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¿Quién era Alberdi y por qué Milei se identifica tanto con él?

El historiador Maximiliano Molocznik, autor del libro “Alberdi, ese desconocido”, pasó por La Columna Vertebral para referirse a la figura de quien define como “el pensador más importante de Argentina en el siglo XIX” y referente del presidente electo Javier Milei.

LCV: ¿Quién era Alberdi? Porque Alberdi nace además en un momento impresionante de la historia de la Argentina. Nace en agosto de 1810.

—Sí, Alberdi es un hombre que nace con la patria, como vos decís, en 1810. Pertenece a una familia no encumbrada, pero una familia que tiene cierta ubicación en las acciones políticas de su provincia natal. Es una familia que va a tener participación en algunas actividades relacionadas con el Congreso de Tucumán, por ejemplo; el hermano de Alberdi va a tener mucha relación con el caudillo Alejandro Heredia. O sea, que es una familia con un linaje político y con una sociabilidad importante para lo que era una situación de provincias en aquel entonces. Alberdi llega muy joven a Buenos Aires, llega en 1824, para hacer sus estudios secundarios en el Colegio de Ciencias Morales de Rivadavia, a partir de una beca que obtiene en un viaje tremendo, en una en una carreta tirada por bueyes, y un poco queda deslumbrado por los fastos de la ciudad liberal y cosmopolita.

A partir de ahí se va a ir integrando, de a poquito. Primero concluye sus estudios secundarios, si bien los abandona durante un tiempo porque la disciplina del Colegio de Ciencias Morales era bastante espartana y él era un espíritu bastante libre y eso le generó un primer choque importante entre su cosmovisión de libre pensador, juvenil, adolescente, que ya lo era en sus primeros años, aunque todavía no se traslucía en sus obras, y una disciplina muy monacal que no iba con su personalidad. Entonces, él abandona los estudios secundarios, trabaja un tiempo como empleado de una tienda, hasta que la familia de Miguel Cané, que es otra familia importante de la ciudad porteña cosmopolita, lo recoge como un integrado en la familia Cané y va a vivir a la casa de Miguel Cané cuando está por cerrar el colegio este. Y a partir de esa socialización política se integra despacito en los núcleos liberales de la década de 1830, que son fundamentalmente antirosistas.

LCV: Él comienza a ser perseguido además por el rosismo o por quienes eran seguidores de Rosas, pero junto a Esteban Echeverría y José María Gutiérrez, en la Asociación de la Joven Generación Argentina.

—Claro, de hecho era muy amigo de Esteban Echeverría. Bueno, ubiquemos también al personaje. Estamos hablando de un muchachito de provincias de veintipico de años que en realidad, si bien tiene inquietudes intelectuales, como todo muchacho de 20 años, lo que le gusta hacer es participar en las tertulias, en las tenidas de la ciudad. Es un gran bailarín, es un muchacho de modales muy finos. Es un dandy. Y aparte pasa muchos de esos primeros años de su estadía porteña, prácticamente más dedicado a las aventuras galantes que a la formación académica. Si uno va explorando un poco lo que es la vida personal de Alberdi, que es muy terrible, déjame decirte, porque Alberdi ha vivido una soledad, muchas veces por decisión propia y otras por imperio de las circunstancias, que han hecho de él un hombre bastante desdichado en términos personales. No ha sido un hombre muy feliz, ha tenido muy pocos momentos de felicidad en su vida.

LCV: ¿Logró formar una familia? 

—No, fue siempre soltero, toda la vida.

LCV: ¿En eso también se referenciará a Milei?

—Bueno, eso ya es una cuestión para los psiquiatras, para los psicoanalistas. Yo soy apenas un historiador, no me animaría a firmarlo de esa manera, pero evidentemente debe haber algún grado de empatía entre las psiquis a partir de esta decisión. Lo que pasa es que Alberdi lo hace explícito. Él dice que está demasiado ocupado con labores intelectuales como para asumir el compromiso de sostener una familia. Lo escribe y confiesa muchas de estas cosas en sus últimos escritos, que son los escritos póstumos, que justamente son los escritos más interesantes de Alberdi, porque es donde aparece el hombre detrás del intelectual. Esta figura extraordinaria del intelectual, pues yo estoy convencido que Alberdi es el mayor intelectual argentino del siglo XIX, sin dudas.

LCV: Acá quiero hacer un punto. El mayor intelectual de un periodo en la Argentina, decís.

—Sí, yo pienso que sí. Yo pienso que es la cabeza más ilustre que ha tenido el pensamiento político argentino en el siglo XIX.

LCV: Vuelvo a caer, entonces, en este amor que tiene Milei, que dice que se siente completamente emparentado. Entonces, más allá de las consideraciones psicológicas, ¿qué es lo que levanta de un tipo que se expresa como Milei en la arena política y en la arena pública, que es un techado de discriminaciones y de situaciones bastante duras, algunas en el borde de lo burdo, con una cabeza como la que vos estás describiendo? Digo, ayúdame a pensarlo.

—Es interesante tu pregunta. Yo creo que tiene aristas múltiples. Yo por lo pronto tengo la impresión, escuchándolo a Milei, que él ha estudiado solamente historia mitrista. Esa es la primera impresión que tengo analizando las cosas que ha dicho referidas a la figura de Alberdi. Porque que un dirigente político, en este caso un presidente electo, construya un relato legitimado del pasado como una especie de traje a medida para legitimar sus acciones en el tiempo presente, no es desconocido porque no es el primer caso. Otros lo han hecho. O sea que Milei no va a ser ni el primero ni el último que va a intentar hacer ese tipo de apropiación del pasado para que le sirva como escudo legitimante para las acciones del presente.

Lo que es preocupante es el nivel de desinformación y en algunos casos las omisiones flagrantes en la que cae el presidente electo cuando intenta construir ese relato legitimado. Por ejemplo, básicamente pensar que el Alberdi de 1830, que es este joven del que estábamos hablando, es el Alberdi de 1860, que es el momento donde Milei pone el origen del gran proyecto liberal argentino que llevó, según él, a Argentina a transformarse en 35 años en una potencia mundial y que después fue destruida por los embates del populismo criminal y asesino, primero del yrigoyenismo y después del peronismo.

LCV: ¿Quién dice eso del populismo?

—Eso agrego yo por las mías. Yo creo que él construye un relato ignorando hechos básicos de la historia, porque el Alberdi de 1860 es el Alberdi que considera que Mitre y Sarmiento son los liberales que han asesinado la libertad, por ejemplo. El Alberdi de 1860 es uno que está en un proceso fantástico de evolución de su pensamiento y ha dejado atrás a este joven liberal antirosista de la década del ‘30 al que hacíamos referencia a la primera parte, y ya está camino a transformarse en un auténtico pensador nacional. Un hombre que está tomando dimensión de la importancia que ha adquirido lo que él llama la provincia metrópoli, esa Ciudad de Buenos Aires con ese puerto monopólico que puede estar en manos de Rosas o puede estar en manos de Mitre, es lo mismo.

Es un puerto monopólico que no distribuye las rentas de la aduana hacia las provincias interiores, que las asfixia, que les quita instrumental para desarrollarse materialmente. Es el Alberdi que empieza a pensar que los caudillos no son la barbarie, sino que son la expresión de los pueblos en armas que buscan líderes democráticos que puedan superar la degradación material y moral a las que han sido sometidos. Es el Alberdi que va a publicar un libro magnífico que se llama Grandes y pequeños hombres del plata. Te hablo todo en la década del ‘60.

LCV: Alberdi redacta un texto reconociendo que la riqueza es un medio no un fin y que debe ser bien distribuida porque solo así es nacional. Esto lo pongo en boca de los populistas como dice Milei y la verdad que le calza el traje perfectamente.

—Le calza porque en realidad hay un Alberdi que reflexiona en estos términos que vos estás mencionando, que tiene una mirada latinoamericana de avanzada. No te olvides que Alberdi cuando vuelve de su viaje a Europa una vez que se va de Montevideo, se instala en Chile, donde va a revalidar su título de abogado y va a hacer una carrera muy importante como jurista. En ese momento en su estadía chilena es donde va a escribir artículos como los que vos has mencionado, mostrando todas las precauciones que deben tener los latinoamericanos sobre la emergencia del poder norteamericano, sino que une inclusive va más lejos y escribe un libro magnífico que se llama sobre la conveniencia y los objetos de la reunión de un congreso americano, donde él solamente hace una reivindicación de San Martín por supuesto, como argentino él lo había conocido en persona a San Martín, sino también de Bolívar, una cosa que resultó absolutamente indigesta para Mitre, que se había pasado años y años denostando la figura del libertador del norte. 

LCV: Será por eso que no le admiten en 1879 que pueda asumir la diputación nacional y esto lo coloca en una depresión bastante importante?

—Algo de eso hay porque la campaña de odio generada por el mitrismo  fue tremenda. Vos pensa que Alberti ya vuelve siendo un hombre enfermo. Él está enfermo ya antes de partir desde Francia a su retorno, luego de 41 años de exilio infringido por las acciones políticas de Mitre primero y de Sarmiento después, porque él se ve obligado a exiliarse y puede volver recién en el 79. A pesar de que vuelve como un argentino ilustre y con enormes apoyos de las provincias y votado por unanimidad como diputado por Tucumán el diario la nación se encarga sistemáticamente de fustigarlo, a tal punto que yo en mi libro hice un pequeño racconto de la campaña furibunda que hoy llamaríamos carpetazos.

Fue una campaña feroz durante semanas en el cual hasta Mitre se tomó el trabajo de publicar una carta que el joven Alberdi le había mandado con 23 años a Vicente López donde cometía el error de escribir maceta con z. Alberdi es un hombre mayor que está enfermo y se pregunta a sí mismo cómo es posible que el General Mitre que se pasó la vida hablando de una política de principios haya guardado la carta que escribió un hombre de 23 años para humillar a un anciano enfermo.

LCV: ¿En Milei hay un desconocimiento del personaje o efectivamente hay un punto de contacto entre esa intelectualidad y la de Milei?

—Yo no quisiera catalogar al presidente como un ignorante porque sería tal vez un despropósito de mi parte. Por eso tiendo a pensar que se ha enamorado del Alberdi joven, aquel joven liberal de la década del ‘30, y que nunca ha profundizado en el estudio ni en la figura de Alberdi, porque si lo hubiera hecho se hubiera encontrado con un personaje que si bien nunca renegó de lo que fue, fue evolucionando con su pensamiento hasta transformarse en un auténtico forjador de la conciencia nacional y diría latinoamericana si me apuras un poquito también. Así que yo creo que es un poco de las cosas.

Hay una especie de enamoramiento con el joven Alberdi que es en definitiva el que el mitrismo ha levantado. Es el Alberdi que se conoce en las escuelas secundarias, en los institutos de formación docente, en muchas cátedras universitarias; porque el mitrismo ha asesinado a Alberdi a los 50 años. Se han dedicado durante casi 100 años a omitir, a falsear, a ningunear, o a evitar la publicación y la republicación de todos los escritos de Alberdi posteriores al año 1860.

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“La ultraderecha es el cuco que saca la burguesía para imponer la agenda”, por Álvaro Hilario

Luego del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo, conversamos con Alvaro Hilario, corresponsal de La Columna Vertebral en el País Vasco, para analizar el significado de lo que se presenta como una victoria generalizada de la ultraderecha en ese continente. Aquí sus principales definiciones.

“Existe un gran desapego en general por la elecciones del Parlamento Europeo. Los títulos de Clarín, por ejemplo, que buscan extrapolar el hecho de que no se trata de elecciones nacionales, y habla de una victoria de la ultraderecha en Europa es engañoso. Aunque no deja de ser preocupante el resultado.”

“Quien quedó peor parado fue Macron, un fenómeno a analizar. Clarín está intentando ligar la victoria de la ultraderecha en Francia para legitimar la extrema derecha también en España, obviando que son elecciones europeas, que poco tienen que ver con la legitimidad que eso puede tener en cada país. La escasa participación en Francia, que es un país muy politizado y movilizado, puede llegar a indicar un rechazo a definir su situación con el voto, algo parecido a lo que pasaba en Argentina en el año 2000. Es una situación muy interesante.”

Macrón ya tenía pensado adelantar las elecciones legislativas para solucionar su minoría en el Congreso.

“Este triunfo de la ultraderecha francesa, en donde votó el 52% del electorado, tuvo como consecuencia inmediata que el presidente haya adelantado las elecciones legislativas. Pero no fue una decisión tomada en caliente porque las encuestas ya anunciaban el resultado. En Francia el régimen es presidencialista, el presidente tiene mucho poder, el legislativo también, y Macrón no tiene mayoría en el parlamento por lo cual le está costando sacar cualquier ley. Por eso, esto ya lo tenía pensado. Esto que ha pasado en Francia, decir que Macron ha escuchado al pueblo y por eso quiere las elecciones legislativas, es una trampa. Macron ya lo tenía pensado desde antes. Está intentando solucionar este atasco que tiene en la legislatura, es una trampa, es una salida hacia adelante.”

De los grandes temas europeos, como ser la guerra, los presupuestos, la industria armamentística o la inmigración, no se ha dicho nada en campaña

“Algo parecido hace Pedro Sánchez en España, presentarse como que la opción fuera ‘él o la barbarie’. Identificarse como el defensor de los valores republicanos contra la extrema derecha. De esta forma pretende concentrar todo el voto que no sea de ultraderecha para su partido. Durante la campaña, en España se embarró la cancha con chicanas como la supuesta corrupción de la mujer de Sánchez, pero de los grandes temas europeos como ser la guerra, los presupuestos, la industria armamentística, la inmigración, entre otros, de eso no se ha hablado, salvo la derecha con las típicas cantinelas sobre la inmigración y la delincuencia. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que en la mayoría de los estados no se han llegado al 50 %, en muchos de ellos apenas arañaron un 20 o 30%.”

“El fenómeno Macron complica a la socialdemocracia europea porque está desarrollando una política que ya quisiera aplicar la extema derecha. Una política muy antisocial, muy antipopular, que está levantando protestas en la calle, huelgas generales, una rebelión que viene desde hace cinco años con los chalecos amarillos en adelante. Macron se ha puesto la soga al cuello.”

En Polonia o Hungría están escarmentando la pérdida de libertades. Ya no hay diferencia entre los tres poderes.

“Otro fenómeno curioso es que en los países del ‘Este’, gobernados por la extrema derecha, también hubo una sorpresa. En Polonia, por ejemplo, perdió las mayoría el partido de extrema derecha que viene gobernando desde hace tiempo. Lo mismo ocurre en Hungría. Están escarmentando la pérdida de libertades que están teniendo. Yo no soy un defensor de esta democracia burguesa representativa, pero en sitios como en Hungría y en Polonia ha desaparecido la diferencia clásica entre los tres poderes, a un nivel que ha escandalizado a la Unión Europea.”

“Es muy difícil hablar de Europa entre 25 Estados, distintas culturas, distintas lenguas, hay que ver para qué sirve el Parlamento Europeo, si bien tiene las funciones de contralor que tiene cualquier parlamento estatal, también está su poder legislativo, pero es un poder legislativo que comparte con el Consejo. Y el Consejo son los Estados, el Consejo es la reunión de los ministros de cada rubro, la función legislativa del parlamento está subordinada a lo que ya antes han cocinado los gobiernos. En cierto modo, es una función legislativa decorativa, el Parlamento Europeo pinta bastante poco dentro del entramado en donde aún los gobiernos de cada país son los que siguen legislando en gran medida.”

Lo que hay es un trasvasamiento entre derechas. Entre partidos fascistas y conservadores

“Lo que hay es un trasvasamiento entre derechas. Entre diferentes partidos fascistas y los conservadores. Pero la ultraderecha es el mamarracho, es el cuco que saca la burguesía para imponer la agenda. Aquí supuestamente tenemos un gobierno progresista pero que está haciendo fuerza para incrementar el presupuesto militar. La socialdemocracia ha hecho suyas todas las políticas duras en contra de la inmigración, a favor de la industria armamentística, del recorte a los gastos sociales, es decir, ha hecho suyas las principales políticas de la derecha. A la socialdemocracia sólo le ha quedado la defensa de lo público frente a los recortes y frente al desarme del Estado. Por eso la abstención es principalmente de la gente de izquierda.”

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“A Teresa la mató la policía”, por Hernán López Echagüe

El sábado 8 de junio, a los 89 años, falleció Miguel Rodríguez, el padre de Teresa Rodríguez, asesinada por una bala de la policía provincial en 1997 durante la represión de uno de los primeros piquetes contra el menemismo en Cutral Có, Neuquén. Sus padres lucharon toda la vida para obtener justicia. Murieron sin tenerla. Flor, su mamá, murió en el 2021. En este relato, las razones por las que fue asesinada Teresa Rodríguez quien se convirtió desde entonces en una bandera de lucha.

En su memoria, y la de todos los argentinos, Hernán López Echagüe comparte con el Archivo LCV un capítulo de su libro “La Política está en otra parte”.

Lunes 17

“El Cutralcazo fue fundamental”, me dice Juan al tiempo que, en vano, intenta sintonizar una estación de radio. “Podría decirse que muchos de los nuevos movimientos del país lo tomaron como ejemplo de lucha”. No sé cómo diablos agradecerle semejante gentileza; ha trabajado toda la noche, hasta las seis de la mañana, y ahora, las once ya, está a mi lado, garboso, lleno de energía, conduciéndome en su auto hacia Cutral-Có, ciudad que, suficiente fue anoche comentárselo al descuido, quería conocer, por su historia y con la idea de hacerme una escapada a la casa de los padres de Teresa Rodríguez. Pasamos por Plottier, luego Senillosa; la ruta es una infinita alameda de especies encumbradas y raquíticas tras la cual se extienden miles de manzanos quemados por la helada. Durante el viaje sólo hablamos acerca de las sucesivas puebladas que han signado la historia de los últimos años de la ciudad. El primer Cutralcazo, en junio de 1996, espontánea reacción de los pobladores que resolvieron ganar las calles enterados de que el gobernador Sapag pretendía derogar un acuerdo con la empresa canadiense Agrium para establecer una fábrica de fertilizantes; los piqueteros lograron no ya expulsar a los gendarmes, también la restitución de los servicios de gas y energía eléctrica a los desocupados y cientos de subsidios de desempleo. La pueblada de abril de 1997, cuando docentes, desocupados, estudiantes y coordinadoras de padres ocuparon las rutas y cortaron puentes a lo largo de tres días; la Gendarmería y la policía provincial, aleccionadas por la derrota anterior, acrecentaron de manera inaudita el número de la tropa y, no conformes con el desalojo de la ruta, irrumpieron en la ciudad a la caza de piqueteros; el pueblo no lo toleró; más de quince mil personas salieron de su hogar para hacer frente a la demencial invasión; al cabo de la indiscriminada represión, y más allá de decenas de heridos, en el asfalto de la ruta 17 quedó tendido el cuerpo de Teresa Rodríguez, mujer de veinticinco años, casada, tres hijos, empleada doméstica, víctima del balazo que le disparó un agente de la policía. De todas las semillas confiadas a la tierra, escribió Balzac, la que mayores y más poderosos frutos rinde es la sangre vertida por los mártires. El asesinato de Teresa Rodríguez ha sido un cabal ejemplo, pues el simple grito de su nombre, no sólo en Cutral-Có, sino en todos los cantos del país, adquirió una magnitud impensada.

En el acceso a Plaza Huincul me distrae la figura de un colosal dinosaurio, verdadera mole construída con varillas de hierro. Al pie, un gran cartel: “Plaza Huincul, cuna del dinosaurio más grande del mundo”. Veinte kilómetros más adelante, llegando a la plaza central de Cutral-Có, nos encontramos con Albino Tricanao, militante de Izquierda Unida que ha vivido la cruda experiencia del Cutralcazo y forma parte de un MTD. Innecesario es que refiera su ascendencia mapuche; el pelo azabache, liso y brillante, el tono de su voz y los rasgos de su cara se encargan de comunicármelo. Le sorprende mi visita. “Después de la pueblada vinieron todos. Hebe de Bonafini, los partidos de izquierda, todos; ahora es como que no hay nadie, se han olvidado, y la desocupación ya alcanza a doce mil personas, hay mucha bronca contenida, porque además hay cientos de procesados; cada dos semanas me citan a los tribunales, por atentado a la autoridad en una, otra por no dejar desenvolver normalmente el funcionamiento del municipio; me han allanado la casa, pero nunca me han detenido”. Albino tiene 33 años, diez hermanos, y nació en una familia de “crianceros”, es decir, gente que se ocupa de la cría de animales en el campo; con amargura cuenta que de la cultura mapuche a sus padres sólo les ha quedado la sabiduría para el telar. “Al menos tengo el apellido, que significa `caminante´, y buen honor le hago”. Al igual que Mosconi, Cutral-Có y Plaza Huincul son pueblos que florecieron, y posteriormente se difuminaron, a la sombra de YPF, razón por la cual todos los jóvenes cursaban estudios en escuelas técnicas, como Albino lo hizo, con la esperanza de conseguir empleo en la empresa todavía estatal. “La privatización acabó con todo, el éxodo de gente fue grande, la desocupación increíble. Fueron los años en que el Movimiento Popular Neuquino se dedicó más que nunca al clientelismo. ¿Vos querías una vivienda? Tenías que afiliarte. ¿Querías entrar al municipio, tener un empleo público? Tenías que afiliarte”. No le guarda respeto a político alguno, y, como personajes de la historia que algún tipo de influjo han tenido en su formación, menciona, con gravedad, a Marx, Freud, el Che y Piaget. “Son hombres que han pegado su ladrillo en la pared que nos sirve a nosotros para agarrarnos y ver qué hay del otro lado del muro”, dice y entonces lo asalta la exaltación. “En el país no hay una dirección que capitalice el descontento; hay que romper los sectarismos, no tenemos que delegar el poder a nadie, tenemos que hacerlo nosotros, como ha hecho Zanon; hay que amasar el pan con las propias manos. Hoy la gente empieza a decir: dame la harina que lo voy a hacer yo. La dinámica del 19 y 20 de diciembre no se detuvo, no es una foto, continúa, estamos construyendo, y nos tropezamos, y nos caemos, pero seguimos”. Juan nos interrumpe con elegancia; está preocupado, se ha hecho tarde, debe regresar a Neuquén en dos horas. Albino, el caminante, se ofrece para guiarnos hasta la casa de los padres de Teresa Rodríguez.

Miguel y Sol, los padres de Teresa Rodríguez

Don Miguel Segundo Rodríguez nos atiende en la puerta de su casa, una construcción pequeña e inconclusa; es un hombre entrado en años, de mediana estatura, cuerpo huesudo y magro. Al parecer, hemos llegado en el momento oportuno; acaba de almorzar, todavía no se había echado a siestear, de modo que le resultará un placer conversar con nosotros. Nos sentamos a una mesa de la cocina, donde aún persiste un espeso aroma a salsa de tomates, acaso guiso de carne; en una de las paredes laterales hay un gran retrato de Teresa, y en la habitación lindera veo uno de Che Guevara. Quiere saber qué estamos haciendo por allí. Le cuento brevemente el proyecto del libro, lo hago con recato pues temo que esté harto de visitas y por tanto me mande al demonio. No. Sonríe, casi gratificado; justamente anda ofendido con el periodismo porque han dejado de investigar el asesinato de su hija. “Hicieron puro amarillismo, pero yo sigo, no voy a parar hasta aclararlo”. Arrima la cabeza, acortando la distancia con mi oreja: “Podemos hablar claro, ¿no? Porque imagino que acá somos todos compañeros. Bueno, esta justicia no existe. No hacen nada. El poder, ese señor Sobisch esconde todo. A Teresa la mató un policía, y ya me le estoy acercando. Esa gente, el poder, se cree intocable, y yo voy a seguir hasta tocarlos”. Las palabras han sonado con férrea convicción; su fuerza de ánimo es mayúscula. De repente entra la mujer, una señora de semblante satinado y mirada cálida, con un album de fotografías que apoya en la mesa. “Muchas felicidades”, nos dice mientras da un rodeo por la mesa para besarnos a cada uno en la mejilla. “No sé si son padres, pero igual no les pregunto porque por ahí son y no lo saben”. Don Miguel suelta una risotada. “Cierto, me había olvidado”, dice. “Hoy festejé como siempre; comí fideos, vinieron todos mis nietos, estuve con Teresa”. Enseguida nos cuenta que su vida, luego del asesinato de su hija, cambió por completo; antes era un hombre huraño, callado, poco afecto a la charla con los vecinos. “Ahora no, voy y vengo, hablo con uno y con otro, organizo actividades en el barrio, si me llaman de Buenos Aires para algo, voy sin problema, siempre que me paguen el pasaje, claro”. Nos entrega el volante de un taller de teatro popular llamado “Tren-Ten”. “Esto lo organizamos con mi señora, es un homenaje para Teresa”. La mujer, que se ha quedado parada a sus espaldas, los brazos cruzados sobre el pecho, asiente con satisfacción. “Ya no me gusta la gente que no se mete, la gente que no se preocupa por el prójimo”, continúa don Miguel, la vista clavada en una vieja fotografía de Teresa adolescente, una hermosa muchacha de ojos redondos, “porque esto lo arreglamos entre todos los que somos compañeros o no lo arregla ni Dios”. Nuestra visita, pese a mi presagio, lejos de importunarlo le ha causado una inocultable alegría que no está en sus planes echar por tierra. Vamos, quédense a tomar unos mates, media horita más, dice una y otra vez. No, no podemos, nos encantaría, se lo agradecemos profundamente, pero debemos irnos. Nos acompaña hasta el auto. Me palmea el hombro: “Póngalo en su libro, ponga que no voy a parar hasta tocarlos donde más les duele”. Me toma del antebrazo: “Ah, y espero que me traiga un libro, porque las cosas están difíciles”.

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Lecturas obligatorias/8, por Daniel Divinsky

La reedición relativamente reciente de la novela Pequeños combatientes de Raquel
Robles por el Fondo de Cultura Económica, hace posible acceder a este pequeño gran
libro publicado originalmente por Alfaguara en 2013.
Existen varias obras en las que los crímenes de la más reciente dictadura cívico militar
que asoló la Argentina –muertes, desapariciones forzosas, tortura, apropiación de
bebés, apoderamiento ilegal de bienes—aparecen relatadas desde la óptica infantil:
chicos o chicas que, con mayor o menor comprensión de lo que sucedía, describen
esas tremendas realidades. Citaré dos: La casa de los conejos de Laura Alcoba y El
camino de las hormigas de Laura Fernández Berro.
Lo que distingue de ellas a la novela de Robles es que la protagonista relatora tiene
conciencia política, inculcada por sus padres (luego desaparecidos), y trata de
emplearla para comprender el mundo y para transmitírsela a su hermano menor con el
que vive las diversas peripecias que resultan de la narración.

Raquel Robles es una de las fundadoras de H.I.J.O.S., ella misma hija de desaparecidos,
y ganó en 2008 el premio “Clarín” con su novela Perder. También publicó la muy
notable Papá ha muerto, un relato de ficción pero muy nutrido de datos acerca de los
acontecimientos que precedieron a la emboscada del grupo guerrillero del Che en
Bolivia y su asesinato a manos del Ejército de ese país. Como resultado de su actividad
como docente especializada en la gestión de instituciones educativas imaginó su más
reciente novela, La última lectora, también publicada por Fondo, en la que narra las
desventuras de una alfabetizadora que trabaja en las villas.


Pequeños combatientes respira autenticidad. Sin pretensiones de sofisticación literaria,
el discurso de la niña protagonista tiene una total coherencia, aunque a veces
sorprenda una agudeza política enorme, quizás desproporcionada para su edad. Hay
una expectativa: que los padres estén escondidos en alguna parte y reaparezcan. Y un
temor: que haya sucedido “Lo Peor”.


Aparecen dos abuelas, de formación y actitudes totalmente opuestas: una que no para
de sollozar apretando su pañuelito, otra que trata de ayudar más a los chicos. Hay un
viaje a Tucumán, donde visitan a unos tíos, alguno de los cuales es policía y, por
instinto y formación la niña debe ocultar lo que sabe.


Como bien se dijo en un comentario que publicó la Agencia Paco Urondo en un
reportaje a la autora, el libro “explora el universo infantil de los hijos de desaparecidos
a partir de una reelaboración del lenguaje de la militancia”. Y a la pregunta acerca de
“cómo se relaciona esta fuerza con la memoria”, la autora responde:
“Los géneros se van como trasvasando y tiñendo el uno al otro. Esa escritura bien
política tiñe mis textos. (…) en los últimos años he escrito muy preocupada por las voces, por sus construcciones. Me parece que la literatura política tiene esa condición
de tratar de rescatar las voces”.


El texto ha sido leído por gente muy joven, niños y niñas, para trabajar en las escuelas
el Día de la Memoria. Es de esperar que el retroceso que está imprimiendo el actual
gobierno a todo lo relativo a los derechos humanos y su violación en la Argentina
reciente no implique el intento de borrar estos ejercicios literarios tan necesarios.
Más allá de la profundidad de su contenido, el texto se lee de un tirón, como si se
estuviera escuchando a la chica que cuenta.

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