El beso de la alcaldesa, por Laura Giussani Constenla

‘Encuestadores del mundo, mataos’. También en Colombia erraron en sus pronósticos. El favorito para ganar la intendencia de Bogotá era Carlos Fernando Galán, hijo de Luis Carlos Galán, un reconocido político asesinado por Pablo Escobar. Sin embargo, la vencedora fue una mujer, Claudia López, candidata de la Coalición Verde y el Polo Democrático, a quien se le auguraba el segundo o tercer puesto. Oriunda de Boyacá – pueblo de la Colombia andina oriental, en donde hubo tantas batallas por la independencia que el propio Simón Bolivar lo denominó ‘Cuna y taller de libertad’-, hija de un militante del Nuevo Liberalismo, el partido de Luis Carlos Galán, asesinado por los narcos. Sí, el padre de su contrincante. Ambos fueron marcados, de algún modo, por la misma muerte. Eran los ochenta y era Colombia.

Claudia quiso ser médica pero no pudo. La caída del Muro de Berlín marcó su vida. Lo intentó tres veces en Bogotá pero no aceptaron su ingreso a la universidad, probó en otras academias con igual suerte. Nada. Imposible estudiar medicina. Finalmente, consiguió una beca para convertirse en médica en la Unión Soviética, qué mejor para una militante estudiantil de izquierdas. Feliz, se preparaba para el viaje cuando cayó el Muro. Pink Floyd cantaba y a ella los ladrillos le caían en la cabeza. Fue su adiós a la Medicina y vaya a saber a cuántas otras cosas.

Desde entonces, estudió sin parar. Quizás porque su madre fue la primera mujer de la familia que accedió a un título terciario. Maestra, sindicalista y de izquierdas, dicen. El asunto es que Claudia se graduó de Bióloga y luego saltó a Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, magister en Administración Pública de la Universidad de Columbia en New York, hasta conseguir un doctorado en ciencia política de la Universidad de Northwestern. Fue becada por la OEA y el BID y luego trabajó seis años en las Naciones Unidas. De la Unión Soviética a la ONU, con varias escalas.

Esos fueron sus títulos, pero se la define como politóloga, investigadora social, periodista y política, quien supo ocupar un lugar en el Senado. Fue en 1993 cuando empezó su carrera política pero dio muchas vueltas hasta regresar a su Colombia natal en el 2004 a pelear varias batallas electorales.

Como periodista cobró notoriedad por sus investigaciones. Reveló que fueron varios políticos los que promovieron a los paramilitares. Sus investigaciones lograron que decenas de congresistas fueran condenados por corrupción. Se ganó la fama de militante anticorrupción.

Hasta aquí, su trayectoria universitaria y política, tan abultada que cuesta resumir. Pocos hombres con esos antecedentes llegan a cargos públicos electos. Sin embargo, forma parte de las primeras líneas de cualquier nota periodística el hecho de que fuera lesbiana, militante LGTB, que se mueve en bicicleta y le gusta autodefinirse como ecologista.

Este domingo se convirtió en la primera mujer alcaldesa. En medio de la euforia por la inesperada victoria, subió al escenario y dijo: “Bogotá votó para derrotar al machismo y a la homofobia. Que no quepan dudas: el cambio y la igualdad son imparables». Y le encajó un beso en la boca a su pareja, la senadora Angélica Lozano. No fue premeditado, lo filmó un amigo que lo puso en las redes y se viralizó. Recibió críticas de mil colores religiosos, a las que respondió: «Bienvenidos al Siglo XXI. He separado siempre mi vida privada de la pública, no lo hago porque sea una falta de respeto, nunca el amor será irrespetuoso”

Ahora le tocará gobernar una ciudad con más de siete millones de habitantes. Expuso sus ideas sobre tránsito, seguridad, salud y educación, pero el mundo se estremeció por un beso.

No hay dudas de que América anda revuelta y conmovida en éstos días pero sus protagonistas están bien lejos de ser la imagen viril y guerrera del Che Guevara. Ahí está Ricky Martin arriba de un camión, haciendo flamear una bandera, en la rebelión portorriqueña. Y bajan los indios de las montañas, y se hacen escuchar en Ecuador, y votan en Bolivia. Estudiantes secundarios despiertan a Chile. Y por derechas, los evangelistas tratan de exorcizar tanto mal.

Nuevas realidades, nuevas categorías. Todo para repensar.

 

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