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Agricultura Familiar: “Si se retira el Estado se profundizan el desarraigo y la pobreza rural y urbana”. Entrevista a la Ing. Ana Herrera

El 19 de marzo, el vocero presidencial anunció el cierre del Instituto Nacional de Agricultura Familiar Indígena y Campesina. La medida significaba el despido de 900 técnicos que asistían a unas 200.000 familias de agricultores, sector que abastece por excelencia el consumo interno. Por el momento, lo que hubo fue un decreto presidencial firmado el 3 de abril que intervino por 90 días el AFCI. Al mando del organismo pusieron a una abogada, Inés Liendo, nieta del ministro de Trabajo de Videla en 1976. Para conocer más sobre la situación, LCV dialogó con Ana Herrera, ingeniera agrónoma, con 27 años de antigüedad en el Instituto que se ocupa de la asistencia a la pequeña producción agropecuaria en la provincia de Salta en donde los profesionales están ocupando sus lugares trabajo. No fueron formalmente despedidos pero no cobraron sus sueldos y están fuera del sistema de información del Estado, GDE.

Ingeniera Agrónoma Ana Herrera

LCV: ¿Vos fuiste despedida, Ana?

—Estamos en un estado de incertidumbre porque si bien el vocero presidencial anunció el cierre formal, eso lo hizo el 19 de marzo, nosotros no hicimos abandono de nuestros lugares de trabajo; y a partir de del día 28, creo que fue el jueves santo, bueno, desde ese día no podemos acceder al sistema GDE, que es la gestión documental electrónica, ni a nuestros medios institucionales. Al día de hoy no hemos cobrado nuestros sueldos, que normalmente nosotros lo cobramos el primer día hábil de cada mes, todavía no se nos pagó el mes de marzo.

LCV: ¿Les permiten la entrada?

—Lo que pasa es que como estamos ubicados en las Provincias del Interior, no tenemos un sistema, o sea, tenemos entendido que algunos compañeros que están en la ciudad de Buenos Aires no pueden ingresar, pero nosotros, donde llevamos adelante nuestra nuestras actividades, no tenemos restringido la entrada. De hecho, estamos ocupando nuestros lugares de trabajo.

LCV: Me gustaría que me contaras en qué parte del interior de Salta vos desarrollabas la tarea y además, concretamente en qué se traducía para el ciudadano el servicio público de la AFCI.

—Yo formo parte del equipo técnico de Zona Sur. Trabajamos justamente en la zona sur de la provincia de Salta, en tres departamentos: Departamento Rosario de la Frontera, Departamento Metán y Departamento Anta. Somos un equipo, o sea, el conjunto de trabajadores tenemos distintas profesiones, la mayoría somos profesionales de las ciencias agropecuarias, o sea, ingenieros agrónomos, veterinarios, pero también tenemos compañeros de las ciencias sociales. El abordaje que siempre se hizo es un abordaje integral, digamos, de la problemática de la pequeña producción, abordando todo lo que son los aspectos técnicos de la producción agropecuaria. O sea, es un sector que dentro del universo de la producción agropecuaria es el sector más vulnerable, que tiene mayores limitantes en cuanto a superficie de tierra, infraestructura productiva, por ende, asistencia técnica, que es la que nosotros brindamos. O sea, nuestro aporte desde la política pública consistía en el acceso a financiamiento, ya sea crédito o subsidios, la asistencia técnica concreta, capacitación y es un acompañamiento constante en los territorios.

LCV: Acompañamiento en el territorio ¿a quienes? ¿A los pobladores de esos sitios que vos nombraste?

—Claro, es a los pequeños productores. O sea, lo que se conoce en la Argentina es un sector productivo que más o menos ronda las 150000 familias en todo el país. En el caso de las provincias del NOA es el sector productivo más importante. O sea, por ejemplo, acá en Salta más o menos más del 75% de las explotaciones agropecuarias pertenecen a este sector y provincias como Jujuy casi es el 90%. O sea, estamos pensando de todas las explotaciones agropecuarias, la mayoría pertenecen a este sector de la pequeña producción, que justamente es una producción diversificada. Es un sector que está relacionado a la producción de alimentos, o sea, los alimentos que consumimos los argentinos normalmente provienen de este sector, o sea, todas las frutas, las cenizas, la verdura, las carnes, diversos, o sea, por ejemplo, la producción de cerdo, las economías regionales acá en el caso de Salta, que se yo, la producción de pimiento para pimentón, poroto, payar, las papas andinas, todo eso está en manos del sector de la agricultura familiar, campesina, indígena.

LCV: ¿Cuál es la situación laboral de las poblaciones a las que ustedes asisten? ¿Son pymes, trabajan en cooperativa, son emprendimientos familiares? ¿Qué tipo de organización tienen?

—Digamos que la producción es netamente familiar, justamente se llama agricultura familiar por eso, la familia es la que gestiona su emprendimiento productivo. Tengamos en cuenta que también son productores ancestrales, o sea de toda la vida son productores y que también debido a la intervención nuestra desde hace tantos años siempre se ha fortalecido el trabajo asociativo, o sea no se da una asistencia técnica individual a las familias sino a grupos u organizaciones. En todo ese transcurso de tiempo se han conformado asociaciones, hay grupos de hecho que no están formalizados, hay cooperativas. A su vez los objetivos de estas personalidades jurídicas son sectoriales, productivos, de lucha por la tierra, o sea se persiguen distintos objetivos, pero siempre digamos se fortaleció la organización de las familias productoras.

LCV: La desaparición de la asistencia y de la organización que tiene la AFCI, cómo se va a traducir en estas poblaciones y cuál es el desmedro, cuál es el impacto que va a tener en todo este trabajo.

—Justamente son miles de familias productoras que se quedan sin el apoyo del Estado. Es un sector productivo que requiere de un Estado presente, porque como te comentaba, también tienen limitantes desde el punto de vista, o sea, tienen una tenencia precaria de la tierra, escaso acceso a la infraestructura productiva, al agua. Nosotros trabajamos justamente brindando todas esas posibilidades, el acceso al agua de riego, al agua de bebida, a mejorar la infraestructura, a acceder a maquinarias, a instalar y fortalecer los circuitos comerciales de cercanía. O sea, no solamente apoyar la parte productiva, sino también el valor agregado, la comercialización, sobre todo el trabajo de la cadena productiva. Entonces, al retirarse el Estado, son familias que quedan en un estado de vulnerabilidad, no solamente para su vida, sino también de alguna manera se pone en riesgo la oferta alimentaria y la soberanía alimentaria de toda la población.

LCV: Además se me ocurre que también debe haber ahí una cuña importante en el tema de la comercialización posterior que han desprotegido también.

—Exactamente, porque justamente nosotros fortalecíamos, como te decía, estos canales cortos de comercialización, la realización de ferias locales, son conocidas todas las redes, las ferias francas que se llevan adelante en las provincias del NEA, sobre todo en Misiones, Corrientes, Chaco, que son ferias que se instalan semanalmente y abastecen cada uno de los municipios de alimentos frescos a precios accesibles, y eso está protagonizado por este tipo de productores. También es un sector que hace ocupación efectiva de los territorios. O sea, estamos pensando que son familias que llevan adelante su vida y su producción en el campo, en el interior profundo, y que si no están dadas las condiciones de producción en el lugar, son desgraciadamente las migraciones que se dan a las ciudades de todo el interior y a su vez también a la Ciudad de Buenos Aires. Cuando estamos hablando de que se retire Estado, estamos hablando de este desarraigo rural y la profundización de la pobreza rural y también de la pobreza urbana.

LCV: Es absolutamente retroceso sin pausa esto que está pasando.

—Tal cual, porque también, si se quiere, nuestro trabajo tiene que ver con con procesos de formación, con educación, con respetar esos saberes ancestrales, donde justamente se trata de facilitar y de mejorar las condiciones de producción en el territorio, cosa de que justamente esa familia tenga la posibilidad de que sus hijos puedan estudiar, porque también es un sector que expulsa la mano de obra al no tener las condiciones productivas en su lugar. Entonces muchas veces esas familias a su vez tienen que vender su mano de obra como peones golondrinas, porque no alcanzan los ingresos y en esas migraciones también tienen que migrar esos niños que pierden por ahí la posibilidad de poder estudiar en su lugar. Así que es toda una cadena, cuando desaparece el Estado, se multiplican estas vulnerabilidades que ya existen, se agravan muchísimo. Y yo creo que por ahí no se toma dimensión de que cuando se cae un derecho es como que se desmorona otro tanto.

LCV: ¿Qué impacto produjo en el ánimo de la gente desde el momento en que les dijeron que no iban a contar más con ustedes, con esa ayuda?

—Uno ha generado en todo este tiempo vínculos que van más allá de lo laboral, que es gente con la que uno viene trabajando hace un montón de años y hay un cariño y una pena, o sea, por ahí se apenan más por nosotros que por ellos mismos. Entonces es eso, es recibir ese mensajito que viene de lejos “doña Anita, ¿qué va a pasar?” y así con cada uno de nosotros. Se ha recibido a su vez apoyos específicos como comunicados de organizaciones de todo el país, de todo el interior, que nos han llegado los comunicados expresando no solamente lo que implica la ausencia del Estado, sino solidarizándose con nuestra situación. Al menos eso también es de alguna manera contestar a lo que se dijo sobre que de los argentinos no sabían lo que era la agricultura familiar. Espero que hayan llegado todos estos comunicados, no solamente del ámbito productivo, sino del ámbito académico, institucional, o sea, todos los organismos de ciencia y técnica, las universidades, consejos profesionales de extensión rural, o sea, todo lo que tiene que ver con el ámbito rural se ha expresado, se ha pronunciado.

LCV: Decime algo que quieras comunicar antes de terminar la nota.

—Simplemente agradecer la oportunidad del espacio, de dar a conocer nuestro trabajo que no comenzó ahora. Es mentira que no somos trabajadores, la mayoría tenemos más de 20 años de antigüedad y somos trabajadores comprometidos con un sector productivo que se dedica a la producción de alimentos y a la ocupación efectiva de los territorio, haciendo cada día la soberanía alimentaria. LA soberanía no es solo el territorio sino también lo que comemos, y algo tan básico que es el derecho a la alimentación tiene muchísimo que ver en este momento. Lo que comemos tiene que ver con nuestra salud física y con lo que somos, y con cómo se cuida la tierra en un contexto de cambio climático. Nosotros tenemos los elementos para hacer frente a esos cambios tan drástico porque producimos diversidad, producimos desde un saber ancestral, por eso ahí está la oportunidad de tener asegurada nuestra alimentación. Somos miles de trabajadores que cada uno desde su lugar está asegurando un derecho, por ahí estamos acostumbrados a que así sucede y no nos damos cuenta y se festeja, eso es muy doloroso, se festeja que miles de familias pierdan su fuente laboral y con ellos los derechos que todos gozamos cada día.

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Gildo Onorato: “Empresas recuperadas y cooperativas eléctricas cumplen un rol social imprescindible”

El jueves 2 de mayo de este año, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, presentó en la Casa de Gobierno de La Plata, el recién creado Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC), que estará dirigido por Gildo Onorato. En esa ocasión, Kiciloff dijo: “con este instituto estamos jerarquizando las políticas públicas destinadas a un sector que tiene una larga tradición en la provincia de Buenos Aires, donde forma parte del entramado productivo y cultural de muchos de nuestros pueblos”. “El cooperativismo no es solamente un hecho vinculado a la producción, es también un instrumento que genera vínculos sociales y mejora las condiciones de vida de las y los trabajadores”.

El acto coronó una tarea que la gobernación venía llevando a cabo para proteger cooperativas y empresas recuperadas. A finales de abril la legislatura provincial aprobó y, en el mismo día, fue promulgada por el gobernador, la ley 15485 que reconoce la importancia de las empresas recuperadas y fija un plazo en el cual no podrán ser desalojadas.

Este lunes, Nora Anchart, entrevistó al flamante titular del IPAC, Gildo Onorato, para conocer los alcances de su labor en dicho Instituto y hacer una presentación pública de este funcionario de 45 años, cuyo primer trabajo fue a los 16 como pintor para juntar dinero para su viaje de egresados, estudió cuatro años de psicología, carrera que abandonó con la crisis del 2001. Su experiencia política viene de aquellos años, con los Movimientos de Trabajadores Desocupados, en el territorio, construyendo organización y atendiendo las necesidades de los vecinos con ollas populares. Hoy queda a cargo de un Instituto que puede permitirle ayudar a aquellos trabajadores que le pusieron el cuerpo a la crisis. Onorato recuerda el lema popular que dice: “En tiempos de crisis, ocupar, resistir, producir”. También está en mano de los trabajadores defender cada emprendimiento productivo.

“Antes incluso de la Ley, ya veníamos trabajando sobre la necesidad de abordar la emergencia de las empresas recuperadas. Se presentó el proyecto y primero fue aprobado en diputados y cofirmado en senadores. De esta forma tenemos casi 3 años para trabajar en los problemas de comercialización, de estructuras productivas y, sobre todo, evitar los desalojos”.

No sólo las recuperadas corren riesgo. El gobierno provincial se comprometió en apoyar a las cooperativas eléctricas que están sufriendo una embestida por la empresa CAMESA, que las están intimando a pagar una deuda producto de aumento de tarifas arbitrarios. “Esta situación fue posible gracias al DNU, actualmente vigente, y puede empeorar en caso de que se apruebe la Ley de Bases”, explica Onorato. El 30 de mayo está previsto un gran acto en la ciudad de Azul con todas las cooperativas eléctricas provinciales para escuchar los reclamos y encontrar soluciones. “Las cooperativas eléctricas no sólo son la principal fuente de empleo de muchos pueblos, también cumplen un rol social y productivo que es imprescindible”.

Te invitamos a escuchar la entrevista completa:

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Pedro Bergaglio: “Yo quiero competir, pero hagan leyes que nos permitan ser competitivos”

Hace ocho años, cuando salió por primera vez La Columna Vertebral al aire, una cosa teníamos clara: contar historias de trabajadores. “La Storia siamo noi” cantaba Francesco De Gregori, y le hicimos honor. No se puede entender la realidad si no conocemos quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. El pasado lunes, Nora Anchart entrevistó Pedro Bergaglio, quien además de ser tesorero de la Fundación Pro Tejer, presidente de la Cámara Argentina del Sweater, cuya empresa Pyme textil se llama Tricofix S.A., es hijo de Hilario y Elsa, dos inmigrantes piemonteses, llegados al país allá por los años 1948, electricista él y modista ella.

En 1957 esta pareja de inmigrantes obtuvo los frutos de todos sus esfuerzos: nacía su primer y único hijo, Pedro, y se embarcaban en un emprendimiento laboral: tejer sweaters. Así nacía Tricofix en el barrio de Villa Luro, una pequeña empresa que por entonces era un taller que funcionaba en su casa, de tres ambientes, en donde abarrotaban máquinas y aprendían un oficio. “El primer sweater que hice tenía tres mangas”, solía recordar don Hilario. Mientras Elsa, intentaba aplicar todo el conocimiento que tenía como modista y admiradora de Coco Chanell.

Había nacido una PYME, una industria nacional que crecería al son de sus éxitos, y viviría los vaivenes de la política económica argentina que en más de una ocasión, como con la dictadura o con Menem, acorraló la producción de nuestros pequeños empresarios con una política de apertura de importaciones que los dejaba fuera de competencia.

Hoy, la Ley de Bases y el RIGI intentan echar por tierra lo que tardó décadas en construirse. “Bienvenidas sean las inversiones pero que se nos permita a los empresarios argentinos los mismos beneficios”. Bergaglio habla con vehemencia, orgullo, pasión y bronca. A fines del año pasado estaba pasando por uno de sus mejores momentos. Había renovado toda la maquinaria haciendo una gran inversión, las ventas marchaban bien, y el futuro era seductor. Hoy dice que sólo tiene aguante para resistir 45 días más de producción. No va a cerrar. No quiere cerrar. “Nunca despedimos, en 67 años, a ningún trabajador, fuimos una escuela taller del oficio, si cierra Tricofix para mí es como morir”.

¿Cómo llegamos a esta situación, con un gobierno que vuelve a repetir políticas tantas veces vistas y funcionarios que hablan de lo que no saben? “El gobierno anterior debe haber hecho las cosas muy mal”, conjetura. Una cosa tiene clara Pedro Bergaglio: “Como dijo Carlos Pellegrini: sin industria no hay Nación”.

Los invitamos a escuchar la entrevista completa, para conocer, desde adentro, un fragmento de nuestra historia.

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José Hughes: “Cuando llegó el mail diciendo que no pertenecía más a la empresa, creí que era un error. El sindicato dice que no hay nada que hacer”

El 26 de abril empezaron a llegar a distintas ciudades y pueblos los mails anunciando la ‘desvinculación por reestructuración” a 150 trabajadores del Correo Argentino. La Columna Vertebral quiso conocer la historia de vida de uno de ellos. Porque no son números, detrás hay familias, historias, geografías diversas.

Con la música de Il Postino de fondo, Nora Anchart charló con José Hughes, habitante de una ciudad de nombre mágico y un paisaje aún más mágico: Trevelin, en Chubut. Alejandro Hughes cursaba la secundaria cuando consiguió trabajar como cadete en el Correo del pueblo -“que ahora es ciudad con sus 15.000 habitantes”, aclara, “pero sigue igual de tranquilo”. Hace un año y medio había sido nombrado jefe de la oficina de 3 empleados. Llevaba 38 años de una trayectoria inapelable: nunca faltó al trabajo, salió a repartir cartas con lluvia, nieve o frío. Uno de los momentos más lindos era en Navidad, cuando padres y niños se acercaban a la oficina para entregar su carta para papá Noel. Lo que parecía que era una carrera profesional que terminaría con una jubilación en la empresa que lo conocía desde chico, se cortó de un segundo para el otro. “No podía ser, se habían equivocado”, pensó al leer el mail. Las autoridades del Correo Argentino no cambiaron con Milei, o sí. Eran los mismos, pero ya no lo parecían. La única respuesta del sindicato -ATRA- al que acudió el cartero fue: “No hay nada que hacer, están despidiendo por todos lados, no podemos hacer nada”. “Llego a pensar que ellos nos entregaron”, dice Hughes.

A continuación, esta charla entre nostálgica, encantadora y terrible, con uno de los miles de despedidos en la gestión Milei, de distintos ámbitos estatales. Alejandro Hughes todavía sueña que lo vuelvan a llamar. Aquí su historia.

(Foto de portada: abrazo de los vecinos de Trevelín a las oficinas de su correo contra los despidos)

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