24 de marzo: la imaginación al poder, por Nora Anchart

Amanece. El sol sale por el mismo lugar y la mañana es fresca. Hermosa. Hasta hace pocos días, mi rutina un 24 de marzo hubiera sido desayunar, repasar los textos para decir desde el escenario, llevar poemas por las dudas que hubiera algún bachecito que cubrir, repasar la rutina que las compañeras seguro ya han pasado el día anterior, confirmar la hora de encuentro en la Plaza con Copito – Orlando Santos – y La Tana – Roxana Balsarini – para dividirnos los textos, los agradecimientos, las adhesiones.

La noche anterior ya había preparado cuidadosamente – ¿es cursi decir que con amor? – la pilcha que iba a usar. La de siempre. La camiseta que nunca me saco – se lleva adentro –  aunque sólo me la ven “en vivo” en el escenario del 24. Tantos años ya, tantos que perdí la cuenta.

Esto hubiera sido. Pero no. Este 24 de marzo se convierte en un desafío aún mayor. Saber que no nos juntamos para cuidarnos, cuando siempre estar muy juntos fue la herramienta de nuestra supervivencia. Otra vez, la militancia nos exige imaginación.

A muchos de nosotros y nosotras, miles y millones a lo largo y a lo ancho del país, nos va a faltar la cita anual de reencuentro con rostros queridos, los abrazos emocionados, los besos, el contacto físico poderoso que nos daba energía para el año que, para muchos, se inicia en esta misa pagana y multitudinaria de juntarnos en nuestra plaza. Las citas de encuentro para marchar hacia la plaza, el encuentro en el bar pre y post del acto, los choripanes, la charla con el desconocido conocido sólo por estar allí.

La Plaza de Mayo seguro hoy nos va a extrañar. La Pirámide debe sentirse sola. Ya nos debe haber extrañado a la medianoche y antes, cuando se empezaba el armado del escenario, o ahora temprano con las pruebas de sonido. Y qué decir de la actividad febril de compañeras y compañeros de todos los organismos los días previos para que todo salga como siempre sale: perfecto.

Organismos de DDHH y sindicatos en la amorosa tarea de cuidar el paso de la bandera con los rostros de los 30.000 que llevan cada año las madres y el pueblo que se va sumando a su paso. Y los músicos, los artistas, los vendedores de todo lo que quieras, los turistas, todos, todos los que hacen de este encuentro popular una conmemoración gloriosa de nuestros compañeros y un exorcismo multitudinario a cualquier intento de regresos oscuros, hoy inimaginables en un país que da muestras de que salir de las grietas es posible.

Bien, eso no va a estar. En carne y hueso no va a estar. En transpiración cuando el sol aprieta y en el juego desde el escenario con la gente y en el intercambio de consignas y en el color de las banderas no va a estar. En las fotos de los compañeros que me miran jóvenes y fuertes desde las pancartas y nos dicen Fuerza che, no van a estar. Pero estamos. Están.  Claro que estamos y estaremos siempre.

El pañuelazo multiplicará en todo el país la demanda permanente de Memoria, Verdad y Justicia. Las voces de nuestras madres, abuelas e hijos nos llegará vía las redes para que todos escuchemos y compartamos el documento que elaboraron en estos días y que grabaron desde sus casas, en cuarentena. Sí, con 90 años la mayoría de ellas, se apropiaron de la tecnología para estar cerca este 24, con su amor y su pensamiento. Su manifiesto infaltable el 24 de marzo.

Una vez más, así como son necesarios para que la Plaza del 24 se multiplique al infinito – eso también faltará, periodistas y reporteros gráficos apretujados en la marcha, en el mangrullo de prensa, en el escenario, para captar cada gesto de ese encuentro de militancia popular – hoy el trabajo de los colegas se hace imprescindible para multiplicar el mensaje y el Pañuelazo.

Repaso el texto y veo que se me deslizó demasiadas veces la palabra, el concepto amor. Me dispongo a buscar sustitutos. Y luego me digo no. Este texto no pretende otra cosa que contar como siento este 24 de marzo desde mi aislamiento “físico” social obligatorio. Y lo que siento es que esta prueba requiere de mucho amor por el otro y por vos para transitarla en paz. Y entonces dejo la reiteración. Es lo que siento. Y a veces los sentires se toman licencias literarias.

 Entonces, a la hora de siempre, me pondré la camiseta y, abriendo las ventanas de mi casa que dan a espacio abierto hacia las calles que llegan a la Plaza, pondré bien alto el audio del discurso de los organismos y al terminar, fuerte, muy fuerte, gritaré 30 mil detenidos desaparecidos Presente! Ahora y siempre!

Como si estuviera en la Plaza. Porque estamos.

Quedate en tu casa. Hoy eso, es hacer patria, eso es pelear por el otro.

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda