Gracias a la lucha de sus trabajadores hoy tenemos el Malbrán.

El 28 de diciembre 1996, en pleno menemismo privatizador, llegaron al Instituto Nacional de Microbiología Carlos Malbrán 49 telegramas de despido para investigadores y trabajadores que se desempeñaban en esa estratégica institución. Un laboratorio ejemplar, dedicado a la elaboración de productos biológicos para el diagnóstico, tratamiento y profilaxis de enfermedades infectocontagiosas, fundado por el senador catamarqueño Carlos Malbrán en 1916, tras los estragos causado por la Fiebre Amarilla.

Tres días después, iniciaba la resistencia. El diario Clarín informaba: “Frente al despido de 49 empleados, el personal del Instituto Nacional de Microbiología Carlos Malbrán -dependiente del Ministerio de Salud y Acción Social- decidió permanecer en el edificio hasta el jueves a las 16, cuando se reunirán con las autoridades del Ministerio de Trabajo. En este encuentro se discutirá la situación de los empleados a quienes se les informó que su puesto de trabajo «ya no existe más».Los empleados del Malbrán se reunieron ayer en una asamblea -de la que participaron el secretario general del Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA), Víctor de Gennaro, y la diputada frepasista, Mary Sánchez-, y decidieron convocar «a toda la gente a la que le interesa la salud» a participar mañana a las 20 de un «acto abierto» frente al Instituto.”

No era el único organismo estatal que padecía los embates del neoliberalismo de la época. Un centenar de investigadores pertenecientes a los otros siete Institutos de Salud que dependían del Ministerio de Salud de la Nación y se ocupaban de áreas trascendentes como la epidemiología, enfermedades respiratorias, parasitología, endemo-pandemias, enfermedades infecciosas y virales, también sufrían la misma persecusión laboral.

La razón de este desatino se basaba en el proyecto de restructuración de ese sector de la salud en el marco de la denominada Segunda Reforma del Estado. Recordemos que en su primer período de gestión Menem ya había arrasado con muchas empresas estatales, eran los tiempos de privatización a mansalva, allí perdimos el control de recursos estratégicos como electricidad, agua, telefonía, combustibles y transportes. En el segundo mandato presidencial los cañones estaban apuntados por el Ministro de Salud, Alberto Mazza, contra la atención pública de las enfermedades y la prevención de las mismas. Sin anestesis, fue el propio Mazza quien estuvo a cargo de la desregulación de las Obras Sociales y que benefició a la medicina prepaga. No por nada había sido presidente de la Asociación de Entidades de Medicina Privada y de Galeno.

La iniciativa intentaba ser un golpe mortal al  prestigioso centro de investigación microbiológica a nivel internacional en el que habían trabajado, nada más y nada menos, que dos premios Nobel Bernardo Houssay y César Milstein. Y tras el achicamiento, seguramente la privatización. Cuesta entender el motivo de esta decisión irracional, muchos intuyeron que podía tratarse de la voluntad de utilizar los terrenos para un negocio inmobiliario.

La convocatoria lanzada en esa primera toma para que todos los sectores de la sociedad apoyaran la lucha de los trabajadores de la salud tuvo sus frutos. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y la Asociación de Profesionales del Malbrán decidieron enfrentar estas medidas, y lanzaron un paro por tiempo indeterminado y la toma con permanencia pacífica del Instituto hasta que todos los compañeros y compañeras fueran reincorporados.

La lucha crecía día a día. El 6 de febrero de 1997, el diario La Nación informaba la presentación de un habeas corpus por parte de la Comisión Interna que permanecía ocupando el edificio y era rodeada por las fuerzas de seguridad para su desalojo. En ese mismo artículo, el diario de Mitre contaba: “Cientos de manifestantes, vestidos con guardapolvo blanco y portando bombos y pancartas, se movilizaron ayer desde la esquina del Congreso hacia el edificio del barrio de Parque de los Patricios, acompañados por representantes de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), del Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA), del Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) y de la Comisión Interhospitalaria del Conurbano y Provincia de Buenos Aires (CICOP).”

A los trabajadores de la salud (empleados administrativos, de mantenimiento y técnicos químicos)y científicos e investigadores que, en muchos casos, llevaban décadas aportando su conocimiento a esa esencial actividad, se le sumaban en la heroica resistencia un sinnúmero de organizaciones sindicales, sociales, políticas y de Derechos Humanos.

El paro duró 202 días y la ocupación del edificio se sostuvo durante 184 jornadas gracias a la presencia de una cuarentena de trabajadores que resistieron gracias al apoyo de la ciudadanía con actos, festivales culturales, conferencias de prensa y todo tipo de actividad que sirviera para visibilizar el conflicto. Se organizó una Multisectorial de apoyo a la lucha con la presencia de las organizaciones de médicos, sindicatos, partidos políticos, organizaciones barriales y sociales que sostenían la patriada con la convicción de que, como decían los carteles que adornaban el viejo edificio, “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

Pasaron por el lugar, Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas , Marta Maffei (en un alto de otra lucha gloriosa, la Carpa docente), el filósofo León Rozitchner, el periodista Osvaldo Bayer y Ricardo Carpani, cuyas ilustraciones motivaban a los ocupantes pacíficos y empedernidos. También fueron de la partida los dirigentes del MTA: el camionero Hugo Moyano y el dirigente de la UTA, Juan Manuel Palacios, quienes se presentaron el 31 de diciembre con Pan Dulce.

Hubo clases públicas, marchas de antorchas, festival de murgas y recitales solidarios de los que participaron grandes figuras y bandas como Memphis, la blusera, entre otros.

Transcurrieron seis meses hasta que la resistencia tuvo resultados: todos fueron reincorporados y volvieron a sus puestos de trabajo. El 1° de julio de 1997 en un emotivo acto los 49 trabajadores del Malbrán firmaron su reincorporación al conmovedor grito de “que se metan en el culo la Reforma del Estado”.

Un excelente informe publicado en el día de ayer por ate.org, concluye: “En estos días de Pandemia y cuarentena, es necesario pensar qué hubiera sido del Malbrán con su estratégica función si no hubiera existido aquella lucha inagotable contra los que buscaban liquidar el instituto. Porque a las luchas no solo no hay que abandonarlas, tampoco hay que olvidarlas.”

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