Mundo Zombie

Por Laura Giussani Constenla, V Columna de La Columna Vertebral, 21 de abril 2018

Todo empezó en una Central Eléctrica. Nadie sabe porqué pero de pronto explotó y una neblina verde se posó sobre el mundo . La mitad de la población se convirtió en gente rara, voraz y estúpida. Los otros, los que quedaron a salvo de la contaminación verde, levantaron un muro. A los especímenes surgidos de ese bing bang eléctrico les pusieron un brazalete con electrodos que los sedaba.  Zombies-band, se llamaba el artefacto. Porque esos tipejos hambrientos de cerebros eran zombies. Después de muchos años lograron algunos niveles de convivencia. Los estudiantes zombies de la ciudad zombie asistían a la escuela preparatoria humana, Un suburbio zombie en donde prevalecía la uniformidad, se respetaban las tradiciones y todos concurrían a encuentros con algún gurú que les enseñaba a ser felices.

Este es el telón de fondo del último éxito de Disney, la película Zombies, estrenada en febrero de éste año. Una de las más taquilleras del mundo. También hay una serie de zombies que se convirtió en un ícono de los jóvenes: Walking Dead.

¿Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia? ¿Será casual que las historias de zombies sean pasión de multitudes? ¿Qué es un zombie?

Según las definiciones más clásicas, un zombie es un fallecido resucitado por algún hechizo que obedece a las órdenes de su salvador. Básicamente se la considera una criatura sin conciencia ni autodeterminación, que actúa por impulso, de inteligencia nula. Vive sin pensar, de modo automático. Embobado por algo.

Zombies.

Una sociedad de zombies.

Así estamos. La mitad de la población camina con la cabeza gacha. Los ojos fijos en una pantallita que contiene al universo todo. Para qué alzar la vista. Lo que hace falta saber está en un aparatito que taladra el cerebro con mil estímulos por segundo. Acaso tenga el efecto de las zombies-band.

Una sociedad de zombies. Así estamos. La mitad de la población camina con la cabeza gacha. Los ojos fijos en una pantallita que contiene al universo todo

Claro que las cosas no son tan simples en el mundo real. Existen clanes de zombies que pelean entre sí. Autómatas de todos los colores: amarillo, celeste, blanco o rojo. Obedientes a quien les devolvió la vida después de vaya a saber uno qué catástrofe. En tantos milenios, la humanidad fue tan feroz que todos le debemos la salvación a alguien.

Entre tanto, las mayorías repiten, vociferan, levantan la mano, votan, marchan, linchan, matan.

También torturan. En la serie Walking Dead la tortura es una música alegre, tan alegre y repetida que lleva a la locura. La revolución de la alegría se convierte en la condena a la alegría sin sentido y enloquece del mismo modo.

Zombies versus zombies.

Una familia zombie ama su televisor. De pronto, no está más, alguien se lo llevó. Un chorro, un pibe, un pibe chorro. Difícil diferenciar . Todos iguales, la misma ropa, el mismo gorrito visera,  idéntico corte de pelo. Se puso de moda el corte a la gorra. Milicos y chorros usan el mismo peluquero, como bien señaló en alguna nota Claudio Zeiger, quien también dijo: “Es lógico que los hombres se rapen, se uniformen y se preparen para una módica guerra luciendo uniformes, peinados y estilos que otros les diseñan para mostrarlos en sus propios festines”.

Los hermanos de la familia decidieron hacer justicia: hay que darle una lección al que nos dejó sin tele. Agarraron a uno, de 17, flaquito, corte a la gorra, gorra con visera. Lo secuestraron, lo torturaron, le cortaron las orejas, lo mataron a golpes.

Esta historia es real y sucedió hace pocos días. Radio Mitre informa: Horror, secuestraron a un chico, lo torturaron, lo mataron “y era inocente”. El chico quizás formaba parte del mismo clan de zombies. Eso sí que es horroroso, matarse entre iguales. ¡No se trataba de un ladrón de televisores!

Pero el mundo sigue andando. No hay tiempo que perder en estas tonterías. Las pantallas acribillan con más y más noticias. Todo sale en cadena nacional. El que se quede afuera de lo que ‘se dice’ en la radio, la tele, los medios,  es un tarado, un bueno para nada. Se puede no conocer al vecino pero jamás ignorar lo que cuenta la tele.

Hay otra cosa que llaman ‘las redes’, que es como una tele más incidiosa, en la que podés fácilmente encontrar a los zombies de tu propio clan.  En donde también repiten, vociferan, levantan la mano, votan, marchan, linchan, matan. Pero vos elegís de qué lado estás. Y también repetís.

Realidad y fantasía siempre van de la mano. Nunca se sabe quién empieza primero.

Se puede no conocer al vecino pero jamás ignorar lo que cuenta la tele.

El comienzo del mito zombie se remonta a la isla de Haití del siglo XVII y XVIII, cuando los esclavos africanos eran llevados allí para trabajar hasta la muerte en las plantaciones de azúcar. Desde entonces y hasta ahora, la noción de zombi ha formado parte de la comunidad haitiana. La creencia es que, a través de la magia o el veneno, un hechicero es capaz de hacer enfermar hasta la muerte a una persona a la que, tras ser enterrado por la familia, hace revivir. Dicha persona queda sometida a la voluntad de quien le ha hecho volver a la vida. Una idea que subyace en el folclore zombi: la ausencia de voluntad propia del ‘muerto viviente’.

Ernesto Sabato solía decir que la ciencia ficción alimentaba a la ciencia. No sé si lo escribió algún día pero era uno de sus platos fuertes de conversación de sobremesa. Basaba su certeza en los trajes de los astronautas, que eran similares a los de los dibujitos de astronautas ¿porqué tenían una escafandra redonda y no cuadrada, o inventaban otro modo de darle oxígeno? Algo así como la profecía que se autorrealiza.

Lo cierto es que el futuro imaginado por la ficción es poco prometedor.

Rescatemos un libro que, al menos, mantiene algunos resistentes: “Farenheit 451” de Ray Bradbury. Para hacerlo breve: una sociedad en donde queman todos los libros. Persiguen a quienes se oponen de manera feroz. Hay una historia de amor en donde uno de los quemadores rescata un libro y termina conociendo a núcleo clandestino cuya resistencia es aprender de memoria un libro entero para que no se pierda el saber universal. Militantes de las palabras, de las ideas, de la historia. Un día la ciudad es bombardeada, todos mueren, menos los memoriosos de libros que deciden reconstruir una sociedad entre todos.

Ojalá. Así sea. Cada quién elige su propia profecía.

 

 

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