Mi papá era un gorila avant la lettre, por Germán Gonzalo Justo

Como Rodolfo Walsh, Rogelio García Lupo, Jorge Masetti, mi papá era nacionalista -y nunca hizo su deriva hacia el peronismo o hacia la izquierda, como aquellos- .Todos eran impenitentemente antiperonistas en tiempos de Perón.

Lo que quería contar era que mi papá estuvo preso en la cárcel de Perón y se benefició de una amnistía que, ocasionalmente, se brindaba para aplacar la dura oposición en los tiempos finales del peronismo. De la prisión de Las Heras se fue directo a Mar del Plata un poco estupefacto por lo que había visto en la cárcel: los genuinos gorilas antipopulares -pitucos o tilingos-, que se preparaban para ser gobierno en septiembre próximo.

Mi papá sospechó que -desde las primigenias «Actas de Chapultepec» y la más coetánea procesión de Corpus Christi – estaba haciéndole el caldo gordo a su eterno enemigo: Inglaterra. Siguió siendo gorila, pero aprendió a callarse la boca. Vino el golpe del 55, luego cayó Lonardi y mi papá confirmó aquello que sospechaba.

En esta historia entra mi mamá: recién divorciada, con un hijo, peronista hasta los tuétanos. Era cercana del «Pepe» Rosa, Ramón Carrillo, Carlos Astrada y Raúl Sciarreta, por citar a los primeros que me vienen a la mente. Su mejor amiga era Alicia Eguren, compañera de la Facultad de Filosofía y Letras. Cuando se conocieron papá y mamá, se agarraron tal camote que, -45 años después- cuando murió el primero de los dos, murió el otro a los quince dias.

A fines de 1957 Alicia Eguren llamó por teléfono a mi mamá -estaba exiliada en Uruguay junto con su marido John William Cooke- y le hizo una extraña solicitud: necesitaba interventores de sindicatos para un eventual gobierno frondizista a personas que fuesen antiperonistas y se bancasen entregar un gremio a quién ganase las elecciones.

Hay que recordar que los sindicatos estaban en manos de comunistas y de socialistas, que eran los interventores designados por la revolución «libertadora». Ese fue el primer punto y el único que se cumplió del «Pacto Perón-Frondizi».

Mi mamá pensó: «Germán». Y lo mandó a mi viejo a Uruguay para recibir directivas de John William Cooke en el entramado del «Pacto Perón-Frondizi». Cuando ganó Arturo Frondizi en febrero de 1958 se convocó a elecciones en todos los gremios -mi papá fue interventor en cuatro sindicatos- y el peronismo arrasó. Los comunistas y los socialistas no se la vieron venir.

Yo nací en junio de ese año.

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