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La Columna Vertebral

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La Columna Vertebral

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Sebastián Ablin: «Ya no quiero resistir, quiero avanzar”

Después de los 15.000 avisos de despidos de empleados estatales -todavía está en discusión si un mail vale como un telegrama- LCV decidió ir al encuentro de las personas que componen esa cifra espeluznante. Detrás de ella hay historias de vidas, gente que laburó desde siempre, en diversos oficios y circunstancias. Algunos, grandes talentos, que se destacaron en áreas de lo más diversas. Hoy presentamos a Sebastián Ablin, uno de los queribles personajes de la Biblioteca Nacional que acaba de perder su trabajo: talentoso, creativo, se destacó en la primera de River en su adolescencia, descubrió la música, allá por el 2001 fundó Choque Urbano, en el 1998 empezó a trabajar en la Biblioteca Nacional. Supo del placer de poner el corazón con toda la libertad que ofrecía Horacio González. La semana pasada se enteró que ‘formaba parte de la lista”. Angustia y volver a empezar. Por ahora, se metió en Uber para sobrevivir. Seba, un capo también en la cocina.Hasta en el MasterChef del 2005 estuvo! El Estado se lo pierde, no es fácil encontrar un empleado con ese empuje. No quieren trabajadores, quieren burócratas. Si no, fijate todo lo que Sebastián y sus compañeros le regalaron a la Biblioteca Nacional a pesar de los embates y los agravios. Asomate a esta Historia de Trabajadores. Talento para dar y regalar.

LCV: Sebastián, ¿Cómo estás? Yo te presenté así, como una persona que había transitado un montón de lugares. Futbolista, MasterChef, Choque Urbano.

—Sí, también toqué cumbia con los chacales. También toqué en un grupo de folclore rock que se llama Arbolito, antes de tocar con el choque. También me fui a jugar al extranjero al fútbol.

LCV: ¿Dónde jugaste al fútbol?

—En Israel.

LCV: ¿Cómo llegas a ser jugador de fútbol en Israel?

—Empecé con el sueño de la gran mayoría de los pibes y pibas. No sé si todas las pibas quieren, pero ahora las pibas también quieren y bienvenidas sean. Me gustaba el fútbol de chico y ahí me fue prontamente rápido con River. De todas formas, tenía un problema de sensibilidad en general, y era bastante vulnerable a las críticas así que no duré mucho en el fútbol y me volqué por la música, que era bastante más amable y más social y no tan exigente y no de tanta competencia.

LCV: Vos decís eso de que eras un poco sensible a las críticas y yo me imagino que las críticas eran los barras gritando desde las hinchadas y no la crítica de un crítico que escribe en un diario.

—A veces ninguna de las dos. Muchas veces son las propias críticas de uno mismo o las situaciones familiares. Era muy exigente conmigo mismo y era muy sensible frente a las situaciones de vestuario. Es un ambiente complicado el fútbol si no estás muy convencido de que eso es lo que querés hacer con tu vida. Es difícil. Aparte, pensá que sólo el 15 % de los afiliados a AFA viven del fútbol. O sea que hay un 85% del resto de los jugadores federados en AFA que tienen que hacer cosas paralelas para seguir subsistiendo, digamos.

LCV: ¿En qué puesto jugabas?

—Marcador de punta ofensivo.

El joven Sebastián Ablin en la primera de River

LCV: Contame cómo llegas, entonces, primero a Arbolito o al Choque Urbano.

—Primero Arbolito, allá por 98, paralelamente al ingreso a la biblioteca, en mayo del 98. Yo ingreso en la biblioteca como contratado de locación en esa época. Esa época también empezaba a tocar con Arbolito, toda la etapa previa al 2001, la última parte del menemato. En ese contexto es donde empecé a tocar en Arbolito, que hasta el día de hoy es un grupo con mucha presencia en las calles, siempre bien plantado, siempre diciendo lo que tiene que decir. Al mismo tiempo empecé a desarrollar con mis hermanos Choque Urbano, y empezó a funcionar paralelamente Arbolito. Tanto es así que en un momento tuve que dejar Arbolito y allá por el 2003 también renuncié a la biblioteca, porque se me hizo imposible llevar las dos cosas. Entonces desde 2003 al 2009 yo me dediqué a tocar con el Choque, a girar por bastantes lugares, bastantes lugares por el mundo, como Corea, Siria, Italia, Holanda. Después en el 2009, cuando la biblioteca empezó a ser distinta y yo empecé a ser más grande, ser distinta significa que los contratos de locación de obra pasaron a ser resolución 48, y yo tenía una necesidad más de formar familia. Hice las gestiones necesarias y volví a ingresar a la biblioteca ahí con la resolución 48. Y ahí ya me aboqué de lleno a la biblioteca y lo demás era satélite, digamos, colaboraba cuando podía.

LCV: Choque Urbano entonces es una suerte de emprendimiento familiar

—Sí.

LCV: ¿Cómo nace? ¿A quién se le ocurrió?

—Allá por el por el 2000, 2001, con la movida de diciembre se disuelve un grupo que existía en La Boca, que para esa época se llamaba Caturga, era un grupo nacido del grupo Catalina Sur, allá de la zona de la ribera, de la zona de donde es Trueno. Ese grupo termina su ciclo y dentro del seno de ese grupo ya se formó entre hermanos, cuñada y algunos integrantes del grupo anterior, el Choque Urbano. El nombre remite a la época, cada uno le da el significado que quiere. Y ahí empezamos a tocar con objetos no convencionales en plazas, los 19 y 20, la marcha de las Resistencias.

LCV: Los 24 de marzo también estaban.

—Los 24 de marzo se nos hacía más complicado, porque se nos hacía difícil desfilar o caminar con los tachos. A veces colaboramos alguna vez con la chilinga pero siempre estábamos en presencia o del choque o de civiles, digamos, para decirlo de alguna otra forma. Ahí comienza a funcionar el choque, empieza a ir bien. Empezamos a estar en el en Carlos Regazzoni ahí en Retiro, empezamos a vender tickets. Y bueno, en esa época nos ve León Gieco y nos lleva a Luna Park, nos hace tocar con él, ahí nos ve un productor. Y digamos que entramos como por un tubo. Tuvimos como unos 15 años de muy buen nivel de trabajo general. Ahora ya tenemos 23, con cuatro obras de teatro, con algunos premios, con muchos viajes, y ahora tocando en máquinar maquinal, una formación de cuatro personas, una formación nueva que se llama trash. Trash.

Choque Urbano festejando sus 20 años en Vorterix. Año 2022

LCV: ¿Qué hacías en la Biblioteca Nacional?

—En la Biblioteca Nacional hay un auditorio para 205 personas en el corazón del edificio, los momentos de mayor contenido, se realizan conferencias, charlas, debates, presentaciones del libro, cine, teatro, música. Ejemplos concretos, los manuscritos de Spinetta en aquella época, todos sus músicos, los dibujos del indio, los ciclos de Evita. Bueno, ahí se realiza todo, todo lo que yo lo que hacía ahí era sonido, luces y vídeo. Ese era mi trabajo.

LCV: Un trabajo fuerte porque hacías el vídeo de esas situaciones.

—Lo que me tocaba a mí de vídeo era la instalación de los cañones, de la pantalla, la operación del audio. Después el área de registro de vídeo dependía de comunicaciones. Nosotros también editábamos audio.

Una de las tantas puestas en el Auditorio BN en las que trabajaban Sebastián y sus compañeros de sonido e iluminación

LCV: ¿Cuántos años hiciste este trabajo?

—Este trabajo yo lo vengo haciendo desde mayo del 98.

LCV: Con muchas variables, con ese breve interreño, y después volviste ¿hasta qué día del 2024?

—Hasta el miércoles este de Semana Santa, en donde a todos nos llegó un mail. Cada vez nos corren la vara más, ¿no? Como que cada vez es más digitalizada la comunicación. Ya no hay ni siquiera un motivo o alguien que te diga bueno, te vas por esto. Es simplemente un mail.

LCV: No hay una persona que pone la cara.

—No, todo llega por ese maldito aparato llamado celular.

LCV: ¿Qué decía el mail?

—Que por un artículo 9 sobre la resolución 25 no sé cuánto, no se me renovaba el contrato a partir del 1 de abril.

LCV: Y no te decían en función de qué cosa ya no eras operativo.

—No. No te dicen ningún motivo, o sea que uno se va sin saber por qué. A algunos les inventan inasistencias, o llegadas tarde, de las que nisiquiera se enteraron, no hay aviso previo ni admonición. Los compañeros están viviendo bajo régimen de terror. Ya no salen a comer afuera porque si llegás 1 minuto tarde perdés el presentismo. Nadie está en condiciones de perder esa suma. Hay un control casi carcelario en entradas y salidas. Igual, su función es despedir, y van a encontrar cualquier excusa.

LCV: Igual, Sebastián, te voy a pasar un datito para nutrir aún más esto que estás diciendo que es tan razonable. Hay contrataciones en el Estado, en muchas partes del Estado, que tienen la mitad de su sueldo remunerativo y la otra mitad del sueldo es un incentivo. El incentivo, que reviste muchísimas características, en algunos casos de horas extras y en otros, es el incentivo, porque sos un empleado excelente que no faltó, no se enfermó, no fue nunca. Con lo cual, es tan mentiroso esa historia también, el dibujo que hacen, porque uno que peleaba por la total remuneración, o sea, que todo sea remunerativo, decías, porque en algún momento esta historia de que todos tenemos la salud de Highlander y nunca faltamos y nunca nos pasó absolutamente nada, se va a volver en contra, porque alguien va a venir a usar ese tema. Y bueno, lo están usando el tema, para ir revisando ese 50% que el Estado negreaba de los sueldos de muchos empleados estatales en muchas reparticiones.

—Sí, sin duda. A nosotros ya hemos sufrido la época del Pro. La biblioteca en la época de Horacio González se había constituido en un colectivo hermoso, para adjetivarlo concretamente, en donde no había molinetes, en donde la gente entraba a la biblioteca con muchas ganas de colaborar y realizar su trabajo, porque encontraba muchos “sí” frente a sus propuestas y cada uno en su área estaba lleno de contenido para sentirse realizado. Entonces, no había una necesidad de control o de sistema a través de molinetes que hagan que la persona se sienta absolutamente coartada y controlada en cuanto a su entrada y salida. Esto significa entrada y salida, no es irse a la casa, significa salir a comprar algo, salir a almorzar, salir a fumar un cigarrillo. Después empezó a contarse el tiempo no por producción sino por el molinete.Empezaron a agarrar de cualquier excusa, de controlar. Cuando vino el macrismo, todo ese colectivo se desvirtuó y cada uno empezó a jugar su propio partido con la idea de sostenerse lo máximo posible en el trabajo. Miedo a perderlo, miedo a hablar.

LCV: Hoy estaba diciendo Laura en su editorial un pensamiento que a todos nos ronda y que era que en aquel momento, en el momento de los despidos del macrismo, había una situación de mucha bronca por el despido de los compañeros y de un poco más de unión en la pelea para las reincorporaciones. Y hoy, el sentimiento que uno ve es casi el del alivio cuando ves que no estás en la lista y esto también marca un cambio cultural importante, que no sé si tiene que ver con el miedo o tiene que ver con la tremenda situación económica, no sé con qué. ¿Vos qué pensás?

—Yo opino que no solo es un cambio cultural, sino que es una derrota cultural. Creo que a partir de la pandemia, cierta y real, concreta, se rompieron un montón de lazos muy fuertes en donde la información fluyó a través de los teléfonos y la gente empezó a masticar cualquier cosa. En la biblioteca pasó lo mismo. Ahora parece que nos acostumbramos a que existan listas. Esta palabra de listas se remite a cuestiones de Primera o Segunda Guerra, y se naturaliza y se vive. Uno está con miedo de contar, de hablar de cómo se siente, de lo que opina, de cómo cree que funcionan los sindicatos, de si se siente protegido, de cómo estuvo tanto tiempo con un contrato que a esta hora ya no sirve para nada si lo rescinden. Entonces, ¿qué hace? No sabe si volcar el sentimiento, si jugar la de uno, si entregarse al sindicato en el sentido de decir dependo de lo que ustedes quieran. Entonces, cada uno juega su partido. La gente más joven en las asambleas está sorprendida por lo que ve, porque reclama otro tipo de actitud. Los sindicatos pareciera ser que hacen lo que pueden, y los trabajadores la pagan, como siempre. Esa es la situación. Después, en lo individual es bastante angustiante encontrarse a una determinada edad como teniendo que volver a empezar. Yo soy una persona que toda la vida volví a empezar. Lo que pasa es que cada vez que te agarra el empezar a una determinada edad, no es lo mismo a los 20, a los 30, a los 40 y a los 50, que yo voy a cumplir ahora 52. Pero, bueno, ya estoy Uberizado. De tanto quejarme con el teléfono, ya me bajé la aplicación y ya estoy ahí, tratando de ganarme el pan en la calle. Te digo que está bastante difícil.

LCV: ¿Seguís con el emprendimiento de la música?

—Mirá, el Choque sí sigue su camino. Yo en este momento estoy abocado a mi hijo, pero el choque tiene una producción de cuatro integrantes que la rompen, que se llaman Trash, que tocan todos los jueves en el Maquinar Maquinal, ahí en Anchorena y Valentín Gómez. Los primeros 200 tickets son gratuitos a cambio de alimentos no perecederos y la entrada está bastante barata. La propuesta artística es de improvisación, pero sin señas. Siempre hay invitados melódicos como guitarristas, como raperos, como bajistas, tecladistas, de muy alto vuelo, que aportan la parte melódica a los cuatro animales que están ahí tocando un set de mezcla de tachos y de instrumentos también. Así que el Choque es contracíclico. Cuando nadie apuesta o cuando nadie dice no voy a salir a tocar porque voy a perder, el Choque sale y pierde y pierde, y pierde, y pierde, pero siempre va en contra del ciclo para seguir adelante. ¿Sabes por qué? Porque estamos podridos de resistir. Yo estoy cansado de resistir. Cada vez que cambia un gobierno nos dicen: Tenemos que resistir. Y resistir es como que vos agarrás un cachito de algo y le pones algo encima de mucho peso y esa cosa resiste, resiste, en algún momento se parte. Siento como que hace mucho tiempo nos falta dar los pasos adelante a nosotros. Cuando nos toca hacer gobierno, nos cuesta avanzar a más velocidad, sin miedo al análisis. Y yo no quiero resistir más, yo quiero avanzar.

LCV: ¿Cuántos años tiene tu hijo?

—11 años.

LCV: ¿Qué está diciendo de este tiempo que le toca vivir a su papá y a él?

—Me vas a hacer emocionar. Fue muy fuerte el momento cuando le dije que me quedé sin trabajo. No me creyó. Me dijo dale papá no me jodas, y yo me acuerdo que tenía un montón de items preparadas para decir, que tengo Uber y eso, pero cuando no me creyó me desarmó. Todo lo que pude hacer fue respirar profundo para no llorar. Pero acá la estamos viviendo, los hijos re bancan, bancan mucho más de lo que nosotros creemos.

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Flavio Vergara: “De voluntario no hay nada”

El Gobierno nacional estableció, mediante el decreto 1203/2026, un nuevo régimen de retiro voluntario para trabajadores estatales. Flavio Vergara, trabajador del Instituto Malbrán e integrante de ATE, cuestionó la medida y denunció que el ajuste, la pérdida salarial y el vaciamiento de organismos públicos generan presión sobre los empleados.

LCV: Flavio, ¿cómo cayó entre los trabajadores estatales el decreto 1203/2026?

Flavio Vergara: «Nos cae muy mal, porque forma parte de una política de ajuste que viene golpeando al sector público. Los trabajadores estatales ya perdimos una parte muy importante de nuestro salario y estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo. En lugar de discutir cómo recomponer los ingresos y recuperar las funciones que el Estado tiene que cumplir, se vuelve a plantear una salida que implica reducir la cantidad de trabajadores.»

LCV: ¿Cuánto hay de voluntario en un retiro de estas características? ¿Quiénes pueden estar pensando en irse?

Flavio Vergara: «De voluntario no hay nada cuando se genera una situación de hostigamiento, incertidumbre y deterioro de las condiciones de trabajo. Hay compañeros que pueden pensar en retirarse porque están cerca de la edad jubilatoria o porque no soportan más la situación. Pero una cosa es elegir libremente y otra es que te empujen a irte porque te vacían de tareas, te bajan el salario o te hacen sentir que ya no tenés lugar.»

LCV: ¿Qué condiciones establece el régimen y a quiénes alcanza?

Flavio Vergara: «Hay distintos grupos y condiciones. Se contempla a trabajadores que están cerca de la edad jubilatoria, con requisitos diferentes para mujeres y varones, y también a personas que todavía no completaron los aportes necesarios. En algunos casos se propone que cobren el 60% del salario durante un período de hasta 36 meses, manteniendo los aportes jubilatorios. También hay modalidades que contemplan pagos de hasta 18 salarios, con condiciones particulares según la situación de cada trabajador. El problema es que se presenta como una solución cuando, en realidad, implica que la persona se vaya a su casa con menos ingresos y sin tener garantizada una salida laboral. No se trata de una política para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino de una manera de achicar el Estado.»

LCV: ¿Qué sucede con los trabajadores que todavía no reúnen los aportes para jubilarse?

Flavio Vergara: «Quedan en una situación muy difícil. Hay que analizar qué pasa con los años de aportes que les faltan, qué ingresos van a tener y cómo van a sostenerse hasta alcanzar la edad jubilatoria. No es solamente una cuestión administrativa: estamos hablando de personas y familias que necesitan vivir y que no pueden quedar de un día para el otro sin un ingreso suficiente.»

LCV: ¿Qué consecuencias tiene esta política en los organismos públicos?

Flavio Vergara: «El ajuste no solamente se traduce en menos trabajadores. También se pierden funciones que se desarrollaban al servicio de la comunidad. Hay organismos que quedan esperando cómo van a recuperar las tareas que antes realizaban. Cuando se vacían esas áreas, el perjuicio no es solamente para quienes trabajan allí, sino también para la población que necesita esos servicios. En el Malbrán conocemos la importancia de contar con un Estado que tenga personal capacitado y recursos suficientes. Lo mismo ocurre con otros organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA y el INTI. El debilitamiento de esas instituciones afecta capacidades que son fundamentales para el país.»

LCV: ¿Cómo describirías el clima que se vive entre los trabajadores?

Flavio Vergara: «Hay mucha incertidumbre y angustia. Los trabajadores sienten que sus puestos están permanentemente amenazados y que no saben qué va a pasar con sus funciones. Se los somete a una situación de violencia que termina condicionando las decisiones que toman. En ese contexto, hablar de voluntariedad es engañoso.»

LCV: ¿Qué medidas están preparando para enfrentar esta situación?

Flavio Vergara: «Estamos organizándonos para visibilizar lo que está pasando y exigir que se frene el ajuste. Hay una convocatoria de ATE frente a Olivos para reclamar por la situación de los trabajadores estatales y denunciar este nuevo intento de reducir el Estado. Necesitamos defender los puestos de trabajo y las funciones públicas, porque detrás de cada trabajador hay una familia y un servicio que la sociedad necesita.»

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Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio, es parte de la historia de Buenos Aires”

La histórica disquería y librería Zivals, ubicada en la esquina de Corrientes y Callao, enfrenta la posibilidad de ser desplazada por las obras de la futura Línea F del subte. Alfredo Suhring explicó la importancia cultural del espacio, el impacto que tendría su pérdida y las alternativas para preservar el negocio.

LCV: Alfredo, ¿cómo están viviendo esta situación con Zivals y el proyecto de la Línea F?

Alfredo Suhring: «Estamos preocupados porque Zivals no es solamente un negocio. Es un lugar que tiene una historia muy importante y forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. La posibilidad de que desaparezca o tenga que dejar su ubicación por las obras del subte nos genera una enorme incertidumbre.»

LCV: ¿Qué significa Zivals para la cultura porteña?

Alfredo Suhring: «Es un espacio que durante décadas fue un punto de encuentro para quienes buscan música, discos y libros. Por acá pasó muchísima gente y también artistas. Hay una historia que se construyó durante años, con un catálogo muy amplio y una relación con el público que no se puede reemplazar de un día para el otro.»

LCV: ¿Qué dimensiones tiene el negocio y cuántas personas trabajan allí?

Alfredo Suhring: «Tenemos un catálogo de alrededor de 50.000 títulos y una trayectoria de aproximadamente 55 años. Trabajan unas 40 personas. No es solamente el local y la mercadería: hay un equipo que conoce el material, atiende a los clientes y sostiene una actividad cultural que se fue construyendo a lo largo del tiempo.»

LCV: ¿Qué respuesta recibieron frente a la posibilidad de que las obras afecten el local?

Alfredo Suhring: «Hubo muestras de apoyo de mucha gente, incluidos artistas y personas vinculadas a la cultura. Eso demuestra que existe una valoración que va más allá de lo comercial. Entendemos que las obras públicas son importantes, pero también creemos que se deben buscar alternativas que permitan preservar un espacio con esta trayectoria.»

LCV: ¿Sería posible trasladar Zivals a otro lugar?

Alfredo Suhring: «Es una posibilidad que se puede analizar, pero no es sencillo. Un negocio con esta historia, con tantos títulos y con una ubicación tan identificada por el público no se traslada como si fuera cualquier comercio. Hay que evaluar qué alternativas existen y si permiten mantener la actividad y los puestos de trabajo.»

LCV: ¿Qué esperan de las autoridades?

Alfredo Suhring: «Esperamos que se escuche nuestro planteo y que se encuentre una solución. No estamos diciendo que no haya que hacer obras, sino que se tenga en cuenta la importancia cultural de Zivals. Sería una pérdida muy grande que desapareciera un lugar que forma parte de la historia de Buenos Aires.»

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Salvador Femenía: “El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie”

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó una caída del 1,4% en las ventas minoristas por el Día de la Madre. Salvador Femenía, dirigente de la entidad, analizó la retracción del consumo, el cierre de comercios, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades que enfrentan las pymes.

LCV: Salvador, ¿cómo estuvieron las ventas por el Día de la Madre y qué mediciones hicieron?

Salvador Femenía: «Yo venía diciendo durante la semana pasada que no esperaba que hubiera un resultado muy distinto de lo que está pasando con el consumo. La medición mostró una caída del 1,4%. Es un dato que se suma a una tendencia que venimos observando desde hace tiempo.»

LCV: ¿Esa caída se suma a los retrocesos de años anteriores?

Salvador Femenía: «Sí. Hay que tener en cuenta que es una caída sobre otra caída. El fenómeno se viene acumulando y no empezó ahora. El consumo ya tenía dificultades, pero la situación actual sigue profundizando ese problema.»

LCV: ¿Cómo está el comercio minorista? ¿Qué pasa con los pequeños negocios?

Salvador Femenía: «Estamos atravesando una etapa en la que cambian las condiciones de la economía y también las formas de comercialización. Hay mucho comercio electrónico y eso modifica la actividad. Al mismo tiempo, el comercio minorista viene perdiendo empleo desde hace muchos años. En algún momento hubo cerca de dos millones de trabajadores de comercio; hoy la cifra es considerablemente menor.»

LCV: ¿Esa caída se produjo principalmente en los últimos tres años?

Salvador Femenía: «No toda. Hubo una caída importante en períodos anteriores y la situación se fue modificando con el tiempo. En los últimos años también hubo retrocesos, pero hay que observar el proceso completo. Además, existe informalidad y hay rubros que crecieron con grandes superficies comerciales que demandan muchos empleados. Aun así, el resultado general es una reducción de la cantidad de puestos de trabajo.»

LCV: La caída del empleo también significa menos consumo. Si hay menos trabajadores con ingresos, hay menos personas que pueden comprar. ¿Cómo repercute eso en los comercios?

Salvador Femenía: «La situación del consumo viene muy mal y se nota. Las empresas pymes hacen un esfuerzo importante para sostenerse, mantener a sus empleados y contar con mercadería. Pero si la demanda cae, llega un momento en que resulta muy difícil mantener la actividad.»

LCV: ¿Qué ocurre con los comercios de distintos rubros, desde los kioscos hasta las zapaterías?

Salvador Femenía: «Hay dificultades en muchos sectores. La situación no es uniforme, porque cada rubro tiene sus particularidades, pero el problema general es la caída de la demanda. Los comerciantes necesitan vender para cubrir sus costos y sostener sus negocios. Si las ventas no alcanzan, se complica mantener los locales abiertos y conservar el empleo.»

LCV: ¿Qué diálogo tienen con la Secretaría de Comercio y con el Ministerio de Economía? ¿Pueden plantearles estas dificultades?

Salvador Femenía: «Tenemos algunos contactos con la Secretaría de Comercio y con la Subsecretaría Pyme, pero en la práctica no son áreas que tomen las decisiones centrales. No encontramos un interlocutor que pueda articular respuestas concretas a los problemas que estamos planteando.»

LCV: ¿La caída del consumo se explica principalmente por los precios o por la falta de ingresos?

Salvador Femenía: «No descarto que haya otros factores, pero lo que vemos con claridad es una fuerte caída de la demanda. Cuando una persona tiene que elegir entre comprar un producto o pagar otros gastos esenciales, el consumo se resiente. Los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de compras que los comercios necesitan.»

LCV: ¿Qué pasó con los salarios y el poder adquisitivo?

Salvador Femenía: «Durante 2025 hubo un retraso salarial de entre el 10% y el 14%, aproximadamente. Las paritarias posteriores se fueron ubicando en niveles cercanos a la inflación, pero eso no significa que se haya recuperado lo perdido. Además, cada vez hay que destinar una mayor proporción del ingreso familiar al pago de los servicios públicos.»

LCV: ¿Qué peso tienen los alquileres en la estructura de costos de los comercios?

Salvador Femenía: «Los alquileres son un problema importante porque los propietarios de los locales no suelen bajar los valores. Es una variable bastante rígida. Siempre representaron un costo alto para el comerciante, pero en una situación de caída de ventas se vuelven todavía más difíciles de afrontar. He conocido casos de locales que se abrieron desde cero, lograron consolidarse y después, al momento de renovar el contrato, se encontraron con aumentos muy grandes. En algunos casos, el propietario termina apropiándose de parte del esfuerzo que hizo el comerciante, a través de alquileres elevados o del cobro de un valor llave.»

LCV: Es una situación muy difícil para las pymes, que tienen que pagar el alquiler del negocio, los servicios y, muchas veces, también el alquiler de su propia vivienda.

Salvador Femenía: «Exactamente. La situación es muy complicada para el pequeño comerciante, que tiene que sostener el alquiler del local, los gastos de su hogar y servicios cada vez más onerosos. El comercio que subsiste hace un esfuerzo muy grande para mantenerse en pie.»

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