Esperando el regreso, por Pablo Enríquez

Me preguntaron por qué me puse a cocinar. Seguramente es porque fue siempre una de mis pasiones. Será que frente a la adversidad me salva lo que me apasiona, siempre. Será que mientras los teatros estén cerrados y no pueda desarrollar mi profesión de productor puse la energía en esto. También será que me recuerda a las reuniones con amigos, pero creo que es más eso de optar por la pasión. Así como prefiero el amor al odio, o la compañía a la soledad, o la música al silencio o el silencio a la mediocridad. Y leo, miro y escucho todo lo que puedo, sigo en redes a los que admiro, y también descubro gente nueva que parece que conociera de años. Si me preguntaran qué quisiera estar haciendo, les diría sin dudarlo: llegar al Payró, abrazar a Diego y a Luchy, disfrutar de la calidez de Moro y Maty, de la voz de Nico, del ojo de Néstor, de la capacidad de Jorge. Armar el escenario, recibir a los invitados, al público, y escuchar en off: “Bienvenidos a Madera Noble”. Habrá mucho para decir, escuchar y repensar sobre estos tiempos. Pero para el teatro hay que esperar. Cuidarme, cuidarte y cuidarnos, militar la solidaridad, abrazarme mientras tanto a otras pasiones.Creo que somos muchas cosas.Entonces, al tiempo en que trabajo en alguna idea nueva esperando el regreso, seguiré cocinando apasionado. Llegó el domingo y “No te vas a ir sin hacer algo dulce”, me dijeron mis viejos.Les dejo esta tarta con masa de nueces, rellena de crema de naranja y cubierta de merengue y flores de manzanas, que acá ya se están comiendo, claro.

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