonomía: en el mediodía, en Gascuña, Occitania, el hinterland de Toulouse, los mismos Chalecos Amarillos y los grupos antifascistas expulsaron de las rotondas a los fascistas que pretendían infiltrarse, según los testimonios que pude recoger el año pasado en el lugar.

Macron con minoría en el parlamento impuso la reforma jubilatoria por decreto

Sin mayoría parlamentaria, Macrón impuso la reforma jubilatoria por decreto

Aunque Macron quiso presentar el adelanto electoral como un magnánimo gesto de estadista, un oír a la calle; un gesto político de efecto con el que sorprender a la oposición, todo ello después de una victoria electoral presentada como avasalladora de forma interesada, como veremos, era una decisión que el presidente tenía ya tomada; los sondeos calcaron los resultados: Hace poco más de un año, soslayando su minoría parlamentaria, Macron impuso la reforma de las pensiones por decreto, evitando la votación parlamentaria.

Ahora, agitando el miedo a la extrema derecha, a los extremos, quiere postularse como defensor de los valores republicanos y, de este modo, conseguir una victoria electoral que le devuelva las mayorías que tuvo en anteriores legislaturas, algo que parece imposible ahora: apelar a la Barbarie o yo no funcionará porque para gran parte de la población francesa Macron es la Barbarie.

Henri Belin, parisino, docente, periodista especializado en temas culturales y políticos y documentales no duda en pronosticar una nueva derrota del actual presidente francés: “La jugada de Macron es irrealista porque no mide el odio que provoca su persona y política entre las capas de la población desfavorecidas y periurbanas (mundo rural y de las pequeñas aglomeraciones) donde las políticas liberales, el desplome de la oferta de servicios públicos (por ejemplo, Sanidad por el suelo, falta de médicos, necesidad en muchos lugares de conducir una hora de coche para encontrar un servicio médico u otros servicios públicos, como la Educación). Todo ello resultado de la política liberal llevada a cabo durante décadas por los sucesivos gobiernos y sus continuas reducciones del gasto público. O la cuestión del poder adquisitivo, esto es, la caída del nivel de vida de las clases populares (pero también de parte de la clase media que teme por su posible proletarización acelerada) por la inflación desatada desde la guerra en Ucrania con la presión permanente de los gastos de energía (naftas, electricidad, gas ) y de los precios de los productos de primera necesidad que no dejan de subir sin que los sueldos sigan esa evolución (aquí claramente los grandes grupos de distribución alimentaria se zarpan como nunca, aprovechando el cuento de la lechera ucrania y el cierre del tráfico marítimo por el canal de Suez para justificar un proceso de alza continua). De ahí un descontento bastante importante”.

En opinión del sociólogo vasco Jakue Pascual, hay que apostar por el trabajo en común de los sectores en lucha, de esos nuevos sujetos precarizados que. desde las banlieus a las rotondas: “Por encima del armado electoral, hacen falta espacios de desarrollo común. El ámbito de lo político está atomizado y la falta de espacios que ofrezcan, hoy en día, la oportunidad de trabajo colectivo o que este trascienda a capas importantes de lo civil, complica que se construya una alternativa global a los fascistas; por lo menos solo desde la coalición electoral. Es cierto que, en la actualidad, todo vale, pero entre los políticos siempre habrá quienes estén no más para cuidar su quiosco, sus zonas de confort. Son diferentes planos de actuación a los que hay que atender, porque además de lo electoral, del trabajo a medio y largo plazo, al fascismo también hay que pararle los pies en la calle”.

¿Qué hay de nuevo, viejo? Nace el Nuevo Frente Popular

Incluso cuando las izquierdas ya habían atado pactos, Macron seguía llamando a una gran coalición liderada por él y que dejara fuera a los extremos. Si el buscado efecto sorpresa no le va a reportar réditos electorales, tampoco encontró a contrapié a la oposición: “El NFP se constituyó, contra todo pronóstico de modo rápido. Abarca desde el Nuevo Partido Anticapitalista –conglomerado de troskistas y ácratas- al ala más blanda y socialdemócrata del Partido Socialista que, tras las elecciones europeas, ha visto aumentar su peso en el seno de la izquierda”, cuenta Henri Belin.

El Partido Socialista Francés, un cadáver político hasta hace no mucho, se recuperó, por varias circunstancias, a juicio de Belin: “primero, recuperó la franja de moderados de centro izquierda que se habían volcado en el cuento del ultracentrismo macronista, entre 2017 y 2023, pero que están descontentos con la política claramente de derechas de Macron, en particular desde la reforma de las jubilaciones adoptada de manera autoritaria y contra la opinión de la mayoría del país. Descontentos también con la última Ley de inmigración que endurece bastante las condiciones de inmigración y legitima en cierta parte el discurso xenófobo de la derecha desde los republicanos (LR) de Eric Ciotti hasta el RN”. Por otro lado, también apunta a falencias de la izquierda: “Tambíen atrajo un voto inicialmente orientado a LFI que se apartaron de estos por dos razones: la falta de renovación interna y el autoriarismo de Mélenchon y la negativa a condenar el ataque de Hamas como un ataque terrorista”. Génération.s, Izquierda Republicana y Socialista, nacionalistas de izquierda vascos, alsacianos, de La Reunión, y otros partidos completan el frente.

Su programa levanta las banderas de la calle. Centrado en las políticas económicas y sociales, busca devolver el poder adquisitivo a la gente, restablecer los servicios públicos de calidad, establecer políticas contra la catástrofe climáticas, de redistribución de la riqueza a través de una fiscalidad más justa, un desarrollo basado en los salarios, derogar la legislación macronista … Todo a implementar en diferentes etapas, empezando por una de choque y ruptura con los gobiernos neoliberales.

En el plano internacional, ámbito de fuertes tensiones internas, piden el reconocimiento del Estado palestino, la liberación de los rehenes israelíes o la ayuda a Ucrania.

Todo el programa puede consultarse aquí https://legrandcontinent.eu/es/2024/06/17/nuevo-frente-popular-el-programa-completo-de-la-coalicion-de-las-izquierdas-francesas/

Cuando falta una semana para la primera vuelta de las Generales, las Legislativas, los sondeos colocan al NFP en segunda posición en cuanto a intención de voto, con el 26,68%. Sería precedido por la ultraderecha, RN, con 32,65%. En tercer lugar, la coalición de Emmanuel Macron, Juntos, con un pobre 19,7%; más pobre teniendo en cuenta que aspira a tener mayoría en la Asamblea Nacional, el parlamento francés. Teniendo en cuenta el ballotage, estos porcentajes podrían tener la siguiente traducción en bancas: RN, extrema derecha, pasaría de 89 a 250; el frente de izquierda, de 131 a 200; Macron, de los 249 actuales no pasaría en el mejor de los casos de 130 bancas.

¿Jugará el banquero Macron a defender los valores republicanos o, visto sus antecedentes, dejará caer la careta y se abrazará a Le Pen, como ya hicieron parte de los gaullistas, Los Republicanos?

Rosa Luxenburg estará revolviéndose en su tumba

Parece que el medio urbano será del NFP, que la izquierda está consiguiendo movilizar su base electoral y que también fuera de las ciudades el desempeño de la izquierda puede ser bueno. ¿Qué sucede con la juventud abstencionista?, ¿con la juventud de las periferias urbanas a las que apela Thuram? Henri Belin nos da algunas claves: “La juventud: pues está muy movilizada contra el RN en las ciudades, las banlieues son fuerte proporción de hijos de la inmigración y las categorías diplomadas. Pero aún así, la juventud de las banlieues no está del todo movilizada y no se considera interesada por estas batallitas que consideran son las de un país que no se interesa por ellos: En resumen, `¿Ah que nos decís que no somos de aquí día sí, día también? Pues ahora os jodéis`. Hay también una fuerte oposición de ciertas capas de la juventud musulmana al discurso laicista compartido por casi todo el arco político francés entre los cuales la izquierda no es la última en reivindicarlo, total que tampoco ven qué podría cambiar en su vida con un gobierno RN, si igual un poco más duro pero no mucho más según ellos. También existe una gran parte de la juventud rural y perirurbana que va a optar por el RN, lamentablemente, por querer probar algo nuevo según dicen y porque el RN de momento ha ganado la batalla cultural entre ellos”

¿Quién lo Banca a Macron?

Con Macron nos encontramos más allá de la “miserable farsa”, en pleno vodevil. Empleado público, socio de la banca Rothschild & Cie, asesor económico del presidente francés François Hollande, socialista, fue nombrado ministro de Economía, en 2014, a la edad de 37 años, designación contestada por la mayoría sindical ya que veían en Macron el origen de todas las reformas económicas de Hollande y que tenían a la empresa como beneficiaria.

Emanuelle Macrón y su protector Rothschild

Dos años más tarde, encabezando un armado financiado por la banca,y que lleva sus iniciales, En Marcha, reeditando los tiempos de la República de los Banqueros y la traición a la revolución de 1848, implosionando el socialismo, Macron se postula a presidente de la República. El 14 de mayo de 2017, con 39 años, se convirtió en el más joven presidente de Francia tras derrotar a Marine Le Pen en el ballotage, algo que se repitió en 2022.

Aunque Macron anunció que su movimiento no era “ni de derecha ni de izquierdas”, apelando a una supuesta transversalidad republicana sin ideología, ya en enero de 2017, Jean-Luc Mélenchon, líder del movimiento político La Francia Insumisa señaló que “el programa de Macron está inspirado por la misma Le Pen”.

Desde su acceso al poder, Macron ha incendiado la calle, haciendo buena, en parte, la opinión del político de izquierdas. Desde 2017, la coyuntura sociopolítica ha estado marcada por la reforma del Código Laboral (que, por ejemplo, flexibiliza las condiciones de despido, reduce las indemnizaciones y beneficia a la empresa); la Ley de reforma de la compañía francesa de ferrocarriles, SNCF; la revuelta de los Chalecos Amarillos, tras el aumento del precio de las naftas; y las protestas, desde 2019 a 2023 contra la reforma de las pensiones.

Como salida en falso a la crisis, Macron renunció a aumentar las tasas que conllevaban el aumento de los precios de los combustibles y anunció una suba en el salario mínimo de 100 euros/mes en 2019.

Aún así, y aunque aquí la inflación este lejos del 400%, a nadie le escapa lo peligroso de la situación cuando los partidos tradicionales no son capaces de dar solución a estas realidades que, por otra parte, a menudo, han creado.

Imponer la reforma de las pensiones por decreto, evitando el voto del Parlamento, donde no tenía mayoría, con la calle en llamas y con picos de revuelta en 2019, 2020 y el propio 2023, fue el momento álgido de la impopularidad de Macron que, como vamos viendo, se inicia ya en 2012, cuando su asesoría enmascara una labor de intermediación entre banca, empresa y gobierno.

La maniobra supuso la dimisión de la primera ministra, Élisabeth Borne, a petición de Macron, en enero de este año. Echó a una mujer pero se justificó nombrando al primer ministro más joven de la historia, Gabriel Attal (35). El espectáculo es imprescindible en un armado que se supone sin ideología.

El joven Attal fue también el Ministro de Educación de amplia militancia socialista que prohibió la abaya (túnica islámica femenina), ensayó el uso de uniformes y tomó otras medidas que, en opinión de las izquierdas, eran propias de la extrema derecha. Este prontuario explicaría su designación para pilotar el gobierno en el periodo electoral, ya que su perfil es compatible con la cabeza electoral del partido lepenista, RN, Jordan Bardella.

Incierto panorama electoral

Vimos de dónde la convocatoria, las políticas de Macron y, por eso mismo, porque las intenciones de voto le sitúan en tercera posición, detrás de los extremos.

Habrá elecciones, entonces, en 577 circunscripciones, las primeras el 30 de junio; y el 7 de julio, ballotage. Los extremos, encabezan la intención de voto. Ni siquiera Kylian salva a Macron de la inquina que este creó desde su acceso al poder en 2017. Viajemos por la política de Francia para sentir el pulso de la calle.

La victoria de la extrema derecha, de Agrupación Nacional (RN), el partido de Marine Le Pen y Jordan Bardella, en las elecciones europeas del pasado 9 de junio fue avasalladora, pero con muchos matices, tanto por el tipo de elecciones de las que se trataban como por la baja participación que hubo en las mismas. El relato es interesado. Vender miedo.

Tras un completo análisis de las elecciones europeas y las lecciones que de estas se pueden sacar de cara a las legislativas del 30 de junio y 7 de julio, la publicación “Le Grand Continent” concluye que “Aunque parece probable una nueva derrota del bando presidencial, la capacidad de RN para asegurarse una mayoría parlamentaria absoluta frente a una izquierda unida es ahora la principal incógnita de las elecciones”, manifiestan. El excelente trabajo se puede consultar en este link https://legrandcontinent.eu/es/2024/06/18/la-movilizacion-del-electorado-de-la-izquierda-y-del-centro-puede-debilitar-mucho-a-rn-en-francia/ , pero me permito destacar este, a mi entender, revelador, párrafo:

“Hay una cifra, sin embargo, que llama a la cautela: con 7.8 millones de votos, RN ha obtenido ciertamente dos millones de votos más que en las elecciones de 2019, pero al mismo tiempo ha recibido alrededor de 300 mil votos menos que en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022, y casi 5.5 millones de votos menos que en la segunda vuelta de esas mismas elecciones. Teniendo en cuenta la participación relativamente modesta en las elecciones europeas en Francia (51.5%, frente al 73.7% y 72% en las dos vueltas de las elecciones presidenciales), los casi 8 millones de votos emitidos el 9 de junio pesaron sin embargo mucho más que en las elecciones de 2022. Esta es la principal paradoja de la victoria europea de RN: si bien obtuvo un resultado históricamente elevado, sólo una pequeña minoría de los electores inscritos votó por el partido de extrema derecha (el 16%)”

Aunque en el próspero occidente, los partidos políticos socialdemócratas intenten hacer creer que elegir su papeleta en unas elecciones es antifascismo, nada más lejos de la realidad. Rosa Luxenburg estará revolviéndose en su tumba.

La batalla contra el fascismo va, por lo tanto, mucho más allá de estas elecciones y, por supuesto, de las poses de la socialdemocracia, preocupada de no perder sus despachos.

En el Estado francés, diferentes voces del campo popular están llamando a votar al NFP, pero recuerdan que leyes como la de Inmigración y asilo no son otra cosa que concesiones a la extrema derecha que vive del pasado y presente colonialista y racista francés, incluyendo su presencia militar en África y sus acuerdos de “cooperación” para asegurarse materias primas, energía y mercados, amén de su sostén al sionismo. El racismo es la nafta que mantiene viva a la extrema derecha, un racismo que va del barrio, del día a día, de los ataques a las minorías, a lo institucional, a lo sistémico, reflejado en las políticas de empleo, sanidad o vivienda, y todo esto requiere de un continuado trabajo de base empezando por el barrio y los medios rurales, buscando nuevos espacios de reproducción de las ideas de izquierda y buscando la hegemonía cultural.

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