Tu canción en el sótano, por Elena Itatí Risso

El encuentro de Elena Itatí Risso y Patxi Andiòn. Un abrazo esperado por años.

Estábamos detenidas en la Alcaidía de mujeres. Eran días oscuros, densos. Cada una pellizcaba de donde sostener el ánimo: el amor familiar, los ideales, la lucha de los compañeros, en algunas la fe religiosa.

A la noche se escuchaban gritos desgarradores, sonidos ásperos, que sólo transmitían sensaciones dolorosas, portazos de vehículos que traían nuevos detenidos. Todo era sórdido y muchas veces costaba mantener el ánimo y descansar en paz.

Cuando se apagaban las luces simulaba entonces la voz de las locutoras de la radio, a veces engoladas y muy impostadas para anunciar el número musical: “Transmite LT29 Radio Venado Tuerto. A pedido del respetable público se escuchará a Patxi Andión”

“Si tuviera un amigo, a él se lo diría, como no tengo ninguno haz tu el favor….si la ves, no le digas que querría ser las cosas mentidas apenas sin voz, que apenas ya dichas ya casi ni son, cenizas de almohada de una noche de amor”

A veces olvidaba la letra…entonces la inventaba.

De esta manera matizaba con sus letras y su recuerdo esas noches donde dormíamos el encierro.

Yo tenía 26 años cuando vi por Tv , en el programa de Pipo Mancera, un cantante muy bello, con una voz muy particular: Patxi Andión

Al día siguiente compré el Long play y desde ese día canté sus canciones siempre, las que me ayudaron a vivir, a despertar mi conciencia, a comprender al ser humano . Pasaron muchos años. Su música me acompañó a lo largo de toda mi vida convirtiéndome en su especialista: para esta fiesta esta canción, para este acontecimiento esta otra.

Un buen día pude conectarme con Patxi via mail y contarle este episodio. El sintió mucha ternura al enterarse que sus canciones ayudaban a las compañeras para que antes de dormir , tuviesen un pensamiento de amor, un sentimiento tierno en medio del dolor.

Sus mails fueron siempre portadores de sincera ternura

Y un buen día volvió a la Argentina después de 40 años. Cuando me entero inmediatamente saco las entradas en Capital y le comunico que por fin nos íbamos a encontrar

Cuando comenzó su actuación comprobé que este fenómeno no sólo había acontecido en mi vida: el teatro estaba colmado de fervientes admiradores que pedían una y otra vez sus temas y los coreaban con entusiasmo inusitado. Todos peinaban canas

Sólo nos habíamos enterado por un pequeño aviso en el diario, el resto lo hizo el deseo de escuchar al legendario cantante que había estado ausente del país por cuarenta años.

Al terminar la actuación subí al camarín y solo dije: “Soy Elena”

Nos abrazamos con mucha ternura, un abrazo largo, intenso. Yo sentía que sacaban fotos pero no me importaba

Lo abracé y le pude decir cuánto me acompañó a lo largo de mi existencia, a veces turbulenta, a veces serena, a veces ilusionada Sentí de nuevo un corazón de niña latiendo dentro un pecho cansado. Sentí que su abrazo iluminaba los días grises y llenaba de luz los oscuros recuerdos.

Luego vino a Rosario adonde fui también.

Allí la emoción fue mucho más intensa, ya que aclaró que estaba feliz de haber venido a Rosario, primero por ser la cuna del Che, cuyo personaje interpretó en una famosa Opera y a quien admira. Y luego por una persona que cantaba sus canciones en la cárcel.

“Para ti Elena, sé que estás por aquí”

Y fue otro abrazo lleno de risas y alegrías.

“Hay abrazos que restañan heridas, que devuelven al alma ilusiones perdidas, que ponen alas a sueños olvidados, que iluminan túneles oscuros. Hay abrazos que envuelven de ternura los días, que calientan los fríos y quedan como brasitas al rescoldo de las noches para que nos protejan de vendavales de indiferencias. Que pueblan de pájaros los cielos grises y arropan con recuerdos de ternuras olvidadas.

Hay abrazos, Patxi, como tu abrazo.

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Nació en la ciudad de Firmat, Santa Fé. A los 17 años se recibe de maestra. A pesar de que su familia no era especialmente católica practicante, a los 18 años decide tomar los hábitos y se recluye en el convento de las Monjas Mercedarias del Niño Jesús. “Sé lo que es un lavado de cerebro”. Sus relatos sobre la experiencia son sobrecogedores. A los dieciocho años la ceremonia de iniciación se hace vestida de novia (como si fuera un verdadero casamiento). Luego se tiran al suelo y las tapan con un manto negro que significaba “la muerte del mundo”. Durante dos años vivió en clausura total en el convento de Alta Gracia. Todos los regalos que le hacía llegar su familia era expropiados por la Madre Superiora diciendo que eran una ofrenda para el Señor. La autoflagelación era una práctica común. También los rezos contra el dictador Fidel.

Luego, es transladada para cumplir sus funciones religiosas a Gualeguaychú, como profesora y directora de la Casa de la Juventud. Allí comienza una primera experiencia de trabajo social comunitario.

En 1969 es enviada a Chile para hacer un curso de catequesis para adultos. Por entonces, Chile empezaba la experiencia socialista de Salvador Alende. Eso marcó su vida. Supo de la existencia del Che, vio el pueblo marcha por las calles con banderas rojas. Descubrió la existencia de la Teología de la Liberación.

Retorna a la Argentina cinco meses después, absolutamente transformada. El 25 de febrero de 1972 deja los hábitos junto con algunas compañeras y se instalan en un barrio pobre de Rufino en donde fundan una Unidad Básica de la JP. Participa en la marcha del 20 de junio a Ezeiza. Luego se translada a Venado Tuerto, allí trabaja en alfabetización. Se enamora y tiene una pareja.

Por discrepancias con la lucha armada, se aleja de Montoneros.

Cae detenida en febrero del 76 y la liberan en junio de 1977. Son dos son liberadas, sin aviso previo, sin dinero, en el departamento de policía. Cruza a la Iglesia que está en frente en busca de algo de plata para poder ir a la casa de un pariente pero le cierran la puerta. Camina, entonces, nuevamente libre por la ciudad.

(Si tenés cartas de los tiempos de la dictadura, para amigos exiliados, o desde el exilio, desde las cárceles o pueblos, y querés que formen parte del acervo histórico y cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, escribí a archivosycolecciones@bn.gov.ar)

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