Vicentin: secuestró en dictadura y estafó en democracia

A fines de la década del 20 arrancó la actividad de Vicentin como un simple comercio de acopio y ramos generales en Avellaneda, al norte de la provincia de Santa Fe. Tal como cuenta la página oficial de la empresa «años más tarde, inicia su actividad con la puesta en marcha de su primera planta desmotadora de algodón y fábrica de aceite resultante de la molienda de semillas de algodón, lino y maní.(…) Gracias a las excelentes oportunidades que ofrece Argentina como generador de materias primas, y poniendo especial énfasis en la importancia de dar valor extra a las semillas; la empresa consolida su expansión y crecimiento. A fines de 1979 se pone en marcha una segunda planta de molienda de soja y girasol en Ricardone, al sur de la provincia. Al mismo tiempo inician operaciones en nuevas plantas desmotadoras de algodón situadas en puntos neurálgicos de cosecha.»

Fue en plena dictadura cuando la antigua empresa de granos argentina logró pegar un salto financiero incalculable. El crecimiento no fue gratuito para sus trabajadores. Tal como reseña un excelente artículo de enredando.com.ar más de 20 obreros fueron secuestrados, entre ellos toda la comisión de delegados:

«En enero de 1976 le allanaron la casa a Aníbal Gall, le encontraron una pistola 22 y lo llevaron preso. Le armaron una causa y no salió hasta que terminó la dictadura. El 23 de marzo de 1974 se llevaron presos a Venturini y Zarza, y a los pocos días los largaron.

En septiembre la represión se puso muy dura en el norte provincial. Fueron chupando estudiantes y arreció la persecución contra los miembros, abogados y militantes de las Ligas Agrarias.

El 4 de noviembre secuestraron a veintidós obreros de la fábrica Vicentín. Se llevaron a toda la Comisión Directiva y a todo el cuerpo de delegados. Algunos de ellos fueron secuestrados adentro de la propia fábrica mientras cumplían su turno de trabajo. A Efrén Venturini, delegado general, lo señaló el jefe de personal, el señor Tonietti. Se llevaron a Adelqui Gavirondo, Estanislao Zunini, Eldo Zorat, entre otros.

Venturini recuerda que estaba trabajando en la embocada de semillas de algodón, con barbijo, en short y en cuero. Eran las 11 de la mañana. Lo chuparon para meterlo en el circuito del terror que empezaba en Avellaneda y terminaba en Coronda. Estuvo 10 días desaparecido. Primero lo llevaron a la comisaría de Avellaneda, donde le pegaron y le robaron su primer reloj. Después, encapuchado, lo llevaron a la Jefatura de Reconquista. Ahí los ataron a todos y en la madrugada los metieron a patadas en un camión y los llevaron a la ciudad de Santa Fe.»

Para leer la nota completa: https://www.enredando.org.ar/2016/04/27/la-empresa-vicentin-y-el-terrorismo-de-estado/?fbclid=IwAR3oUzpxSKNTKzMv_X0splvD2Z_kt3MvsFgM_1Y86QzWvAbusBa0EvJbekg

Volviendo al relato oficial de la empresa, comprobamos que su suerte sigue los vaivenes de la política nacional. El segundo momento de gracia fue durante el menemismo: «Un hito fundamental en la trayectoria de Vicentin consistió en empezar a operar y exportar lo manufacturado de aceites, harinas y pellets desde su propia Terminal de Embarque, localizada en la ciudad de San Lorenzo a orillas del Río Paraná. En 1997, con amplia visión de futuro comienza a funcionar una tercer planta de molienda de soja en el mismo complejo portuario.»

De aquel pequeño comercio de Ramos Generales destinado al acopio de granos, se convirtió en el nuevo milenio en un pulpo con sedes de exportación de soja en Paraguay, nuevas plantas en San Lorenzo que realiza una molienda diaria de 21.000 toneladas. El negocio se agranda a los biocombustibles y biodiesel, y junto a Molinos Río de la Plata nace RENOVA, y se convierte en la planta más grande de América del Sur. Luego se dedica al engorde de ganado en Los Corrales de Nicanor, en 2007. Y se suman cantidad de rubros: textil, agroquímicos, vinos, miel, insumos farmacéuticos.

En mayo de 2013 ya poco queda de industria nacional en la empresa. Se une a dos de los mayores corporaciones dedicadas a recursos nacionales Xtarta y Glencore que cinco años después mostrarían una facturación de 219 mil millones de dólares, con más de 152.000 empleados y una flota propia más grande que la Armada Británica. De acuerdo al relato de Página 12, la multimillonaria corporación Suiza, Glencore, tiene como cerebro financiero a Marc Rich: «Su historia sin embargo se remonta a 1974 cuando Marc Rich funda la empresa que se especializa en infringir embargos a los regímenes más crueles y dictaduras de todo tipo, un negocio que las grandes empresas y los carteles del petróleo y la energía tenían cerrados. Se asoció y concretó fabulosos negocios con el régimen del apartheid en Sudáfrica, en Irán, con la dictadura de Pinochet en Chile, Slobodan Milosevic en los Balcanes, Kim Il Sung en Corea del Norte, Ferinand Marcos en Filipinas y un favorito hasta el día de hoy la República Democrática del Congo, entre otros.»

Así estaban las cosas, hasta que, a pesar de los créditos millonarios extendido por el Banco Nación, entró en un ‘stress económico’, y convocatoria de acreedores. Una historia de emprendedores que sin escrúpulo alguno pudieron secuestrar en tiempos de dictadura y estafar en tiempos de neoliberalismo.

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