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Reflexiones sobre “Voyager”, ensayo de Nona Fernández: estrellas, recuerdos y memoria/Por Marcos López Echagüe

Siempre tuve problemas para encontrar las constelaciones. La que por lo general detecto es la de las Tres Marías, que supongo que debe ser la más obvia. Tengo vagos recuerdos de distintas personas explicándome cuál era la constelación de Capricornio, de Cáncer, o de algún otro signo zodiacal. Pero no hubo caso. En esos escrutinios siempre terminaba conformándome con las Tres Marías. Quizás hay algo de sublime en ese caos estelar, en ese desorden en el que no encontramos patrones que seguir. Algo cautivante. No sé si en eso también habrá pensado Nona Fernández en Voyager cuando vio las imágenes del funcionamiento de las neuronas de su madre en un monitor. Pero lo cierto es que, mientras el doctor le pedía a la madre de Fernández que evoque recuerdos para que las neuronas se activen, le recordó a las constelaciones de estrellas. Y aquí da por comenzado un hermoso viaje a las estrellas en el que hablará de su madre, la memoria, la dictadura de Augusto Pinochet, las constelaciones zodiacales y su hijo. 

Mis amigas me regalaron el libro para mi cumpleaños. Al instante de empezar a leerlo, caló hondo en mí y entendí por qué lo habían elegido. Es uno de esos libros que dan ganas de subrayarlos todos y anotarse las citas para no perderlas. Por ejemplo, en la página 14, Fernández escribe: “Entiendo a mi madre. Tengo la teoría de que estamos hechos de esos recuerdos diarios. No es una idea original, pero creo en ella. El despertar en la mañana, la elección del desayuno, la calle recorrida, el aguacero inesperado, la molestia por tal o cual cosa, la sorpresa que llegó a mediodía, la noticia en el diario, la llamada que recibimos, la canción en la radio, la comida que preparamos, el olor que salió de la olla, el reclamo que hicimos, el grito que escuchamos. Cada día y cada noche vividos año tras año, con toda su cuota de acción e inacción, de vértigo y rutina, es lo que en su almacenamiento continuo podemos traducir como una historia personal. Ese archivo de recuerdos es lo más parecido a un registro de identidad”. 

La madre de Nona Fernández sufre de epilepsia, lo que hace que tenga desmayos durante los que pierde una porción de minutos. De potenciales recuerdos. Sin embargo, hay recuerdos que activan las neuronas de la madre. Como cuando al comienzo del ensayo el doctor le pide a la señora que evoque un recuerdo muy feliz. Luego de ver en el monitor las neuronas activas de su madre, Nona le pregunta de qué recuerdo se trata y ella le responde que pensó en el momento de su nacimiento. Más adelante, la autora cuenta cómo decidió participar de un proyecto que consistía en colocarle a las estrellas nombres de desaparecidos en dictadura. Esos desaparecidos cuyos restos los militares ocultaron bajo la arena del desierto de Atacama y sobre cuya búsqueda el documentalista Patricio Guzmán habla en Nostalgia de la luz (2010). Mujeres que recorren el desierto con el fin de encontrar los restos de sus seres queridos. Una mujer afirma a la cámara: “Ojalá los telescopios no miraran solo al cielo, sino que pudieran traspasar la tierra para poderlos ubicar”. En el libro, Fernández también habla sobre una mujer, Violeta, a cuya pareja Mario Argüelles asesinaron. La estrella que amadrinará Fernández se llamará como él.

Tanto este film como el libro tratan la conexión entre las estrellas, que se pueden observar a través de grandes telescopios, y el desierto. Y es que en ese terreno diáfano se pueden contemplar muy bien las estrellas en el cielo. Aproximándonos al final del libro, la autora cuenta cómo a Carl Sagan le encomendaron la tarea de colocar en las sondas espaciales Voyager 1 y 2 discos con información de la Tierra: fotografías, música, audios de saludos y frases en distintos idiomas, sonidos de animales, trenes, entre otros, y hasta “los pensamientos y sensaciones de un ser humano”. Páginas antes de esta historia, Fernández cuenta que al festejarle el cumpleaños número 80 a su madre ella aunó los tres deseos al soplar la velita en uno solo, pero que repitió en su interior: “no olvidar este momento”.

Hace un tiempo que terminé de leer Voyager. Ahora cobra otro significado. El 24 de mayo es, para mí, una efeméride que retorna con fuerza este año, al acercarse el (primer) aniversario de la muerte de mi papá. Pero no es por la cercanía con esta fecha este retorno, sino que se cumplen 6 años del momento en el que encontrábamos a mi viejo tras una desaparición de 3 días. Días infernales, días de potenciales recuerdos con él que nadie podrá recuperar. Recuerdo que cuando acudimos a la comisaría en la que estaba, su relato era desordenado. El hecho de que en esos días no había tomado su medicación para el Alzheimer más el shock de haber estado fuera de su casa eran un combo de por sí explosivo. Nunca sabremos qué pasó pero de algo que sí nos acordaremos con certeza es del nacimiento de mi sobrino Benicio. En Voyager, Fernández escribe “Recuerdo aquellas descargas eléctricas que vi en su examen neurológico. Esas constelaciones en las que se ordenaban sus recuerdos y se me antoja pensar, de manera bastante obvia, que los paréntesis de su cerebro son como los agujeros negros que existen en el cosmos. Enigmáticos y oscuros espacios cargados de información oculta. Es poco lo que entiendo de ellos”.

Luego de reencontrarnos con mi viejo, nos llevaron a ver a un médico de la policía para que evalúe su estado. Al volver, tuve que declarar en la comisaría ya que había sido yo el que hizo la denuncia por desaparición. Y en ese momento mi prima, como si fuese una película, irrumpe diciendo que mi cuñada daría a luz. Ahora que lo escribo pareciera que esto pasó en un lapso de dos días pero juro que fue la misma noche y que solo transcurrieron apenas algunas horas. El sábado tuve el cumple de mi sobrino y mi hermano y mi cuñada decidieron festejarlo en un salón de fiestas infantiles. Los niños fueron muy felices y corretearon por toda la extensión del lugar. En un párrafo hermoso de Voyager, a raíz del festejo de cumpleaños de su madre, Fernández escribe: “¿A dónde iremos a dar más allá de esta foto y del recuerdo? ¿Cuánto artificio hará falta para agujerear las capas de tiempo que sedimentarán este instante? ¿A dónde irá a parar la risa de estas mujeres, el olor a humo de las velas ya apagadas, las migas de chocolate sobre el blanco mantel? ¿Se reciclarán de alguna forma? ¿Se convertirán en sueños?”. Y luego continúa: “¿Podrá la memoria restaurar todo eso? ¿Tendrá una copia exacta a la que acudir cuando la necesitemos? ¿Un guion claro para no olvidar las voces, los peinados, los olores de cada cuerpo, los silencios de la conversación? ¿Podremos representar este momento, por lo menos una vez más, en el cerebro de alguien?”. 

Al final del libro, Fernández piensa y elige qué cosas colocaría en una sonda espacial, en su propia “cápsula de memoria personal”. Me parece un ejercicio muy lindo para pensar. Ya lo conté en una entrada anterior de este newsletter, pero cuando estaba cursando la licenciatura en artes audiovisuales me tocó cursar una materia de guion documental. Con ayuda de mi profesora, entendí que lo que realmente quería hacer era un documental en primera persona que hablase de mi relación con mi papá. La dificultad que veía en ese momento, que es un poco la que me hizo desechar finalmente la idea, era la falta de material de archivo (fotos, videos) que tenía de nuestro vínculo.

En un momento muy bonito de La cámara lúcida, Roland Barthes decía: “Quizás tengamos una resistencia invencible a creer en el pasado, en la Historia, como no sea en forma de mito. La Fotografía, por vez primera, hace cesar tal resistencia: el pasado es desde entonces tan seguro como lo que se toca”. El otro día, revisando viejos álbumes encontré algunas fotos que tengo con él. No son muchas, y carezco de videos familiares pero alcanzan para integrar mi propia cápsula. A veces cuando empiezo un libro nuevo de mi biblioteca de libros propios y heredados, encuentro alguna nota o algún número de teléfono escrito con su letra ¿Qué otros materiales integrarían mi cápsula? Fotos con mi mamá, mis hermanos, mis amigos; fotos de mis mascotas; algunos audios lindos de mis queridas amistades; palabras afectuosas de profesores y amigos; poemas de los que me sienta -al menos algo- orgulloso. Les pregunto: ¿Qué cosas conformarían su propia cápsula? 

En la última foto soy el pequeño que está sentado en el regazo de mi viejo. A la izquierda está mi hermano mayor Francisco con mi primo Manuel y a la derecha de la foto mi prima Camila

Ilustración de Portada: Joan Miró, de su serie ‘Constelaciones’. ¿Somos humanos porque miramos las estrellas, o miramos a las estrellas porque somos humanos? (Neil Gaiman)
En un periodo de profunda depresión, Joan Miró decidió mirar al universo y pintó sus «Constelaciones«.

(Publicación original en El blog de Marquisse: https://marquisse.substack.com/ Si te gustó, entrá y dale un me gusta, o algo que sea una palmadita en la espalda)

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“La ultraderecha es el cuco que saca la burguesía para imponer la agenda”, por Álvaro Hilario

Luego del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo, conversamos con Alvaro Hilario, corresponsal de La Columna Vertebral en el País Vasco, para analizar el significado de lo que se presenta como una victoria generalizada de la ultraderecha en ese continente. Aquí sus principales definiciones.

“Existe un gran desapego en general por la elecciones del Parlamento Europeo. Los títulos de Clarín, por ejemplo, que buscan extrapolar el hecho de que no se trata de elecciones nacionales, y habla de una victoria de la ultraderecha en Europa es engañoso. Aunque no deja de ser preocupante el resultado.”

“Quien quedó peor parado fue Macron, un fenómeno a analizar. Clarín está intentando ligar la victoria de la ultraderecha en Francia para legitimar la extrema derecha también en España, obviando que son elecciones europeas, que poco tienen que ver con la legitimidad que eso puede tener en cada país. La escasa participación en Francia, que es un país muy politizado y movilizado, puede llegar a indicar un rechazo a definir su situación con el voto, algo parecido a lo que pasaba en Argentina en el año 2000. Es una situación muy interesante.”

Macrón ya tenía pensado adelantar las elecciones legislativas para solucionar su minoría en el Congreso.

“Este triunfo de la ultraderecha francesa, en donde votó el 52% del electorado, tuvo como consecuencia inmediata que el presidente haya adelantado las elecciones legislativas. Pero no fue una decisión tomada en caliente porque las encuestas ya anunciaban el resultado. En Francia el régimen es presidencialista, el presidente tiene mucho poder, el legislativo también, y Macrón no tiene mayoría en el parlamento por lo cual le está costando sacar cualquier ley. Por eso, esto ya lo tenía pensado. Esto que ha pasado en Francia, decir que Macron ha escuchado al pueblo y por eso quiere las elecciones legislativas, es una trampa. Macron ya lo tenía pensado desde antes. Está intentando solucionar este atasco que tiene en la legislatura, es una trampa, es una salida hacia adelante.”

De los grandes temas europeos, como ser la guerra, los presupuestos, la industria armamentística o la inmigración, no se ha dicho nada en campaña

“Algo parecido hace Pedro Sánchez en España, presentarse como que la opción fuera ‘él o la barbarie’. Identificarse como el defensor de los valores republicanos contra la extrema derecha. De esta forma pretende concentrar todo el voto que no sea de ultraderecha para su partido. Durante la campaña, en España se embarró la cancha con chicanas como la supuesta corrupción de la mujer de Sánchez, pero de los grandes temas europeos como ser la guerra, los presupuestos, la industria armamentística, la inmigración, entre otros, de eso no se ha hablado, salvo la derecha con las típicas cantinelas sobre la inmigración y la delincuencia. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que en la mayoría de los estados no se han llegado al 50 %, en muchos de ellos apenas arañaron un 20 o 30%.”

“El fenómeno Macron complica a la socialdemocracia europea porque está desarrollando una política que ya quisiera aplicar la extema derecha. Una política muy antisocial, muy antipopular, que está levantando protestas en la calle, huelgas generales, una rebelión que viene desde hace cinco años con los chalecos amarillos en adelante. Macron se ha puesto la soga al cuello.”

En Polonia o Hungría están escarmentando la pérdida de libertades. Ya no hay diferencia entre los tres poderes.

“Otro fenómeno curioso es que en los países del ‘Este’, gobernados por la extrema derecha, también hubo una sorpresa. En Polonia, por ejemplo, perdió las mayoría el partido de extrema derecha que viene gobernando desde hace tiempo. Lo mismo ocurre en Hungría. Están escarmentando la pérdida de libertades que están teniendo. Yo no soy un defensor de esta democracia burguesa representativa, pero en sitios como en Hungría y en Polonia ha desaparecido la diferencia clásica entre los tres poderes, a un nivel que ha escandalizado a la Unión Europea.”

“Es muy difícil hablar de Europa entre 25 Estados, distintas culturas, distintas lenguas, hay que ver para qué sirve el Parlamento Europeo, si bien tiene las funciones de contralor que tiene cualquier parlamento estatal, también está su poder legislativo, pero es un poder legislativo que comparte con el Consejo. Y el Consejo son los Estados, el Consejo es la reunión de los ministros de cada rubro, la función legislativa del parlamento está subordinada a lo que ya antes han cocinado los gobiernos. En cierto modo, es una función legislativa decorativa, el Parlamento Europeo pinta bastante poco dentro del entramado en donde aún los gobiernos de cada país son los que siguen legislando en gran medida.”

Lo que hay es un trasvasamiento entre derechas. Entre partidos fascistas y conservadores

“Lo que hay es un trasvasamiento entre derechas. Entre diferentes partidos fascistas y los conservadores. Pero la ultraderecha es el mamarracho, es el cuco que saca la burguesía para imponer la agenda. Aquí supuestamente tenemos un gobierno progresista pero que está haciendo fuerza para incrementar el presupuesto militar. La socialdemocracia ha hecho suyas todas las políticas duras en contra de la inmigración, a favor de la industria armamentística, del recorte a los gastos sociales, es decir, ha hecho suyas las principales políticas de la derecha. A la socialdemocracia sólo le ha quedado la defensa de lo público frente a los recortes y frente al desarme del Estado. Por eso la abstención es principalmente de la gente de izquierda.”

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“A Teresa la mató la policía”, por Hernán López Echagüe

El sábado 8 de junio, a los 89 años, falleció Miguel Rodríguez, el padre de Teresa Rodríguez, asesinada por una bala de la policía provincial en 1997 durante la represión de uno de los primeros piquetes contra el menemismo en Cutral Có, Neuquén. Sus padres lucharon toda la vida para obtener justicia. Murieron sin tenerla. Flor, su mamá, murió en el 2021. En este relato, las razones por las que fue asesinada Teresa Rodríguez quien se convirtió desde entonces en una bandera de lucha.

En su memoria, y la de todos los argentinos, Hernán López Echagüe comparte con el Archivo LCV un capítulo de su libro “La Política está en otra parte”.

Lunes 17

“El Cutralcazo fue fundamental”, me dice Juan al tiempo que, en vano, intenta sintonizar una estación de radio. “Podría decirse que muchos de los nuevos movimientos del país lo tomaron como ejemplo de lucha”. No sé cómo diablos agradecerle semejante gentileza; ha trabajado toda la noche, hasta las seis de la mañana, y ahora, las once ya, está a mi lado, garboso, lleno de energía, conduciéndome en su auto hacia Cutral-Có, ciudad que, suficiente fue anoche comentárselo al descuido, quería conocer, por su historia y con la idea de hacerme una escapada a la casa de los padres de Teresa Rodríguez. Pasamos por Plottier, luego Senillosa; la ruta es una infinita alameda de especies encumbradas y raquíticas tras la cual se extienden miles de manzanos quemados por la helada. Durante el viaje sólo hablamos acerca de las sucesivas puebladas que han signado la historia de los últimos años de la ciudad. El primer Cutralcazo, en junio de 1996, espontánea reacción de los pobladores que resolvieron ganar las calles enterados de que el gobernador Sapag pretendía derogar un acuerdo con la empresa canadiense Agrium para establecer una fábrica de fertilizantes; los piqueteros lograron no ya expulsar a los gendarmes, también la restitución de los servicios de gas y energía eléctrica a los desocupados y cientos de subsidios de desempleo. La pueblada de abril de 1997, cuando docentes, desocupados, estudiantes y coordinadoras de padres ocuparon las rutas y cortaron puentes a lo largo de tres días; la Gendarmería y la policía provincial, aleccionadas por la derrota anterior, acrecentaron de manera inaudita el número de la tropa y, no conformes con el desalojo de la ruta, irrumpieron en la ciudad a la caza de piqueteros; el pueblo no lo toleró; más de quince mil personas salieron de su hogar para hacer frente a la demencial invasión; al cabo de la indiscriminada represión, y más allá de decenas de heridos, en el asfalto de la ruta 17 quedó tendido el cuerpo de Teresa Rodríguez, mujer de veinticinco años, casada, tres hijos, empleada doméstica, víctima del balazo que le disparó un agente de la policía. De todas las semillas confiadas a la tierra, escribió Balzac, la que mayores y más poderosos frutos rinde es la sangre vertida por los mártires. El asesinato de Teresa Rodríguez ha sido un cabal ejemplo, pues el simple grito de su nombre, no sólo en Cutral-Có, sino en todos los cantos del país, adquirió una magnitud impensada.

En el acceso a Plaza Huincul me distrae la figura de un colosal dinosaurio, verdadera mole construída con varillas de hierro. Al pie, un gran cartel: “Plaza Huincul, cuna del dinosaurio más grande del mundo”. Veinte kilómetros más adelante, llegando a la plaza central de Cutral-Có, nos encontramos con Albino Tricanao, militante de Izquierda Unida que ha vivido la cruda experiencia del Cutralcazo y forma parte de un MTD. Innecesario es que refiera su ascendencia mapuche; el pelo azabache, liso y brillante, el tono de su voz y los rasgos de su cara se encargan de comunicármelo. Le sorprende mi visita. “Después de la pueblada vinieron todos. Hebe de Bonafini, los partidos de izquierda, todos; ahora es como que no hay nadie, se han olvidado, y la desocupación ya alcanza a doce mil personas, hay mucha bronca contenida, porque además hay cientos de procesados; cada dos semanas me citan a los tribunales, por atentado a la autoridad en una, otra por no dejar desenvolver normalmente el funcionamiento del municipio; me han allanado la casa, pero nunca me han detenido”. Albino tiene 33 años, diez hermanos, y nació en una familia de “crianceros”, es decir, gente que se ocupa de la cría de animales en el campo; con amargura cuenta que de la cultura mapuche a sus padres sólo les ha quedado la sabiduría para el telar. “Al menos tengo el apellido, que significa `caminante´, y buen honor le hago”. Al igual que Mosconi, Cutral-Có y Plaza Huincul son pueblos que florecieron, y posteriormente se difuminaron, a la sombra de YPF, razón por la cual todos los jóvenes cursaban estudios en escuelas técnicas, como Albino lo hizo, con la esperanza de conseguir empleo en la empresa todavía estatal. “La privatización acabó con todo, el éxodo de gente fue grande, la desocupación increíble. Fueron los años en que el Movimiento Popular Neuquino se dedicó más que nunca al clientelismo. ¿Vos querías una vivienda? Tenías que afiliarte. ¿Querías entrar al municipio, tener un empleo público? Tenías que afiliarte”. No le guarda respeto a político alguno, y, como personajes de la historia que algún tipo de influjo han tenido en su formación, menciona, con gravedad, a Marx, Freud, el Che y Piaget. “Son hombres que han pegado su ladrillo en la pared que nos sirve a nosotros para agarrarnos y ver qué hay del otro lado del muro”, dice y entonces lo asalta la exaltación. “En el país no hay una dirección que capitalice el descontento; hay que romper los sectarismos, no tenemos que delegar el poder a nadie, tenemos que hacerlo nosotros, como ha hecho Zanon; hay que amasar el pan con las propias manos. Hoy la gente empieza a decir: dame la harina que lo voy a hacer yo. La dinámica del 19 y 20 de diciembre no se detuvo, no es una foto, continúa, estamos construyendo, y nos tropezamos, y nos caemos, pero seguimos”. Juan nos interrumpe con elegancia; está preocupado, se ha hecho tarde, debe regresar a Neuquén en dos horas. Albino, el caminante, se ofrece para guiarnos hasta la casa de los padres de Teresa Rodríguez.

Miguel y Sol, los padres de Teresa Rodríguez

Don Miguel Segundo Rodríguez nos atiende en la puerta de su casa, una construcción pequeña e inconclusa; es un hombre entrado en años, de mediana estatura, cuerpo huesudo y magro. Al parecer, hemos llegado en el momento oportuno; acaba de almorzar, todavía no se había echado a siestear, de modo que le resultará un placer conversar con nosotros. Nos sentamos a una mesa de la cocina, donde aún persiste un espeso aroma a salsa de tomates, acaso guiso de carne; en una de las paredes laterales hay un gran retrato de Teresa, y en la habitación lindera veo uno de Che Guevara. Quiere saber qué estamos haciendo por allí. Le cuento brevemente el proyecto del libro, lo hago con recato pues temo que esté harto de visitas y por tanto me mande al demonio. No. Sonríe, casi gratificado; justamente anda ofendido con el periodismo porque han dejado de investigar el asesinato de su hija. “Hicieron puro amarillismo, pero yo sigo, no voy a parar hasta aclararlo”. Arrima la cabeza, acortando la distancia con mi oreja: “Podemos hablar claro, ¿no? Porque imagino que acá somos todos compañeros. Bueno, esta justicia no existe. No hacen nada. El poder, ese señor Sobisch esconde todo. A Teresa la mató un policía, y ya me le estoy acercando. Esa gente, el poder, se cree intocable, y yo voy a seguir hasta tocarlos”. Las palabras han sonado con férrea convicción; su fuerza de ánimo es mayúscula. De repente entra la mujer, una señora de semblante satinado y mirada cálida, con un album de fotografías que apoya en la mesa. “Muchas felicidades”, nos dice mientras da un rodeo por la mesa para besarnos a cada uno en la mejilla. “No sé si son padres, pero igual no les pregunto porque por ahí son y no lo saben”. Don Miguel suelta una risotada. “Cierto, me había olvidado”, dice. “Hoy festejé como siempre; comí fideos, vinieron todos mis nietos, estuve con Teresa”. Enseguida nos cuenta que su vida, luego del asesinato de su hija, cambió por completo; antes era un hombre huraño, callado, poco afecto a la charla con los vecinos. “Ahora no, voy y vengo, hablo con uno y con otro, organizo actividades en el barrio, si me llaman de Buenos Aires para algo, voy sin problema, siempre que me paguen el pasaje, claro”. Nos entrega el volante de un taller de teatro popular llamado “Tren-Ten”. “Esto lo organizamos con mi señora, es un homenaje para Teresa”. La mujer, que se ha quedado parada a sus espaldas, los brazos cruzados sobre el pecho, asiente con satisfacción. “Ya no me gusta la gente que no se mete, la gente que no se preocupa por el prójimo”, continúa don Miguel, la vista clavada en una vieja fotografía de Teresa adolescente, una hermosa muchacha de ojos redondos, “porque esto lo arreglamos entre todos los que somos compañeros o no lo arregla ni Dios”. Nuestra visita, pese a mi presagio, lejos de importunarlo le ha causado una inocultable alegría que no está en sus planes echar por tierra. Vamos, quédense a tomar unos mates, media horita más, dice una y otra vez. No, no podemos, nos encantaría, se lo agradecemos profundamente, pero debemos irnos. Nos acompaña hasta el auto. Me palmea el hombro: “Póngalo en su libro, ponga que no voy a parar hasta tocarlos donde más les duele”. Me toma del antebrazo: “Ah, y espero que me traiga un libro, porque las cosas están difíciles”.

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Lecturas obligatorias/8, por Daniel Divinsky

La reedición relativamente reciente de la novela Pequeños combatientes de Raquel
Robles por el Fondo de Cultura Económica, hace posible acceder a este pequeño gran
libro publicado originalmente por Alfaguara en 2013.
Existen varias obras en las que los crímenes de la más reciente dictadura cívico militar
que asoló la Argentina –muertes, desapariciones forzosas, tortura, apropiación de
bebés, apoderamiento ilegal de bienes—aparecen relatadas desde la óptica infantil:
chicos o chicas que, con mayor o menor comprensión de lo que sucedía, describen
esas tremendas realidades. Citaré dos: La casa de los conejos de Laura Alcoba y El
camino de las hormigas de Laura Fernández Berro.
Lo que distingue de ellas a la novela de Robles es que la protagonista relatora tiene
conciencia política, inculcada por sus padres (luego desaparecidos), y trata de
emplearla para comprender el mundo y para transmitírsela a su hermano menor con el
que vive las diversas peripecias que resultan de la narración.

Raquel Robles es una de las fundadoras de H.I.J.O.S., ella misma hija de desaparecidos,
y ganó en 2008 el premio “Clarín” con su novela Perder. También publicó la muy
notable Papá ha muerto, un relato de ficción pero muy nutrido de datos acerca de los
acontecimientos que precedieron a la emboscada del grupo guerrillero del Che en
Bolivia y su asesinato a manos del Ejército de ese país. Como resultado de su actividad
como docente especializada en la gestión de instituciones educativas imaginó su más
reciente novela, La última lectora, también publicada por Fondo, en la que narra las
desventuras de una alfabetizadora que trabaja en las villas.


Pequeños combatientes respira autenticidad. Sin pretensiones de sofisticación literaria,
el discurso de la niña protagonista tiene una total coherencia, aunque a veces
sorprenda una agudeza política enorme, quizás desproporcionada para su edad. Hay
una expectativa: que los padres estén escondidos en alguna parte y reaparezcan. Y un
temor: que haya sucedido “Lo Peor”.


Aparecen dos abuelas, de formación y actitudes totalmente opuestas: una que no para
de sollozar apretando su pañuelito, otra que trata de ayudar más a los chicos. Hay un
viaje a Tucumán, donde visitan a unos tíos, alguno de los cuales es policía y, por
instinto y formación la niña debe ocultar lo que sabe.


Como bien se dijo en un comentario que publicó la Agencia Paco Urondo en un
reportaje a la autora, el libro “explora el universo infantil de los hijos de desaparecidos
a partir de una reelaboración del lenguaje de la militancia”. Y a la pregunta acerca de
“cómo se relaciona esta fuerza con la memoria”, la autora responde:
“Los géneros se van como trasvasando y tiñendo el uno al otro. Esa escritura bien
política tiñe mis textos. (…) en los últimos años he escrito muy preocupada por las voces, por sus construcciones. Me parece que la literatura política tiene esa condición
de tratar de rescatar las voces”.


El texto ha sido leído por gente muy joven, niños y niñas, para trabajar en las escuelas
el Día de la Memoria. Es de esperar que el retroceso que está imprimiendo el actual
gobierno a todo lo relativo a los derechos humanos y su violación en la Argentina
reciente no implique el intento de borrar estos ejercicios literarios tan necesarios.
Más allá de la profundidad de su contenido, el texto se lee de un tirón, como si se
estuviera escuchando a la chica que cuenta.

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